-Luján yo…
-Explícame que fue lo que acabo de oír.-Se apresuró a interrumpir. Dio unos pasos hasta el sillón, pero no se atrevió a enfrentar a Tim.
-Se que piensas que soy un estúpido y tienes razón. Pero yo solo…
-¿Te gustaba llevarme a la cama, no es así? –La indignación corría por sus venas.
-No es eso, Luján. No quise utilizarte…
-Pero lo hiciste.-Cortó inexpresivamente.
-Lo que siento por ti va mucho más allá de mi cama. Has mejorado mi vida en todos sus aspectos. Me encanta estar contigo. Siento que eres la única persona en la que puedo confiar mi vida. Yo te quiero Luján.-Dio dos zancadas y se puso frente a ella, que parecía una estatua frente a él. Intentó tomarle la mano, pero Luján retrocedió.
-No me mientas, Tim. Por favor, no lo hagas.-Se atrevió a mirar la inmensidad sus ojos azules.-Solo dime que te gustaba pasar el rato conmigo y terminemos con todo esto de una buena vez.
-¡No es así! –Exclamó.-Luján créeme que yo…-La imagen de Julia regresó a su cabeza, antes de que pudiera decir algo más. La necesitaba. Era a ella a quien buscaba en brazos de Luján. Sus manos querían encontrarla, su boca quería besarla a ella. Pero a quien encontraba era a Luján, a quien le hacía el amor era a ella y no a su esposa.
Supo que no la había olvidado. Supo que la amaba más que antes. No podía mentirle más a Luján. Tenía que dejarla ir, si no quería que sufra más de la cuenta. Ya bastante tenía con lo que había pasado en ese último mes.
-¿Qué? –En un lugarcito de su alma, tenía la esperanza de que se haya dado cuenta que la amaba. Tal vez este último mes le había servido para darse cuenta de ello. No estaba prepara para alejarse de Tim. No quería alejarse de él.
-Yo todavía pienso en Julia. Quizás no me di cuenta antes, pero inconscientemente la buscaba en ti.
Luján sintió como su corazón explotaba en mil pedazos. Tim no podía estar diciéndole aquello. No podía decirle que solo buscaba a su esposa en ella. Él no era así. No le haría semejante daño.
-¿Qué? ¿Qué todavía…todavía la amas? –Estaba confundida y desorientada.
-Sí, la amo. No voy a dejar de amarla nunca.-Algo en esas palabras le sonaba a mentira. Desde que Julia muriera, siempre lo había afirmado. Pero esta vez era diferente: no sentía que su corazón le esté dictando aquello, sino su cabeza. Al parecer su corazón opinaba todo lo contrario a lo que salía de su boca.
-¡Hijo de puta! –Elevó su mano y le dobló la cara de un cachetazo, llena de furia y rencor.- ¡Me usaste! ¡Me metiste en tu cama para nada! ¡Eres un hijo de puta Tim Owen! ¡Ojala no tenga que volver a cruzarme contigo jamás! –Gritaba, pero no lo sentía. Sabía que tarde o temprano terminarían así. Estaba preparada para que así acabara su sueño…una mentira más.
De ningún modo estaba preparada a para dejarlo ni para que la deje. Estaba convencida que desde esa noche, nada los volvería a separar. Todo lo que había hecho era para conquistarlo, para sanar las heridas que sangraban en su corazón. Pero no había alcanzado: Julia estaba muy viva entre ellos dos. No podía hacer más que alejarse, el dolor que le quedaría de por vida sería irreversible. Él ya no la necesitaba a su lado. ¿Qué más podía hacer? Nunca significó nada para Tim. Y era lo que más le dolía: no significaba nada.
-No fue mi intención…
-¡No quiero oírte más, desgraciado! ¡Vete tú y tu maldita tristeza a la mierda! –Giro furiosamente, mientras sus mejillas comenzaban a cubrirse de lágrimas. Pero sintió que la tomaba del brazo, otra vez, como la primera noche que pasaran juntos. Aunque ahora era diferente. Nada la haría regresar allí, donde tan feliz la había hecho.
-Luján, lo siento.-La obligó a mirarlo y vio como sus ojos estaban húmedos.
-No necesito de tú lastima.-Se soltó y salió de allí. No quería estar un segundo más, respirando el mismo aire que Tim. Sufriría y mucho. Lloraría la ausencia de él, lo que le quedará de vida. Ella estaba condenada a vivir en los recuerdos de semanas hermosas y caricias interminables. Nunca pensó que su historia terminaría tan abruptamente y de ese modo. Todavía no podía creer que Tim intentara encontrar a Julia en ella. Solo había jugado con su corazón, la había utilizado como a un juguete. No sabía para donde estaba yendo, pero cualquier lugar era mejor que junto a Tim, aunque pareciera irónico.
Luján solo caminaba, sin rumbo fijo. Su mente le daba vueltas, tanto que terminaría desmayada, a un costado del camino. No resistiría mucho sin Tim, no podría seguir. Por más que ese maldito solo se había divertido con ella, lo amaba. Jamás dejaría de hacerlo.
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