Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

miércoles, 9 de junio de 2010

New One: 11ª Parte

La angustia de Betty crecía con el correr de los días. Estaba pendiente del teléfono todo el tiempo, mientras buscaba la forma de juntar el dinero tan rápido como le fuese posible. No comía. No dormía. Estaba muy debilitada. Intentaba ser fuerte. Pero no podía. No quería. Quería correr, huir. Encontrar a esos desgraciados que se lo arrebataron y matarlos. Quería despertar de esa horrible pesadilla y ver a su hijo junto a ella. Era demasiada presión sobre sus espaldas. Y no estaba segura de poder soportarlo por mucho tiempo.
A su vez, Lily intentaba tranquilizarla, al menos, aunque era inútil. Ella parecía estar más fuerte, firme, segura. Aunque solo era un caparazón, que la mantenía de pie. La realidad era que lloraba por las noches. Imploraba por una solución divina, inmediata…algo que lo devolviera sano y salvo. Su miedo crecía. Crecía de la misma forma que su amor.
Ya no podía negar que estaba enamorada de Peter. Lo necesitaba. Quería volver a verlo. Deseaba que todo acabe para tenerlo junto a ella otra vez.
En cuanto a Sam, no sabía mucho. Le parecía extraño que no la haya llamado siquiera, recriminándole no haber vuelto a la casa, una vez cumplida su tarea en la mansión. En todos esos días solo tenía un mensaje en el contestador en el que le informaba que tenía que trabajar toda la semana y no regresaría a casa. Raro en él. Siempre estaba pendiente de ella. Y ahora sin decir nada…desaparece. Su excusa no la terminaba de convencer. Había algo más. Estaba segura. Tenía bastante con el secuestro y, para colmo, Sam desaparece de la nada…La voz. Lily se sentó en su cama y se mantuvo inmóvil unos segundos. Debía procesar toda esa información que daba vueltas en su cabeza. Y tendría que comenzar por la noche del secuestro.
Bien.
Eso había sucedido hace unos cuatro días. Ella estaba junto a Peter. Vinieron unos tipos y se lo llevaron. Esos tipos. Recordó que uno de ellos la había llamado por su nombre, pero no lo alcanzó a ver porque tenía miedo de que la fuera a lastimar. ¿Qué fue lo que sintió al escucharlo?...le sonaba familiar. Era eso. Conocía esa voz. Estaba muy turbada en ese momento como para reconocerla al instante. Pero a alguien que conocía le pertenecía esa voz… ¿podría ser que…?
Ahora, Sam. Él ni siquiera se había aparecido en esos días. Esa noche intentó llamarlo, pero no tuvo respuesta. Solo sabía que se había ido a trabajar por una semana y no estaría en la casa. ¿Cuando él la libraba así? ¿Siempre estaba muy al pendiente suyo? ¿Por qué ahora se comportaba así? La única vez que la había tratado de ese modo fue cuando vivían en la anterior casa, fue cuando…
No.
Sus pensamientos se detuvieron de golpe. Todo estaba tan claro ante sus ojos. Reconoció la voz, pues le pertenecía a…a Sam. Lo que había comenzado como un disparate, estaba tornándose real. Eso explicaba su actitud despreocupada y ausente. Justamente cuando raptan a Peter. No. No de nuevo: Sam se había metido en un problema. Solo que esta vez era más grave…secuestró a Peter.
¿Cómo no lo había notado antes? Pero... ¿por qué? ¿Para qué? Si estaban bien, porque diablos tenía que complicarlo todo de nuevo. Estaba más confundida que antes.
La desesperación y la decepción la embargaban. Quién creía el amor de su vida, seguía siendo el mismo delincuente de siempre. Ni ella ni todo el amor que le brindó ni nada lo harían cambiarse sentía una tonta por haber confiado en Sam. Por haber creído alguna vez que cambiaría para bien.
Pero ahora no tenía tiempo para lamentarse por el patán de Sam. Tenía que buscar la manera de salvar a Peter. Era la única que podía hacerlo estaba decidida a hacerlo. Cueste lo que cueste.

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