Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 3ª Parte

Un mes. Había pasado un mes…y no podía conseguir nada de todo lo que se había propuesto. Solo ese empleo en una cafetería de Bexhill-On-Sea. Y lo peor era que no lo había visto por ningún lado. Había ido hasta Battle, inclusive días atrás había pasado por su casa, pero no diviso a nadie…tal vez se había cambiado o se fue de vacaciones con su esposa. Ella, la única para la que había lugar en el corazón de Tim. La odiaba por el solo hecho de estar casada con el hombre que amaba, por hacerlo feliz todos los días y dormir junto a él todas las noches. Si era una buena mujer, no le importaba. La odiaba de todos modos. Pero no se preocupaba por ello, su marido la hacía feliz, como ningún otro hombre en la tierra. Le mostraba un mundo diferente día a día. Su sonrisa era todo lo que necesitaba para alegrar sus mañanas y calmarla por las noches. Él hacía que se quedara tildada frente a un televisor, cada vez que sonaba una canción de su banda. Tim llenaba cada espacio vacío de su existencia. Parecía una exageración, pero era cierto: amaba con todas las fuerzas de su corazón a ese inglés lejano y hermoso.
-Luján, toma esto.-Su compañera le puso una bandeja con té y algunas galletitas en frente suyo y tuvo que tomarlos, para evitar que se le cayeran. Se la veía bastante apurada.-Y deja de soñar, niña. Estamos trabajando.
Luján salió refunfuñando por lo bajo, para atender la mesa que se encontraba afuera. Allí estaba una joven parejita, que disfrutaba del anochecer en el acogedor Sovereing Light Café. Por un momento, sintió unas enormes ganas de estar así con alguien. Algunas veces pensaba que debía intentar enamorarse de algún hombre que tuviera más cerca, al menos. Pero luego venía a su mente el pequeño abrazo que le diera Tim, en su estadía por Argentina, y sus pensamientos volvían a girar en torno a él. Y otra vez estaba perdida entre sus pensamientos…
-Vamos, muévete que no puedo pasar.-Protestó su compañera de nuevo.-Ya te dije que te concentraras en el trabajo, o ¿no?
-Por favor, Kelly.-Dijo con toda la tranquilidad que le era posible fingir. Tenía tantas genas de estrangular a su compañera que debía contenerse, si pensaba conservar su trabajo.-Ya voy. Lo ves…estoy trabajando.-Sonrió. Se encaminó de nuevo hacia el interior del lugar.
Aunque en un punto, Kelly, tenía razón. No sabía si era por Inglaterra, por el clima o el mar, pero no podía evitar pensar donde estaba Tim. Esperaba encontrarlo en su casa, pero allí no estaba. Y eso la preocupaba y decepcionaba a la vez. Quería verlo. ¿Por qué no podía verlo una vez al menos? No pedía demasiado. Solo una vez. Aunque sea de lejos, pero verlo. Respirar el mismo aire. Pero también influía en su trabajo y en su vida. Por lo menos debía dejarlo de lado de su cabeza mientras cumplía su horario laboral. Tenía que concretar los sueños que la empujaron hacía allí. Debía aprovechar la oportunidad que la vida le daba, porque sabía que sería la primera y única vez que le sucediera algo semejante a aquello.
La noche iba cayendo sobre Bexhill, para cuando terminó su turno. Había quedado con Paloma en que la esperaría, para regresar juntas a la casa. Ella le había sido de mucha ayuda en lo que llevaba en Inglaterra. Le había conseguido el empleo que tenía y aceptó sin prejuicios que se quedara a vivir definitivamente en su casa.
-¿Y cómo va eso de la beca para diseño? –Preguntó Paloma, distraídamente, mientras se recogía su largo cabello rubio.
-¿Cómo?-Replicó Luján, mirando hacía la cualquier otra parte, menos a ella.
-Ay Luján…tú beca.-Suspiró cansinamente.- ¿No sabes nada de ella aún? –Buscó las llaves de la casa en su bolso. Una bonita casa, cerca de Cooden Beach, aunque alejada del resto.
-Ah. No, no sé nada aún.-Contestó distraída.-No me han avisado nada. Y no creo que lo harán tampoco.
Ambas entraron a la casa, que todavía permanecía a oscuras. Luján se tirón en el sillón, mientras Paloma iba a la cocina, en busca de algo para comer. La casa era pequeña, pero lo suficientemente cómoda para ambas. Una sala relativamente grande, una cocina, un baño, dos habitaciones y una vista a la mar perfecta. No podían pedir más de lo que tenían. En realidad, Luján era la que no podía pedir más de lo que estaba recibiendo. Bastante suerte había tenido de encontrar a su prima lejana y que ella, casualmente, residiera en Bexhill. Todo ese mes se había encargado de que ella la pasara lo mejor posible allí. Paloma la había alentado a probar suerte con el diseño artístico y hasta la había acompañado a Battle, en su excursión a la casa de Tim. Se convirtieron en mejores amigas, en un lapso muy corto. Aunque Luján extrañaba horrores a sus amigas de La Plata. No le había sobrado demasiado tiempo, salvo para unas pocas y, muy cortas, llamadas. Tenía muchas ganas de contarles todo lo que había podido conocer en ese mes y que tenía todas las fotos que lo probaban. Esperaba que ellas no se hubieran decepcionado, pensando que las había dejado olvidadas.
-Lo único que encontré fue esto…-Paloma le acercó una plato, con las sobras de una pizza.-Tendremos que ir al supermercado cuanto antes o mañana no comeremos algo decente.-Sonrió. Luján lo tomó sin protestar demasiado y encendió el televisor. Lo primero que vio fue a un hombre alto y esbelto, tocando el piano y, al instante supo de quien se trataba: Tim. Al parecer era un show que su banda había dado hace un par de años, en 2005. Podía vérselo con el cabello bien corto y algo más delgado de lo que estaba actualmente. Pero tan hermoso como siempre. No pudo evitar esbozar una enorme sonrisa al verlo.
-Ese es el que te gusta, ¿no? –Intervino Paloma, masticando su pedazo de pizza.
-Paloma no preguntes cosas que ya sabes…y es demasiado obvio que es Tim.-No podía quitar la enorme sonrisa que llevaba en su rostro. Se quedó las dos horas que duro la transmisión. Paloma ya se había ido a dormir, mientras que ella seguía tirada en el sillón, feliz. Feliz por irse a dormir con el recuerdo de su rostro, latente. No había sido un día fácil, pero Tim hacía que olvidara todo lo malo y solo tuviera una mirada positiva sobre su vida.
Mientras cerraba los ojos, tatareaba, inconscientemente, una melodía suya. Y así fue conciliando el sueño, poco a poco, con la ayuda de los ojos azules de su amado y la suave brisa del mar, que le recorría el cuerpo.

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