-¿Qué pasó Lily? ¿Por qué me llamaste?-Preguntó Sam, ni bien entró a la casa donde ella lo aguardaba.
-No estuve bien Sam. Necesitaba que estuvieras conmigo.-Lo abrazó
-Tranquila, cariño. Sabés que siempre voy a estar.-Murmuró acariciándole el liso cabello negro.
-Han estado pasando cosas muy feas mientras no estuviste. Secuestraron al hijo de la señora.-Se hizo un breve silencio. Sam tragó y respiró profundo. Era solo cuestión de días para que ambos fueran felices de una vez.-Pero por suerte estás aquí mi amor.-Retomó.-Es lindo saber que estarás conmigo de nuevo.
-Espera.-La apartó con suavidad.-Sabes que no puedo.-Me tengo que quedar por más tiempo. Hoy me dejaron venir, pero solo por un momento. Nada más que por un momento.
-Tendré que resignarme entonces.-Bufó.
-Solo son unos días más Lily, te lo prometo. Si todo sale bien, nuestras vidas van a cambiar muy pronto.-Sonrió, entusiasmado.
-Ojala, Sam.-Rió sutilmente.-Suerte.-Lo besó.
Vio como Sam se alejaba caminando apoyada desde la ventana. Corrió la cortina y tomó su bolso. Sabía muy bien que era peligroso seguirlo, pero de todos modos lo iba a hacer. Algo le decía que Sam tenía mucho que ver con lo que sucediera con Peter.
Luego de unas cuantas cuadras de seguirlo a pie, tomó un taxi que pasaba por allí al ver que Sam subía a un auto. Luego le siguió media hora yendo tras él por toda la cuidad. El conductor se comenzaba a impacientar cuando justo, para su suerte, el auto se detuvo en una zona relegada de todo. Era lo más parecido a un descampado. Lily se bajó a unos doscientos metros de ellos y se quedó expectante bajo un enorme árbol que allí estaba.
A lo lejos podía divisar una humilde y pequeña casa. ¿Qué podía estar haciendo él allí? ¿De qué se trataba ese trabajo? ¿Estaría Peter allí adentro?
Suspiró profundamente y se dijo que debía ser fuerte para lo que venía. No había ningún presentimiento bueno dentro de él. Solo una voz que le gritaba que Peter estaba ahí y que debía liberarlo cuanto antes.
Vio que Sam salió de la casa nuevamente y decidió aproximarse hasta ella. Corrió todo el pequeño camino que la separaba de la casa y se detuvo frente a la puerta. La misma no estaba bien asegurada, por lo que podía entrar sin hacer demasiado escándalo.
Al entrar notó que el lugar estaba divido en dos pequeñas piezas. Pero su interior era deplorable. Era una construcción abandonada, eran visibles los ladrillos y su piso era de tierra. En la pieza en la que estaba había algo de comida desparramada sobre una pequeña mesa y diarios tirados en el suelo.
Contemplaba horrorizada el lugar. No por su apariencia en sí, sino por la sola idea de que Peter estuviese allí. No se atrevía a averiguarlo tampoco. Las manos le sudaban, estaba temblando y sentía el miedo correr por todo su cuerpo. Quizás solo unos pasos la separaban de él.
Apoyó su mano en la pared y se acercó lentamente a la pieza contigua. Giró sigilosamente su cabeza hacía su lado izquierdo…y encontró la respuesta que había ido a buscar. Un hombre estaba acostado de espaldas, sobre una cama de hierro. Este se volvió al sentir su presencia. Sus peores sospechas acababan de ser confirmadas al ver el rostro de ese hombre. Ese hombre que parecía distinto a los demás, dulce y tierno. Ese hombre estaba allí tirado, vencido. Estaba lastimado, decuidado. Ese hombre era Peter.
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