Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 2ª Parte

Sus dedos se iban deslizando suavemente a lo largo del piano. Las lágrimas corrían por cada una de las teclas, mientras las movía. Estaba concluyendo la melodía más dura y triste que jamás hubiese compuesto. Pero era lo que reflejaba su corazón. Y Tim tocaba con el corazón. Un corazón que estaba completamente destruido y amargado.
Había sido un largo mes. Las tres semanas más tristes que le tocaran vivir. Ella se había ido. Julia había muerto. No pudo luchar con el cáncer que la aquejaba y terminó por ceder. El destino se la arrebató de la nada, dejando a él y a su hija, Karen, solos y destrozados. ¿Cómo haría para seguir sin su esposa? ¿Cómo soportaría dormir en la misma cama, donde tan felices habían sido? ¿Cómo podía mostrarse fuerte ante su hija? ¿Cómo aliviar el dolor que había en su corazón?
Sea como fuere, tenía una hija por quién vivir. Karen dependía de él, era todo lo que le quedaba. Tenía que seguir por ella y nada más que por ella. Ya no habría lugar para otra mujer en su vida. Ninguna reemplazaría a Julia. Ella había sido la primera y la última mujer que lo haría feliz.
Se levantó del piano de un tirón. Era la primera vez que no se sentía cómodo allí. Su estudio era como un lugar mágico, en el que fluían las notas y los acordes de innumerables canciones. Cada letra que escribía lograba tener sentido en ese espacio. Era su lugar…era. Recordaba las noches enteras que se la pasaba componiendo un tema tras otro. Y podía recordar a Julia, entrando con humeantes tazas de té y sentarse a un lado, observándolo crear melodías. Podía recordar las veces que le había hecho el amor sobre el piano, en cada lugar de la casa y como la hacía estremecer con solo rozarla. Las lágrimas empezaban a caer incesantemente otra vez. Se dejó caer en el sillón que estaba a un lado del piano…y de nuevo lo mismo: Julia.
Su voz, su aroma, su suave cabello oscuro. Su risa, sus palabras, sus besos. Volvían a él los vestigios de tiempos felices. La mañana que ella le dijo que estaba embarazada. Su sonrisa exhausta al tener en brazos, por primera vez, a Karen. Las peleas inútiles, que terminaban con apasionados besos e interminables caricias. Cada tarde de sol que pasaron juntos, hablando sobre el futuro y jugando con Karen. Todo le parecía tan lejano ahora. Eran los recuerdos de alguien más, no los suyos. No lograba entender como había perdido todo, en tan poco tiempo. Porque Julia era eso: su todo.
Salió a la galería trasera, a tomar un poco de aire. Se sentó al borde de las escalinatas y se pasó la mano, distraídamente, por su corto cabello negro. Cerró los ojos y sintió una tenue caricia sobre sus hombros. Imagino que era ella. Imagino que Julia no se había ido, que lo estaba despertando de una horrible pesadilla. Pero cuando abrió sus ojos, reconoció las pequeñas manitos de Karen, que ya le estaba cubriendo todo el cuello.
-Soñé con mami.-Susurró la pequeña.-Estaba muy hermosa. Si hasta jugó conmigo.
Las palabras de su hija le destrozaban aún más el corazón. Como podía ser tan fuerte, ante la muerte de su madre, con solo cuatro años. ¿Será que era la entereza que Julia le había dejado a su hija, a modo de legado?
-Qué lindo, nena.-Sonrió tibiamente.- ¿No me das un abrazo fuerte?-Pidió, sintiendo que ya no podía soportar el dolor solo. Recibió como respuesta un abrazo lleno de ternura y contención, como solo Julia sabía dárselo. Ambos se quedaron sentados viendo como la tarde caía sobre Battle. Había demasiado dolor con que lidiar de aquí en adelante. Aunque tenía la plena certeza de que en esa casa no podía seguir viviendo. Cada rincón de la misma, tenía su recuerdo. Le parecía un lugar enorme y desconocido sin su esposa. En ese momento, cualquier lugar del mundo era mejor que su residencia de North Trade Road.

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