Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 8ª Parte

Si seguía conduciendo a tan alta velocidad le quitarían su auto. Pero, ¿qué más podía hacer? Su hija estaba desaparecida y las autoridades no se hacían cargo de ello. Tenía que buscarla él mismo. Se detuvo frente al Sovereing Light Café. Por un momento regresaron las imágenes de él, junto con Greg y Justin, dando esos interminables paseos en bicicleta, al atardecer. El día que le confesara a Julia que la amaba, a la orilla del mar. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas al recordarla. Al recordar que su hija estaba perdida y él, allí sentado, al costado de la calle. Se levantó de un salto, pero cuando estaba subiendo a su auto, notó que se aproximaban dos mujeres. En realidad una mujer con una niña, prendida de su mano. Se las veía sonrientes, aparentemente hablando entre sí.
A medida de que se iban aproximando, Tim se convencía cada vez más que esa pequeña era su hija. Pero, al parecer, esta lo reconoció primero, cuando ya estuvieron a metros de distancia.
-¡Papi! –Oyó que gritó Karen y fue cuando todo el alivio comenzó a recorrer su cuerpo. Su hija corría hacia él, para luego fundirse en un interminable abrazo.
-¿Por qué te fuiste? Me tenías muy preocupado.-Decía, sin poder soltarla.
-Perdóname, papi.-Suplicó, entre sollozos.-No volveré a hacerlo nunca, te lo prometo. Nunca.
El sol del mediodía iba calentando al pueblo. Pero eso poco les importaba a Tim y a Karen, que permanecían abrazados, como si hubiesen pasado años lejos uno del otro, ante la atenta y lejana mirada de Luján.

Karen se soltó muy rápido, que Luján no pudo detenerla…hasta que descubrió el motivo: Tim estaba parado a unos metros de ellas y la niña corría a su encuentro. Su corazón se paralizó al verlo. Sintió ese cálido cosquilleo en su estomago y los latidos acelerados de su corazón. Ahí estaba, tan hermoso, tan perfecto. Abrazando a su hija con amor y ternura. Luján no podía creer que lo estuviera viendo. Miles de cosas iban y venían por su cabeza. Sintió las mismas ganas de correr a su encuentro y estrecharlo entre sus brazos, como lo había hecho Karen. Hacerle sentir acompañado, contenido. Que supiera que había una mujer que estaba dispuesta a dar su vida, por verlo feliz.
Cuando el abrazo finalizó, vio que Karen lo conducía hacía ella, tomando de la mano a Tim. Luján sintió que las piernas le fallarían. Algo haría que caiga desmayada, al no poder contener tanta alegría que corría por sus venas.
-Papi ella es Luján. Ella me encontró y fue muy buena conmigo.-Sonrió alegremente Karen.
-Hola.-Tim estiró su mano, con la intención de saludarla, pero su rostro denotaba una cierta desconfianza para con ella.
-Ho…hola.-Balbuceó, sin saber bien cómo reaccionar. Levantó su mano temblorosa lentamente y la fue acercando poco a poco hasta la de Tim. Él tomó su mano enseguida y la estrechó fuertemente. Luego la soltó y Luján permaneció inmóvil, contemplando sus increíbles ojos azules, que la escrutaban atentamente.
-Vámonos, Karen.-Ordenó, dando media vuelta, en dirección a su auto. Pero la niña lo miró extrañada.
-¿No vendrá Luján con nosotros? –Preguntó.
-No.-Cortó con sequedad Tim.-Ella tiene cosas que hacer y seguramente…
-No papá. Quiero estar con Luján. Ella fue muy cariñosa conmigo. Mami también me trataba así.-Interrumpió, dejándolo petrificado. ¿Cómo una extraña había despertado tanto amor en su hija? Solamente era una desconocida…-Quiero que conozca nuestra casa. Por favor, papi…-Suplicó.-Deja que Luján se quede con nosotros.
-Karen, por favor. Ya te dije que no…es mi última palabra.-Intentó sonar severo, pero no salía de su asombro, viendo a su hija demostrar tanto cariño por esa tal Luján.
Estaba a punto de arrancar el motor de su auto, cuando giró de nuevo y vio que esa mujer seguía en el mismo lugar de antes. Parecía haber quedado inmóvil, pero lo miraba fijamente a él. Su actitud no era sospechosa, sino más bien…atontada. Podría ser esa la palabra o impresionada o algo así. Tim la observó unos segundos más con detenimiento: no era muy alta de estatura, tenía el cabello corto, enrulado. Por el color de su piel, no parecía ser de Bexhill. En realidad, por su acento no parecía ser inglesa. Aunque todo lo que había oído de su boca fue un simple hola. La había notado nerviosa al momento del saludo, parecía incomoda, avergonzada. Además lo miraba de una forma muy particular: sus ojos brillaban. Sus ojos marrones brillaban. La última vez que había visto un brillo similar era en…
-Papi, deja que Luján venga con nosotros.-Interrumpió la vocecita de Karen.-Mírala.-Le señaló a su izquierda.-Está allí, esperándonos.-Aseguró. Tim abrió velozmente la puerta del auto y comenzó a correr en dirección a Luján.
-Mi hija quiere que vayas con nosotros.-Dijo al detenerse frente a ella.- ¿Te molestaría almorzar con nosotros?
Luján no podía creer lo que acababa de oír: Tim la estaba invitando a almorzar. Tim. El mismo con el que soñara todas las noches y despertara todas las mañanas. Ahora estaba frente suyo, la estaba invitando a su casa. Su corazón parecía querer explotar y sentía una imperiosa necesidad de tomar su rostro y besarlo apasionadamente. Pero sabía que no podía. No debía. El encantamiento que había despertado en ella, no la imposibilitó de darse cuenta como la miraba él: con desconfianza. Y era lógico. Su hija desaparecía y al día siguiente reaparecía de la nada, acompañada por una completa extraña. Porque, para Tim, era una completa extraña. Aunque para ella, él no significase lo mismo.
-Sí. Eh, digo…no. No me molesta en lo absoluto.-Sentía que estaba quedando como una perfecta idiota frente a Tim. Pero, ¿qué más podía hacer? Apenas lograba decir una oración completa, frente a él.
-Bien.-Sonrió y Luján creyó que realmente terminaría desmayada si le volvía a sonreír de esa manera.-Sígueme.
Ella lo siguió, como le había ordenado. Aunque si él quería, podía seguirlo hasta el fin del mundo, si era necesario. Se acomodó en el asiento trasero, junto a Karen, que estaba muy contenta habiendo logrado su cometido.

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