Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 21ª Parte

Una extraña sensación de paz le recorrió el cuerpo al volver a su antiguo hogar. Y eso le parecía extraño. Muy extraño. Tim pensó que no soportaría ni siquiera dos segundos allí. Pero le ocurría todo lo contrario. Sentía que había llegado a un refugio, en el que podía ocultarse del mundo. Aunque no sabía bien a que le estaba escapando ahora.
Mientras recorría cada espacio de ese lugar, más seguro estaba. Se empeñaba en recordar una y otra vez los momentos de felicidad, junto a Julia. Aunque algo andaba mal. O bien, según el punto de vista por donde se lo mirara: no sentía dolor. Su corazón no parecía quebrarse al pensar en ella. En cambio, cuando Luján regresaba a su mente, su tranquilidad se transformaba en angustia, pena…tristeza.
Tim estaba recostado sobre el mullido sillón de la sala. Karen dormía en su cuarto, luego de llorar toda la tarde por la usencia de Luján. No le agradaba la idea de haber lastimado a su hija, alejándola de la persona que había querido en tan poco tiempo. Le había fallado a ella, otra vez. Pero no podía mirar a los bellos ojos de Luján después de las cosas horribles que le dijera. Le estrujaba más el corazón al pensar que ella estaba enamorada de él. Luján…lo ama. ¡Maldita sea! ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? ¿Por qué siente la necesidad de tenerla en sus brazos otra vez? ¿Por qué no le gusta la idea de estar solo en ese inmenso lugar? ¿Por qué no reconoce de una vez que…?
-Jamás.-Se levantó de un tirón y se dirigió a su cuarto. Abrió cada cajón, que allí había, hasta encontrar lo que estaba buscando, casi con desesperación: una caja con fotos. Allí tenía frente de él todas las fotos que había escondido. Fotos de Julia.
Comenzó a observar una por una…Julia y él, durante sus vacaciones en Italia. En una reunión con amigos, visiblemente más jóvenes. Ellos de gala, durante una entrega de premios en Londres. Fotos de todas las giras en la que lo acompañó. Algunas con Karen recién nacida y otras antes de que muriera…Una tenue lágrima rodó por su mejilla, acabando en esta última foto: los tres en un parque de diversiones. Karen había insistido demasiado para que se concretase ese paseo. Había sido el último.
Por su cabeza rodaban los recuerdos. Aquellos tiempos felices…Pensaba en que otra sería su situación, de no haber muerto Julia. Ahora estarían disfrutando de unas vacaciones en algún bonito lugar del planeta, alejados de todos los problemas, amándose…Tal vez, jamás se hubiese cruzado con Luján…
Luján. Si Julia no se hubiese marchado, él jamás se hubiera acostado con ella. Jamás le hubiese mentido de aquella forma…seguirían siendo extraños. Cayó de espaldas, de lleno en el colchón de su habitación y comenzó a llorar. Aunque esta vez no era por su esposa. Sabía que la había hecho feliz, que él había sido todo para Julia. Estaba tranquilo, porque se entregó a ella en cuerpo y alma…
Lloraba por la mujer que estaba viva. Por la que se sentía vivo otra vez. Lloraba porque se sentía estúpido y cobarde. Porque la extrañaba. Lloraba porque su maldito orgullo no le permitía dejar de mentirse a sí mismo…
-Luján…te necesito…-Susurró, entre sollozos.

Había permanecido todo el día prácticamente postrada. Paloma la trataba como si estuviera enferma, aunque solo estaba embarazada. Sonreía al recordar su expresión de sorpresa esa mañana. De inmediato se había tomado el trabajo de ser ella quien cuide de Luján y del bebé. Más allá de que esta insistiera con que se encontraba perfectamente, solo tenía mareos y vomitaba de vez en cuando. Pero era lógico. El médico ya le había informado que sería así por unos meses más.
Sin embargo, Paloma estaba empeñada en cuidarla. Debía dejarse cuidar, para poder pensar que hacer de ahora en más. Tendría que llamar a su madre, a sus amigas… ¿Tendría que volver? No podía. Por lo menos hasta que el embarazo no corriera ningún tipo de riesgo. No iba a arriesgarse ni mucho menos arriesgar la vida de su bebé.
Le parecía increíble como había cambiado su vida en tan pocos meses: conoció a Tim íntegramente. Compartió junto a él cosas que jamás hubiese pensado vivir. Y él se había encargado de marcarla para toda la vida, con sus besos, sus caricias, sus palabras…y con un hijo.
Tenía que hacerse la idea de que sería la madre de su segundo hijo. Su sonrisa se ensanchaba al decirse ello. Pero, a su vez, Tim la había lastimado mucho. La había arrancado de su vida. La había usado. Se sentía una tonta por haber creído que despertaría algo en su oscuro corazón. Sabía que las cosas terminarían de aquella forma, se había jurado que soportaría el dolor que le causara. Pero se había mentido a sí misma. Sin Tim, no significaba nada. Aunque ahora no estaba sola. Tenía en su vientre un pedacito de él. Que al crecer le preguntaría por su papá… ¿Debía contarle a Tim lo que estaba sucediendo? ¿Era ese el momento para decirle que estaba embarazada y que él era el padre del bebé? ¿Qué debía hacer? ¿Cómo debía reaccionar?
Tal vez Tim recapacitaría y volvería a su lado, para ser felices los cuatro. O la maltrataba de nuevo y tendría que arreglárselas sola con su hijo…Prefería la primera opción. Algo le decía que su historia no había acabado aún. Tim no le había dicho toda verdad. Algo le estaba ocultando… ¿pero qué? Quizás era producto de su imaginación o de las ganas que tenía de que todo cambiara y volver junto a él. Se acarició la panza enésima vez.
Cerró los ojos y suspiró profundamente. Los imaginó a los cuatro, felices, tranquilos. Imaginó formar una familia con Tim y no alejarse de su lado nunca más. Era solo un sueño…pero debía intentarlo. Si sufría, su bebé también sufriría. No debía resignarse a perderlo tan pronto. Menos ahora. Si había podido devolverle la alegría, algo significaba para Tim.
-Te necesito, Tim.-Susurró.-Tu hijo y yo te necesitamos…-Fue cayendo lentamente en un sueño profundo.

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