Algo cambio esa mañana. Se sentía distinto. Extrañaba a Julia, pero había algo que lo aliviaba. Alguien. Esa Luján había logrado cambiar su vida con sus torpezas y sonrisas.
En lo que iban de esas dos semanas, había logrado romper dos platos, cuatro tazas y una bandeja, que le obsequiara su madre. Sin embargo, no podía culparla de eso, él también estaba implicado en aquel asunto. Siempre se le antojaba molestarla, justo cuando estaba cocinando, y como consecuencia de sus bromas a Luján siempre se le caía algo al suelo. Era gracioso verla. Lo divertía mucho. También le era de mucha compañía: se la pasaban horas y horas hablando en la playa. Sobre la vida, el trabajo, la música y sobre Julia.
No podía olvidarla. Su figura estaba muy presente aún. Y había hablado mucho acerca de ella, pero notaba un extraño malestar en Luján, cada vez que la nombraba. Lo escuchaba y lo aconsejaba. Pero sus ojos se volvían molestos para con él, cuando tocaba ese tema. No entendía muy bien que era lo que le molestaba al hablarle de ella, si Luján no estaba… ¿no lo estaba? ¿No se había enamorado de él en esas semanas? Era una idea descabellada, ¿o no? Y ahora que lo pensaba, ella lo miraba de una forma especial, lo trataba de una forma especial, cuidaba de él de una forma…Eso era imposible. No podía haberla enamorado. Había sembrado ilusiones que jamás podría cumplir. Esa mujer estaba mejorando su vida, pero lo amaba. Lo amaba. O tal vez eran alucinaciones suyas y ella solo le tenía aprecio. Qué podía saber él. La única chica que había conocido fue Julia. No podía adivinar si alguien estaba enamorado o no. Aunque los ojos de Luján brillan demasiado cuando está cerca de ella… No iba a quedarse con esa duda.
Luján aprovechó que a Karen se la había llevado Justin (alguien que le pareció más simpático en persona), para sentarse en la playa un momento, antes de marcharse. Era la primera vez en dos semanas que se quedaba a solas con Tim. Y eso la ponía muy tensa. Había logrado que él confiara en ella, pero más allá de eso, lo amaba y tarde o temprano él se daría cuenta. Pero no estaba lista para que lo descubriera. Se sentía muy cómoda y feliz estando allí. Estando con él. Compartiendo cada momento. Amaba sus charlas junto al mar; que la sorprendiera en la cocina, en complicidad con Karen e hiciera que acabara por romper alguna cosa.
Le parecía extraño el giro que había tomado su vida, desde la madrugada en que encontró a Karen. Ahora era la confidente de Tim, algo que jamás hubiese imaginado que fuese a pasarle. Aunque en realidad, sí. Pero antes había un enorme océano que los separaba. Ahora eran solo unos metros de distancia. Hundió su cabeza en sus piernas y comenzó a sonreír. Como hace dos semanas lo venía haciendo sin poder parar. Él la hacía sonreír, él la hacía feliz. No podía pedir más que lo que estaba recibiendo. Algunas veces, inconscientemente, rogaba porque Tim se diera cuenta de que la amaba. Que había podido superar la muerte de su esposa y que le pidiera no alejarse nunca de él. Pero Tim se había encargado de dejárselo muy en claro: él la amó, la amaba y la amaría hasta el día en que ambos pudieran volver a reunirse. Siempre terminaban hablando de ella. Le hablaba de lo feliz que eran, de sus planes para el futuro, de lo vivo que lo hacía sentir. Y Luján intentaba disimular lo más que podía su malestar, para que Tim no sospeche, pero algunas veces era inevitable.
Su sonrisa se desdibujó y elevó su cabeza hacia el mar. Era una noche de luna llena. Perfecta. Los últimos días de Junio eran bastante calurosos, por lo que el mejor lugar para estar era allí mismo, frente al mar…junto a Tim.
-Bonita noche, ¿no?-Le susurró Tim e hizo que temblara al escuchar su voz tan próxima a su oído. Luego se acomodó junto a ella. Muy junto a ella.
-Sí.-Sonrió.-Aquí no se siente tanto el calor…-Era un comentario bastante estúpido, pero no se le ocurrió algo mejor que decir.
-La verdad sí. Por eso me pareció que era mejor venir a vivir en Bexhill, cerca del mar.-Comentó, distraído.- ¿Y tú? ¿Por qué viniste a vivir aquí?
-Porque aquí vive mi prima, Paloma. Pensaba quedarme en Londres, pero las cosas no salieron como lo esperaba.
-Ah… ¿y de dónde eres? Porque no pareces ser inglesa, ¿o me equivoco?
-No, no te equivocas. Yo soy argentina. Vine aquí hace casi dos meses.
-¡Eres argentina, eh!-Exclamó sonriente.- ¡Maradona!
Luján comenzó a reír a carcajadas por la forma tan inglesa en que pronunció ese nombre.
-Sí, Tim, Maradona.-Dijo entre risas.
-Ustedes hicieron trampa… ¡Ese gol fue con la mano! ¡Con la mano! –Le señaló la suya, lo que la hacía reír más aún.
-Bueno, ya Tim…-Decía sin poder dejar de reír.
-Son unos tramposos. Tramposos…-Comenzó a susurrarle al oído, a medida de que se aproximaba más y más. Luján reía, pero de los nervios y el cosquilleo que le generaba tener a Tim a centímetros suyo.-Son tramposos, se quedan con todo…-Las carcajadas se extinguieron por completo, mientras él respiraba sobre el hombro de Luján.-¿No es así?
-Ehh…Tim…-Intentaba, sin demasiado esfuerzo, separarlo de su lado.
-Dime Luján… ¿te has enamorado alguna vez?-Susurraba, pegándose al cuerpo de Luján.
-Bueno, Tim…yo…-Miraba fijo al inmenso mar, pero sabía que pronto perdería la poca cordura que conservaba y mandaría todo al diablo. Tim, por su parte, comenzaba a acariciar suavemente su cintura. Lo que la hacía sentir muy bien.
-¿Amas a alguien, Luján? Necesito saberlo.-Con su otro brazo, la abrazaba por la espalda y rozaba su nariz entre los rulos de su cabello.
-No entiendo para que quieres saberlo.-Dijo temblorosa por la cercanía que tenía con él. Comenzaba a sentir un leve escalofrío por la espalda. Era Tim, que se la estaba acariciando, como lo hiciera sobre su cintura. No podría aguantar mucho tiempo, no resistiría mucho más la tentación de devorar los labios de Tim Owen.
-Porque te quiero solo para mí.-Elevó su mano por sobre el cuerpo de Luján, acariciándola gradualmente, hasta posarla sobre su rostro. La tomó de la barbilla y giró su rostro hacía él, para poder mirarla a sus bellos ojos marrones.-Te necesito, Luján.
Tim fue acercándose a los labios de ella muy lentamente, como queriendo hacerla esperar un poco más todavía. Le besó suavemente el labio inferior, para luego apoderarse de su boca y besarla apasionadamente. Y así fue. Sus labios se iban acomodando suavemente a los de Luján, tomando el control de la situación. Poco a poco, con cada movimiento, comenzaba a tornarse más frenético, intenso, apasionado, desesperado. Luján se sujetó de su cintura, mientras él enredaba los dedos entre sus cabellos.
Ese beso significaba la concreción de algo que no se animaba a admitir. Ella lo había cambiado. Su mundo, su vida, su corazón. No creyó que volvería a experimentar ese ardiente deseo de tener a una mujer junto a él. Luján había despertado todos los sentidos que se habían muerto, junto con Julia. Había algo que hacía que no pudiesen separarse. Ella subió sus manos, hasta rodear el cuello de Tim, mientras él las bajaba hasta su cintura y comenzaba a inclinar su cuerpo. Luján no sabía si podría seguir viva después de aquello. Había soñado con sus besos, con sus caricias…ahora estaba a la orilla del mar, teniendo sobre ella el suave peso de su cuerpo. Él acariciaba cada parte de su cuerpo, en tanto no podía de dejar de besarla. En ella estaba el aire que necesitaba para seguir respirando. Esa extraña que lo estaba volviendo loco. Luján volvió a bajar sus manos, para recorrer la extensa espalada de Tim y darse el gusto de acariciarlo como se le antojara. Ya no le importaba las consecuencias de aquello y que tan mal podía llegar a estar hacerlo con él. No le importaba. Las caricias de Tim hacían que olvide todos los prejuicios y temores que había dentro de ella. Y cuando creía que él la haría suya, fue este quien comenzó a separarse lentamente de ella. Alcanzó a besarle suavemente el cuello, para terminar acostado, a su lado.
Tal vez la culpa, el miedo o algo hacía que se vuelvan a separar. Luján estaba segura de que había entrado al cielo mismo, de la mano de Tim. Estaba exultante de felicidad. No pudo disimular la sonrisa que había en su rostro. Pero él permanecía en silencio, solo miraba las estrellas. Esas que habían sido testigo de ese magnífico y maravilloso beso, que había concretado todos los sueños que ella llevaba dentro.
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