La noche anterior no había logrado concebir el sueño. Simplemente no quería. No quería darse cuenta de que eso era un sueño. Un sueño que se estaba volviendo realidad. Paloma se había sorprendido de la misma manera que ella, cuando le contó sobre su nuevo trabajo como niñera. Le parecía extraño, ¿y a quien no? Su cabeza no la dejaba en paz. Pensando, imaginando, proyectando todo tipo de posibilidades. La diferencia era que Tim estaba en ellas: realmente lo estaba. En carne y hueso. Metido en su vida, mucho más, a como lo estaba antes.
Y allí estaba: parada frente a la puerta de la casa. Apretaba su bolso con todas sus fuerzas, tratando de canalizar así sus nervios. Estaba ante las puertas del cielo, de eso estaba segura. Si alguien le hubiese dicho lo que iba a pasarle, un mes atrás, no le hubiera creído absolutamente nada. Le parecía ficticio o sacado de un bello cuento de hadas. De un día para el otro, lo encuentra y se mete en su vida, como si nada. Aunque lo deseaba. Deseaba con todas sus fuerzas que le pasara lo que le estaba ocurriendo: tener cerquita a Tim. Su amado Tim.
Karen aún estaba durmiendo, eran las ocho y media de la mañana. Él aprovechaba para estar un rato tirado en el sillón, bebiendo algo de té. Tarde o temprano llegaría Luján. Tendría que estar listo para recibirla… ¿qué tendría de bueno tenerla en la casa? Mucho. Lo ayudaría con Karen, con la casa… ¿tan solo eso? ¿Sería una empleada más? ¿Por qué diablos estaba pendiente de su llegada? ¿Por qué…?
Ding dong.
Ni bien escuchó el sonido del timbre, saltó del sillón y se acomodó la ropa, intentando parecer lo más arreglado posible. Era ella. Era Luján. Abrió la puerta y la encontró igual de temerosa que las anteriores veces que se habían visto, solo que esta vez…estaba peor. Y eso lo divertía bastante.
-¡Luján! ¡Hola! ¡Pasa!-Saludó él, muy amablemente.
-Hola.-Sonrió tímidamente ella.-Permiso.-Fue entrando despacio a la sala, mientras Tim cerraba la puerta detrás.
-Karen está durmiendo aún.-Informó.-Puedes sentarte en el sillón o comer algo…
-No. Gracias. Estoy bien…aquí.-Se sentó rápidamente sobre el sillón.
-Bien.-Sonrió Tim.-Yo iré a ducharme. Cualquier cosa…me avisas…
Desapareció de su vista en segundos. En realidad la tentaba mucho entrar en la ducha y bañarse junto a él. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Pero debía contenerse. Él no estaba bien y ella era una extraña. Eso tenía que grabárselo muy dentro y no olvidárselo: ella no significaba nada para Tim, por mucho que le doliera, era así y no había nada que hacer contra ello.
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