En la mansión Williams había una mezcla de alegría y tristeza. Se escuchaban llantos y risas, todas por igual. Betty no podía soltar a su hijo ni por un minuto. Se había pegado a él desde que lo viera en la delegación y así, hasta llegar a la mansión. En su corazón solo había calma y felicidad. Peter estaba de regreso. Pero lo que le había sorprendido fue la historia que Lily declaró ante las autoridades: el que era su novio, había secuestrado a Peter. Le parecía muy extraño todo lo que contó, los maltratos, el disparo y la angustia que ella tenía. Más allá de eso, había notado como su hijo sobreprotegía a esa muchacha. Como la miraba, como intentaba calmarla…era muy evidente que él se había vuelto a enamorar. Pero no se atrevió a comentar siquiera el asunto, por el momento quería disfrutar de estar con Peter otra vez. Y tenía que agradecer a Martin, después de todo. Las cosas le podían salir tan bien, como mal. Pero para su suerte el Inspector actuó muy bien y solo podía estar agradecida con él. Esta historia había tenido un final. Uno muy feliz, con su hijo de regreso.
Luego de varios intentos, Peter logró que su madre se fuera a dormir. Había estado todo el día prácticamente pegada a él. De todos modos, era lógico, y se sentía muy bien tenerla cerca otra vez. Sentir sus abrazos, sus besos y todo su cariño. Se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba de ello. Sin embargo, la que estaba distante era Lily. Después de declarar se había encerrado en su cuarto y de allí no se movió en todo el día. Se la veía realmente golpeada, y no era para menos: la noche anterior habían intentado abusar de ella y ahora, el que fuera su novio, estaba agonizando en el hospital. Entendía que quería y necesitaba un poco de paz. Aún así, quería que sintiera que él estaba allí. Que supiera que contaba con su hombro, si quería llorar. O que tenía a alguien dispuesto a dar todo, por verla feliz.
La mansión estaba en penumbras y, por fin, había un poco de silencio en ese lugar. Peter se asomó lentamente al cuarto de Lily. Golpeó suavemente la puerta, temiendo que ella no quiera hablarle.
-¿Puedo pasar?-Inquirió tímidamente.
Justo en el momento que iba a marcharse, ella le abrió la puerta. Sonrió, sin demasiadas ganas, a modo de saludo. Peter se sentó a un costado de la cama, junto a ella. Se quedaron en silencio unos segundos, hasta que Lily pudo decir algo.
-Fue mi culpa. Sam está así por mi culpa.-Se reprochaba a sí misma
-No fue tu culpa, Lily.-Le acarició suavemente el hombro.-Fue un accidente. Solo un accidente.
-Pero no se merecía lo que le hice.-Miró a los brillantes ojos azules, que podía distinguir a pesar de la oscuridad de su cuarto.-A pesar de sus actitudes…él me amaba.
-¿Lo dices por el beso?
-Sí.
Mil cosas corrieron a lo largo y ancho de la cabeza de Peter. Tal vez esa vida que había imaginado junto a Lily, se acababa de desvanecer por completo. Seguramente no quería estar con él, por sentir culpa de algo en lo que no tenía ninguna participación. ¿Cómo podía ser que ese patán se siga interponiendo entre ellos dos? ¿Por qué Lily no se daba una oportunidad de ser feliz? ¿Por qué no quería estar con él, si sabía que la amaba? Parecía ser que su pesadilla no había terminado. Ahora tendría que sufrir por un amor imposible…por no poder estar con la mujer que ama y por no poder hacerla feliz…
-Pero yo te amo, Peter. Y no quiero perderte.-Interrumpió todos sus pensamientos absurdos y sus palabras fueron como la suave brisa fresca que alivia cualquier calurosa tarde de enero. Era todo lo que necesitaba escuchar, para volver a sentirse vivo.
La tomó del rostro, suavemente, y la besó con total delicadeza y dulzura. Sus penas fueron disipándose a medida que sus labios se apoderaban más y más de los de Lily.
Ella solo se dejó llevar por Peter. Todo los años de dolor y sufrimiento comenzaban a tener sentido. Todas sus noches de llanto y soledad, eran solo el anticipo de una nueva esperanza. De una nueva vida. Y junto al hombre que amaba. Esbozó una pequeña sonrisa, en medio del maravilloso beso que Peter le estaba dando y supo que ese era su lugar en el mundo. Y de allí no se movería nunca más.
Ya habían pasado dos semanas de la muerte de Sam. Había agonizado dos días más después del secuestro. Lily estuvo a su lado todo el tiempo. Después de todo, él no era una mala persona. Solo se había enamorado locamente y que no midió las consecuencias de sus actos. Su vida se apagó en sus brazos. Eso fue un golpe muy duro para ella. Pero prefería eso, ha que verlo sufrir más tiempo en ese estado.
Lejos había quedado aquel chico que conociera alguna vez. Con el que compartiera alegrías y tristezas, todas por igual. Al que amara tanto, pero que era imposible de cambiar. Y allí había terminado Sam: muriendo de un balazo en el estomago.
Sus pensamientos se iban perdiendo, con el vaivén de la bella París. Peter le había insistido demasiado en vivir allí, que no tuvo más opción que aceptar su propuesta. Aunque estaba dispuesta de seguirlo hasta el fin del mundo, si era necesario.
-¿Te gusta?-Peter la tomó por la espalda y besó su cuello.
-Es hermosa.-Sonrió, girando para poder besarlo con más comodidad.-La vista es perfecta.
-Sabía que te iba a encantar. Y eso que no hemos recorrido nada aún.
-Sí, pero antes de eso…tengo que decirte algo.-Lo llevó de la mano hasta el interior del departamento.
-Lily no me asustes… ¿Qué pasa? -La miró extrañado.
-Esta mañana yo…-Balbuceó.-Me enteré que estoy embarazada.-Bajó la mirada, llena de vergüenza. Sabía perfectamente que el bebe que estaba esperando era de Sam y tenía miedo de la reacción que tuviera Peter.
-Te amo.-Sonrió y la cubrió con sus largos brazos.-Este bebe nos hará más felices todavía. Ya lo verás.
-Pero…bueno…sabes que este bebe es de…
-Es mi hijo.-Interrumpió.-Y lo voy a amar tanto como te amo a ti, preciosa.-Era consciente de quién era el verdadero padre del bebe, pero eso ya no importaba. Ahora podría formar una familia, junto a la mujer que amaba.
-Te amo, Peter.-Susurró, entre lágrimas. Lágrimas de alegría.
Una nueva oportunidad estaba a su alcance y ninguno de los la dejaría pasar. Habían sufrido demasiado, esperado tanto…sin imaginar la recompensa que les tenía guardado el destino. Era un tiempo para sonreír. Para olvidar. Para volver a empezar. Para descubrir cosas nuevas. Un tiempo para amar. Por algo estaban allí. Felices. Juntos. Amándose sin temor. Planeando un nuevo comienzo cada día. Una nueva oportunidad. Una nueva vida.
Fin.
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