Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 4ª Parte

Llegaron junto con el camión de mudanzas. Karen fue la primera en bajar del auto de Tim, presurosa de jugar en la costa. En pocos días, Tim había encontrado la casa “perfecta”. Perfecta para calmar, un poco, su inmenso dolor. Después de todo, no le parecía mala idea huir un poco de los recuerdos de Julia. Además el lugar le había encantado a Karen: estaba un tanto alejada del movimiento del pueblo y tenía una vista al mar preciosa. A ella le encantaba el mar y no le pareció inadecuado mudarse a Bexhill. También le serviría a él ver que su hija podía distraerse al menos en aquella casa. Era lo necesariamente acogedora para ambos y tenía una enorme sala, en donde podría poner su piano e intentar distraerse él también. Pero eso no le serviría de nada. Julia era el motor de su vida, su musa inspiradora. Y con ella se habían ido todas las melodías que podía llegar a componer y todas las letras, que en algún momento, hubiera escrito. Ahora solo se dedicaría a hacer feliz a su hija: ella era lo único que le quedaba de Julia, aunque se pareciera más a él. Era su espejo. Tenía el cabello largo y negro, los ojos azules, era muy alta y tenía algo más que lo enorgullecía inmensamente: el amor por la música que le había inculcado desde el vientre de su madre. Comenzaba a imaginarla como una gran compositora, en un futuro. Además tenía una voz privilegiada y era más desenvuelta que él. No le costaría demasiado conquistar al país entero, con su sonrisa simpática y encantadora a la vez.
-¿Iremos a jugar a la playa, papi? –Inquirió la pequeña, entrando junto a Tim a la casa.
-Espera un poco, Karen. Hay muchas cosas que debemos hacer antes.-La miró pacientemente.-Mira esto…-Le señalo las cajas y los muebles que el camión de mudanzas acababa de dejarles en la casa.- ¿No me vas a ayudar a ordenar un poco? –Sonrió.
La niña se quedó pensativa unos segundos. Hubiese preferido ir a jugar primero, pero debía ayudar a su papá.
-Bien…pero con una condición…
- ¿Qué quieres ahora, Karen? –La levantó de su pequeña cintura y ella le rodeó el cuello con sus bracitos.
-Que juguemos un ratito en la playa. Por fa, papi, es solo un ratito…
-Está bien. Cuando terminemos con todo esto, jugamos un ratito.-Asintió al fin. Poner las cosas en su sitio les llevó toda la mañana y gran parte de la tarde. Solo tuvieron tiempo para almorzar y luego seguir acomodando las cosas. Karen se ocupo de ordenar su cuarto sigilosamente. Varias veces tuvo que cambiar de lugar peluches y muñecas, porque no le gustaba como se veían. A Tim le parecía increíble que fuera tan detallista a esa edad. Él en tanto se encargó del suyo, el cual no requería de demasiados arreglos. Ubicó solo lo que le parecía necesario. En un momento sintió ganas de poner una foto de Julia en su mesita de luz, pero luego desistió de esa absurda idea. No se había ido de Battle para recordar más aún a Julia, solo necesitaba que las heridas de su ausencia sanasen lejos de allí. Aunque le llevara años curarlas definitivamente.
La casa ya estaba lista. Habían puesto cada cosa en su lugar y estaban satisfechos por ello. Tim y Karen se tiraron en el enorme sillón que acababan de colocar en la sala, estaban cansados y contentos a la vez. Pero eso no evitó que la pequeña olvidara la promesa que su padre le había hecho, horas antes. Por eso, terminaron el día jugando y correteando a la orilla del mar. Era una hermosa tarde de verano y Tim sintió, por primera vez en cuatro semanas, una sensación de bienestar que solo su hija podía brindarle y deseó, en lo profundo de su alma, que ese momento no terminara nunca.

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