Kevin se quedó inmóvil sobre su cuerpo. Luego llegó Sam y la liberó de él. Estaba muerto. Sam lo había matado.
Se apresuró a vestirse, aún asustada por lo que había ocurrido. Nunca pensó que Kevin fuera capaz de algo así. Por lo menos en esos días no parecía tan mala persona. Más bien centrado y pasivo. Estaba claro que se había equivocado.
El cuerpo sin vida de Kevin permanecía allí tirado y Lily lo miraba sin poder creer todo lo que estaba ocurriendo. Sam lo había rematado y ella sintió que definitivamente se había quedado sola. Gracias a Sam, ese desgraciado no se había salido con la suya, pero…le disparó. En la espalda. Lo mató. Nunca lo había visto matar a alguien y, por el semblante que Sam tenía en su rostro, supo que era la primera vez que lo hacía.
-Vete adentro.-Ordenó Sam y ella se limitó a obedecer. Una vez que se había quedado solo, fue a enterrar el cadáver. Se sentía realmente extraño: era la primera vez que mataba a alguien. Muchas veces pudo hacerlo, pero no tenía sentido matar a personas inocentes. Pero Kevin era la excepción. Llevaba bastante tiempo de conocerlo y siempre había sido alguien tranquilo (por fuera), aunque en realidad era violento, cuando algo no salía como quería o alguien lo traicionaba. Así y todo era con quien más afinidad tenía. Era él quien planeaba los asaltos, cada fechoría que llevaban a cabo, había salido de Kevin. Era un hombre duro. Tal vez él aspiraba a convertirse así también.
Pero lo que acababa de presenciar no ameritaba menos que matarlo. De por sí, le parecía asqueroso tener que obligar a alguien para que se acueste contigo. Pero lo peor era que se había metido con Lily…y no podía permitir semejante canallada. Si no hubiese decidido pasar por allí antes de ir para la mansión, no hubiera podido salvarla. Verla tan desesperada, intentando zafarse de Kevin, gritando con la esperanza de que alguien la ayudara, lo había enfurecido. Estaba tan débil, encarcelada en las sucias manos de Kevin…no podía hacer otra cosa que volarle la cabeza. Juro que mataría por Lily, y esa noche acababa de cumplir su promesa.
Lily se quedó inmóvil en un rincón del pequeño cuarto, donde estaba Peter. Él apenas se estaba reincorporando, después del severo puñetazo que le diera Kevin. Estaba aterrada. Aún temblaba de miedo. Todavía sentía la desesperación y los nervios correr por su cuerpo. Nunca un hombre le había hecho algo semejante. Vivió muchos años en la calle, expuesta a todos los peligros habidos y por haber, sin embargo se había podido mantener sola. Hasta que conoció a Sam. Volvió a su mente la frase que alguna vez le dijera, luego de la primera noche que pasaran juntos…
-Juro que podría matar por ti Lily.-Le había susurrado, mientras ella se iba durmiendo de a poco.
Esas palabras habían vuelto con tanta claridad a sus oídos, que parecía poder escucharlo otra vez.
-Juro que podría matar por ti.-Volvió a escucharlo. Pero cuando levantó la cabeza, vio que Sam la estaba contemplando desde la puerta.
Ella se mantuvo en silencio.
-Y lo haría cuantas veces fuese necesario, Lily.-Se dio media vuelta y se fue. Lily se abrazó a sí misma y volvió a hundir su cabeza entre sus piernas y se quedó así durante el resto de la fría noche. Llorando en silencio.
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