Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

martes, 29 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 28ª Parte

Paloma se dejó caer en el mullido sillón de la pequeña sala de su casa. Hacía cosa de una hora que Luján se había embarcado hacia su país y ella le hubiese gustado mucho acompañarla. Había estado muy pendiente de ella, encargándose de cuidarla y ayudarla en todo lo que necesitaba. Ahora le parecía como haberla dejado sola, enfrentándose al mundo y con un bebé en su panza. No la había visto bien. No estaba bien. Podía ver la necesidad de encontrar a Tim en sus ojos. En lo profundo de su alma no quería dejar Inglaterra y menos alejarse tanto de él.
Eso le generaba mucha pena. ¿Por qué tuvo que decidir por Luján? ¿Con qué derecho? ¿Por qué no le dijo que él había vuelto? Se sentía una completa estúpida por haber actuado de esa forma. Por haber sido tan egoísta. Luján lo necesitaba más que nunca y Tim había vuelto. Tal vez no era una mala persona. Tal vez se había arrepentido y volvía en busca de ella y su perdón. Estaba la posibilidad de que volviera a meter la pata y era justamente eso lo que intento evitar que ocurriera. Pero los ojos de Luján lo decían todo: lo necesitaba. Necesitaba alguna esperanza de que vuelvan a estar juntos, para recuperar su sonrisa autentica y su tranquilidad. En sus manos había estado la posibilidad de ayudar a su prima y no lo había hecho. La había pasado por alto pensando en que era lo mejor… ¿Qué sabía ella que era o no lo mejor para Luján? Cerró los ojos y suspiró profundamente, sintiendo un peso terriblemente grande, que ni el amor por Justin podía aliviar. Pero era tarde, se había equivocado. Su prima estaba lejos y ella no tenía la menor idea de cómo encontrar a Tim…
De pronto se le cruzó por la cabeza una “solución”: ¡Justin! También se había equivocado en eso de que él no aliviaría su peso, porque ya lo había hecho. Él era el mejor amigo de Tim. Podría decirle donde vive y así hablar con él. Hacerle saber que Luján también lo necesita. Cuando estaba por tomar el auricular del teléfono para llamarlo, sonó estruendosamente el timbre. No tuvo más remedio que atender, aunque no se imaginara que la solución estaba tras la puerta…

Sus ojos verdes se iluminaron al ver a Paloma. Era hermosa. Perfecta. En el poco tiempo que llevaban conociéndose, había logrado despertar el sentimiento más puro y bello que un ser humano puede sentir: el amor. Su mirada tenía un tinte melancólico que lo fascinaba. Era amable y divertida, lo hacía sentir muy bien. Todo se volvía mágico cuando estaban juntos y Justin se moría de ganas por besarla, cada vez que se veían.
Pero no debía apresurarse. No deseaba volver a sufrir. No le pasaría lo mismo que con Natalie. Ella le había hecho mucho daño y lo había abandonado en el momento más difícil de su vida. Le costó mucho arrancársela de su piel y su alma. Alguna vez había creído que ella era la mujer de sus sueños, de la que jamás se alejaría. Pero los hechos marcaron algo muy distinto. Aunque tenía la sensación de que Paloma no era así. Había algo que le decía que ella sentía lo mismo que él. Tenía miedo. Pero también tenía ganas de enamorarse, de ser feliz. Y Paloma había aparecido de la nada, para darle color a su monótona vida…
Pero, por esta vez, debía concentrarse en lo que lo había llevado hasta allí: ayudar a su amigo. Le había insistido a Tim para que aguardara dentro del auto, pero este lo instó a que lo dejara acompañarlo y no tuvo más que ceder. Lo veía bastante ansioso, pero mucho más calmado que minutos antes. Jamás había visto a su amigo dejarse llevar por un arrebato. Siempre había sido un ejemplo de serenidad y calma. Pensaba cada movimiento antes de actuar. Tal vez eso lo alejó de Luján. Pero podía ayudarlo, y estaba decidido a hacerlo.
-Hola, Justin.-Una sonrisa se dibujó en su rostro, lo que la hacía más preciosa aún.
-Hola.-Fue todo lo que se atrevió a decir.
-¿Dónde está Luján?-Interrumpió Tim, desesperado.-Por favor dime donde está ella. Necesito verla. Quiero que me perdone…
-Pasen.-Dijo amablemente. Los condujo hasta la pequeña sala, esperó a que se sentaran y comenzó a hablar.-Bien, se que…
-¿Dónde está Luján? –Volvió a intervenir Tim, más desesperado aún.-Por favor, Paloma, necesito saberlo. La amo. Sé que fui un completo idiota con ella, pero no puedo vivir sin ella.-Hizo una pausa.-Tienes que creerme.-Bajó la mirada, avergonzado.
-En su momento no te creí.-Ella lo miro fijamente, realmente se lo veía abatido.-La última vez que viniste, Luján aún se encontraba en Inglaterra.-Tim levantó inmediatamente la cabeza y de su pecho brotó una furia que jamás hubiese creído que podía sentir.
-¡Cómo fuiste capaz de mentir así! –Hizo un ademán para abalanzarse hacia ella, pero antes de que Justin lo detenga, él mismo se contuvo. -¿Te diste cuenta de lo que habías hecho? ¡Me separaste de la mujer que amo!-La increpó.
-¡Tranquilo Owen, porque en esto yo no tuve nada que ver! –Lo miro indignada. -¡Tú la dejaste! ¡Tú fuiste quien le hizo daño! ¡A ti no te importó si te quería, solo te divertiste con ella! –Sabía que aún faltaban más cosas por recriminarle, pero eso fue lo único que se le vino a la mente. Se estaba dando el gusto de poner en su sitio a Tim Owen.
-Pues, que Luján me lo diga.-La desafió. ¿Quién era Paloma para tratarlo así? Si hubiese sido por él, tal vez se largaba de allí. Pero era ella quien sabía dónde estaba Luján. Eso jugaba a favor de Paloma.-Tú no tienes el porqué recriminarme nada.
-Sí que tengo derecho.-Se levantó, poniéndose a la altura de Tim.-Yo fui quien cuidé de ella cuando más te necesitaba. Yo estuve con ella cuando tú la dejaste…-Se detuvo. Por más que la indignación le corría por las venas, no le correspondía a ella decirle a Tim que sería padre otra vez.
-¿Qué? –Interrumpió extrañado.
-Cuando tú la dejaste. Punto.
-Bueno, ¿podrían dejar de discutir? –Intervino Justin, poniéndose de pie.-Tim, solo discúlpate.-Pidió. Él lo miró con un poco de resquemor.
-Paloma, solo quiero saber donde está Luján.-Dijo con un tono moderado.-Estoy arrepentido…yo la amo.-Concluyó al fin.
Paloma lo observó unos segundos y notó que Tim no estaba mintiendo. Podía ver la tristeza en sus ojos azules. Comenzaba a creer que él se había enamorado de su prima. Aunque todavía no la terminaba de convencer. Más allá de eso, no le correspondía a ella decidir eso, sino a Luján. Y, por más que le disgustara, esa era la única de forma de recomponer su error.
-Bien.-Dijo ella. Sacó una hoja de la agenda que estaba sobre la mesita, a un costado del sillón. Tomó una lapicera y anotó la dirección, ante la atenta mirada de Tim. Al finalizar, lo dobló y se lo entregó a él.-Aquí tienes. Por favor, no le hagas daño. Aprovecha esta oportunidad.
-Claro que lo haré. Te lo prometo.-Sonrió, aliviado.-Gracias.-Se abalanzó hacia Paloma y la abrazó lo más fuerte que pudo. Cualquier malentendido que hubiesen tenido, para él, habían terminado allí mismo.

Esa misma noche Tim estaba emprendiendo el viaje hacia Argentina. Se llevó consigo algunas pertenecías que logró guardar en su apuro por no perder tiempo. También Karen lo acompañaba. Estaba seguro que devolverle a Luján era el mejor regalo que su hija podría recibir, más que cualquier fiesta o juguete extravagante. La noticia la entusiasmó y la llenó de felicidad al instante de que su papá se lo comunicara.
Karen no podía creer lo que su papá le estaba diciendo: se irían a buscar a Luján. ¡La volvería a ver! La extrañaba muchísimo y quería contarle muchas cosas. Quería que Luján viera todos los dibujos que le había hecho en el jardín. Tenía ganas de mostrarle todos los lugares que le gustaban. Necesitaba tenerla con ella. Luján nunca reemplazaría a su mamá Julia, pero sentía que la quería como si lo fuera.
Ambos estaban expectantes y entusiasmados. Nada volvería a ser lo mismo, luego de que tomaran ese vuelo. Luján ya era parte de sus vidas. Ambos la querían de regreso. Tim la necesitaba…y haría hasta lo imposible por recuperarla. De hecho, se estaba embarcando a un lugar muy lejano, que jamás había estado en sus planes.
Solo por amor…

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 27ª Parte

Llevaba unos pocos días viendo seguido a Justin. Al parecer Paloma no había sido la única a la que le había agradado el inesperado encuentro. Una semana después de haberlo conocido se apareció en su casa de la nada. Lo primero que había pensado era que volvía con su amigo, Tim. Seguramente este le había insistido para regresar allí. Pero, para su alegría, Justin volvía por ella. Aunque lo había visto bastante tímido la primera vez, por lo que ella dio el primer paso. Luego de unos minutos de conversación ya sabían todo acerca del otro. En días se habían vuelto muy buenos amigos.
Pero Paloma sabía que había un nivel más en esa relación, un último escalón. Con cada gesto, broma o sonrisa, por parte de él, la enamoraba cada vez más. Era simplemente perfecto. Esa magistral mezcla de ternura infantil y adultez que había en Justin, la volvía loca. Podía quedarse tildada en el aire, admirando sus brillantes ojos verdes, sin importarle dónde ni cuándo. Justin había reavivado cada célula de su cuerpo, que había creído que estaba muerta. Con una sola palabra, él había logrado tenerla en sus manos, a su completa merced. Y no le importaba en lo más mínimo. Le encantaba depender absolutamente de Justin, posar en él todas sus esperanzas y temores.
Estaba segura que él también sentía lo mismo. O algo parecido. Se moría de ganas por contarle a su prima todo lo que le estaba sucediendo, pero le era imposible. Luján sabía perfectamente quién era Justin y se daría cuenta de que no lo conoció por casualidad, sino por Tim. Y lo último que deseaba era que ese tipo la hiciera infeliz otra vez. Lo mejor para ella era tenerlo bien lejos, por lo menos Paloma lo creía así. Pensaba que le estaba haciendo un favor alejándolo de ella. Luján no se merecía sufrir y menos con un hijo en su vientre.

Retornó al mismo lugar al que había llegado, cuatro meses atrás. Pero las cosas eran muy distintas para Luján: había llegado a Inglaterra colmada de sueños y expectativas para el futuro. Ahora se marchaba con la amargura de estar lejos del hombre que amaba, pero cobijando con ternura a el fruto de aquella noche mágica junto a Tim.
No era la misma. Jamás volvería a serlo. Tendría que afrontar las consecuencias de sus actos al regresar. Su madre lo sabía todo, pero seguro le tenía preparo un extenso sermón a su llegada. Se encontraba sentada en el banco del aeropuerto de Londres, con su bolso y sus sueños rotos a cuestas. Pero con el dulce recuerdo de Tim, impregnado en su piel y en su vientre.
Paloma había ido a comprar algo para amenizar la espera del avión. Ella permanecía sentada en el banco. De pronto sintió algo parecido a un cosquilleo en la panza, algo se estaba moviendo. Alguien se había empezado a mover. Era él quien se movía: su bebé. Por quien viviría de ahora en más.
Era la primera vez que podía sentirlo en movimiento. Una sonrisa ilumino su apenado rostro y acarició con delicadeza su panza. Sabía que las cosas no serían fáciles para cuando regresara a la Argentina, pero lo tenía a él dentro de ella. La animaba, le daba fuerzas. Cerró los ojos lentamente, mientras una lágrima corría por su mejilla porque no quería alejarse de Inglaterra. Porque no quería separarse definitivamente de Tim.

Ese día, en particular, parecía estar inmerso en otro universo. Sabía que estaba en el estudio, con sus compañeros, sentado en uno de los sillones. Pero su mente estaba con Luján, mucho más que nunca. Estaba empecinado en recordarla y en sufrir por ella. No estaba dispuesto a olvidarla y no lo haría. Su mirada estaba posada en algún punto de la enorme sala, pero no sabía en cual.
No hacía otra cosa que verla sonreír entre sus brazos, escucharla susurrarle al oído palabras maravillosas. Cosas que nunca supo apreciar y que ahora las necesitaba, como el hombre necesita del aire para respirar. Su corazón latía desbocado, desesperado por volverla a ver. Sentía como si ella se estuviera alejando cada vez más, volviéndose inalcanzable. Sin embargo, ya lo estaba. Luján estaba del otro lado del océano, en una tierra desconocida para Tim… ¿Qué pasaría si él se embarcaba hacia la Argentina? ¿Cuánto tiempo le tomaría encontrarla? ¿Por qué no se animaba a hacer lo que su corazón le dictaba de una buena vez? Se levantó del sillón como un rayo, ante la mirada desconcertada de sus amigos.
-¿A dónde crees que vas?-Lo frenó Justin, en la entrada del estudio.
-Me voy a buscar a Luján. No me importa que esté del otro lado del mundo.-Lo empujó para que se corriera de su camino.-No puedo vivir sin ella y no voy a resignarme a perderla así como así.-Se encaminó a su auto a toda velocidad.
-¡Hey! ¡Espera Tim!-Justin salió corriendo tras él. Logró llegar antes que su amigo hasta la puerta del auto y tomó de la manija primero.- ¿Cómo pretendes encontrarla?
-No lo sé. No me importa.-Comenzó a forcejear con Justin, para abrir la puerta.- ¡Quítate, que no tengo tiempo que perder!
-¡Cálmate!-Gritó.- ¡Paloma nos puede ayudar!-Tim se detuvo inmediatamente y miró fijo a su amigo.
-¿Cómo? ¿Paloma? ¿Por qué?-Las palabras de Justin lograban confundirlo aún más de lo que ya estaba.
-Déjamelo a mí.-Aseguró con certeza.-Sé cómo puedo ayudarte.
Tim renunció a cualquier arrebato y decidió dejarlo en manos de Justin, quién parecía saber lo que estaba haciendo. Al principio no lo había comprendido bien, pero durante el viaje entendió cual era la relación que lo unía a Paloma: algo tenían. Dudaba de que fuera un noviazgo, pero en algo andaban. Hacía días que lo veía muy sonriente y solo podía ser por ella. No le quedaba más que confiar en Justin y rogar que ella le dijera dónde estaba Luján.

Something In Me Was Dying: 26ª Parte

Aunque prefería estar en su querida La Plata, Londres no le sentaba mal. Danielle la había recibido muy bien y eso la dejaba un poco más tranquila. Era cuestión de algunas semanas para que regresara a Argentina y todo volviera a la “normalidad”. Seguía con las nauseas y algunos mareos, pero estos comenzaban a desaparecer. Se le había dado por comer chocolates. No era precisamente lo que el médico le había aconsejado, pero estaba segura de que era uno de sus antojos. Lo mismo que el helado de cereza.
En cuanto a Tim, sus esperanzas se quedaron en la casa de Cooden Beach. Tendría que arreglárselas sola con su hijo y lo haría. Lamentaba que todo haya terminado de esa forma…ese no era el final de sus sueños. Sin embargo, era la realidad. Y ya estaba todo dicho.
Fue a la cocina a prepararse algo de cenar, porque no aguantaba más estar inmóvil en la cama. Despidió a Danielle, quien le pareció una persona muy agradable y simpática, y vio que Paloma asomaba por la entrada. La sonrisa que irradiaba en su rostro la había sorprendido bastante. Si bien Paloma no era una mujer que estuviese todo el tiempo apagada, no era de demostrar felicidad de la nada. Luján estaba segura de que algo le había ocurrido para que estuviese así.
-Hola, Luján. ¿Qué tal Londres?-Entró sonriente en la cocina, dejando unas bolsas sobre la mesada.
-Bien.-Respondió, quitándole importancia.-No he conocido demasiado tampoco.-Se sentó a la mesa, dispuesta a comer un sándwich que se había preparado.- ¿Y tú? ¿Por qué tanta alegría, Paloma?
-Ehh…-Recordó la sonrisa de Justin, lo que le generó un placentero cosquilleo en el estomago. Pero no podía decirle a Luján que lo había visto. Ni a él ni a Tim. Si le contaba la historia a medias, no se sentiría tan culpable.-Conocí a alguien.-Sonrió ampliamente.-Es todo.
-¿Y quién es ese alguien?-Le dedicó una sonrisa cómplice.
-Un compañero…nuevo.-Fue lo primero que se le ocurrió.-Pero ya Luján…-Cambió el rumbo de la conversación.- ¿Cómo está el bebé?
-Bueno, no te molesto más-Sonrió.-Él está bien…
Las dos semanas siguientes siguieron del mismo modo: tranquilas. Luján comenzaba a notar que su panza iba creciendo lentamente, al igual que su amor por Tim y sus ganas de tenerlo cerca. Paloma aún no conseguía ese trabajo que esperaba, pero no se la veía desanimada en lo absoluto. Hasta parecía que quería que ese trabajo no se le diera. Tal vez era por ese hombre que le gustaba. Por lo menos se la notaba más alegre.
Eso le recordaba a los primeros meses después de saber de la existencia de Tim. Su vida había dado un vuelco de 180° grados y sabía que no podría volver a atrás nunca más. Lo que no pensó, siendo una soñadora muchacha de dieciséis años, era que cinco años después lo conocería y terminaría esperando un hijo de él. La vida sí que es extraña…
En estos días se había tomado el trabajo de escribir y dibujar algunas cosas a su bebé. Él era lo único que le sacaba de la cabeza a Tim. En realidad, él demandaba toda su atención. Podía parecer absurdo, pero Luján sentía que tenía a un niño dentro de su vientre. No estaba segura del porqué, pero lo sabía. Cada vez que le dibujaba algo, lo hacía para una persona del sexo opuesto. Para un varón. Todos sus dibujos tenían algún tinte azul o celeste, en su defecto. Soñaba que su bebé tenga los mismos ojos azules, brillantes y profundos de su padre. También se preguntaba como estaría él. ¿Pensaría en ella? ¿Estaría arrepentido? Habían pasado dos semanas…era demasiado tiempo. Tim no regresaría.

Estaba sumido en una amarga tristeza, desde aquella noche. Se había dado cuenta muy tarde de lo que Luján significaba en su vida. Ella estaba presente en cada pensamiento, en cada momento, en cada suspiro. Su mente giraba en torno a su delicada figura. Una y otra vez volvían a su mente los recuerdos de esa noche de luna llena, sus besos y las interminables caricias. Todo le parecía muy lejano, recuerdos de otra vida.
De nuevo se veía obligado a refugiarse en el pasado para afrontar su presente, con la diferencia que él mismo se quitó la posibilidad de ser feliz. Si no hubiera sido tan necio, egoísta, iluso, Luján estaría junto a él. Ambos seguirían en Bexhill, felices. Juntos.
Había podido lograr que Karen se entusiasme con el preescolar y no la extrañara demasiado. Aunque de tanto en tanto preguntaba por Luján, pero Tim inventaba alguna excusa que pareciera razonable para complacer a su hija. Ella estaba cada día más bonita, mucho más grande. Su cumpleaños estaba cada vez más cerca. Su Karen cumpliría cinco años en el mes que acababa de comenzar: Septiembre.
No estaba muy seguro de que se debía hacer. Julia era quien se encargaba de hacer las fiestas de cumpleaños para la niña, pero ahora ella no estaba. Sería el primer cumpleaños que pasaría sin su madre. Sentía una pequeña punzada en el pecho de solo pensarlo. Si Luján estuviera, quizás no sería tan doloroso para la pequeña…Pero Luján se había ido. No volverían a verla.

Something In Me Was Dying: 25ª Parte

El sonido del timbre quebró por completo el silencio que había en su casa. Paloma estaba recostada sobre su sillón, luego de haber empacado algunas cosas. Le parecía perfecta la idea de vivir en Londres, aunque no tendría que descuidar esa casa, ya que nadie le aseguraba que las cosas le fueran a salir bien allá. Se levantó bufando y preguntándose quién podría estar molestándola a las diez y media de la noche.
Abrió la puerta y quedó paralizada. La noche no podía ocultar los brillantes ojos verdes de quién tenía frente de ella. No tenía idea de quién podía ser, pero algo en él le era muy familiar. Aunque deseaba saber todo sobre ese hombre, con carita redonda y aniñada. La miraba con una sonrisa tan hermosa, que Paloma se derrumbaría en cualquier momento. Jamás le había pasado algo así…no podía ser otra cosa: amor a primera vista.
-Hola.-Sonrió él.- ¿Se encuentra Luján?
-Hola.-Tenía la certeza de que sus mejillas estaban tan ruborizadas, que ni la oscuridad podría ocultarlas. Aunque no entendía bien por qué le estaba preguntando por su prima.-Disculpa…pero…no te conozco.-Sonrió nerviosa, a medida de que se acercaba más a él. Era un poco más alto que ella, por lo que tenía que elevar la mirada para poder hablarle.
-¡Ah! Perdón.-Le tendió la mano, con una inmensa sonrisa.-Soy Justin Collins, un gusto.
-Paloma…Paloma Santos.-Su sonrisa lo hacía más bonito, combinada con ese aire infantil…era perfecto.-Un gusto.-Le apretó la mano y sintió el roce más hermoso de toda su vida. Su mano era suave y grande. Nunca se había sentido tan bien con alguien.
-Bien.-Le soltó la mano lentamente.- ¿Está Luján?
-Mmmm…-Paloma seguía sin entender por qué le preguntaba por… ¿Cómo no lo había notado antes? Por eso lo conocía de alguna parte. Justin era el cantante de la banda que tenía Tim. Por consiguiente, su amigo. Eso la desilusionó un poco. Quizás sería igual de patán que su amigo. Aunque le encantaba. Ahora podía comprender la insistencia de Luján. Insistía movida por el sentimiento más limpio y simple que podía existir: el amor. Paloma comenzaba a sentirlo a medida que corrían los minutos y seguía allí, junto a Justin.
-Vengo de parte de Tim.-Inquirió modestamente.
-Sí. Lo suponía.-Se puso un tanto más seria, olvidando por un momento su naciente amor por Justin.-Pero dile que ella no vive aquí…dile que volvió a la Argentina.-Sabía que en ese punto estaba mintiendo un poco, pero no permitiría que su prima volviera a sufrir por él. Menos ahora.
-¿Se fue?-Preguntó, sin entender del todo.
-Sí.-Asintió.-Se marchó ayer.
-Ah…bueno…yo le digo.-Su rostro denotaba un poco de desilusión.-Gracias…Paloma… ¿así te llamas, no?-Sonrió.
-Sí. Me llamo Paloma…-Retrocedió unos pasos, aunque prefería quedarse parada allí por toda la eternidad.-Gracias a ti…Justin.-Le giño un ojo y notó como él se ruborizaba. Cerró la puerta y se dirigió a la ventana, para espiarlo un instante más. Al parecer, Luján no era la única que se había enamorado de un músico…

Podía jurar que Justin se había tardado una hora allí parado. Tim ya estaba fastidiándose de esperar tanto a su amigo. Al parecer lo tenía bastante entretenido esa chica, si no estaba equivocado, la prima de Luján. Hasta que por fin acabaron de hablar, aunque Justin regresaba sin ella. Pero su rostro expresaba una extraña felicidad. Quizás había logrado que Luján lo recibiera…
-¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? –Veía como su amigo tomaba el asiento de conductor, pero parecía estar perdido en otra dimensión.- ¡Justin! ¡Te estoy hablando!
-¿Sí?-Contestó con una enorme sonrisa en su rostro.
-Vamos, dime que sucedió. ¿Qué te dijo esa mujer?-Tim estaba por demás impaciente. En cambio, Justin, tenía toda la paz y tranquilidad del mundo. En un punto podía envidiarlo por estar así.
-Se llama Paloma.-Se apresuró en aclarar.
-Bueno, ¿qué te dijo Paloma?-Podía entender a que se debía su expresión de felicidad: a esa tal Paloma. Aunque ahora estaba más interesado en lo que ella le pudo haber dicho, más que en decirle que se notaba a kilómetros que esa chica le gustaba. Ya tendría tiempo de conquistarla, cuando él y Luján estén juntos la vería todos los días.
La expresión de Justin cambio repentinamente. No podía ser una buena señal…
-Tim…Paloma me dijo que ella…-Carraspeó.
-¿Qué Luján qué? –Se impacientaba cada vez más.-Justin déjate de vueltas y dime que te contó ella.
-Luján se fue, Tim. Ella volvió a la Argentina.
Sus palabras fueron como una patada en las entrañas. Luján se fue. Luján se fue. Era todo lo que resonaba en su cabeza. Luján ya no estaba. Un inmenso océano los separaba. Lo alejaba de la mujer que amaba.
Se maldecía por haber sido tan idiota con ella. Por no haberse dado cuenta antes que la amaba. No podía estar sucediéndole aquello. Ella tenía que estar en alguna parte de Inglaterra. No podía marcharse así. No podía. Aunque se merecía que ella le estuviese haciendo eso. Pero no podía soportar la idea de no volver a verla. Luján era todo. Absolutamente todo. Más estaba alejado de ella y más la amaba. Pero él mismo se encargó de apartarla de su vida. Ahora tenía que soportar las consecuencias de sus estupideces. El mismo escalofrío que corriera por él, la tarde que Julia se había ido, regresaba esa noche. En medio de la carretera, regresando a Battle. Había perdido a Luján. La había perdido para siempre.

Something In Me Was Dying: 24ª Parte

Se había tomado el tiempo necesario para pensar y repensar todo lo que le había sucedido. Y siempre llegaba a la misma conclusión: estaba enamorado de Luján.
Él jamás podría haber imaginado que le sucediera algo semejante después de perder a Julia. Pero las vueltas del destino lo llevaron hacia ella y lo hicieron renacer otra vez. Todos los días de aquella semana los repartió entre la banda y su hija. Karen ya estaba resignada a la usencia de Luján, pero cada tanto se la mencionaba. Eso solo hacía que Tim se asegurara de saber que a ella era a quien necesitaba. Pensaba la mejor manera de regresar y pedirle perdón. Él nunca quiso lastimarla, solo que no sabía qué hacer en ese momento y creyó que dejándola ir le haría bien a ambos.
Ahora había entendido que lo hacía solo porque se estaba enamorando de ella y quería que ese sentimiento decreciera dentro de él. Lo único que logró fue amarla aún más. Tantas veces se había dicho a sí mismo que ya no volvería a amar a nadie y ahora estaba sufriendo por Luján. El destino que le había tocado era demasiado extraño… ¿Qué diría Julia de todo esto? Mirando sus fotografías, la sensación que tenía era de ternura y ya no de dolor. Las observaba como queriendo encontrar en ellas una solución a sus problemas. Pero allí estaba su pasado. El presente era en lo que debía pensar. En Luján. En lo que sentía por ella y en traerla de regreso…
-¡Justin lo vas a romper!-Greg gritó tan fuerte que lo sacó de su ensimismamiento de golpe.
-Disculpa, disculpa. Solo intentaba tocar el saxo…aunque detesto esta mierda.-Hizo una mueca de desprecio.-No estaría mal que lo arruine.-Rió burlonamente.
-Ni lo intentes…-Zac le dedicó una mirada asesina. No llevaba trabajando mucho con la banda, pero los conocía hace bastante tiempo. Aunque algunas bromas de Justin lo sacaban de quicio.
-No para que te molestes tampoco, Zac. Ya sabes cómo es esto…-Sonrió.
-Ya lo sé. Pero no lo vuelvas a intentar…
-No lo sé.-Arqueó la ceja.- ¿Qué dices Tim? –Se volvió a su amigo, pero este miraba a cualquier punto de la sala, menos a ellos.- ¡Tim! ¡Despierta!
-Perdón… ¿qué pasa?-Meneó la cabeza, reincorporándose.
-¿Qué te pasa a ti? Estás como…ausente.
-Estoy bien. No pasa nada…-Carraspeó.
-A ti te sucede algo.-Lo señaló con el dedo índice, en tono acusador.-Y ya mismo vas a decirnos que es lo que pasa.
-Justin, déjalo en paz.-Intervino Greg.-Si él no quiere hablar, hay que respetarlo…
-Justin tiene razón.-Interrumpió Tim.-Tengo un problema…-Elevó sus ojos azules hacia sus amigos.-Es difícil…no lo sé…-Se quedó pensativo unos segundos.-Me enamoré de Luján…
-¿Qué?-Gritó Justin, sorprendido.- ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Acaso ella no era un…?
-La amo. Ese es el tema.-Interceptó Tim, con tal de callar de una vez a su amigo.
-Disculpen, pero… ¿quién es Luján?-Greg se veía totalmente perdido en aquella conversación.-Aunque opino que es muy bueno que no sufras por…por Julia.
-Es una larga historia, Greg.-Respondió Justin.-Luego te la contaré…si Tim me deja.-Le dedicó una sonrisa a su amigo, pero este se mantenía serio.
-Necesito tu ayuda Justin.-Se puso de pie.-Quiero que me lleves a Bexhill.
-Claro…si…bien…-Contestó, desconcertado.-Aunque no podía ser…
-Ahora.-Interrumpió él.-Necesito que vayamos ahora.
-Bien, Tim. Solo déjame buscar las llaves…
No iba a permitirse esperar un segundo más. Iría en busca de Luján. El estudio quedaba en buenas manos, a cargo de Greg y Zac. Pero esta vez necesitaba de Justin. Él sabía cómo era su relación con Luján y sería quien intercedería por él, ante ella. No fallaría esta vez. Ella volvería y serían felices de una vez por todas…

Something In Me Was Dying: 23ª Parte

Todo el camino Luján se mantuvo en silencio. Era la primera vez que tenía ese sentimiento de real resignación. Cuando todo comenzó, sabía que para ella no había lugar en la vida de Tim. Pero su corazón no lo sentía así. Cada vez que estaba con él creía que lo ayudaba a olvidar a su esposa… pero estaba equivocada. Esa mañana le quedó muy claro que Tim ya no quería saber de ella. Lo mismo había hecho con los recuerdos de Julia: había huido de Battle para no seguir sufriendo con reminiscencias de su pasado. Ahora era ella de la pretendía huir. Aunque si no la necesitaba… ¿por qué se había ido así?
Huyó de Battle porque seguía amando a su esposa, pero su recuerdo lo lastimaba. Ahora se había ido abruptamente de Bexhill, sin embargo, el motivo no era el mismo. Tim no la amaba, se lo había dejado muy en claro. Aún así… ¿por qué había algo que no le terminaba de quedar claro en toda esta historia? Tal vez era la mínima esperanza que quedaba dentro de ella, la que la movilizaba a pensar que los motivos podrían ser los mismos. Quizás parecidos…Pero era imposible.
Razones para desistir se le habían aparecido de a montones. Tenía que meterse en su cabeza que nunca volvería a verlo…después de todo, él siempre fue un imposible. Por una casualidad del destino o un golpe de suerte, lo conoció de todas las maneras posibles. Pero solo había sido un hermoso sueño, un hechizo a corto plazo.
No obstante, en su vientre, tenía la prueba de que aquello fue real y que jamás se separaría de Tim.
Se pasó el día entero en su habitación. Paloma le alcanzó algo para comer y, si de ella dependía, no habría aceptado. Pero alguien más dependía de ella, por lo que no tuvo más remedio que aceptar la generosidad de su prima.
Intentó desviar, por un momento, de Tim y sus extrañas formas de actuar. Buscó entre sus cosas y encontró un libro que le caía justo a la situación que estaba viviendo: Tiempo de espera. El mismo fue escrito por la escritora mallorquina Carme Riera y trata sobre el diario que ella misma escribió en su segundo embarazo.
Luján recordó que su madre se lo había obsequiado años atrás. Nunca le había llamado demasiado la atención, pero por algo lo trajo consigo a Inglaterra. Una especie de presentimiento, premonición…
Se recostó en la cama y, mientras acariciaba su panza, abrió el libro casi en el medio. Era la página ochenta y dos. Se le antojó leer el pequeño párrafo, que se encontraba al final de la hoja:
“Tu padre te ha notado por primera vez. Te movías mucho y yo he cogido su mano para ponerla sobre ti. Constato aquí la primera vez que te ha acariciado. Había mucha ternura en sus ojos.”
Luján suspiró amargamente al leer esa pequeña reseña. Quiso llorar. Imaginaba un momento así con Tim. Posando su mano sobre la panza, sintiendo al bebé moverse…era solo una ilusión. Como lo había sido desde un principio, solo que ella no lo había notado. Deseó con todas sus fuerza que su situación fuera distinta. Se suponía que era el momento más feliz que le tocaba vivir. Estaba embarazada del hombre que tanto amaba, pero este ni siquiera lo sabía. Y tal vez jamás lo sabría. Dejó el libro a un lado y comenzó a hablarle a su bebé. Tenía la inmensa necesidad de transmitirle un poco de paz a su hijo. Además, era la primera vez que se animaba a hablarle en los pocos días que llevaban juntos.
-Me encantaría que tu papá este con nosotros…pero eso es imposible, amor.-Se frotaba la panza suavemente, formando círculos con sus manos.-Pero quiero que sepas que te amo desde el instante en que me enteré que estabas dentro de mí.-Se sentó en la cama e inclinó toda su espalda, para llevar su cabeza hasta su vientre.-Eres el regalo más lindo y maravilloso que la vida pudo haberme dado.-Una incipiente lágrima asomó por su mejilla.-Te amo bebé…
Paloma irrumpió en la habitación y se conmovió con la escena que había hallado. Abrazó fuerte a Luján, haciéndola sentir que no estaba sola.
-¿Están mejor?-Inquirió tímidamente.
-Sí…un poco. Gracias Paloma.-Tomó un pañuelo, para secarse las lágrimas.-Pero ya tome una decisión…
-¿Qué fue lo que pensaste prima?
-Me vuelvo para Argentina. No puedo seguir más aquí.
-¿Qué dices? El médico dijo que aún debes hacer reposo, no puedes viajar.
-Pero no me sirve de nada quedarme en Bexhill. Me hace mucho mal. Y eso también afecta a mi bebé.
-Mira…-Se mantuvo en silencio unos segundos, pensativa.-La hermana de mi ex novio vive en Londres. Ella es muy amiga mía. Si quieres, le pregunto si puedes ir para allá.
-No me gusta molestar, Paloma.-Hizo una mueca de disconformidad.-Además, ¿Qué pasará contigo?
-Hoy me llamaron para informarme sobre un trabajo allí. Solo me faltan detalles para conseguir ese empleo.-Sonrió, intentando llevarle tranquilidad a Luján.
-¿Enserio?-No podía creer que Paloma siempre tenga algo para solucionar su vida…
-¡Claro!-Exclamó.-Irás tu primero. ¿Qué te parece?
-Cuanto antes, mejor prima.-La abrazó de nuevo. Le debía demasiado a Paloma, siempre había estado cuando la necesitó. Y por más que le costara aceptar que con Tim no estaría jamás, ese era un buen principio para recomponer su vida. Y comenzar a planear la de su hijo.

Something In Me Was Dying: 22ª Parte

Luján estaba un poco más tranquila, luego de volver del médico. A ella le hubiese gustado que la trataran en Bexhill, pero Paloma insistió en llevarla a la clínica en la que trabajaba un amigo de ella, en Londres. Tenía en sus manos la primera ecografía de su bebé…la primera foto de su hijo. Él estaba en buenas condiciones, pero debía cuidarse, ya que solo llevaba cuatro semanas de gestación. Cuando el médico le dijo el tiempo que llevaba embarazada…un recuerdo regresó a su mente…uno en particular. Recordó la primera vez que estuviera con Tim. Lo hermoso que la hicieron sentir sus caricias…y ya no tenía duda alguna: Tim era el padre se su bebé. Esa noche Tim la marcó a fuego para siempre…
También debía seguir haciendo reposo, como lo venía haciendo desde hace una semana. Evitar esfuerzos, no cargar con cosas pesadas, caminar lo menos posible, entre tantas recomendaciones. Aunque no le agradaba la idea de depender de Paloma todo el tiempo. Ella tenía su vida, no podía estar al pendiente suyo las veinticuatro horas del día. Pero la actitud de su prima la tranquilizaba: estaba dispuesta a llevarle la comida a la cama, si era necesario, con tal de que cumpla con su reposo.
Paloma amaba tanto a su bebé como ella, desde el día que supo que estaba en camino. En su momento pensó que no aceptaría su embarazo, pero todo lo que encontró fue ayuda y contención. Tampoco tuvieron tiempo para hablar seriamente. Tal vez ambas quieren ahorrarse una discusión. Luján sabía que lo que había hecho no estuvo correcto, pero no se arrepentía de ello. No veía al bebé como a una carga, lo veía como una bendición. Estaba dispuesta a luchar por su hijo con o sin Tim. Iba a ser una madre de la cual su bebé esté orgulloso.
No obstante, tenía una leve esperanza en su interior de poder volver con Tim y ser feliz de una buena vez. Llevaba bastante pensando en que debía hacer con respecto a él, a su familia y a sus amigos. Pero de todos ellos, Tim sería el primero en saberlo. De ello también dependía el lugar de nacimiento de su hijo. Si su padre se portaba como un cobarde (no lo creía así) tendría que regresar a la Argentina y esperar a que nazca su bebé. Sin embargo, no sería ese el final…no lo sería.
-¿Falta mucho para llegar, Paloma?-Inquirió.
-No demasiado.-Respondió, con la mirada fija en el camino.- ¿Por?
-Me gustaría hacer algo antes…-Murmuró, con vergüenza de contarle a su prima lo que tenía pensado hacer.
-¿Qué?
-Llévame a lo de Tim.-Espetó rápidamente.
-Ni loca.-Negó con la cabeza.-Luego de cómo te tratara la última vez ni pienso llevarte con ese desgraciado.
-Paloma, Tim es…
-No lo justifiques, prima. Que no se te olviden sus palabras.-Interrumpió.
-Pero, te guste o no, él es el padre de mi hijo. No pienso volver en nueve meses y mostrarle la criatura recién nacida.-Dijo con aparente calma, para evitar alterar a Paloma y alterarse a sí misma…no le haría nada bien al bebé.
Su prima se quedó en silencio unos minutos, pero cambió su rumbo. Ello hizo que Luján esbozara una tibia sonrisa. A pesar de su enojo, Paloma estaba llevándola junto a Tim.
A partir de eso, empezó a pensar miles de discursos que terminarían en una sola confesión: estoy embarazada, espero un bebé tuyo. Imaginaba todas las reacciones posibles: enojo, alegría, sorpresa, tristeza, felicidad…Solo esperaba que la entendiera. No quería que malinterpretara las cosas, ya que ella se acostó por mero amor con él, no por buscar algo que los uniera de por vida. Y deseaba que regresara, que intentara amarla siquiera. No cabía en su cabeza aún que solo se acostaran por diversión. Tim no era esa clase de persona, por lo menos ella no lo imaginaba así. La entendería. Eso era lo que pasaría. Tenía que metérselo bien en su cabeza.
-Llegamos.-Dijo Paloma, sin demasiado animo.- ¿Quieres que te acompañe?
-No, gracias. Prefiero ir sola.-Se desabrochó el cinturón de seguridad.-Espérame aquí.-Cerró la puerta y se encaminó hacia la entrada de la casa.
Lo primero que le llamó la atención fue no ver estacionado el auto de Tim. Quizás no estaba. Pero lo esperaría de todos modos. Conservaba las llaves del lugar, por lo que podría aguardar a que volviera sentada en la sala. Tocó el timbre un par de veces, pero nadie contestó. No parecía haber movimiento alguno, por lo que decidió entrar.
Entró lentamente y se dio cuenta de cuánto extrañaba esa casa. De cuanto extrañaba a su dueño. Sin embargo, también notó que algunos muebles ya no estaban. El piano ya no estaba. Eso podía significar una sola cosa: se había ido.
Trató de no alarmarse. Fue hasta la cocina y la encontró vacía. Vacía como los cuartos de Tim y Karen. No podía creer lo que había hallado: un doloroso vacío. Oprimió su panza con fuerza, como queriendo evitar que su angustia afectara al bebé. Su papá se había ido. Las lágrimas comenzaron a caer incesantemente sobre sus mejillas. Apretó el paso y salió de allí lo más rápido que pudo, dejando la puerta abierta. Se incorporó al auto apresuradamente, secándose las lágrimas.
-¿Qué te pasa, Luján? ¿Qué te dijo ese desgraciado ahora?-La miró sorprendida, viendo en el estado en que había salido su prima.
-Vámonos, Paloma. Por favor…-Pidió. Su prima se limitó a emprender la marcha, hacia su casa. Extrañada por el semblante de Luján y por el auto que se aproximaba a lo lejos, por esa zona desierta…

Divisó a un auto negro marcharse a lo lejos, pero no le dio demasiada importancia. Estaba preso de uno de sus tantos arrebatos esa mañana. Tim sentía la necesidad de volver. No se molestaba por encontrar una explicación a aquella desesperación. Su corazón le pedía a gritos que regresara por Luján. Porque la necesitaba. Porque no podía seguir sin ella. Y eso le parecía trágico.
Ya no sufría por la ausencia de Julia, ahora lo hacía por Luján. Sabía que estaba a tiempo, que podría arreglar las cosas…Pero su mente le decía que la dejase ir, que ya no la hiciera sufrir más de la cuenta. Alejarse le serviría a los dos. Tim no sabría si la haría feliz y, lo más probable, era que acabara desdichandola.
¿Pero por qué diablos siempre tenía que meditar cada mínimo movimiento? ¿Por qué no podía hacerle caso a su corazón? ¿Por qué no se animaba a decirse la verdad de una vez por todas? Ese sentimiento ya era demasiado grande, como para seguir negándolo. Luján ya estaba muy clavada en su interior. Ya no le servía seguir poniendo como excusa su dolor por Julia. Tuvo que pasar una semana para que tomara consciencia de que Luján era la mujer para él…
Estacionó su auto de un movimiento brusco y se bajó de este raudamente. Pero le sorprendió encontrar la puerta de su casa abierta. Entró apresuradamente y se cercioró de que nadie estuviera allí. Sin embargo, encontró todo tal cual como lo había dejado. Evidentemente, nadie pretendía robarle nada. Pero las puertas de las habitaciones estaban también abiertas, sin ningún signo de haber sido forcejeadas. Quién haya entrado, seguramente tenía las llaves de la casa…Luján.
Ella había estado allí, podía sentirlo. Podía sentir se perfume a rosas alrededor de la sala. Ella volvió. Y él no estuvo allí para recibirla. Dio un puñetazo a la pared y se maldijo por ser un estúpido. Luján había vuelto porque lo amaba. Había vuelto a pesar de todas las barbaridades que le había dicho. Lo necesitaba tanto como él a ella. Lo peor de todo era…era que se había dado cuenta que esas ganas de estar con Luján, la desesperación por buscarla, solo podían responder a una sola verdad.
Había intentado negárselo de muchas formas, hasta el punto de arrancarla de su vida. Pero eso solo hizo que se acentuara aún más en su pecho, en su vida. Cuando creyó que viviría por el resto de sus días añorando el recuerdo de Julia, ella apareció. De una manera inesperada, pero certera. Le hizo ver que valía la pena mirar hacia el futuro. Ella activó su corazón otra vez, lo resucitó. Hizo que perdiera la razón con una simple mirada. Ella había logrado adueñarse de su vida…La única verdad era que sufría. Sufría porque se había enamorado de Luján. Locamente. Apasionadamente. De una forma tierna y dulce. Estaba enamorado de ella.

Something In Me Was Dying: 21ª Parte

Una extraña sensación de paz le recorrió el cuerpo al volver a su antiguo hogar. Y eso le parecía extraño. Muy extraño. Tim pensó que no soportaría ni siquiera dos segundos allí. Pero le ocurría todo lo contrario. Sentía que había llegado a un refugio, en el que podía ocultarse del mundo. Aunque no sabía bien a que le estaba escapando ahora.
Mientras recorría cada espacio de ese lugar, más seguro estaba. Se empeñaba en recordar una y otra vez los momentos de felicidad, junto a Julia. Aunque algo andaba mal. O bien, según el punto de vista por donde se lo mirara: no sentía dolor. Su corazón no parecía quebrarse al pensar en ella. En cambio, cuando Luján regresaba a su mente, su tranquilidad se transformaba en angustia, pena…tristeza.
Tim estaba recostado sobre el mullido sillón de la sala. Karen dormía en su cuarto, luego de llorar toda la tarde por la usencia de Luján. No le agradaba la idea de haber lastimado a su hija, alejándola de la persona que había querido en tan poco tiempo. Le había fallado a ella, otra vez. Pero no podía mirar a los bellos ojos de Luján después de las cosas horribles que le dijera. Le estrujaba más el corazón al pensar que ella estaba enamorada de él. Luján…lo ama. ¡Maldita sea! ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? ¿Por qué siente la necesidad de tenerla en sus brazos otra vez? ¿Por qué no le gusta la idea de estar solo en ese inmenso lugar? ¿Por qué no reconoce de una vez que…?
-Jamás.-Se levantó de un tirón y se dirigió a su cuarto. Abrió cada cajón, que allí había, hasta encontrar lo que estaba buscando, casi con desesperación: una caja con fotos. Allí tenía frente de él todas las fotos que había escondido. Fotos de Julia.
Comenzó a observar una por una…Julia y él, durante sus vacaciones en Italia. En una reunión con amigos, visiblemente más jóvenes. Ellos de gala, durante una entrega de premios en Londres. Fotos de todas las giras en la que lo acompañó. Algunas con Karen recién nacida y otras antes de que muriera…Una tenue lágrima rodó por su mejilla, acabando en esta última foto: los tres en un parque de diversiones. Karen había insistido demasiado para que se concretase ese paseo. Había sido el último.
Por su cabeza rodaban los recuerdos. Aquellos tiempos felices…Pensaba en que otra sería su situación, de no haber muerto Julia. Ahora estarían disfrutando de unas vacaciones en algún bonito lugar del planeta, alejados de todos los problemas, amándose…Tal vez, jamás se hubiese cruzado con Luján…
Luján. Si Julia no se hubiese marchado, él jamás se hubiera acostado con ella. Jamás le hubiese mentido de aquella forma…seguirían siendo extraños. Cayó de espaldas, de lleno en el colchón de su habitación y comenzó a llorar. Aunque esta vez no era por su esposa. Sabía que la había hecho feliz, que él había sido todo para Julia. Estaba tranquilo, porque se entregó a ella en cuerpo y alma…
Lloraba por la mujer que estaba viva. Por la que se sentía vivo otra vez. Lloraba porque se sentía estúpido y cobarde. Porque la extrañaba. Lloraba porque su maldito orgullo no le permitía dejar de mentirse a sí mismo…
-Luján…te necesito…-Susurró, entre sollozos.

Había permanecido todo el día prácticamente postrada. Paloma la trataba como si estuviera enferma, aunque solo estaba embarazada. Sonreía al recordar su expresión de sorpresa esa mañana. De inmediato se había tomado el trabajo de ser ella quien cuide de Luján y del bebé. Más allá de que esta insistiera con que se encontraba perfectamente, solo tenía mareos y vomitaba de vez en cuando. Pero era lógico. El médico ya le había informado que sería así por unos meses más.
Sin embargo, Paloma estaba empeñada en cuidarla. Debía dejarse cuidar, para poder pensar que hacer de ahora en más. Tendría que llamar a su madre, a sus amigas… ¿Tendría que volver? No podía. Por lo menos hasta que el embarazo no corriera ningún tipo de riesgo. No iba a arriesgarse ni mucho menos arriesgar la vida de su bebé.
Le parecía increíble como había cambiado su vida en tan pocos meses: conoció a Tim íntegramente. Compartió junto a él cosas que jamás hubiese pensado vivir. Y él se había encargado de marcarla para toda la vida, con sus besos, sus caricias, sus palabras…y con un hijo.
Tenía que hacerse la idea de que sería la madre de su segundo hijo. Su sonrisa se ensanchaba al decirse ello. Pero, a su vez, Tim la había lastimado mucho. La había arrancado de su vida. La había usado. Se sentía una tonta por haber creído que despertaría algo en su oscuro corazón. Sabía que las cosas terminarían de aquella forma, se había jurado que soportaría el dolor que le causara. Pero se había mentido a sí misma. Sin Tim, no significaba nada. Aunque ahora no estaba sola. Tenía en su vientre un pedacito de él. Que al crecer le preguntaría por su papá… ¿Debía contarle a Tim lo que estaba sucediendo? ¿Era ese el momento para decirle que estaba embarazada y que él era el padre del bebé? ¿Qué debía hacer? ¿Cómo debía reaccionar?
Tal vez Tim recapacitaría y volvería a su lado, para ser felices los cuatro. O la maltrataba de nuevo y tendría que arreglárselas sola con su hijo…Prefería la primera opción. Algo le decía que su historia no había acabado aún. Tim no le había dicho toda verdad. Algo le estaba ocultando… ¿pero qué? Quizás era producto de su imaginación o de las ganas que tenía de que todo cambiara y volver junto a él. Se acarició la panza enésima vez.
Cerró los ojos y suspiró profundamente. Los imaginó a los cuatro, felices, tranquilos. Imaginó formar una familia con Tim y no alejarse de su lado nunca más. Era solo un sueño…pero debía intentarlo. Si sufría, su bebé también sufriría. No debía resignarse a perderlo tan pronto. Menos ahora. Si había podido devolverle la alegría, algo significaba para Tim.
-Te necesito, Tim.-Susurró.-Tu hijo y yo te necesitamos…-Fue cayendo lentamente en un sueño profundo.

Something In Me Was Dying: 20ª Parte

Se dejó caer en el sillón de la pequeña sala, ya sin fuerzas para nada más. Estaba devastada, herida, moribunda, tal vez. Las palabras que dijera Tim giraban en su cabeza, intentado encontrar alguna salida, pero era inútil. Estando allí, en su casa, Luján se permitió llorar sin miedo de ser vista. Paloma la miraba sorprendida por el estado en que había llegado su prima.
-¿Qué te pasó?-Se apresuró a acomodarse a un lado de ella, acariciándole la espalda.-Por favor, cálmate. Cuéntame que te sucedió.-No podía ver que su prima esté en aquel estado de desconsuelo y desesperación. Pero supuso que el culpable de que Luján se encontrara así no podía ser otro, más que Tim Owen. Cada vez que Luján intentaba responderle, las palabras se ahogaban en su llanto. No lograba encontrar calma alguna.-Fue Tim, ¿verdad? ¿Se pelearon? ¿Discutieron? ¿Qué te dijo?
Luján dio un profundo suspiro, mientras secaba sus lágrimas. Eso le sirvió para tomar fuerzas y contarle a Paloma lo sucedido.
-Él me utilizó. No me ama. Jamás lo hará.-Era preferible decirlo todo de una vez, para que no siguiera lastimándola. Le costaba decirlo, le costaba aceptar que un hombre como Tim la hubiera utilizado.-Pensé qué podría sobrevivir al dolor de alejarme de Tim. Me di cuenta que no. Lo necesito. Lo amo. Jamás voy a poder ser feliz sin él.
-Tienes que superarlo.-Intentó animarla.-Tienes que ser fuerte y seguir para adelante. Él no es el único hombre sobre la tierra. Tal vez hay alguien más, esperándote. Alguien que puede hacerte inmensamente feliz por el resto de tu vida.
-Tim es quien me hace feliz.-Sentenció.-Antes lo amaba, sin siquiera conocerlo. Ahora lo amo más todavía, luego de todo lo que pasó.-Se cubrió la cara, mojando sus manos con su llanto.
-¡Por Dios, Luján!-Exclamó molesta.-No puedes dejar que tu vida se marchite por creer que Tim es el único. Tienes mucho por que vivir.-La obligó a que la mirara, tomándole el rostro.-Mírame. Sé que lo amas. Sé que no será fácil olvidarlo. Pero debes hacerlo. No dejes que él acabe contigo.
-Ya no puedo sacar a Tim de mí. Es muy tarde para intentarlo.-Se puso de pie y se encaminó a su habitación.
-¡No puedes ser tan testaruda!-Paloma también se levantó del sillón.- ¡Reacciona, Luján!
Esta se dio vuelta, con la intención de enfrentar a su prima.
-¡No pienso hacerlo! ¡Entiéndelo! Yo siempre…-No acabó de completar su descargo, cuando se desmoronó en el piso. Paloma se apresuró a levantarla y recostarla sobre el sillón.
Luego fue en busca del número de su médico personal, quien era de mucha confianza para ella. Este no tardó demasiado en llegar. Juntos llevaron a Luján hasta su cuarto y, luego, el médico se quedó a solas con su prima. En su cabeza no cabía la idea de desmoronarse así por amor. No entendía como Luján todavía seguía amando a ese imbécil, que fue capaz de divertirse con ella, para abandonarla después.
Podía ver en sus ojos el amor que le guardaba y menos la entendía. Paloma, en cambio, jamás dejaría que un hombre la tratara así. Era bastante dura con los hombres. Quizás por eso estaba sola a sus veintiocho años. Para ellos, era insoportable. Y no le importaba demasiado. Pensaba que cambiaría el día que realmente amara a alguien. Aunque faltaba mucho para que eso sucediera. No estaba tan mal llevando una vida de soltera. Lo prefería así.
Todo lo contrario a su prima: ella ya había conocido al amor de su vida. Lo peor que le hubiese podido pasar era que lo conociera. Y lo conoció. Se acostó con él. Eso solo acentuaría su amor mucho más, hasta un punto que ya sea irremediable. Luján le daba lástima. Con veintiún años, ya estaba condenada a sufrir por un miserable, que no supo amarla del mismo modo, de por vida. Eso era lo que más lamentaba. Pero ese Tim no se saldría con la suya. Lo buscaría y le diría unas cuantas verdades, para que sepa que es el único culpable de que su prima esté sufriendo. Ese maldito sabría a quien acababa de romper el corazón.
El doctor Quinn salió del cuarto, con un semblante despreocupado. Casi alegre. Eso la extrañó por completo. Aunque Luján no debía tener nada serio. Estaba con las defensas bajas. De seguro eso provocó su desmayo.
-Su prima se encuentra en perfecto estado. Es normal que se produzcan desmayos, en el estado en que se encuentra.-Sonrió, saliendo del cuarto.
-¿No tiene nada grave, no? –Inquirió extrañada.
-No, claro que no. Ella está en perfecto estado. Deberá cuidarse mucho, ya se lo he dicho a ella. También debe hacer reposo absoluto.
-Doctor…no lo entiendo.
-Su prima me pidió que no le contara nada. Pero creí conveniente hacerle estas recomendaciones.
-Sí, claro. Ahora hablaré con ella.-Dijo, un tanto confundida. El doctor Quinn se marchó, segundos después. En tanto ella se dirigió a donde estaba Luján, bastante intrigada. Algo más había que un simple desmayo y esperaba que su prima se lo contara cuanto antes.

Oyó que el médico estaba hablando con Paloma, aunque le había pedido expresamente que no le contara la novedad. Quería ser ella quien le contara a su prima lo que ocurrió. Se sentó en su cama y se abrazó a sus rodillas con fuerza. Por un instante, el dolor y la desesperación la habían abandonado. Aunque ya no estaba sola…
Tenía una hermosa sensación de calma, pero también sentía a Tim muy adentro suyo. Era normal. Y no le molestaba. Esbozó una tímida sonrisa, mirando a su alrededor. Nada sería igual, eso era muy claro. Una nueva etapa en su vida acababa de comenzar. Por más que el dolor que le causaran las palabras de él seguiría estando, también sabía que tenía por algo por lo que seguir…mejor dicho, alguien.
Volvió a preguntarse si había imaginado algo como lo que le estaba ocurriendo. Hasta tener intimidad con Tim, lo había imaginado. Lo que vino después, nunca estuvo en sus sueños, menos las palabras de él. Mucho menos hubiera imaginado lo que le ocurría ahora. Eso jamás se le cruzó por la mente. Ahora era una realidad. Una dulce realidad.
-¿Qué te dijo el médico, Luján?-Irrumpió Paloma, cerrando la puerta detrás de ella. Aparentaba una falsa tranquilidad: podía notar la intriga que tenía por saber lo que le sucedía. Luján se corrió su enrulado y corto cabello de la cara, con una sonrisa más acentuada.-No te entiendo.-La miro desconcertada.- ¿Sigues mal? ¿Entendiste lo que te dije? ¿Te diste cuenta de que vales mucho más que ese tipo?
-Valemos…-Se apresuró a aclarar, sin perder la sonrisa.
-¿A qué te refieres?
-Me refiero a que Tim no pudo alejarme de él. Ahora está más adentro mío todavía. Mucho más.
-Por favor, Luján. No me asustes. Dime qué es lo que te pasa de una buena vez.-Comenzaba a alterarse. El tono cálido que su prima estaba utilizando no le gustaba para nada. Algo se traía entre manos.
-A esto me refiero…-Estiró las piernas y se acarició suavemente la barriga.-Estoy embarazada, primita.-Sus ojos tomaron un brillo que nunca antes habían experimentado.-Estoy esperando un bebé de Tim.
A pesar de las cosas horribles que le dijo, él le había dado el regalo más hermoso que podía esperar: un hijo.

Something In Me Was Dying: 19ª Parte

Sacó fuerzas de donde no tenía para decir aquellas horribles palabras: Luján, jugué contigo. Perdóname. Sigo enamorado de Julia. ¿Por qué sentía que se escudaba bajo el recuerdo de su esposa para que Luján se marchara? ¿A qué le tenía miedo? ¿Acaso no seguía amando a Julia? ¿Acaso Luján lo había enamorado? ¡Por Dios, qué era lo que estaba pensando! Eso jamás pasaría. Julia llevó consigo su corazón. No podría volver a amar a nadie. La prueba de ello, era lo que le hizo a Luján: la utilizó. Era una basura.
Había arruinado algo tan hermoso, por una estúpida frase. No encontraría a alguien más, dispuesta a alivianarle la existencia, como Luján lo hacía. No habría otra mujer que le demuestre tanto amor con cada ínfima acción, por más simple que fuese. Nadie que lo amaría como ella. Porque sabía que Luján estaba enamorada de él. Podía verlo en sus ojos, podía sentirlo en sus caricias. Y eso era lo peor: ella lo amaba.
Imaginaba su dolor. El mismo dolor que sintió cuando Julia se fue, pero así era mejor. Para ambos. No quería tratarla como a un reemplazo, alguien con quien podía acostarse cuando se le antojaba. Luján se merecía un hombre que viva por y para ella. También sabía que no podía seguir en Bexhill ni un minuto más. Era tentador tenerla a poca distancia. No tardaría en volver a ella y complicarle la existencia, una vez más.
Se veía obligado a volver a su residencia de Battle, no conocía otra parte. Quizás en unos días él y Karen se irían a Londres. Pero por el momento, Battle era el único lugar a donde podía huir, paradójicamente. Se había alejado de allí, huyendo del recuerdo de Julia. Ahora retornaba a un viejo dolor, para huir de uno nuevo: la pérdida de Luján.

Karen se resistió a la idea de regresar, pero no tuvo otra opción que acompañar a su padre. Estaba confundida. No entendía porque Luján no aparecía por ninguna parte y no podía siquiera despedirse de ella. Había algo raro.
-Papá no quiero volver, estoy bien acá.-Dijo Karen, apoyándose contra los respaldos de los asientos delanteros.
-Por favor, Karen. Siéntate bien.-Tim iba muy concentrado, conduciendo su auto. Él tampoco quería volver, pero no podía quedarse allí. Luján estaba cerca.
-¿Y Luján? ¿Por qué no viene con nosotros? ¿Te enojaste con ella? –Se reincorporó al asiento trasero, cruzándose de brazos.
-Ella tiene cosas que hacer.-Dijo.-Tal vez no volvamos a verla. Deberás acostumbrarte, Karen.
-¿Qué? ¿Por qué? Papá… ¡no!-Sus pequeños ojos azules se abrieron como dos platos, sorprendida.
-Así es. Punto. Cállate, llegaremos pronto.-Él tampoco entendía como pudo haber arruinado algo tan maravilloso, en solo un segundo.
-¿Ya no son más novios? ¿Se pelearon? ¿Por mi? –Dijo, entre incipientes sollozos.
Está vez quien se sorprendió fue Tim. ¿Qué era lo que Karen había visto para asegurar eso? Pareciera ser que ella también estaba contenta con Luján y la aceptaba como “novia” de su padre. ¿Qué error había cometido? Estaba obligando a su pequeña a sufrir otra perdida más.
-¿De qué hablas, Karen? –Trató de sonar despreocupado, pero seguía impresionado por las palabras de la niña.
-Papá los vi.-Aseguró.-Se estaban besando en la playa. Ustedes se quieren. Tienen que estar juntos.-Su llanto se acentuaba cada vez más.
Tim no supo que responder. No podía. Karen tenía razón. Pero no entendería las razones de la separación. Era problemas de adultos. Además, solo Luján lo amaba. Él no podría responderle de la misma manera jamás. Tendría que obligarla a vivir con el fantasma de Julia en medio de los dos. Era injusto. Injusto que sufriera así por Julia. Injusto para Karen, que apreciaba a Luján, y por estupideces tendría que separarse de ella. Injusto para Luján, que lo amaba, y que solo la utilizó como un juguete.
-¡Papá volvamos! ¡Quiero estar con Luján! –Exclamaba a los gritos.- ¡Papá!
-¡Cállate Karen! ¡Quédate quieta de una vez y no me aturdas más! –Dijo con voz potente y ella se quedó muda.- ¡No quiero oírte llorar!
Karen se acurrucó contra la puerta del auto, tratando de contener su llanto. Tim no quería escuchar más a su hija: si le seguía rogando, lograría hacerlo retroceder y volver a Luján. Esa no era la solución. Tenía que alejarse. Debía huir al sentimiento que estaba naciendo en su interior y que tanto miedo le causaba.

Something In Me Was Dying: 18ª Parte

-Luján yo…
-Explícame que fue lo que acabo de oír.-Se apresuró a interrumpir. Dio unos pasos hasta el sillón, pero no se atrevió a enfrentar a Tim.
-Se que piensas que soy un estúpido y tienes razón. Pero yo solo…
-¿Te gustaba llevarme a la cama, no es así? –La indignación corría por sus venas.
-No es eso, Luján. No quise utilizarte…
-Pero lo hiciste.-Cortó inexpresivamente.
-Lo que siento por ti va mucho más allá de mi cama. Has mejorado mi vida en todos sus aspectos. Me encanta estar contigo. Siento que eres la única persona en la que puedo confiar mi vida. Yo te quiero Luján.-Dio dos zancadas y se puso frente a ella, que parecía una estatua frente a él. Intentó tomarle la mano, pero Luján retrocedió.
-No me mientas, Tim. Por favor, no lo hagas.-Se atrevió a mirar la inmensidad sus ojos azules.-Solo dime que te gustaba pasar el rato conmigo y terminemos con todo esto de una buena vez.
-¡No es así! –Exclamó.-Luján créeme que yo…-La imagen de Julia regresó a su cabeza, antes de que pudiera decir algo más. La necesitaba. Era a ella a quien buscaba en brazos de Luján. Sus manos querían encontrarla, su boca quería besarla a ella. Pero a quien encontraba era a Luján, a quien le hacía el amor era a ella y no a su esposa.
Supo que no la había olvidado. Supo que la amaba más que antes. No podía mentirle más a Luján. Tenía que dejarla ir, si no quería que sufra más de la cuenta. Ya bastante tenía con lo que había pasado en ese último mes.
-¿Qué? –En un lugarcito de su alma, tenía la esperanza de que se haya dado cuenta que la amaba. Tal vez este último mes le había servido para darse cuenta de ello. No estaba prepara para alejarse de Tim. No quería alejarse de él.
-Yo todavía pienso en Julia. Quizás no me di cuenta antes, pero inconscientemente la buscaba en ti.
Luján sintió como su corazón explotaba en mil pedazos. Tim no podía estar diciéndole aquello. No podía decirle que solo buscaba a su esposa en ella. Él no era así. No le haría semejante daño.
-¿Qué? ¿Qué todavía…todavía la amas? –Estaba confundida y desorientada.
-Sí, la amo. No voy a dejar de amarla nunca.-Algo en esas palabras le sonaba a mentira. Desde que Julia muriera, siempre lo había afirmado. Pero esta vez era diferente: no sentía que su corazón le esté dictando aquello, sino su cabeza. Al parecer su corazón opinaba todo lo contrario a lo que salía de su boca.
-¡Hijo de puta! –Elevó su mano y le dobló la cara de un cachetazo, llena de furia y rencor.- ¡Me usaste! ¡Me metiste en tu cama para nada! ¡Eres un hijo de puta Tim Owen! ¡Ojala no tenga que volver a cruzarme contigo jamás! –Gritaba, pero no lo sentía. Sabía que tarde o temprano terminarían así. Estaba preparada para que así acabara su sueño…una mentira más.
De ningún modo estaba preparada a para dejarlo ni para que la deje. Estaba convencida que desde esa noche, nada los volvería a separar. Todo lo que había hecho era para conquistarlo, para sanar las heridas que sangraban en su corazón. Pero no había alcanzado: Julia estaba muy viva entre ellos dos. No podía hacer más que alejarse, el dolor que le quedaría de por vida sería irreversible. Él ya no la necesitaba a su lado. ¿Qué más podía hacer? Nunca significó nada para Tim. Y era lo que más le dolía: no significaba nada.
-No fue mi intención…
-¡No quiero oírte más, desgraciado! ¡Vete tú y tu maldita tristeza a la mierda! –Giro furiosamente, mientras sus mejillas comenzaban a cubrirse de lágrimas. Pero sintió que la tomaba del brazo, otra vez, como la primera noche que pasaran juntos. Aunque ahora era diferente. Nada la haría regresar allí, donde tan feliz la había hecho.
-Luján, lo siento.-La obligó a mirarlo y vio como sus ojos estaban húmedos.
-No necesito de tú lastima.-Se soltó y salió de allí. No quería estar un segundo más, respirando el mismo aire que Tim. Sufriría y mucho. Lloraría la ausencia de él, lo que le quedará de vida. Ella estaba condenada a vivir en los recuerdos de semanas hermosas y caricias interminables. Nunca pensó que su historia terminaría tan abruptamente y de ese modo. Todavía no podía creer que Tim intentara encontrar a Julia en ella. Solo había jugado con su corazón, la había utilizado como a un juguete. No sabía para donde estaba yendo, pero cualquier lugar era mejor que junto a Tim, aunque pareciera irónico.
Luján solo caminaba, sin rumbo fijo. Su mente le daba vueltas, tanto que terminaría desmayada, a un costado del camino. No resistiría mucho sin Tim, no podría seguir. Por más que ese maldito solo se había divertido con ella, lo amaba. Jamás dejaría de hacerlo.

Something In Me Was Dying: 17ª Parte

Los sonidos del piano se podían escuchar a kilómetros. Tim había recuperado las ganas de componer en ese último mes. Tenía a la mejor musa inspiradora a su lado: Luján. Desde aquella calurosa noche de principios de Julio, todo había cambiado entre ellos. No podían pasar una sola noche separados. Se necesitaban mutuamente, se deseaban con locura.
Ella ya estaba viviendo en la casa y, junto con Karen, parecían una familia. ¿Una familia? Se veían bien los tres juntos. Su hija estaba muy feliz de tenerla para ella todo el tiempo. Cada día se iba incrementando el afecto que se tenían y eso lo reconfortaba. Ya no era más la extraña que cuidó de Karen, sino una mujer que lo fascinaba en su totalidad. Todo su ser se rendía ante la tímida sonrisa, que iluminaba su rostro. Ella lo comprendía, lo apoyaba y hacía que sus noches fueran mágicas. Aún así…Julia seguía estando. No sufría del mismo modo, como cuando Luján se cruzó en su camino, pero la seguía extrañando. Era extraño. Muy extraño. La recordaba cada vez que estaba solo, pero cuando Luján aparecía, ella se marchaba. Sentía que necesitaba mucho de Luján, pero también de Julia. Era algo parecido a estar enamorado de las dos…pero no estaba seguro. Todavía sentía ese temor a hacerle daño a Luján y no quería eso. Pero la necesitaba, la necesitaba mucho. Iba más allá del mero deseo carnal o de no sentirse tan solo. Realmente la quería. Tal vez ya la estaba amando…
-Tim…-Justin lo escrutó con sus grandes ojos verdes.- ¡Tim! ¡Hey! –Golpeó sus manos y lo hizo reaccionar.
-Disculpa, Justin. ¿Estábamos en…?
-En el medio de una estupenda canción.-Dijo, malhumorado.- ¿Qué pasó? ¿Por qué te detuviste?
-No, nada. Estaba distraído, nada más.-Sonrió, en un intento por convencer a su amigo.
-No me mientas. No te creo.-Justin conocía perfectamente a su amigo. Lo conocía desde que tenía uso de razón y él no era de desconcentrarse porque sí en medio de una canción. Algo le pasaba. Lo notaba mejor que la última vez que lo había visto, ya no lloraba por Julia. Era un avance, sin embargo, lo notaba confundido. Satisfecho, pero confundido.- ¿Qué pasó?
Tim se quedó pensativo unos segundos. ¿Qué era lo más apropiado? ¿Inventar alguna mentira sofisticada? ¿O contarle que hace un mes que se estaba acostando con la chica que cuidaba de Karen? No podía. Él era su amigo, seguro lo comprendería. Pero no podía.
-Me siento…extraño.-Fue lo que se le ocurrió decir. Iba a contárselo todo. Era su amigo, se pondría de su lado.
-No entiendo.-Lo miro confundido.
-Yo…yo me acosté con Luján. ¿La recuerdas? –Se apoyó contra el piano.
-¡Estás loco! –Exclamó, escandalizado. ¿Desde cuándo Tim cometía semejante locura? –Tim, ni siquiera la conoces. Es una extraña…
-No tengo la misma opinión. Es una mujer extraordinaria. Gracias a ella, mis días son más livianos y no sufro tanto por la ausencia de Julia.
-¿Desde cuándo? –Interrumpió Justin.
-¿Desde cuándo qué?
-¿Hace cuanto te acuestas con ella?
-Hace un mes, creo.-Murmuró. Justin se quedó pensativo unos minutos. Lo que Tim estaba haciendo no le gustaba para nada. Lo único que veía era que su amigo estaba mejor, pero por llevarse a la cama a esa chica. La conclusión a la que llegaba era que él solo la estaba usando. Quizás no lo notaba, pero era eso lo que veía en él.
-¿La amas? ¿Amas a Luján? –Interrogó. Quería saber que era lo que sentía Tim, antes de decirle lo que pensaba. Podía ser que él se estuviera equivocando y que su amigo realmente ame a Luján.
-No lo sé.-Se levantó y le dio la espalda a Justin, para observar el mar.-Hay veces que extraño mucho a Julia. Otras, ni siquiera la recuerdo. Eso suele pasarme cuando estoy con Luján. Pero no sé si la amo…
-Sabes, Tim…creo que la estás usando y aún no te das cuenta.-Se puso de pie y Tim giró repentinamente hacia él.
-¿Qué? –La afirmación de Justin lo tomó por sorpresa. Si había algo que no deseaba hacer, era precisamente jugar con Luján. Pero no podía afirmar que no se estuviese comportando así con ella.-Justin, eso es una estupidez.
-No lo es.-Lo miro con seriedad.-Estás más inspirado desde que te acuestas con ella. Pero no la amas, sigues pensando en Julia. Luján te sirve para no sentirte solo en una inmensa cama.
-¡No es así! –Si Justin no fuera su amigo, le hubiera dado un puñetazo en medio de la cara.- ¡Ella no es un juguete! ¡Jamás la trataría así!
-No demuestras lo contrario. Tal vez no lo haces intencionalmente, pero lo haces.-Sonaba muy calmado, a pesar que su amigo explotaría en cualquier momento.-A ver, dime, ¿Luján te hace sentir lo mismo que sentías cuando estabas con Julia?
-¡No metas a Julia en todo esto!
-Contéstame, ¿sí o no?
-No.-Bajó la mirada, abatido.-Jamás la podré olvidar. Ni Luján ni ninguna otra mujer podrán ocupar su lugar. Tal vez esté utilizándola sin darme cuenta…-Elevó la mirada y vio a Luján, paralizada en la puerta. Justin giro y supo que ella lo había escuchado todo. Se sentía culpable por haberse metido demasiado en ese asunto.
-Bueno…yo…yo me voy.-Justin buscó las llaves de su auto y desapareció de inmediato del lugar.
Tim y Luján estaban solos. Pero en esta oportunidad, no terminarían en el cuarto de él, como solían hacerlo. Nada bueno había en los ojos de ella. Tenía demasiadas cosas que escupirle en la cara y no podía esperar ni un minuto más. Dio un portazo detrás de ella, que retumbó en toda la casa. Nada bueno podría pasar en esas cuatro paredes.

Something In Me Was Dying: 16ª Parte

A medida que la luz del sol iba alumbrando el cuarto, Luján comenzaba a abrir los ojos lentamente. No estaba en sus planes levantarse de la cama. Estaba muy cómoda, recostada sobre el pecho de Tim y acariciando el oscuro bello que lo cubría. Más feliz de lo que se sentía esa mañana de Julio, no podía estar. Lo tenía dormido, cansado e inmensamente hermoso, al lado suyo. Abrazado a ella, protegiéndola. Y más de lo que lo amaba, no podía amarlo más aún. Se sentía realizada, completa, satisfecha. Tenía ganas de que él despertara y todo comenzara otra vez, como sucediera la noche anterior.
Había logrado algo que nunca hubiese imaginado: llenar el vacío que su esposa había dejado. No estaba segura si Tim también la amaba, pero no tardaría en hacerlo. Con sus besos y sus infinitas caricias, le demostró que significaba algo más, que algo sentía por ella. No cabía en su cabeza que él fuera a estar jugando con sus sentimientos, solo por la necesidad de tener a una mujer en su cama. Y aunque estuviera cometiendo un error, no le importaba. Tim le había regalado la mejor noche de su vida, era más de lo que hubiese pedido. Si lloraba o sufría, tendría sentido. Además, Luján sería la única perjudicada, si se tratara de una equivocación por parte de él, solamente ella saldría lastimada.
Pero no era momento de buscar explicaciones o culpables: estaba despertando junto a Tim. Nada podría arruinar aquel momento tan glorioso. Su rostro se elevaba y volvía a bajar, con cada respiración de él. Se sentía tan bien allí, que hubiese querido detener el tiempo y quedarse así por el resto que le quedara de vida. Era la mañana más maravillosa que podría haber vivido y, estaba claro, jamás podría olvidarla. De pronto sintió como Tim la apretaba, aún más, contra su cuerpo y supuso que ya se había despertado.
-Buenos días, cariño.-Saludó Tim, poniéndose de costado, para mirarla.
-Buenos días.-Sonrió ampliamente.- ¿Dormiste bien?
-Muy bien.-Susurró, dándole un apasionado beso, que la tomó por sorpresa. Luego de ello, volvieron a hacer el amor, como si hubiesen pasado siglos sin sentirse el uno al otro. Algo en Luján le decía que aquello no acabaría nunca. Que todas sus noches estarían iluminadas por el rostro de Tim y que despertaría en medio de sus apasionados besos y sus cálidas caricias. El futuro que avizoraba no podía ser más alentador: estar con el amor de su vida.

-Creo que no la has pasado tan mal este fin de semana… ¿no, primita? –Paloma la escrutó con mucha atención y lo único que Luján pudo hacer es sonreír. No podía dejar de sonreír desde hace algunos días.
-La verdad…-Rió, avergonzada.-No. Pasaron cosas muy hermosas en estos días…
-Tim.-Le dio un sorbo a su taza de té.- ¿Qué pasó con él, Luján?
-Bueno.-Carraspeó. Los recuerdos de las horas y horas que estuvieron haciendo el amor regresaron a su memoria, y no podía evitar volver a sonreír.-Él y yo estuvimos juntos…y fue hermoso.
-Tu carita me lo dice todo, Luján.-La miró con ternura.-Pero, ¿sabes qué?...Me pone muy feliz verte así. Se cuanto amas a ese Tim y estoy contenta de que estén juntos…
-Gracias.-Se quedó en silencio unos segundos. Ahora que lo pensaba, Tim y ella no había formalizado o algo así. Solo se la habían pasado un fin de semana en su cama, pero eso no significaba nada. Aunque no veía en Tim a alguien que después de acostarse con una mujer ya le propusiera casamiento de inmediato. Tenía que darle tiempo, era eso lo que necesitaba, no que ella comience a pedirle formalidades.-Estamos yendo de a poco.-Contesto, luego de unos minutos.
-Ah.-Paloma no pudo ocultar su mueca de descontento.-De a poco.
-Sí. No quiero presionarlo. Perdió a su esposa no hace mucho. Lo que necesita es un poco de tiempo…
-¿Puedo darte un consejo? –Interrumpió.
-Claro, ¿cuál?
-Cuídate. Cuídate mucho, prima.-Sonaba preocupada.
-¿Porqué lo dices? Yo estoy muy bien.-No lograba entender a que conclusión quería llegar Paloma.
-Solo eso, Luján. Debes estar atenta. No tengo un buen presentimiento sobre ese Tim…
-Tranquila.-Sonrió, pero las palabras de su prima comenzaban a preocuparle.-Se con quien estoy tratando. No tengo miedo de salir lastimada. Tampoco me importa.
-Espero, Luján. Eso espero.
-¿Qué tal el trabajo? –Cambió el rumbo de la conversación, llevándola a terrenos menos peligrosos. Aunque no le había gustado en lo absoluto la forma en la que Paloma le hablara. ¿Por qué tuvo ese mal presentimiento? Pero no podía culparla, solo quería verla bien. Lo único seguro era que tendría que charlar eso con Tim. No habían podido hablar demasiado sobre que harían luego. No querían hablar. De todos modos, Luján no tenía escapatoria alguna: se había enamorado de él, mucho tiempo antes de conocerlo personalmente, y estaba dispuesta a perderlo. Porque no lo dejaría de amar por lo que le quedara de vida.

Something In Me Was Dying: 15ª Parte

Tim permaneció en silencio unos largos minutos, necesitaba recuperarse luego de lo que había hecho. ¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Qué era lo que tenía que hacer con ella? Si lo único en lo que pensaba era en tomarla otra vez y besarla hasta que el cielo se iluminara.
Nadie lo había hecho sentir de aquel modo. Pensaba que nadie podía hacerle sentir esas ganas de amar, como lo había hecho con Luján. Pero no quería lastimarla, esa no era su intención. Quizás solo estaba buscando a alguien que cubra ese lugar vacío que había dejado Julia, pero que jamás podría gobernar en su corazón. Y Luján no se merecía una cosa así. Ella era una mujer muy buena, merecía a alguien que la amase de verdad. No merecía ser el juguete de un viudo enamorado de su difunta esposa. Pero sentía el calor de su cuerpo, junto al suyo y todas esas ideas lo abandonaban, dejando el deseo de mucho más que un apasionado beso.

Ella se rehusaba a separarse, pero no podía hacer otra cosa que no fuera marcharse. Aunque lo que había vivido minutos antes, beso delicioso, sus caricias, eran lo más hermoso que le había pasado en toda su vida. Había probado el dulce sabor de los labios de Tim, lo bien que se sentían sus caricias y su seductora voz en su oído. Lo siempre había querido, desde esa tarde de Septiembre, en que lo viera por primera vez, se transformó en la más fantástica realidad.
Su cuerpo estaba pegado al de él. La protegía en sus brazos. Y no había mejor lugar que ese: bajo los largos brazos de Tim. Se intentó acomodar un poco mejor, junto a él, pero este permanecía callado, pensativo. Tal vez se estuviera arrepintiendo por lo que acababa de hacer. Tal vez solo estaba confundido, se había dejado llevar por el momento y la peligrosa cercanía. Tal vez solo fue una tenue brisa de verano. Un impulso. Un error. Aunque Tim no había hecho nada: ella fue la que se enamoró con solo ver su rostro en una pantalla. Fue levantándose de a poco, intentando sentirlo solo un instante más. Él seguía con su mirada perdida, ella todavía podía sentir el sabor de sus labios, impregnado en los suyos. Su cuerpo le pedía quedarse allí, esperar a que llegue el amanecer en los brazos de Tim, pero tenía que hacerle caso a su consciencia, si no quería sufrir, era mejor alejarse.
-Este…yo…-Carraspeó.-Me…me voy, Tim. Ya es tarde.-Se sentía una tonta por decir aquellas palabras. No quería irse. Quería seguir allí, pegadita a Tim.
Él no contestó, seguía vagando entre sus pensamientos. Entonces Luján se levantó de la arena y se dio media vuelta, en dirección a la casa. Una solitaria lágrima parecía querer colarse en retina. No podía ser que no sintiese nada. No podía culparlo, pero ella esperaba…no tenía sentido. Solo se estaba mintiendo y se estaba haciendo ilusiones sin sentido. Atrás estaba tirado el amor de su vida. Él que minutos antes la estaba besando sin poder detenerse, ahora dejaba que se marchara como si nada hubiese pasado entre ambos. Se sentía un estúpida. Era una estúpida. Julia jamás se iría. Tim jamás se daría cuenta de lo que era capaz de hacer por él. Jamás la amaría. Estaba tan confundida que solo…
-¡Espera!-Sintió que tironeaban de su brazo. Era Tim. Había vuelto. Había frenado su marcha y estaba en medio de esa sala, con ella.
-Tim…no tienes…no tienes que…-Masculló Luján.-No es necesario…yo…
-Quédate Luján. No te vayas.-Musitó, inclinándose hacia ella.-Te necesito esta noche.-Dijo con voz seductora. Eso acabó por completo con la cordura que Luján tenía. Ese no era un momento para preguntas. Iba a disfrutar en plenitud ese hermoso sueño, que Tim le estaba regalando. La tomó de la cintura y la apretó junto a su cuerpo, mientras la besaba con una intensidad y destreza. Pero, a su vez, parecía querer dilatar la situación. Quería disfrutar del suave contacto con Luján.
Ella, en cambio, sabía lo que pasaría, sabía que Tim no se arrepentiría, que la haría feliz. Él comenzó a conducirla, paulatinamente, hacia su cuarto. En tanto ella iba colando sus manos por debajo de la remera de Tim e iba dando pequeños pasos para atrás. Lo había imaginado demasiadas veces, tardes enteras, noches lluviosas, él estaba junto a ella. Soñaba pasar días enteros, enredada en sus brazos. Y se asombraba por como él iba manejando la situación, por como tomaba el control de todo. Sentía como sus besos bajaban desde su boca, hasta su cuello. Ella dejó escapar un incipiente gemido, que acabó en los labios de él. En un momento, Tim, se separó de ella para quitarse la remera y hacerla a un lado. Luján simplemente estaba maravillada. El fuego se hacía cada vez más intenso dentro, se tornaba imposible de controlar. Luego la volvió a tomar de la cintura, pero esta vez, para quitarle la remera. Ella dejaba todo en sus manos, necesitaba dejarse llevar por las caricias que Tim le propiciaba de una manera exquisita. La apretó contra su pecho y le acarició dócilmente su pequeña espalda. Llevó sus manos hasta su sostén y ella dio un pequeño gruñido, que lo hizo sonreír. A su vez, Luján bajó sus manos, disfrutando del bello negro de él entre sus dedos. Desabrochó el botón y, luego, bajó el cierre, dejando que el jean de Tim cayera al suelo.
La luna se filtraba por la ventana, iluminando el lugar exacto en donde ellos estaban. Tim recorrió con su dedo toda su cintura, haciendo que se estremeciera, para despojarla de su jean. Luján temblaba. Si Tim no la estuviera sujetando, de seguro se habría desvanecido hace mucho. Sus manos en su piel, sus cuerpos confundidos, era una agonía. Una dulce agonía. Él se encargó de librarse de su bóxer y, recostándola en la cama, le quitó las bragas, para acomodarse sobre ella. Ambos se unieron, se transformaron en uno. Una sensación mágica y tenaz los invadía por completo. Ambos se entendían a la perfección. Tim era quien llevaba el control y Luján se limitaba a seguirlo en cada movimiento. Con toda la delicadeza y dulzura del mundo, Tim y Luján estaban haciendo el amor, sin prejuicios, sin culpas, sin dolor. Esa habitación era el refugio perfecto para sus jadeos, sus besos y sus caricias. No había nadie más que ellos dos.
Fundidos en un ritmo que se tornaba cada vez más vertiginoso. La cama no parecía lo suficientemente grade para albergar tanta pasión escondida. Cada centímetro de sus cuerpos se conectaban en forma única. Estaban hechos el uno para el otro.
Tim se acomodó suavemente sobre el agitado cuerpo de Luján. Las sabanas estaban arrugadas, a un costado de ellos, mientras que por toda la cama había secuelas encendidas de lo que acababa de pasar. Él estiró su brazo y alcanzó una sabana para cubrirlos a ambos. Miró a sus ojos brillantes y la besó dulcemente, en tanto la cobijaba. Luján se recostó con su pecho y se aferró a él, como queriendo no despegarse nunca más de su lado. Los ánimos fueron apaciguándose lentamente, sumiéndolos en un sueño profundo. En el mejor de los sueños que ambos podrían haber deseado…

Something In Me Was Dying: 14ª Parte

Algo cambio esa mañana. Se sentía distinto. Extrañaba a Julia, pero había algo que lo aliviaba. Alguien. Esa Luján había logrado cambiar su vida con sus torpezas y sonrisas.
En lo que iban de esas dos semanas, había logrado romper dos platos, cuatro tazas y una bandeja, que le obsequiara su madre. Sin embargo, no podía culparla de eso, él también estaba implicado en aquel asunto. Siempre se le antojaba molestarla, justo cuando estaba cocinando, y como consecuencia de sus bromas a Luján siempre se le caía algo al suelo. Era gracioso verla. Lo divertía mucho. También le era de mucha compañía: se la pasaban horas y horas hablando en la playa. Sobre la vida, el trabajo, la música y sobre Julia.
No podía olvidarla. Su figura estaba muy presente aún. Y había hablado mucho acerca de ella, pero notaba un extraño malestar en Luján, cada vez que la nombraba. Lo escuchaba y lo aconsejaba. Pero sus ojos se volvían molestos para con él, cuando tocaba ese tema. No entendía muy bien que era lo que le molestaba al hablarle de ella, si Luján no estaba… ¿no lo estaba? ¿No se había enamorado de él en esas semanas? Era una idea descabellada, ¿o no? Y ahora que lo pensaba, ella lo miraba de una forma especial, lo trataba de una forma especial, cuidaba de él de una forma…Eso era imposible. No podía haberla enamorado. Había sembrado ilusiones que jamás podría cumplir. Esa mujer estaba mejorando su vida, pero lo amaba. Lo amaba. O tal vez eran alucinaciones suyas y ella solo le tenía aprecio. Qué podía saber él. La única chica que había conocido fue Julia. No podía adivinar si alguien estaba enamorado o no. Aunque los ojos de Luján brillan demasiado cuando está cerca de ella… No iba a quedarse con esa duda.

Luján aprovechó que a Karen se la había llevado Justin (alguien que le pareció más simpático en persona), para sentarse en la playa un momento, antes de marcharse. Era la primera vez en dos semanas que se quedaba a solas con Tim. Y eso la ponía muy tensa. Había logrado que él confiara en ella, pero más allá de eso, lo amaba y tarde o temprano él se daría cuenta. Pero no estaba lista para que lo descubriera. Se sentía muy cómoda y feliz estando allí. Estando con él. Compartiendo cada momento. Amaba sus charlas junto al mar; que la sorprendiera en la cocina, en complicidad con Karen e hiciera que acabara por romper alguna cosa.
Le parecía extraño el giro que había tomado su vida, desde la madrugada en que encontró a Karen. Ahora era la confidente de Tim, algo que jamás hubiese imaginado que fuese a pasarle. Aunque en realidad, sí. Pero antes había un enorme océano que los separaba. Ahora eran solo unos metros de distancia. Hundió su cabeza en sus piernas y comenzó a sonreír. Como hace dos semanas lo venía haciendo sin poder parar. Él la hacía sonreír, él la hacía feliz. No podía pedir más que lo que estaba recibiendo. Algunas veces, inconscientemente, rogaba porque Tim se diera cuenta de que la amaba. Que había podido superar la muerte de su esposa y que le pidiera no alejarse nunca de él. Pero Tim se había encargado de dejárselo muy en claro: él la amó, la amaba y la amaría hasta el día en que ambos pudieran volver a reunirse. Siempre terminaban hablando de ella. Le hablaba de lo feliz que eran, de sus planes para el futuro, de lo vivo que lo hacía sentir. Y Luján intentaba disimular lo más que podía su malestar, para que Tim no sospeche, pero algunas veces era inevitable.
Su sonrisa se desdibujó y elevó su cabeza hacia el mar. Era una noche de luna llena. Perfecta. Los últimos días de Junio eran bastante calurosos, por lo que el mejor lugar para estar era allí mismo, frente al mar…junto a Tim.
-Bonita noche, ¿no?-Le susurró Tim e hizo que temblara al escuchar su voz tan próxima a su oído. Luego se acomodó junto a ella. Muy junto a ella.
-Sí.-Sonrió.-Aquí no se siente tanto el calor…-Era un comentario bastante estúpido, pero no se le ocurrió algo mejor que decir.
-La verdad sí. Por eso me pareció que era mejor venir a vivir en Bexhill, cerca del mar.-Comentó, distraído.- ¿Y tú? ¿Por qué viniste a vivir aquí?
-Porque aquí vive mi prima, Paloma. Pensaba quedarme en Londres, pero las cosas no salieron como lo esperaba.
-Ah… ¿y de dónde eres? Porque no pareces ser inglesa, ¿o me equivoco?
-No, no te equivocas. Yo soy argentina. Vine aquí hace casi dos meses.
-¡Eres argentina, eh!-Exclamó sonriente.- ¡Maradona!
Luján comenzó a reír a carcajadas por la forma tan inglesa en que pronunció ese nombre.
-Sí, Tim, Maradona.-Dijo entre risas.
-Ustedes hicieron trampa… ¡Ese gol fue con la mano! ¡Con la mano! –Le señaló la suya, lo que la hacía reír más aún.
-Bueno, ya Tim…-Decía sin poder dejar de reír.
-Son unos tramposos. Tramposos…-Comenzó a susurrarle al oído, a medida de que se aproximaba más y más. Luján reía, pero de los nervios y el cosquilleo que le generaba tener a Tim a centímetros suyo.-Son tramposos, se quedan con todo…-Las carcajadas se extinguieron por completo, mientras él respiraba sobre el hombro de Luján.-¿No es así?
-Ehh…Tim…-Intentaba, sin demasiado esfuerzo, separarlo de su lado.
-Dime Luján… ¿te has enamorado alguna vez?-Susurraba, pegándose al cuerpo de Luján.
-Bueno, Tim…yo…-Miraba fijo al inmenso mar, pero sabía que pronto perdería la poca cordura que conservaba y mandaría todo al diablo. Tim, por su parte, comenzaba a acariciar suavemente su cintura. Lo que la hacía sentir muy bien.
-¿Amas a alguien, Luján? Necesito saberlo.-Con su otro brazo, la abrazaba por la espalda y rozaba su nariz entre los rulos de su cabello.
-No entiendo para que quieres saberlo.-Dijo temblorosa por la cercanía que tenía con él. Comenzaba a sentir un leve escalofrío por la espalda. Era Tim, que se la estaba acariciando, como lo hiciera sobre su cintura. No podría aguantar mucho tiempo, no resistiría mucho más la tentación de devorar los labios de Tim Owen.
-Porque te quiero solo para mí.-Elevó su mano por sobre el cuerpo de Luján, acariciándola gradualmente, hasta posarla sobre su rostro. La tomó de la barbilla y giró su rostro hacía él, para poder mirarla a sus bellos ojos marrones.-Te necesito, Luján.
Tim fue acercándose a los labios de ella muy lentamente, como queriendo hacerla esperar un poco más todavía. Le besó suavemente el labio inferior, para luego apoderarse de su boca y besarla apasionadamente. Y así fue. Sus labios se iban acomodando suavemente a los de Luján, tomando el control de la situación. Poco a poco, con cada movimiento, comenzaba a tornarse más frenético, intenso, apasionado, desesperado. Luján se sujetó de su cintura, mientras él enredaba los dedos entre sus cabellos.
Ese beso significaba la concreción de algo que no se animaba a admitir. Ella lo había cambiado. Su mundo, su vida, su corazón. No creyó que volvería a experimentar ese ardiente deseo de tener a una mujer junto a él. Luján había despertado todos los sentidos que se habían muerto, junto con Julia. Había algo que hacía que no pudiesen separarse. Ella subió sus manos, hasta rodear el cuello de Tim, mientras él las bajaba hasta su cintura y comenzaba a inclinar su cuerpo. Luján no sabía si podría seguir viva después de aquello. Había soñado con sus besos, con sus caricias…ahora estaba a la orilla del mar, teniendo sobre ella el suave peso de su cuerpo. Él acariciaba cada parte de su cuerpo, en tanto no podía de dejar de besarla. En ella estaba el aire que necesitaba para seguir respirando. Esa extraña que lo estaba volviendo loco. Luján volvió a bajar sus manos, para recorrer la extensa espalada de Tim y darse el gusto de acariciarlo como se le antojara. Ya no le importaba las consecuencias de aquello y que tan mal podía llegar a estar hacerlo con él. No le importaba. Las caricias de Tim hacían que olvide todos los prejuicios y temores que había dentro de ella. Y cuando creía que él la haría suya, fue este quien comenzó a separarse lentamente de ella. Alcanzó a besarle suavemente el cuello, para terminar acostado, a su lado.
Tal vez la culpa, el miedo o algo hacía que se vuelvan a separar. Luján estaba segura de que había entrado al cielo mismo, de la mano de Tim. Estaba exultante de felicidad. No pudo disimular la sonrisa que había en su rostro. Pero él permanecía en silencio, solo miraba las estrellas. Esas que habían sido testigo de ese magnífico y maravilloso beso, que había concretado todos los sueños que ella llevaba dentro.

Something In Me Was Dying: 13ª Parte

La noche anterior no había logrado concebir el sueño. Simplemente no quería. No quería darse cuenta de que eso era un sueño. Un sueño que se estaba volviendo realidad. Paloma se había sorprendido de la misma manera que ella, cuando le contó sobre su nuevo trabajo como niñera. Le parecía extraño, ¿y a quien no? Su cabeza no la dejaba en paz. Pensando, imaginando, proyectando todo tipo de posibilidades. La diferencia era que Tim estaba en ellas: realmente lo estaba. En carne y hueso. Metido en su vida, mucho más, a como lo estaba antes.
Y allí estaba: parada frente a la puerta de la casa. Apretaba su bolso con todas sus fuerzas, tratando de canalizar así sus nervios. Estaba ante las puertas del cielo, de eso estaba segura. Si alguien le hubiese dicho lo que iba a pasarle, un mes atrás, no le hubiera creído absolutamente nada. Le parecía ficticio o sacado de un bello cuento de hadas. De un día para el otro, lo encuentra y se mete en su vida, como si nada. Aunque lo deseaba. Deseaba con todas sus fuerzas que le pasara lo que le estaba ocurriendo: tener cerquita a Tim. Su amado Tim.

Karen aún estaba durmiendo, eran las ocho y media de la mañana. Él aprovechaba para estar un rato tirado en el sillón, bebiendo algo de té. Tarde o temprano llegaría Luján. Tendría que estar listo para recibirla… ¿qué tendría de bueno tenerla en la casa? Mucho. Lo ayudaría con Karen, con la casa… ¿tan solo eso? ¿Sería una empleada más? ¿Por qué diablos estaba pendiente de su llegada? ¿Por qué…?
Ding dong.
Ni bien escuchó el sonido del timbre, saltó del sillón y se acomodó la ropa, intentando parecer lo más arreglado posible. Era ella. Era Luján. Abrió la puerta y la encontró igual de temerosa que las anteriores veces que se habían visto, solo que esta vez…estaba peor. Y eso lo divertía bastante.
-¡Luján! ¡Hola! ¡Pasa!-Saludó él, muy amablemente.
-Hola.-Sonrió tímidamente ella.-Permiso.-Fue entrando despacio a la sala, mientras Tim cerraba la puerta detrás.
-Karen está durmiendo aún.-Informó.-Puedes sentarte en el sillón o comer algo…
-No. Gracias. Estoy bien…aquí.-Se sentó rápidamente sobre el sillón.
-Bien.-Sonrió Tim.-Yo iré a ducharme. Cualquier cosa…me avisas…
Desapareció de su vista en segundos. En realidad la tentaba mucho entrar en la ducha y bañarse junto a él. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Pero debía contenerse. Él no estaba bien y ella era una extraña. Eso tenía que grabárselo muy dentro y no olvidárselo: ella no significaba nada para Tim, por mucho que le doliera, era así y no había nada que hacer contra ello.

Something In Me Was Dying: 12ª Parte

Toda la mañana y toda la tarde estuvo expectante, mirando a todos lados, por si Tim y Karen aparecían. Esta vez, Kelly no la molestaba como días anteriores y eso era un muy buen augurio. Cerca de las seis de la tarde, mientras estaba atendiendo una mesa que se encontraba afuera, vio como el imponente auto negro de Tim estacionaba frente al café. Su corazón dio un pequeño salto al verlo y una sonrisa iluminó su rostro. Aunque por poco se le caen los pasteles que estaba sirviendo, lo cual molestó a Kelly. Pero no tenía importancia alguna: Tim estaba allí.
-¡Luján!-Gritó Karen, prendiéndose de ella, para abrazarla.
-Hola.-Sonrió Tim, de mucho mejor semblante que el día anterior.- ¿Cómo estás?
-Hola, Tim.-Saludó sonriente.-Estoy bien, ¿y tú?
-Bien, gracias.
-¡Quiero una gaseosa!-Exclamó Karen, a lo que Luján respondió volviéndose al local, para buscar lo que le había pedido.
Ambos se acomodaron en una de las pequeñas mesitas que estaban afuera. Karen se había quedado quieta, para observar el mar, mientras Tim observaba el movimiento del café, sorprendido por ver tanta gente por allí. Aunque era lo más normal. El verano estaba próximo a empezar y las clases habían terminado hacía varias semanas ya.
-Aquí esta su gaseosa señorita.-Sonrió Luján, dándole la bebida a Karen.- ¿Quieres algo Tim? –Le parecía raro tratarlo con tanta confianza, que se sentía desubicada.
-No, gracias.-Sonrió.-Así estoy bien. Luján retomó su trabajo, dejándolo pensativo otro buen rato: ¿qué había en ella que le daba tanta paz? ¿Por qué le parecía especial? ¿Por qué se había metido en su vida?…
-Papi, ¿puede Luján pasear con nosotros?-Interrumpió Karen.
-No, nena. Ella está trabajando.
-Pero me gustaría que ella venga con nosotros. Es muy buena y me quiere mucho.
-Pero tiene un trabajo, cielo…
-¿Pasa algo?-Irrumpió Luján, igual de sonriente como al momento que llegaran.
-Quiero que vayas a pasear con nosotros, ¿quieres venir?-Se anticipó Karen, muy entusiasmada con la idea.
-Me gustaría mucho, pero tengo que trabajar…-Dijo apenada, porque a ella también le parecía una buena idea.
-¡Luján!-Gritó Kelly, detrás del mostrador.- ¡Ven a trabajar!
-¡Ya voy!-Respondió, maldiciéndola por lo bajo.- ¡Espera un poco!
-¡Ya me cansaste Luján!-Fue lo último que gritó. Segundos después vio que traía su bolso consigo…-Estás despedida.-Se lo tiró encima. Dio media vuelta y se fue, mientras ella quedó pasmada, aturdida…Esa maldita se había salido con la suya: despedirla. No la soportaba, nunca intentó ser una compañera, más allá de los miles de intentos que hiciera Luján para tener una mejor relación. Fantástico. Ahora era una desempleada más. Genial.

Tim miró sorprendido a la mujer rubia que se metía dentro del lugar. Luego posó su mirada en Luján, que estaba visiblemente abatida.
-¿Qué pasó, Luján?
-Me despidieron.-Contestó, sin mucha gracia. Se quitó el delantal que llevaba puesto y lo tiró a un lado.
-Lo siento.-Dijo apenado. Karen lo miraba a él, como buscando una explicación a la escena que acababa de presenciar. Luego dejó su gaseosa y se acercó a Luján, quien permanecía estática, frente a la mesa de ellos.
-No te pongas triste.-Le tomó la mano, a lo que ella sonrió.-Ya encontrarás un nuevo trabajo. ¡Ya lo verás!
Luján acabó por abrazar a esa pequeña, que con sus palabras le estaba haciendo mucho bien. Había algo extraño que hacía que quisiera demasiado a Karen. Iba más a allá de lo que sentía por su padre, más allá de todo. Ella había logrado conquistarla totalmente.
-Será mejor alejarse de aquí…-Dijo ella, apartándose de Karen. Tim dejó sobre la mesa lo que valía la bebida y se dispuso a seguir a su hija y a Luján, que comenzaban a marcharse. Logró, por primera vez, observarlas detenidamente: se veían como dos amigas, confidentes, hermanas. Podía notar la confianza que tenía la una por la otra, que lo sorprendía. Quizás, después de la muerte de Julia, su hija necesitaba una figura femenina en su vida y la eligió a Luján para ello… ¿por qué? ¿Qué había encontrado en ella, que no hubiese encontrado en otra mujer?
Una vez que se unió a ellas, estaban discutiendo. Seguramente Karen había tenido una de sus geniales ideas y Luján no estaba de acuerdo con ella.
-¿Se puede saber qué pasa?-Sonrió Tim, buscando las llaves de su auto.
-Lo que pasa es que ella no quiere que la ayude…
-Karen, por favor…
-¡No! ¡Si es cierto!-Exclamó la niña.- ¿Por qué no vienes a trabajar a mi casa? Así podría estar todo el día contigo…Por favor, Luján.
La idea de su hija lo tomó mucho más de sorpresa, que su incipiente cariño a esa desconocida. ¿Acaso estaba él preparado para estar con otra mujer, bajo el mismo techo? ¿Por qué esa idea lo estaba alterando? ¿Por qué se estaba haciendo estás preguntas?
-Disculpa, Tim. Es que Karen tiene cada idea que…
-A mi no me parece mala idea.-Espetó. Sin pensar. Y por eso lo había dicho: porque no había pensado. ¿Cómo se le ocurrió decir aquello? ¿Qué estaba pasando con su control?
Luján se vio más sorprendida que él. Su rostro la delataba. Sus ojos se abrieron como dos platos y movía la boca, pero no alcanzaba a decir una palabra.
-Bueno…es que…si a ti no…yo no quisiera…-Balbuceaba, sin encontrar una respuesta adecuada, que no delatara su emoción.
-¡Solo di que sí, Luján! ¡Di que sí!-Karen comenzó a saltar frente a ella.
-Sí.-Fue lo único entendible que salió de su boca.-Acepto.-Sonrió, al fin.
-Mañana te espero.-Una amplia y extraña sonrisa se dibujó en el rostro de Tim. Pero ella no alcanzó a adivinar qué significado tenía eso.
Ella asintió con la cabeza. Mientras la tarde caía sobre Bexhill, Luján había sido despedida de su reciente trabajo. Pero nunca imaginó que una despedida la haría tan feliz como aquella: gracias a Kelly, trabajaría en la casa de…Tim. Tenía que pellizcarse una y otra vez para creer lo que le estaba pasando. Estaría con el hombre de sus sueños. En su casa, cerca de él. Aunque él no supiera, no sospechara de lo locamente que lo amaba. Estaría junto a él, solamente unos metros los separarían…pero estaría lejos a la vez. Él estaría en el pasado y ella ansiando un futuro a su lado…

Something In Me Was Dying: 11ª Parte

Fue él quien terminó con ese tierno abrazo. Ella prefería pasar el resto de sus días en los brazos de Tim, protegida por él. Pero en algún momento tendría que acabar. Y acabó. Él se alejó y fue hacía el ventanal de la sala. Se quedó quieto, mirando las olas y la playa desierta.
Luján, en cambio, lo miraba a él. Lo admiraba. Sentía en su pecho aún el calor del cuerpo de Tim. En sus brazos había quedado la marca imborrable del suave tacto de su piel. Su corazón latía enloquecido y él apenas si notaba su presencia. No había mucho que pudiera hacer…en su mente y en su corazón, ella estaba viva.
-Gracias.-Espetó y la tomó por sorpresa, como el día que lo conociera. Como el día que sus ojos azules la encandilaran por completo.-Gracias por cuidar de Karen…y por intentar ayudarme.-Volvió su mirada hacia Luján.
-De nada. Tim.-Le costaba hablar luego de lo que sucediera, minutos antes.-Cuenta conmigo.-Sonrió.
-Ojala pudieras ayudarme…-Suspiró y centro su mirada en el inmenso mar, otra vez.-No me gusta sentir lo que siento, pero me acostumbraré.
-No tienes por qué pensar así.-Dio dos zancadas, hasta quedar a su lado.-Tienes que mirar al futuro. Estas cosas pasan. Y te pasó a ti, pero no puedes dejar vencerte, tienes que luchar. Piensa en Karen…
-Soy consciente de ello.-Interrumpió, posando sus ojos en ella.-Pero no puedo, por más que quiera, no puedo.
-Pero…tienes amigos…Justin, Greg…
-¿Cómo sabes de ellos?-Dijo extrañado.
-Ustedes tres tienen un grupo. Son famosos.-Explicó, con naturalidad.- ¡Claro que los conozco! ¡Todos los conocen! –Sonrió.
-Ellos ya lo han intentado…-Retomó.-Pero es inútil. Supongo que los años sanaran mis heridas. Mientras tanto…
-No te des por vencido, Tim.-Dijo, resignada por la testarudez de él. Tim sonrió como respuesta. Ambos se quedaron allí, sobre el ventanal, mirando el mar. En silencio, hasta que Karen despertó. Y cada uno volvió a concentrarse en lo suyo: él a lidiar con su dolor y ella a jugar con la niña.

Tim se encargó se llevarla de regreso a su casa. Había algo en ella que le llamaba la atención, pero no sabía bien que era. Se había ofrecido a ayudarlo, sin preguntar. Le había dado consejos, había cuidado de Karen…algo más tenía que haber detrás de ella. Luján. Un nombre que jamás había escuchado. Por lo menos, en toda Europa.
-Gracias.-Sonrió tímidamente, bajando del vehículo.-No tenías por qué traerme, pero gracias…
-Gracias a ti. Enserio.-Sonrió también.-Cuidaste de mi niña y eso es importante para mí.
-De nada…-Susurró. Cuando estaba por despedirse definitivamente, muy a su pesar, escuchó que Tim le hablaba de nuevo.
-Pasaremos por el café mañana. ¿Hasta qué hora estás?
Luján quedó petrificada por enésima vez, en todo el día. No estaba equivocada, lo volvería a ver. Volvería a ver a Tim. Lo que hizo que en su rostro se dibujara una sonrisa imposible de ocultar.
-Hasta las nueve.-Respondió, mucho más sonriente que de costumbre.
-Iremos por la tarde. ¡Adiós!-Saludó, poniendo en marcha el auto. Ella quedó con su mano en el aire, como una completa estúpida, como una boba. Pero no le importaba en lo absoluto. Volvería a verlo. Nada podía hacerla más feliz que eso.