Al día siguiente se levantó algo cansado, porque no había podido dormir bien la noche anterior. Fue caminando hacia la cocina y le pareció extraño que la casa estuviera sumergida en un silencio como aquel. Solo se escuchaba el sonido de las olas superponerse unas con otras, algo le daba una sensación de paz. Supuso que Karen estaría durmiendo, así que decidió no molestarla y salió a caminar un poco por la playa. La mañana estaba muy soleada, por lo que regresó al interior de su hogar, en busca de unos anteojos de sol y le sorprendió el silencio que seguía reinando allí. Se acercó al cuarto de Karen, solo para asegurarse de que la niña estuviera durmiendo, pero su corazón se paralizó por completo al no hallarla. La buscó en el baño, la cocina, en su habitación y hasta en el sótano. Pero no aparecía por ninguna parte. Esa ínfima tranquilidad que le había dado el mar, se desvaneció en el aire, para transformarse en desesperación y angustia. ¿Dónde podía irse una niña de cuatro años? ¿Qué había contribuido para que desapareciera así?
Salió despavorido de la casa y la buscó a lo largo de toda la playa. Algunos de sus vecinos ya estaban despiertos y les preguntó si no la habían visto, pero estos no sabían nada de ella. Las horas comenzaban a correr y la desesperación se apoderaba más y más de sus sentidos. Su hija había desaparecido y no podía evitar sentir ese horrible sentimiento que significaba la posibilidad de perder a Karen también. Pero sabía que solo era una posibilidad. Tenía que concentrarse en que ella volvería y en unos días todo este episodio sería una anécdota. Que no sucedería lo mismo con ella. Aún así, el miedo no estaba dispuesto a marcharse de su cuerpo.
Paloma terminaba de prepararse para ir a su trabajo. Ella era la encargada de un café, aunque no era el mismo en el que Luján trabajaba. Se trataba del Royal Sovereing, el cual estaba cerca de London Road, en el centro del pueblo. Siempre tenía una sonrisa para todo el mundo. Era buena consejera y una excelente mujer.
Estaba terminando de abrir las cortinas de la sala, dejando entrar la suave brisa que provenía del mar. Pero se sorprendió al ver a su prima, preparando el desayuno.
-¿Acaso no trabajas hoy? –Preguntó extrañada, mientras tomaba la taza de té que le alcanzaba Luján.
-No, hoy no. Pero pasó algo, que hizo que me despierte temprano.-Terminó de colocar el desayuno en la bandeja.- Encontré a una niña anoche. Ella pasó la noche aquí.
Paloma casi se atraganta con su tostada, untada con miel.
-¿Estás loca? ¿Una niña? ¿Aquí? ¿Sabes que puede ser peligroso, no? –Perdió la calma que siempre la caracterizaba.
-Tranquila, prima. Pienso llevarla a la policía luego del desayuno.-Tomó la bandeja y se encaminó hacia su habitación.-Si me disculpas, le llevaré el desayuno a Karen.
-Aguarda.-Interrumpió Paloma. Luján se detuvo y se volvió a ella.- ¿Vas a llevarla a la policía, no? Por favor, no me gustaría tener problemas…
-Descuida, para cuando regreses, ella ya estará con su familia. Lo prometo.-Concluyó. En su habitación la esperaba Karen, un tanto más calmada que la noche anterior. Se había despertado muy temprano, por lo que Luján sintió que debía hacer algo para que la pequeña se sintiera más a gusto allí.
Al entrar la vio con un libro entre sus manitos. Se la veía extasiada, mirando los paisajes, pero sin comprender de lo que el libro hablaba.
-¿Sabes leer?-Preguntó, dejándole el desayuno a un costado de la cama.
-No.-Contestó apenada.-Espero poder aprender cuando regresemos a clases.-Continuó ojeando las paginas. Hasta que se detuvo en una en particular.- ¡Qué bonita ciudad! ¿Dónde queda?
-Se llama Capital Federal. Está ubicada en Argentina.-Respondió, sintiendo orgullo por su país.
-¿Dónde está Argentina? –Inquirió Karen, deseosa por saber más sobre ese país.
-Está del otro lado del océano, al sur.
-¿Estamos muy lejos de allí? Porque me gustaría mucho conocerla.-Sonrió.
-Sí, está muy lejos. Pero puedes decirle a tu papá que te lleve de paseo por allí. Estoy segura de que va a gustarte…
La niña continuaba ojeando las hojas del libro, pero una en particular la había sorprendido mucho más, que el retrato de la Avenida 9 de Julio. Observaba admirada la foto de Tim, que guardaba dentro del libro. Él estaba sentado, apoyándose sobre sus rodillas y sonriendo. Luján amaba esa foto. En realidad, amaba a quien estaba en la foto. Le encantaba mirarla, observar por debajo de la remera celeste que tenía puesta y fantasear con los bellos que se escapaban, a la altura del escote. Pero Karen la seguía mirando sorprendida, tanto a ella como a la fotografía. Parecía como si lo conociera. Si supiera que el hombre de la foto, era Tim.
-¿Conoces a papi? –Preguntó sonriente. Luján quedó helada, ante la pregunta.- ¿Hablaras con él? ¿Le dirás que no me regañe? Por favor, Luján. ¿Lo harás? –Insistía.
-Yo…eh…si…sí. Hablaré con…con tu papá.-Balbuceaba. En su cabeza no cabía la idea de haberse cruzado con la hija de Tim. Haber sido ella, quien la encontrara. Haber cuidado de esa pequeña, tan adorable. Y, ahora que lo pensaba, no podía ser hija de alguien más. Tenía su sonrisa, sus ojos azules, su cabello negro. No podía ser otra, que no fuese Karen Owen.
Pero, de la nada volvió a su mente la conversación que tuvieran la noche anterior. Cuando le había preguntado por su madre, ella le había contestado que estaba en el cielo. ¿Acaso eso significaba lo que Luján estaba intuyendo? ¿Acaso Julia Owen estaba muerta? ¿Muerta? Tendría que repetir eso varias veces en su cabeza, si pretendía aceptarlo. Julia ya no estaba. Eso era lo más seguro… ¿y como había sido? ¿Qué le habrá ocurrido?...
-Te quiero, Luján.-La abrazó Karen, disipando todos sus pensamientos. Excepto por una afirmación, que le causaba lastima: Tim había perdido a su esposa…
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