A medida que la luz del sol iba alumbrando el cuarto, Luján comenzaba a abrir los ojos lentamente. No estaba en sus planes levantarse de la cama. Estaba muy cómoda, recostada sobre el pecho de Tim y acariciando el oscuro bello que lo cubría. Más feliz de lo que se sentía esa mañana de Julio, no podía estar. Lo tenía dormido, cansado e inmensamente hermoso, al lado suyo. Abrazado a ella, protegiéndola. Y más de lo que lo amaba, no podía amarlo más aún. Se sentía realizada, completa, satisfecha. Tenía ganas de que él despertara y todo comenzara otra vez, como sucediera la noche anterior.
Había logrado algo que nunca hubiese imaginado: llenar el vacío que su esposa había dejado. No estaba segura si Tim también la amaba, pero no tardaría en hacerlo. Con sus besos y sus infinitas caricias, le demostró que significaba algo más, que algo sentía por ella. No cabía en su cabeza que él fuera a estar jugando con sus sentimientos, solo por la necesidad de tener a una mujer en su cama. Y aunque estuviera cometiendo un error, no le importaba. Tim le había regalado la mejor noche de su vida, era más de lo que hubiese pedido. Si lloraba o sufría, tendría sentido. Además, Luján sería la única perjudicada, si se tratara de una equivocación por parte de él, solamente ella saldría lastimada.
Pero no era momento de buscar explicaciones o culpables: estaba despertando junto a Tim. Nada podría arruinar aquel momento tan glorioso. Su rostro se elevaba y volvía a bajar, con cada respiración de él. Se sentía tan bien allí, que hubiese querido detener el tiempo y quedarse así por el resto que le quedara de vida. Era la mañana más maravillosa que podría haber vivido y, estaba claro, jamás podría olvidarla. De pronto sintió como Tim la apretaba, aún más, contra su cuerpo y supuso que ya se había despertado.
-Buenos días, cariño.-Saludó Tim, poniéndose de costado, para mirarla.
-Buenos días.-Sonrió ampliamente.- ¿Dormiste bien?
-Muy bien.-Susurró, dándole un apasionado beso, que la tomó por sorpresa. Luego de ello, volvieron a hacer el amor, como si hubiesen pasado siglos sin sentirse el uno al otro. Algo en Luján le decía que aquello no acabaría nunca. Que todas sus noches estarían iluminadas por el rostro de Tim y que despertaría en medio de sus apasionados besos y sus cálidas caricias. El futuro que avizoraba no podía ser más alentador: estar con el amor de su vida.
-Creo que no la has pasado tan mal este fin de semana… ¿no, primita? –Paloma la escrutó con mucha atención y lo único que Luján pudo hacer es sonreír. No podía dejar de sonreír desde hace algunos días.
-La verdad…-Rió, avergonzada.-No. Pasaron cosas muy hermosas en estos días…
-Tim.-Le dio un sorbo a su taza de té.- ¿Qué pasó con él, Luján?
-Bueno.-Carraspeó. Los recuerdos de las horas y horas que estuvieron haciendo el amor regresaron a su memoria, y no podía evitar volver a sonreír.-Él y yo estuvimos juntos…y fue hermoso.
-Tu carita me lo dice todo, Luján.-La miró con ternura.-Pero, ¿sabes qué?...Me pone muy feliz verte así. Se cuanto amas a ese Tim y estoy contenta de que estén juntos…
-Gracias.-Se quedó en silencio unos segundos. Ahora que lo pensaba, Tim y ella no había formalizado o algo así. Solo se la habían pasado un fin de semana en su cama, pero eso no significaba nada. Aunque no veía en Tim a alguien que después de acostarse con una mujer ya le propusiera casamiento de inmediato. Tenía que darle tiempo, era eso lo que necesitaba, no que ella comience a pedirle formalidades.-Estamos yendo de a poco.-Contesto, luego de unos minutos.
-Ah.-Paloma no pudo ocultar su mueca de descontento.-De a poco.
-Sí. No quiero presionarlo. Perdió a su esposa no hace mucho. Lo que necesita es un poco de tiempo…
-¿Puedo darte un consejo? –Interrumpió.
-Claro, ¿cuál?
-Cuídate. Cuídate mucho, prima.-Sonaba preocupada.
-¿Porqué lo dices? Yo estoy muy bien.-No lograba entender a que conclusión quería llegar Paloma.
-Solo eso, Luján. Debes estar atenta. No tengo un buen presentimiento sobre ese Tim…
-Tranquila.-Sonrió, pero las palabras de su prima comenzaban a preocuparle.-Se con quien estoy tratando. No tengo miedo de salir lastimada. Tampoco me importa.
-Espero, Luján. Eso espero.
-¿Qué tal el trabajo? –Cambió el rumbo de la conversación, llevándola a terrenos menos peligrosos. Aunque no le había gustado en lo absoluto la forma en la que Paloma le hablara. ¿Por qué tuvo ese mal presentimiento? Pero no podía culparla, solo quería verla bien. Lo único seguro era que tendría que charlar eso con Tim. No habían podido hablar demasiado sobre que harían luego. No querían hablar. De todos modos, Luján no tenía escapatoria alguna: se había enamorado de él, mucho tiempo antes de conocerlo personalmente, y estaba dispuesta a perderlo. Porque no lo dejaría de amar por lo que le quedara de vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario