Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 19ª Parte

Sacó fuerzas de donde no tenía para decir aquellas horribles palabras: Luján, jugué contigo. Perdóname. Sigo enamorado de Julia. ¿Por qué sentía que se escudaba bajo el recuerdo de su esposa para que Luján se marchara? ¿A qué le tenía miedo? ¿Acaso no seguía amando a Julia? ¿Acaso Luján lo había enamorado? ¡Por Dios, qué era lo que estaba pensando! Eso jamás pasaría. Julia llevó consigo su corazón. No podría volver a amar a nadie. La prueba de ello, era lo que le hizo a Luján: la utilizó. Era una basura.
Había arruinado algo tan hermoso, por una estúpida frase. No encontraría a alguien más, dispuesta a alivianarle la existencia, como Luján lo hacía. No habría otra mujer que le demuestre tanto amor con cada ínfima acción, por más simple que fuese. Nadie que lo amaría como ella. Porque sabía que Luján estaba enamorada de él. Podía verlo en sus ojos, podía sentirlo en sus caricias. Y eso era lo peor: ella lo amaba.
Imaginaba su dolor. El mismo dolor que sintió cuando Julia se fue, pero así era mejor. Para ambos. No quería tratarla como a un reemplazo, alguien con quien podía acostarse cuando se le antojaba. Luján se merecía un hombre que viva por y para ella. También sabía que no podía seguir en Bexhill ni un minuto más. Era tentador tenerla a poca distancia. No tardaría en volver a ella y complicarle la existencia, una vez más.
Se veía obligado a volver a su residencia de Battle, no conocía otra parte. Quizás en unos días él y Karen se irían a Londres. Pero por el momento, Battle era el único lugar a donde podía huir, paradójicamente. Se había alejado de allí, huyendo del recuerdo de Julia. Ahora retornaba a un viejo dolor, para huir de uno nuevo: la pérdida de Luján.

Karen se resistió a la idea de regresar, pero no tuvo otra opción que acompañar a su padre. Estaba confundida. No entendía porque Luján no aparecía por ninguna parte y no podía siquiera despedirse de ella. Había algo raro.
-Papá no quiero volver, estoy bien acá.-Dijo Karen, apoyándose contra los respaldos de los asientos delanteros.
-Por favor, Karen. Siéntate bien.-Tim iba muy concentrado, conduciendo su auto. Él tampoco quería volver, pero no podía quedarse allí. Luján estaba cerca.
-¿Y Luján? ¿Por qué no viene con nosotros? ¿Te enojaste con ella? –Se reincorporó al asiento trasero, cruzándose de brazos.
-Ella tiene cosas que hacer.-Dijo.-Tal vez no volvamos a verla. Deberás acostumbrarte, Karen.
-¿Qué? ¿Por qué? Papá… ¡no!-Sus pequeños ojos azules se abrieron como dos platos, sorprendida.
-Así es. Punto. Cállate, llegaremos pronto.-Él tampoco entendía como pudo haber arruinado algo tan maravilloso, en solo un segundo.
-¿Ya no son más novios? ¿Se pelearon? ¿Por mi? –Dijo, entre incipientes sollozos.
Está vez quien se sorprendió fue Tim. ¿Qué era lo que Karen había visto para asegurar eso? Pareciera ser que ella también estaba contenta con Luján y la aceptaba como “novia” de su padre. ¿Qué error había cometido? Estaba obligando a su pequeña a sufrir otra perdida más.
-¿De qué hablas, Karen? –Trató de sonar despreocupado, pero seguía impresionado por las palabras de la niña.
-Papá los vi.-Aseguró.-Se estaban besando en la playa. Ustedes se quieren. Tienen que estar juntos.-Su llanto se acentuaba cada vez más.
Tim no supo que responder. No podía. Karen tenía razón. Pero no entendería las razones de la separación. Era problemas de adultos. Además, solo Luján lo amaba. Él no podría responderle de la misma manera jamás. Tendría que obligarla a vivir con el fantasma de Julia en medio de los dos. Era injusto. Injusto que sufriera así por Julia. Injusto para Karen, que apreciaba a Luján, y por estupideces tendría que separarse de ella. Injusto para Luján, que lo amaba, y que solo la utilizó como un juguete.
-¡Papá volvamos! ¡Quiero estar con Luján! –Exclamaba a los gritos.- ¡Papá!
-¡Cállate Karen! ¡Quédate quieta de una vez y no me aturdas más! –Dijo con voz potente y ella se quedó muda.- ¡No quiero oírte llorar!
Karen se acurrucó contra la puerta del auto, tratando de contener su llanto. Tim no quería escuchar más a su hija: si le seguía rogando, lograría hacerlo retroceder y volver a Luján. Esa no era la solución. Tenía que alejarse. Debía huir al sentimiento que estaba naciendo en su interior y que tanto miedo le causaba.

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