Peter fue a despertar a su madre mientras Lily se quedó en la cocina, lavando las tazas. Ese momento que compartieron había esfumado todas sus dudas sobre él. A leguas se notaba que era un buen hombre, pero que cometió un error. Jamás se hubiese imaginado que le caería tan bien a un extraño y que causara la misma impresión en ella. No entendía del todo porque sonreía como una tonta al pensar en Peter. Era extraño, pero hermoso. Hacía tiempo que Lily no se sentía así: enamo…contenta. Eso era. Contenta. Sonriente. Feliz.
Escuchó que alguien bajaba las escaleras a las apuradas, prácticamente a los saltos.
-Lily llama a un médico.-Irrumpió Peter, agotado por la corrida previa.
-Sí, claro.-Se apuró a buscar el teléfono.- ¿Qué pasó?
-Mamá tiene fiebre muy alta. Estaba gimiendo cuando llegué.
Algunos minutos después llegó el doctor Wood, quién era conocido de Betty Williams desde hace varios años. Al parecer él también conocía a Peter, porque lo saludó muy afectuosamente.
-Me temo que Betty tiene angina.-Informó el doctoral salir del dormitorio de ella.-Debes darle estas píldoras. Cada ocho horas.-Sacó de su portafolio unas cajas de medicamentos.-Y, sobre todo, tiene que hacer reposo durante una semana. ¿Entendido?
-Claro Arthur. Yo cuidaré de ella.-Contestó Peter.-Gracias por haber venido. Tú siempre tan amable con mi madre.-Sonrío.
-Bueno…-Carraspeó este.-Ya sabes. Aprecio mucho a Betty.-Se ruborizó.
-Ya lo sé.-Lo condujo hacia la entrada de la mansión.-Gracias por todo.-Lo despidió.
Una vez que estuvo solo, comenzó a pensar en quien podría ayudarlo a cuidar de su madre. No podría pasar el tiempo completo con ella, porque debía hacer algunos trámites allí. Negocios otra vez.
En ese instante recordó a la otra empleada, Amy .Ella vivía allí. Ella podría estar con su madre. Pero sus planes se derrumbaron al recordar que el día anterior le había avisado que tendría que irse por unos días a casa de un familiar en Battle.
Maldita sea. Y ahora quien…Lily. Ella si podría quedarse unos días en la mansión. Ella era la solución a sus problemas. Era la indicada.
Se encontraba en la habitación, junto a Betty, cuando Peter llegó con la noticia. No tuvo más remedio que aceptar lo que le ofrecía. Eso significaba unas cuantas libras extra, pero también implicaba dormir en la mansión. Implicaba estar cerca de Peter, todo el tiempo. Aunque era absurdo preocuparse tanto por ello. En definitiva era un extraño. El hijo de la señora Betty. Un chico rico que jamás se fijaría en ella. ¿Qué estaba diciendo? ¿Acaso se había vuelto loca ó qué? Debía sacarse esos raros pensamientos de su mente. Era imposible que en dos días ya le gustara Peter. O peor aún: que se haya enamorado. Imposible.
¿Justo Amy tenía que irse? ¿Cómo le digo a Sam? ¿Por qué a mí? ¿Por qué? Suspiró. Las preguntas parecían querer hacer explotar su cabeza. Apenas si podía distraerse mirando a través del vidrio del autobús. Las personas yendo y viniendo por las calles. Los edificios, los autos y las motocicletas perdiéndose entre las luces artificiales. Un paisaje urbano.
Llegó a su casa y encontró a Sam preparado para irse, pero sentado en el comedor, con el control remoto en su mano.
-¿Qué tal tu día?-Sonrió Sam.
-Bien.-Se sentó a su lado y lo besó a modo de saludo.-Tengo que contarte algo.
-Sí, ¿qué pasa?-La miró extrañado.
-La señora Williams está enferma. Y me pidió que la cuidara toda la semana, ya que debe hacer reposo y…
-¿Tienes que quedarte allí?-Interrumpió él.
-Sí. Es solo una semana. Hasta que ella mejore.-Explicó.-Gracias a eso habrá algo más de dinero a fin de mes.
-Bueno.-Suspiró.-Es trabajo, ¿no?
-Pensé que te enojarías.-Murmuró Lily.
-Jamás podría enojarme contigo.-La besó otra vez.
Y era cierto. Sam no podía enojarse con ella. No después de todo lo que hizo por él. Además no tenerla en casa durante una semana, le facilitaría muchas cosas. Sus amigos podrían estar allí todo el tiempo que quieran, sin que Lily sospeche nada. Si lo que planeaban salía bien, podría darle la vida que ella siempre quiso. Pero era necesario que esto se concrete para poder lograrlo.
Ella significaba todo para Sam. Era su ángel, la que estaba en todo momento al lado suyo, inclusive en los peores. Lily era la razón de su vida, aunque no lo demostrara con sus actos. Cada vez que intentaba ayudarla, empeoraba todo. Siempre se metía en problemas. Y ella siempre estaba ahí, para sacarlo de ellos. Por eso siente que debe recompensarla. Que ambos sean felices de una buena vez. Devolverle todo lo bueno que le brinda día a día.
Este sería el último problema en el que se metería. Esta vez no podía salir mal. Llevaba meses planeando el secuestro. Nada podría salir mal. Nada iba a salir mal.
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