Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

viernes, 11 de junio de 2010

Sunshine: 18ª Parte

Las últimas semanas, Helen se había dedicado a sobrevivir. La producción del álbum quedó estancada, desde que Matt se alejara, por lo que estaba completamente abocada a sus estudios. Tenía que poner todas sus energías en ello, de otra forma no lo soportaría. Se había dicho a sí misma que sería fuerte, que no dejaría que la distancia la afectara y acabara con ella. Pero era más duro y doloroso de lo que había imaginado. La ausencia de Oliver terminaría por acabar con lo poco que quedaba de ella. Por más que había por la misma situación, anteriormente, Helen sabía que no concluiría allí. En ese momento, estaba segura de que no terminaría así como así, de la nada. Pero ahora era definitiva. Charlotte terminó por separarlos para siempre. Tanto, que Oliver se marchó a Liverpool, con ella y sin avisarles nada, ni a Jason ni a Alex. Tampoco estaba en contacto con ellos y ninguno tiene la menor idea de cual será el futuro de la banda. Ya que Oliver parecía no preocuparse en lo más mínimo por ello.
Sumergida en sus estudios, dejó que los días pasaran, hasta llegar a Navidad. Era la fiesta más triste que pudiera haber recordado. Hasta su sufrimiento por Dom le parecía más llevadero, a comparación de lo que ahora estaba sintiendo. Gwen la invitó gentilmente para que cenara esa noche con ella y los familiares de Jason. Hubiese preferido pasar la fiesta sola, ya que sus padres no podían venir de Escocia, pero aceptó. Gwen solo quería ayudarla y, además, no era justo desairarla. Peor sería más angustiante estar sola y recordarlo a cada instante. Podría cometer cualquier locura, ya que solo tenía un deseo: que Oliver regresara.

Charlotte quiso mudarse a Liverpool, junto a sus padres. Y allí estaban. Pasando Navidad, todos juntos, como una familia, de la cual Oliver no sentía que perteneciera. Luego, se irían de vacaciones, como también quería ella. Y Oliver hacía todo lo que le pidiera. Ella, siempre ella era a la que debía complacer. El problema era que lo estaba alejando de todo lo que quería y significaba mucho en su vida. Y eso ya no le agradaba. Una cosa era acompañarla, sacrificando la posibilidad de estar con Helen, y otra, muy distinta, olvidarse de la vida que llevaba, solo por un capricho de Charlotte. Pero ese parecía ser su plan.
Últimamente, la veía extraña. Había estado actuando de manera anormal, desde hacía unos días ya. Decía cosas sin sentido todo el tiempo, lloraba amargamente y segundos después reía a carcajadas. Juraba haber visto al que fuese su hijo y que le anunciaba que estaba embarazada otra vez. Ante esto, Oliver comenzaba a pensar que Charlotte no estaba bien psicológicamente. Tal vez, producto del trauma que le causara perder a su bebé, sumado al accidente que sufriera semanas atrás. No era su intención prejuzgarla, pero era la impresión que le daba. Solo que nunca la había visto caer de ese modo, ya que siempre había sido autosuficiente para todos los demás.
Y Oliver también tenía por qué angustiarse y sufrir, día y noche. Los días alejado de la banda, de Londres y Helen, solo empeoraban esos sentimientos. La música habría sido una excelente escapatoria, pero Charlotte estaba disconforme con que saliera de gira y la dejara sola. Eso, sin mencionar a Helen. Cada minuto que pasaba, la extrañaba un poco más. Su recuerdo estaba muy presente y sabía que jamás se iría. Todo lo que quería y deseaba era poder volver a verla. Y eso era imposible que llegara a suceder.
Había sido una noche muy fría. Afuera nevaba copiosamente. Sally, madre de Charlotte, había preparado un delicioso pavo al horno para cenar. Oliver la veía como una mujer muy distinta a lo que era su hija. Lo que más resaltaba, era lo tranquila y sencilla de Sally, contrastando con Charlotte, quien era escandalosa y extravagante. No parecían ser familia, sin embargo, eran madre e hija. Tuvo tiempo para conversar con Paul, su padre. Este aparentaba ser un hombre rígido y callado, pero en realidad era muy carismático y sociable. Paul le recordaba mucho, por su carácter, a su amigo Alex y también cuanto lo extrañaba. Había intentado llamarlo, pero Charlotte cortó la comunicación, sin motivo aparente, disfrazándolo como una broma. Una broma que le pareció de muy mal gusto y lo indignó. Ella lo estaba separando de todo lo que lo hacía bien. Pero pronto arreglaría cuentas sobre eso. Mientras tanto, quería disfrutar de una cena en paz.
La cena transcurrió en completa armonía, hablando de temas irrelevantes, hasta la medianoche. Oliver se acercó a la ventana de la sala, simplemente para contemplar la nieve que caía incesante. Hubiese deseado tanto que Helen estuviera a su lado…y comenzaba a arrepentirse de la decisión que había tomado. La actitud de Charlotte era el castigo por haber elegido erróneamente. Se había impuesto hacer feliz a una mujer que no amaba, a costa de su propia felicidad y esta parecía no darse cuenta de ello.
-Mi amor, tenemos que brindar.-Charlotte lo acercó a ella, tomándolo bruscamente del brazo. Se acercaron a la mesa y ella volvió a intervenir.-Bueno. Primero quiero brindar por Oliver, el amor de mi vida.-Sonrió.-Y también quiero brindar por el futuro.-Lo miró, aún más sonriente.-Por el comienzo de nuestra nueva vida en Roma. Lejos de lo que nos afecta y viviendo felices, con nuestro futuro bebé.-Concluyó.
Oliver no comprendía absolutamente nada de lo que acababa de decir. ¿Roma? ¿Un nuevo hijo? ¿Nueva vida? ¿De qué estaba hablando? De todas las cosas sin sentido que había dicho, esa era la peor. No le agradaba ver, en lo más mínimo, que se comportara así, y menos frente a sus padres.
Eso sería lo último que estaba dispuesto a tolerar de su parte. Lamentaba no poder posponer una seria conversación con Charlotte, pero la situación lo ameritaba. Lo arreglarían allí mismo…

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