Dos años después
-Por el poder que me concede la Santa Iglesia Católica, los declaro: marido y mujer.-El sacerdote bendijo a los novios, haciéndoles la señal de la cruz con su mano.-Que lo que Dios ha unido, el hombre no lo separe.-Hizo una breve pausa, ante la impaciencia de los recién casados.-Puede besar a la novia.-Se dirigió a Tim.
En ese mismo instante, Tim y Luján acababan de unir sus destinos para siempre. Aunque ya lo hicieran hace mucho tiempo, aquella noche de verano, ahora esa unión era “oficial”.
Ya no les parecía extraño todo lo que les ocurriera años atrás. Ambos se habían acostumbrado a la vida familiar. Vivian el día a día con una sonrisa en la cara. Aunque no faltaba alguna que otra discusión o circunstancial pelea, que traía consigo fogosas reconciliaciones. Eran una pareja como cualquier otra, solo que Tim era un personaje público. Más allá de sus extensas giras, Luján sabía cómo mantener viva la pasión entre ambos. Algunas veces lo acompañaba, junto con los niños, y otras iba ella sola (lo que se tornaba divertido cuando se quedaban solos).
Tal vez, se afianzaron más como pareja cuando nació Liam, su hijo. Por el preescolar de Karen, decidieron que el bebé naciera en Inglaterra, pero tendría la doble nacionalidad. Durante el embarazo y luego, junto al niño, durante la cotidianidad el amor que se tenían se acentuó aún más. Tim la soportó con sus antojos, la contuvo en la sala de partos y la ayudó durante los primeros meses de Liam. Sabía que contaba con él para cualquier cosa y eso la enamoró todavía más.
¿Cuesta creer? Al principio, y sobre todo para Luján, sí. Pero con el correr de los meses, se transformó en la más maravillosa realidad que pudo haber imaginado. Había formado una familia con Tim y eso era todo lo que importaba.
Ante la atenta mirada de los pocos invitados a la boda, Tim tomó en rostro de su (ahora) esposa y la besó dulcemente, sintiendo en sus labios las lagrimas de ella. Lagrimas de felicidad. Su esposa lo hacía el hombre más feliz del mundo. Le había devuelto la vida, cuando pensaba que esta no tenía sentido y le había regalado la oportunidad de volver a ser padre. El orgulloso padre del pequeño y travieso Liam. Era increíble lo que el amor podía lograr, era lo que se repetía todos los días…
Había vuelto a componer, sin dejar de prestar atención a su familia, y la banda volvió a editar un disco. El cual se transformó en el primero en la lista de ventas, con solo una semana en el mercado. Había construido una familia, estaba con la mujer que amaba, tenía dos hijos que lo enloquecían de amor… Las cosas no podían ir mejor.
Pero más allá de su presente, siempre habría alguien más en su corazón. Julia siempre lo acompañaría, como el más bello recuerdo de todos. Cada tanto iba a visitarla a su tumba, algunas veces solo, otras con Luján. Le gustaba hablarle un rato, contarle todo lo que le pasaba. La familia, la música, Karen, Liam y Luján. En su interior imaginaba que ella, desde alguna parte, estaría contenta con lo que le había sucedido. Julia era como su ángel guardián, que lo protegía de todo mal. Si hace dos años le hubiesen dicho que no sufriría por su ausencia, no lo hubiera creído. Pero ahora estaba rodeado de pura felicidad, sonrisas, tareas escolares y pañales.
Todo era mejor de lo que, alguna vez, había soñado.
Los novios salieron de la Iglesia, en medio de rosas blancas y semillas de arroz. Se subieron al auto y, junto a Karen y Liam, se dirigieron hacia el lugar donde celebrarían el enlace. Todo se había desarrollado en absoluta tranquilidad y solo habían asistido familiares directos y algunos amigos. Estaban los chicos de la banda (como no podía ser de otra manera), las familias de ambos, las amigas de Luján y hasta Paloma había ido.
Para ella también las cosas habían cambiado. Ahora era la novia de Justin, la flamante novia. Esto la volvía la mujer más envidiada por la mayoría de las amigas de Luján.
Ellos se veían muy bien juntos y parecía que lo suyo también iría para largo. Paloma también había empezado a trabajar con la banda, por lo que estaban juntos el tiempo completo. Y eso no parecía afectarles. Aunque ninguno de los dos insinuaba un posible casamiento y, a decir verdad, se los veía mejor así.
El auto entró lentamente en casa de campo que Tim había comprado en Pilar. Allí se alojaban cada vez que venían a la Argentina y les había parecido el lugar ideal para hacer la fiesta. La misma se había dispuesto dentro de una gran carpa blanca, que fue instalada detrás de la casona en la que vivían.
Karen fue la primera en salir del auto, cargando a su hermanito, a quien amaba. Ella estaba muy elegante, con un vestido en rosado claro y con un sombrero blanco, era toda una princesa. En tanto Liam tenía un pequeño trajecito, imitando a su papá, acorde a sus medidas y que lo hacían lucir como todo un señorito.
Ella había sido quien se encargara de cuidarlo desde el primer momento, por decisión propia. Amaba jugar con su hermanito y cantarle para que se durmiese. Su angelical voz le jugaba a favor. Solía contarle cuentos y hacerle dibujos. Idolatraba a Liam. Siempre lo cuidaría, asumiendo su rol de hermana mayor, que llevaba con mucho orgullo.
Y también estaba contenta con que Luján fuera algo así como su mamá. La había querido desde el principio y tenerla todos los días con ella, hacía que no extrañase tanto a su mamá Julia. Algunas veces lloraba por las noches recordándola, pero siempre aparecía Luján para calmarla y ayudarla a que durmiera. Nadie reemplazaría a su madre, pero Luján había logrado que se encariñara con ella, al punto de llamarla mamá.
Ambas se habían sorprendido la primera vez que se lo dijo, no hacía mucho tiempo, ya que a Luján no le molestaba que la llamase por su nombre. Pero con el correr de los días, se volvió más normal y ahora la llamaba así. Karen se sentía afortunada por tener una mamá, que la cuidaba desde el cielo, y una mamá en la tierra, a la que amaba.
Se pasaron toda la tarde bailando y riendo a más no poder. Tim no se cansaba de repetirle lo mucho que la amaba y lo bonita que lucía con su vestido de novia. No era muy ostentoso, era sencillo, con algunos detalles en la cintura y ajustado al cuerpo, de color blanco. Su velo le llegaba hasta los hombros y tenía el cabello prolijamente recogido.
Y Luján hacia lo mismo con él. Porque él se veía como un autentico príncipe inglés. Con un traje completamente negro, a excepción de su camisa, y dejaba que sus maravillosos ojos azules resaltaran sobre todo lo demás.
Todo había salido perfecto. Karen se la había pasado bailando toda la tarde, con Liam en sus brazos. Los invitados se habían divertido mucho y Justin interpretó alguna que otra canción. Él había sido el animador del evento y, justamente, el ramo de la novia fue a parar a manos de Paloma. Esto hizo que las mejillas de él se ruborizaran notoriamente, avergonzado y un poco temeroso, lo que generó las risas de todos los presentes.
Ambas familias se llevaban bien y todos habían bailado durante la fiesta. Las amigas de Luján todavía seguían sin poder creer que ella terminara casándose con Tim. Además de que estaban felices por tener a la banda tan cerca. Incluso una de ellas terminó bailando con Greg, aunque no pasó de eso (por ahora, se animaron a vaticinar algunas).
Desde la comida, hasta la música, perfectas. Cada momento de la fiesta fue disfrutado al máximo por todos los asistentes y, por supuesto, por los esposos. Más allá de que estaban celebrando su matrimonio, los llenaba de felicidad ver que todos regresaban complacidos por haber disfrutado de una sencilla, pero linda fiesta.
La noche se había adueñado de Buenos Aires por completo. Los recién casados estaban disfrutando de su luna de miel, en algún lugar de la misma. Se sentían tan plenos que no imaginaban llegar a experimentar más felicidad que esa.
-Te amo…-Susurró Tim, aferrado al cuerpo de Luján.-Te amo.-No se cansaba de repetirle, besándola y acariciándola una y otra vez.
-También te amo…-Contestaba todas las veces, dejándose llevar por el suave tacto de él.
Una vez que terminaron de hacer el amor y que ya no tenían fuerzas para nada más, se abrazaron. Permanecían quietos, pero con sonrisas que eran difíciles de quitarles. Disfrutando absolutamente del bienestar que le brindaba el uno al otro.
-Hemos llegado muy lejos, ¿no te parece, amor? –Intervino Tim, poniéndose a la altura de su esposa.-Me parece mucho esto del casamiento…-Bromeó.
-Le recuerdo que fue idea suya, señor.-Sonrió, besándolo sutilmente.-Y bueno… ¿cómo podía yo negarme?
-Eres maravillosa, Luján.-La miraba fijo a los ojos y parecía amarla aún más.-No imagino mi vida sin ti, enserio.-Acarició su corto cabello.-Ya no puedo dejar de amarte.
-Tú también eres maravilloso. Siempre te amé y siempre lo haré, tal como lo juré hoy.-Volvió a besar a su esposo, por el solo hecho de que no podía dejar de hacerlo.
-También lo haré Luján. No voy a dejar de amarte…-Fue lo último que dijo, antes de volver a hacerle el amor a su esposa.
Desde aquella vez que una adolescente Luján viera, pantalla de por medio, a ese músico inglés que la enamorara desde el principio, hasta la madrugada que Karen se cruzara en su camino. En el fondo sabía que terminaría así: junto a Tim. Ahora solo debía preocuparse por Karen, Liam y por portar el apellido Owen, que ya le pertenecía.
En cuanto a Tim, desde que Julia muriera, había jurado que jamás estaría con otra mujer. Y ese mediodía había unido su vida a la de Luján. Sin embargo, no sentía que le hubiera fallado a quien fuera su esposa, sino que hacía lo que ella hubiese querido que haga: ser feliz. Luján era la mujer indicada para él y estaba seguro de que el futuro les tenía reservadas infinitas alegrías.
El casamiento no marca el fin de esta historia, sino una nueva etapa en sus vidas. Solo que ahora los muestra como a una familia, dispuestos a afrontar nuevas responsabilidades y concretando sueños compartidos. Sencillamente un nuevo comienzo, con todo un futuro por delante.
No hay moralejas, parábolas o conclusiones. Luján y Tim demostraron lo que el amor puede lograr, que no hay amores imposibles y que los finales felices existen. Tan solo es cuestión de encontrar a la persona indicada y no rendirse, sin antes pelear.
Ellos apostaron por lo que sentían y dejaron que el amor actuara por sí solo…
Fin.
Escrito por Marìa Belèn
viernes, 9 de julio de 2010
Something In Me Was Dying: 29ª Parte
Todavía le costaba acostumbrarse a la casa de su madre otra vez. Después de todo lo que había vivido, Luján ni siquiera aceptaba su realidad. Estaba viviendo con su madre, durmiendo en el mismo cuarto donde había estado toda su vida…rodeada de recuerdos, todos pertenecientes a Tim. Lo que le estaba pasando lo tomaba como un retroceso en su vida, ya que no se imaginaba estar en esa situación. Pero necesitaba de su madre, de sus amigos, de su lugar. Porque, a fin de cuentas, allí era donde pertenecía.
Para su suerte, su santa madre había tomado tranquilamente la noticia de su embarazo. Claro que previo sermón y algún que otro regaño. Pero, al final, terminaron abrazándose y la futura abuela se animó a acariciar a su nieto, quien tímidamente se estaba haciendo notar. Lo mismo ocurrió con sus amigas, solo que ellas no le recriminaron nada, por el contrario, la felicitaron. Más alegres se pusieron, luego de conocer quién era el padre de ese bebé: Tim Owen. Ellas eran sus amigas más íntimas y merecían saber toda la verdad, por más que parezca descabellada. Pero era real. Tan real como su bebé.
Pero, a pesar de la cálida bienvenida que le dieran, Luján parecía extrañar a Bexhill. En sí extrañaba Inglaterra. Ese lugar le había gustado mucho y allí le habían pasado las cosas más maravillosas que hubiese imaginado. Estaba segura de que algún día volvería allí y cumpliría todos los sueños que tenía, antes de conocer a Tim.
Había jurado volver y así lo haría. Pero podrían pasar años para que eso sucediera. Aunque no importaba cuanto faltase, regresaría de todos modos.
También seguía extrañando a Tim. Era sabido que jamás dejaría de amarlo. Pero lo extrañaba mucho. Quería verlo, lo necesitaba imperiosamente. Todos los días se preguntaba como estaría él, cuanto habría crecido Karen, si también la extrañaban o no. Algunas veces imaginaba que Tim había encontrado a otra y eso la ponía de mal humor. Tim no era la clase de hombre que cambiaba de novia todos los días, pero también había pensado que era de los que no jugaban con los sentimientos de los demás. Nada le garantizaba que las cosas no fuesen como ella las imaginaba. Sin embargo, trataba de disipar esos pensamientos rápidamente y concentrarse en su embarazo, en ayudar a su madre en la casa, en cualquier otra cosa que no fuese Tim.
Luego de su llegada, había contactado a un médico para tratarse allí. Quien había sido su médica le recomendó a la Dra. Alvarado, ya que era conocida suya y sabía lo buena que era. Se entrevistó con la misma y pudo notar lo amable que era ella. Luján había resuelto eso como primera medida, ante cualquier irregularidad que se presentara, contaba con Dra. Alvarado para lo que necesitara.
De a poco, iba encausando su vida nuevamente. Esta vez, con perspectivas totalmente diferentes a las que tenía meses atrás. Ahora estaba embarazada y eso ocupaba todo su tiempo. Luego, tendría que buscarse un trabajo o algo para poder mantener a su bebé. Pero por el momento, lo tenía en su vientre y debía cuidarse, para cuidarlo a él. Todo llegaría a su tiempo. Sabía que era lo suficientemente fuerte como para afrontar una maternidad en soledad, pero también sabía que no estaba del todo sola.
Por más que amara a Tim con toda su alma, él no estaba a su lado. Y ya no lo era todo en su vida. Con o sin él, saldría adelante. Por ella misma y por su hijo.
Llevaba dos semanas buscando la dirección que Paloma le diera. Y no era justamente lo que él y su hija hubieran esperado. La dirección estaba perfectamente especificada, pero Buenos Aires era muy grande. Era una obviedad que no la encontraría tan fácilmente. Eso también les permitió conocer, aunque sea un poco más, la tierra de ella. Respirar el mismo aire. Y, francamente, todo aquello le parecía hermoso. Sí Luján se lo pedía, tranquilamente aceptaría quedarse a vivir allí, junto a Karen. Haría cualquier cosa por recuperarla en realidad.
Karen, por su parte, estaba impacientándose cada vez más. Era lógico, quería verla de inmediato. Pero debía aguardar un poco. Mientras eso, junto a su papá, recorrió los diferentes lugares a los que fueron a buscarla y le parecieron preciosos. Había visto de lejos ese lugar del que Lujan tenía una fotografía y resultó ser más imponente de lo que creía. Aunque hubiese querido que ella misma se lo muestre. Más allá de eso, en el fondo de su corazón, sabía que volverían a estar juntas y tendrían tiempo de sobra para pasear.
Pero, luego de recorrer infinitos lugares y pedir ayuda, dieron con Luján. No estaba muy lejos de donde ellos estaban ubicados. Se encontraba en una ciudad llamada La Plata. Ya no había dudas, quien lo estaba asesorando le confirmó que esa dirección existía y que esa casa estaba habitada por una mujer que respondía a las características de Luján.
Ya no había dudas. Ambos volverían a verse. Podría pedirle perdón, podría confesarle su amor cara a cara. Solo esperaba que ella lo comprenda, que lo perdonara. Si llegaba a ser así, nunca más dejaría que se marchara.
Todo el camino hacia La Plata Tim y Karen se mantuvieron callados. Estaban muy nerviosos por el reencuentro. Cada uno a su manera.
Para Karen, significaba el regalo más hermoso que hubiese esperado recibir. Al día siguiente sería su cumpleaños y estar con Luján era mucho más de lo que podía desear.
En cuanto a Tim, sentía ansiedad, nervios, miedo. Todo junto. No sabía exactamente lo que le diría ni bien la vea. Lo que sí sabía era que le pediría perdón. Sabría qué significaba todo para él y que no quería tenerla lejos ni un minuto más, por lo que le restara de vida.
El auto los dejó frente a la casa de Luján. No tenía un aspecto muy lujoso, pero se veía bonita. El lugar también le parecía bastante tranquilo y lindo. Tal vez, podría quedarse a vivir allí. No le importaba, solo quería estar con Luján.
Él y su hija bajaron del auto y este se quedó esperándolos. Tim observó el lugar unos segundos más, detenidamente. Gente normal, yendo y viniendo a pie, en bicicleta o (ocasionalmente) en automóvil. Ese lugar le parecía más tranquilo todavía. Sin demasiados arboles, como North Trade Road, pero con un clima especial que lo volvía agradable.
El día se tornaba cada vez más caluroso y los nervios previos al inminente encuentro se hacían cada vez más fuertes. Ya era fines de Septiembre y ni él ni Karen estaban acostumbrados a temperaturas así. Tomó con fuerza la manito de su pequeña y emprendió la marcha hacia la vereda donde se encontraba la casa de Luján.
Cuando pisó la vereda, logró escuchar la música que provenía desde adentro del lugar. Sonrió al notar que era una de sus tantas composiciones, tan bien interpretadas por su amigo Justin. También una tenue sensación de alivio le corrió por la espalda: ella lo seguía recordando.
Luego de meditarlo unos segundos más, Karen le hizo una seña para que tocara el timbre de una buena vez o ella misma lo haría. El momento que tanto esperaba por fin había llegado. Bien podría haber saltado el pequeño y bonito patio que antecedía a la puerta de entrada y haberla golpeado. Pero prefirió tocar el pequeño timbre que se encontraba en la entrada misma, junto al buzón de cartas.
La suerte estaba echada. Solo rogaba que Luján apareciera…que volvieran a estar juntos. Solo que no imaginaba la sorpresa que esperaba por él…
A pesar de que la música estaba relativamente fuerte, Luján alcanzó a escuchar el timbre. Si no hubiese sido porque su madre no se encontraba, no se hubiera levantado para atenderlo. Se dispuso a bajar el volumen y se dirigió hacia la puerta. Estaba un tanto molesta porque la habían interrumpido, cuando escuchaba su tema favorito de Tim.
Ya que no se había impuesto olvidarlo, no tenía el porqué de dejar de escuchar a su banda. A pesar de todo, seguía siendo una ferviente admiradora de ellos. Antes de amar a Tim, amó los acordes de ellos tres. Y siempre la ofuscaba que la molestaran justo cuando los estaba escuchando.
Abrió con cuidado la puerta y apenas se asomó, para ver de quién se trataba. Lo primero que vio fue a una pequeña de ojos azules. Una vez que abrió un poco más…su corazón se paralizó: esa niña era Karen y estaba sujetada al brazo de su papá, de…Tim.
Parpadeó varias veces, para asegurarse de que era real lo que sus ojos estaban viendo. Era Tim, mirándola con una amplia sonrisa en su rostro. Quiso salir corriendo a abrazarlo y decirle lo mucho que lo necesita, lo mucho que lo amaba. Pero solo se mantuvo estática, porque sus palabras aún seguían grabadas en su memoria.
Se examinaron de maneras diferentes. Él con felicidad. Ella con cautela. Hasta que Luján dio unos pasos hacia el patio y se detuvo en el medio de su trayecto.
-Hola Tim.-Saludó, con una mezcla de sentimientos, que se asemejaba a un torbellino.- ¿Qué quieres?-Comenzó a pensar que si había cruzado un océano por ella, algo debía importarle. Pero no quería hacerse ilusiones aún, era mejor ser precavida, para evitar más sufrimiento.
-Hola…Luján.-Sonrió Tim, sintiéndose el hombre más feliz de la tierra por tenerla frente suyo. Lo único era que la veía incomoda y, aunque parecía un detalle sin sentido, algo más…”gordita” que la última vez que se vieran.-Necesito que nos dejes pasar…-Contestó a la pregunta que le hiciera ella.
-¡Hola Luján! –Exclamó Karen, dando un pequeño saltito.-Te extrañé mucho.-Agregó. Luján respondió con una tímida sonrisa.
-¿Podemos pasar? –Retomó Tim. Luján se acercó hacia el pequeño portón que los separaba y lo abrió, en silencio. Sus miradas volvieron a cruzarse y ambos supieron que nada de aquella pasión que vivieran en el verano europeo había muerto. Parecía estar más viva que nunca. Y la realidad era que ninguno quería estar sin el otro un minuto más.
Karen se hizo a un lado, consiente de no debía meterse más de lo debido.
-¿Por qué volviste? –Preguntó Luján, sin dejar de mirar a los profundos ojos de Tim, que le recordaban al inmenso mar de Bexhill.
-Porque…-No necesitaba más preámbulos ni excusas de lo que había hecho. Era más simple, siempre lo había sido. Ya no tenía por qué seguir negando ese sentimiento que se había apoderado de su corazón, de cada centímetro de su cuerpo. Luján no merecía más mentiras…
Ella permanecía expectante.
-Te amo.-Dijo en perfecto español, en forma de susurro, pero que Luján entendió a la perfección.
Intentó una réplica, pero que nunca llegó a su boca. Las piernas le fallaban, el pulso le temblaba y en cualquier momento no podría seguir en pie. Luján había imaginado distintos encuentros, variadas posibilidades, millones de excusas de parte de Tim, pero nunca esto: te amo. En su mismo idioma, para que lo entendiera de una vez. Para tenerlo bien grabado en su cabeza: te amo. ¿Podía ser que Tim Owen estuviera enamorado de ella? ¿Suspiraba por ella? ¿Pensaba solo en ella? ¿La quería solo a ella? Simplemente, no sabía cómo responder a estos interrogantes. No estaba segura de nada. A su vez que la alegría brotaba de su corazón, como de su vientre.
Tim le había dicho que la amaba. Esa era una excusa perfecta para viajar hasta el otro lado del mundo.
-Yo…también te amo.-Replicó, también en español. Por un momento se olvidó todo lo que sabía en inglés. Habló su corazón por ella. Tim sonrió. Karen estaba un tanto alejada de ellos, a la expectativa por que fuera a suceder.
-Te amo.-Repitió él.-Necesito que me perdones por todo lo que te dije. Fui un estúpido. No quise admitir lo que realmente sentía y por eso te alejé de mi vida…por miedo.-Se iba acercando cada vez más hacia Luján.-Por favor…perdóname.
-Ya lo estás, Tim.-Sonrió ella, tomándole el rostro.-Tú eres lo que más quiero. Jamás me enfadaría contigo…
Tim esbozó una amplia sonrisa. Se fue inclinando de a poco, para poder llegar hasta los labios de Luján. Los tomó con delicadeza y ella no opuso resistencia alguna, tenía las mismas ganas de volver a besarlo. Se aferró a él, con las pocas fuerzas que le quedaban y sin importarle qué dirían sus vecinos al verla con un extraño. Ambos colaboraron para que ese beso fuera dulce, en un principio, y se fuera tornando más apasionado y duradero. Juntos experimentaron la miel del reencuentro y se transmitían de aquella forma todo lo que sentían por el otro. Ese beso significaba mucho más que si se hubieran puesto a decir un extenso discurso. No eran necesarias ya las palabras ni las disculpas. Necesitaban hechos que demostraran todo lo que pasaba por sus corazones. Y así era…estaban abrazados, besándose sin poder parar, lejos de prejuicios y viejos amores.
Pero los festejos y saltos de Karen los devolvieron a la realidad. Fueron separándose lentamente, algo avergonzados por la mirada de la pequeña. Ella, en cambio, irradiaba felicidad por verlos así. Los tres se fundieron en un tierno abrazo, y realmente se veían como una familia.
Antes de que ingresaran a la casa, para continuar con el reencuentro, Luján tomó la palabra, mucho más sonriente por lo que estaba por decir.
-Aunque…hay algo más Tim…-Su sonrisa se ensanchó aún más. Eso tranquilizó a Tim. Lo que no imaginaba era lo que seguiría después. Su vida cambiaría por completo. Aunque ya había cambiado, desde el mismo día que la vio de la mano, junto a Karen. Cualquier cosa que Luján le dijera no cambiaría en absoluto su alegría. Pero nada le hacía pensar lo que ella iba a contarle.
-¿Sucedió algo? –Preguntó, sin poder quitarse la sonrisa del rostro.
-Tim, estoy embarazada…
Para su suerte, su santa madre había tomado tranquilamente la noticia de su embarazo. Claro que previo sermón y algún que otro regaño. Pero, al final, terminaron abrazándose y la futura abuela se animó a acariciar a su nieto, quien tímidamente se estaba haciendo notar. Lo mismo ocurrió con sus amigas, solo que ellas no le recriminaron nada, por el contrario, la felicitaron. Más alegres se pusieron, luego de conocer quién era el padre de ese bebé: Tim Owen. Ellas eran sus amigas más íntimas y merecían saber toda la verdad, por más que parezca descabellada. Pero era real. Tan real como su bebé.
Pero, a pesar de la cálida bienvenida que le dieran, Luján parecía extrañar a Bexhill. En sí extrañaba Inglaterra. Ese lugar le había gustado mucho y allí le habían pasado las cosas más maravillosas que hubiese imaginado. Estaba segura de que algún día volvería allí y cumpliría todos los sueños que tenía, antes de conocer a Tim.
Había jurado volver y así lo haría. Pero podrían pasar años para que eso sucediera. Aunque no importaba cuanto faltase, regresaría de todos modos.
También seguía extrañando a Tim. Era sabido que jamás dejaría de amarlo. Pero lo extrañaba mucho. Quería verlo, lo necesitaba imperiosamente. Todos los días se preguntaba como estaría él, cuanto habría crecido Karen, si también la extrañaban o no. Algunas veces imaginaba que Tim había encontrado a otra y eso la ponía de mal humor. Tim no era la clase de hombre que cambiaba de novia todos los días, pero también había pensado que era de los que no jugaban con los sentimientos de los demás. Nada le garantizaba que las cosas no fuesen como ella las imaginaba. Sin embargo, trataba de disipar esos pensamientos rápidamente y concentrarse en su embarazo, en ayudar a su madre en la casa, en cualquier otra cosa que no fuese Tim.
Luego de su llegada, había contactado a un médico para tratarse allí. Quien había sido su médica le recomendó a la Dra. Alvarado, ya que era conocida suya y sabía lo buena que era. Se entrevistó con la misma y pudo notar lo amable que era ella. Luján había resuelto eso como primera medida, ante cualquier irregularidad que se presentara, contaba con Dra. Alvarado para lo que necesitara.
De a poco, iba encausando su vida nuevamente. Esta vez, con perspectivas totalmente diferentes a las que tenía meses atrás. Ahora estaba embarazada y eso ocupaba todo su tiempo. Luego, tendría que buscarse un trabajo o algo para poder mantener a su bebé. Pero por el momento, lo tenía en su vientre y debía cuidarse, para cuidarlo a él. Todo llegaría a su tiempo. Sabía que era lo suficientemente fuerte como para afrontar una maternidad en soledad, pero también sabía que no estaba del todo sola.
Por más que amara a Tim con toda su alma, él no estaba a su lado. Y ya no lo era todo en su vida. Con o sin él, saldría adelante. Por ella misma y por su hijo.
Llevaba dos semanas buscando la dirección que Paloma le diera. Y no era justamente lo que él y su hija hubieran esperado. La dirección estaba perfectamente especificada, pero Buenos Aires era muy grande. Era una obviedad que no la encontraría tan fácilmente. Eso también les permitió conocer, aunque sea un poco más, la tierra de ella. Respirar el mismo aire. Y, francamente, todo aquello le parecía hermoso. Sí Luján se lo pedía, tranquilamente aceptaría quedarse a vivir allí, junto a Karen. Haría cualquier cosa por recuperarla en realidad.
Karen, por su parte, estaba impacientándose cada vez más. Era lógico, quería verla de inmediato. Pero debía aguardar un poco. Mientras eso, junto a su papá, recorrió los diferentes lugares a los que fueron a buscarla y le parecieron preciosos. Había visto de lejos ese lugar del que Lujan tenía una fotografía y resultó ser más imponente de lo que creía. Aunque hubiese querido que ella misma se lo muestre. Más allá de eso, en el fondo de su corazón, sabía que volverían a estar juntas y tendrían tiempo de sobra para pasear.
Pero, luego de recorrer infinitos lugares y pedir ayuda, dieron con Luján. No estaba muy lejos de donde ellos estaban ubicados. Se encontraba en una ciudad llamada La Plata. Ya no había dudas, quien lo estaba asesorando le confirmó que esa dirección existía y que esa casa estaba habitada por una mujer que respondía a las características de Luján.
Ya no había dudas. Ambos volverían a verse. Podría pedirle perdón, podría confesarle su amor cara a cara. Solo esperaba que ella lo comprenda, que lo perdonara. Si llegaba a ser así, nunca más dejaría que se marchara.
Todo el camino hacia La Plata Tim y Karen se mantuvieron callados. Estaban muy nerviosos por el reencuentro. Cada uno a su manera.
Para Karen, significaba el regalo más hermoso que hubiese esperado recibir. Al día siguiente sería su cumpleaños y estar con Luján era mucho más de lo que podía desear.
En cuanto a Tim, sentía ansiedad, nervios, miedo. Todo junto. No sabía exactamente lo que le diría ni bien la vea. Lo que sí sabía era que le pediría perdón. Sabría qué significaba todo para él y que no quería tenerla lejos ni un minuto más, por lo que le restara de vida.
El auto los dejó frente a la casa de Luján. No tenía un aspecto muy lujoso, pero se veía bonita. El lugar también le parecía bastante tranquilo y lindo. Tal vez, podría quedarse a vivir allí. No le importaba, solo quería estar con Luján.
Él y su hija bajaron del auto y este se quedó esperándolos. Tim observó el lugar unos segundos más, detenidamente. Gente normal, yendo y viniendo a pie, en bicicleta o (ocasionalmente) en automóvil. Ese lugar le parecía más tranquilo todavía. Sin demasiados arboles, como North Trade Road, pero con un clima especial que lo volvía agradable.
El día se tornaba cada vez más caluroso y los nervios previos al inminente encuentro se hacían cada vez más fuertes. Ya era fines de Septiembre y ni él ni Karen estaban acostumbrados a temperaturas así. Tomó con fuerza la manito de su pequeña y emprendió la marcha hacia la vereda donde se encontraba la casa de Luján.
Cuando pisó la vereda, logró escuchar la música que provenía desde adentro del lugar. Sonrió al notar que era una de sus tantas composiciones, tan bien interpretadas por su amigo Justin. También una tenue sensación de alivio le corrió por la espalda: ella lo seguía recordando.
Luego de meditarlo unos segundos más, Karen le hizo una seña para que tocara el timbre de una buena vez o ella misma lo haría. El momento que tanto esperaba por fin había llegado. Bien podría haber saltado el pequeño y bonito patio que antecedía a la puerta de entrada y haberla golpeado. Pero prefirió tocar el pequeño timbre que se encontraba en la entrada misma, junto al buzón de cartas.
La suerte estaba echada. Solo rogaba que Luján apareciera…que volvieran a estar juntos. Solo que no imaginaba la sorpresa que esperaba por él…
A pesar de que la música estaba relativamente fuerte, Luján alcanzó a escuchar el timbre. Si no hubiese sido porque su madre no se encontraba, no se hubiera levantado para atenderlo. Se dispuso a bajar el volumen y se dirigió hacia la puerta. Estaba un tanto molesta porque la habían interrumpido, cuando escuchaba su tema favorito de Tim.
Ya que no se había impuesto olvidarlo, no tenía el porqué de dejar de escuchar a su banda. A pesar de todo, seguía siendo una ferviente admiradora de ellos. Antes de amar a Tim, amó los acordes de ellos tres. Y siempre la ofuscaba que la molestaran justo cuando los estaba escuchando.
Abrió con cuidado la puerta y apenas se asomó, para ver de quién se trataba. Lo primero que vio fue a una pequeña de ojos azules. Una vez que abrió un poco más…su corazón se paralizó: esa niña era Karen y estaba sujetada al brazo de su papá, de…Tim.
Parpadeó varias veces, para asegurarse de que era real lo que sus ojos estaban viendo. Era Tim, mirándola con una amplia sonrisa en su rostro. Quiso salir corriendo a abrazarlo y decirle lo mucho que lo necesita, lo mucho que lo amaba. Pero solo se mantuvo estática, porque sus palabras aún seguían grabadas en su memoria.
Se examinaron de maneras diferentes. Él con felicidad. Ella con cautela. Hasta que Luján dio unos pasos hacia el patio y se detuvo en el medio de su trayecto.
-Hola Tim.-Saludó, con una mezcla de sentimientos, que se asemejaba a un torbellino.- ¿Qué quieres?-Comenzó a pensar que si había cruzado un océano por ella, algo debía importarle. Pero no quería hacerse ilusiones aún, era mejor ser precavida, para evitar más sufrimiento.
-Hola…Luján.-Sonrió Tim, sintiéndose el hombre más feliz de la tierra por tenerla frente suyo. Lo único era que la veía incomoda y, aunque parecía un detalle sin sentido, algo más…”gordita” que la última vez que se vieran.-Necesito que nos dejes pasar…-Contestó a la pregunta que le hiciera ella.
-¡Hola Luján! –Exclamó Karen, dando un pequeño saltito.-Te extrañé mucho.-Agregó. Luján respondió con una tímida sonrisa.
-¿Podemos pasar? –Retomó Tim. Luján se acercó hacia el pequeño portón que los separaba y lo abrió, en silencio. Sus miradas volvieron a cruzarse y ambos supieron que nada de aquella pasión que vivieran en el verano europeo había muerto. Parecía estar más viva que nunca. Y la realidad era que ninguno quería estar sin el otro un minuto más.
Karen se hizo a un lado, consiente de no debía meterse más de lo debido.
-¿Por qué volviste? –Preguntó Luján, sin dejar de mirar a los profundos ojos de Tim, que le recordaban al inmenso mar de Bexhill.
-Porque…-No necesitaba más preámbulos ni excusas de lo que había hecho. Era más simple, siempre lo había sido. Ya no tenía por qué seguir negando ese sentimiento que se había apoderado de su corazón, de cada centímetro de su cuerpo. Luján no merecía más mentiras…
Ella permanecía expectante.
-Te amo.-Dijo en perfecto español, en forma de susurro, pero que Luján entendió a la perfección.
Intentó una réplica, pero que nunca llegó a su boca. Las piernas le fallaban, el pulso le temblaba y en cualquier momento no podría seguir en pie. Luján había imaginado distintos encuentros, variadas posibilidades, millones de excusas de parte de Tim, pero nunca esto: te amo. En su mismo idioma, para que lo entendiera de una vez. Para tenerlo bien grabado en su cabeza: te amo. ¿Podía ser que Tim Owen estuviera enamorado de ella? ¿Suspiraba por ella? ¿Pensaba solo en ella? ¿La quería solo a ella? Simplemente, no sabía cómo responder a estos interrogantes. No estaba segura de nada. A su vez que la alegría brotaba de su corazón, como de su vientre.
Tim le había dicho que la amaba. Esa era una excusa perfecta para viajar hasta el otro lado del mundo.
-Yo…también te amo.-Replicó, también en español. Por un momento se olvidó todo lo que sabía en inglés. Habló su corazón por ella. Tim sonrió. Karen estaba un tanto alejada de ellos, a la expectativa por que fuera a suceder.
-Te amo.-Repitió él.-Necesito que me perdones por todo lo que te dije. Fui un estúpido. No quise admitir lo que realmente sentía y por eso te alejé de mi vida…por miedo.-Se iba acercando cada vez más hacia Luján.-Por favor…perdóname.
-Ya lo estás, Tim.-Sonrió ella, tomándole el rostro.-Tú eres lo que más quiero. Jamás me enfadaría contigo…
Tim esbozó una amplia sonrisa. Se fue inclinando de a poco, para poder llegar hasta los labios de Luján. Los tomó con delicadeza y ella no opuso resistencia alguna, tenía las mismas ganas de volver a besarlo. Se aferró a él, con las pocas fuerzas que le quedaban y sin importarle qué dirían sus vecinos al verla con un extraño. Ambos colaboraron para que ese beso fuera dulce, en un principio, y se fuera tornando más apasionado y duradero. Juntos experimentaron la miel del reencuentro y se transmitían de aquella forma todo lo que sentían por el otro. Ese beso significaba mucho más que si se hubieran puesto a decir un extenso discurso. No eran necesarias ya las palabras ni las disculpas. Necesitaban hechos que demostraran todo lo que pasaba por sus corazones. Y así era…estaban abrazados, besándose sin poder parar, lejos de prejuicios y viejos amores.
Pero los festejos y saltos de Karen los devolvieron a la realidad. Fueron separándose lentamente, algo avergonzados por la mirada de la pequeña. Ella, en cambio, irradiaba felicidad por verlos así. Los tres se fundieron en un tierno abrazo, y realmente se veían como una familia.
Antes de que ingresaran a la casa, para continuar con el reencuentro, Luján tomó la palabra, mucho más sonriente por lo que estaba por decir.
-Aunque…hay algo más Tim…-Su sonrisa se ensanchó aún más. Eso tranquilizó a Tim. Lo que no imaginaba era lo que seguiría después. Su vida cambiaría por completo. Aunque ya había cambiado, desde el mismo día que la vio de la mano, junto a Karen. Cualquier cosa que Luján le dijera no cambiaría en absoluto su alegría. Pero nada le hacía pensar lo que ella iba a contarle.
-¿Sucedió algo? –Preguntó, sin poder quitarse la sonrisa del rostro.
-Tim, estoy embarazada…
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