Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

On The Night Train


Eran más de las diez de la noche. Había tenido que hacer horas extras y, por ese motivo, estaba terminando mi trabajo a esa hora. No me había costado nada acostumbrarme a ese trabajo de oficinista, además la paga era muy buena, no podía quejarme. Excepto por el lugar donde se encontraba la empresa: Retiro. Estaba no muy lejos de la estación y me daba un tanto de miedo tener que ir a la estación sola y de noche.
Y esa noche, me encontraba en plena estación, sola. Sujeté con fuerza mi cartera negra, mientras caminaba a prisa por el enorme hall del lugar, en dirección al andén. No veía demasiado movimiento a mi alrededor, a pesar de que era viernes, el último día laborable de la semana. Le entregué el boleto que acababa de comprar a quien inspeccionaba a los pasajeros, con destino a la estación de Lisandro De La Torre. Me volví a apresurar, ya que por las enormes pantallas se anunciaba la partida de mi tren, en cinco minutos.
Caminé al lado del tren, que permanecía estático, hasta que encontré el anteúltimo vagón. Me pareció el menos poblado y, por eso, decidí entrar. Me acomodé junto a la ventana. No tenía a nadie frente mío y supuse que no tendría ningún acompañante. Concentré mi atención en el colorido anuncio de una empresa de celulares, que estaba sobre el portón de entrada al andén. Siempre suelo admirar esa publicidad, ya que me parece llamativa y muy creativa. Le da un toque de arte a la estación.
De pronto, las puertas se cerraron y el tren comenzó a ponerse en movimiento. No le presté demasiada importancia a ello. Continuaba mirando a través del vidrio, en esta ocasión, observando el local de comidas que se ubicaba en paralelo a las vías. El movimiento era cada vez más intenso. Dejaba atrás la estación, para darme una vista parcial de Capital Federal. Realmente era hermosa. La amaba así como era, en especial, como lucía de noche. Prestaba atención a los edificios iluminados, que alcanzaba a ver, y al brillo que le daba al paisaje urbano. Autos yendo y viniendo; personas caminando apresuradas por las calles; se podía sentir la llegada del fin de semana. Claro que ello conllevaba una realidad que, en particular, me dolía e intentaba cambiar, de algún modo. Entre esas personas, también se encontraban aquellos que tenían como hogar a las calles. Estaban los que se ganan la vida en ellas. No podía ignorar eso. Suspiré, pensando que el lunes tenía que acompañar a un grupo que los ayudaba y, además, le daba la posibilidad de que pudieran aprender algún tipo de oficio y trabajar del mismo. Saber que estaba haciendo algo, para cambiar esta realidad, me alivió un poco.
Volví mi atención hacia el interior del vagón y me sorprendió que esté más lleno, de cómo lo estaba cuando me subí. Todos los asientos estaban completos, menos el mío. Yo estaba viajando sola. Luego, escuché algunos murmullos, de los que estaban allí, por lo que me puse al borde del asiento, mirando hacia adelante, para saber de que estaban hablando. Lo único que vi, fue a un tipo alto (bien alto, diría yo) acomodando unos equipos, suponía que debían ser de música. ¿Los estaría ofreciendo? Me pregunté, en silencio. Lo raro fue, que no llegaba a ver el final del vagón. Más bien parecía estar bastante lejos de donde yo estaba sentada. Aunque al principio no parecía ser así.
¿Cuánto llevaba en el tren? ¿Cinco minutos? Saqué del bolsillo de mi tapado el celular y comprobé que así era. Llevaba cinco minutos allí sentada, aunque aparentaban ser una eternidad para mí. Volví a mirar hacia adelante y, esta vez, vi a tres hombres, con instrumentos y micrófonos a su alrededor. Pero antes de que pudiera preguntarme alguna cosa más, el vagón se oscureció de la nada, imprevistamente.

Escuché algo parecido a una cuenta regresiva y, luego, sonidos que parecían ser compilados de grabaciones. Las pantallas, sin imágenes pero encendidas, eran lo único que alumbraba el tren. Me sujeté a mi asiento, sin perder la calma, y miré hacía la ventana. Vi algunos edificios, a lo lejos. Pero, después de pasar por un lugar que tapaba la visión, no volví a ver más nada. Adentro, comenzaba a darse un juego de luces, de todos los colores habidos y por haber, acompañados por un sonido (que no tengo idea de dónde provenía) que calzaba a la perfección con lo que estaba viendo. Seguía sin sentir temor, pero no entendía por qué. Ese vaivén de efectos de iluminación duró unos segundos más, pero descendiendo su energía cada vez más. Hasta que se acabaron. El sonido de fondo también se apaciguó, estirando su final, hasta terminar por completo.

El tren no se había detenido en ningún momento. Yo tenía la impresión de que ese mismo sonido lo había escuchado antes, pero no tenía idea en donde.

Unos acordes avasallantes, trajeron consigo la luz al vagón, aunque más tenue. Escuché guitarras, a una batería y alguien que comenzaba a cantar. Me concentré en su voz, que era algo así como rasposa, pero dulce a la vez. Me sentía a gusto escuchándola. Pero, cuando miré a hacia la ventana, no vi las calles de Capital Federal. Era otro lugar el que mostraba el paisaje. Estaba increíblemente iluminado. De fondo, un sonido poderoso se acentuaba, acompañado por la voz masculina, que seguía cantando. Una mezcla de instrumentos, que no sabría decir, pero que me parecían perfectamente conjugados, acoplados al coro que interpretaba el estribillo. Inconscientemente, la tarareé, sin poder dejar de mirar el maravilloso paisaje que estaba del otro lado del vidrio. Sería… ¿Londres? Imposible, tendría que haber enloquecido… Pero el Big Ben me demostró lo contrario. El Tmesis estaba en paralelo al tren, mientras yo trataba de no perder nada de vista y disfrutarlo al mismo tiempo, azorada por la majestuosidad de esa ciudad que tanto amaba: Londres. Dentro del vagón, el estribillo volvió a repetirse, seguido por un puente que me pareció… ¿cómo decirlo? Mágico. Y, otra vez, ese potente retumbo, que a esa altura, ya no saldría de mi cabeza. Escuché que, detrás de quien cantaba, había otra voz. Esta hacía las veces de coro, pero era más fina. Aunque ensamblaba perfectamente con la voz principal. Londres comenzaba a disiparse lentamente, así como la canción que sonaba dentro del tren. El rumor decrecía velozmente, y supuse que lo último que estaba escuchando era algo de percusión, combinado con guitarra. Ya no veía absolutamente más nada de la ciudad. Solo podía percibir oscuridad y lo que cría que eran campos. Pero no quitaba que, lo que acababa de ver y oír, era simplemente increíble.

Cuando me di cuenta de que lo que estaba sucediendo no era para nada normal, y dudaba de que fuera real, volteé hacia adentro. Todas las personas miraban hacia adelante, yo era la única que permanecía mirando hacia la ventana. Supuse que la música tendría que ver con esos tres hombres que se encontraban metros más adelante. Decidí entonces, pararme y averiguar de quienes se trataba. Pero, un hombre que estaba detrás de mí, me ganó de mano y se dirigió hacia adelante. Tenía un saco bastante llamativo, plateado para ser exacta, y llevaba puesto un sombrero de idéntico color, lo que no ocultaba su prominente cabellera. El tren permanecía en silencio, hasta ese momento.

De pronto, escuché música otra vez. Aunque me incomodó bastante el coro del comienzo. Tenía raíces bastante “raperas” y el piano se escuchaba escasamente. Pero el ritmo me gustaba, por lo que meneé la cabeza, al compás del sonido. Las personas se levantaron y comenzaron a hacer palmas, y yo también me vi obligada a hacerlo, para seguirles la corriente. Por fin pude ver quien cantaba, a quien le pertenecía era voz tan agradable. Era alto, bastante alto. Pero no era el mismo que estaba acomodando los equipos, minutos antes. Sinceramente, era hermoso. Se movía torpemente, en lo que intentaba ser una especie de baile, pero que solo eran movimientos al aire. Sin embargo, su sonrisa y su voz compensaban su inexperiencia para bailar. Yo me movía, siguiendo el ritmo de la canción, pero no dejaba de mirarlo. No podía dejar de mirarlo… me gustaba. ¿Me gustaba? No, ¡Me fascinaba! Esto hiso que pusiera más energía al bailar. Aunque no era un tema que pudiese bailarse, pero era bastante movido. Las pequeñas intervenciones del piano le daban un toque de distinción al tema. ¿Acaso eran raperos o algo así? Justo, después de preguntarme esto, noté que quien rapeaba era el hombre que estuvo detrás de mí. Sin embargo, su voz no era muy buena que digamos. No se asemejaba ni un poco a la voz de ese extraño que me había vuelto loca. A esa altura, no podía dejar de bailar, mientras me acercaba hacia él. Pero más me acercaba y más lejos parecía estar. Hacia el final, logré estar a metros de él e increíblemente, me sonrió. Sabía que me había visto, por el solo hecho de que era la única que le estaba prestando atención, ya que los demás solo estaban bailando o aplaudiendo. Para eso, el tren ya era un descontrol. Las luces iban cambiando con las melodías, pero nadie le prestaba atención. Estábamos presenciando una especie de “show”, inesperado y el más extraño al que haya asistido en toda mi vida. ¿No será este un sueño? Me dije, pero sentí que me tomaban de la mano. Era él. Y era muchísimo más alto que yo, por lo que elevé mi cabeza para poder mirarlo a los ojos. Mirar la inmensa pradera que habitaba en ellos.
- And I'm the first to admit it… Without you I'm a liner stranded in an ice floe.-Cantó y me soltó la mano. Yo quedé completamente deslumbrada. Él me sonrió, por última vez y pensé que me desmayaba ahí mismo. Atiné a sentarme en el asiento que estaba cerca de él, para tenerlo más cerca. Me acomodé de espaldas, sobre la ventana. Las personas aplaudían y gritaban, satisfechas con lo que acababan de escuchar. Para mí, un tema bastante pop, con un ritmo bien rap y un agregado de piano que la favoreció. Como a ellos, a mí también me había gustado el tema.
Inmediatamente, él se sentó y tomó una guitarra. Los otros dos, permanecían sentados. No hubo lugar a los silencios. Una melodía suave comenzó a sonar. Los acordes de la guitarra fueron seguidos por unas palmas, hechas por las personas que allí estaban y por uno de los compañeros de él. Detrás de mí, todo comenzaba a iluminarse otra vez. No tenía idea de donde estaba o hacia donde iba. Otra vez, un paisaje muy parecido a Londres. Luces, edificios, autos y gente por todos lados. Aunque ya no me asombré como la primera vez, ahora estaba concentrada en el cantante. Quien, cada tanto, me dedicaba una pequeña sonrisa. De la euforia del tema anterior, pasábamos al apaciguado ritmo de este. Tenía sonidos muy naturales, acompañados por la maravillosa voz de quien lo interpretaba. No supe si solo fue una alucinación de mi parte, pero sentía como una leve brisa me daba en la cara, mientras disfrutaba de lo que mis oídos escuchaban. Coros tenues y un simétrico uso de instrumentos… no se parecía en nada a lo que había escuchado anteriormente. Incluso, me gustaba más esto que escuchaba. Los sonidos de un xilofón se entrometían cada tanto, dándole un toque de sencillez a esta canción, pero lo único que hacían era darle más y más belleza musical. Una imponente guitarra eléctrica le dio más poderío e intensidad, casi hacía el final. Por un momento, cerré los ojos, dejando que los sonidos me inundaran el alma. Al abrirlos, sonreí, porque él me miraba y noté un brillo especial en sus verdes ojos.

Para cuando volví mi atención a la ventana, el tema había concluido. Más pronto de lo que había imaginado. Las luces volvieron a desaparecer del paisaje. Ni siquiera se veían praderas o campos. No había nada. Tanta tranquilidad, me hizo bostezar. Cerré los ojos un momento, segundos tal vez. Cuando los abrí, repentinamente, todo cambió a mí alrededor.

Algo parecido a un pitido, seguido de unos infantiles acordes, fue lo que escuché. Frente mío no tenía personas de carne y hueso, todos estaban dibujados de una forma especial. Todo estaba… animado, incluida yo, incluidos los tres hombres que hacían música. Aunque, la manera en la que estábamos dibujados, no era la convencional. Es decir, todos éramos muy flacos, nuestras piernas muy largas y nuestros ojos eran bien grandes. Giré a un costado y vi que los tres comenzaban a cantar, pero acompañados de una chica que no había visto antes. Su aspecto era oriental y estaba vestida con colores muy extravagantes. El sonido que oía no era para nada desagradable, incluso me gustaba. Era algo así como electrónico, pero me recordaba a algo en particular… ¡Claro! Los dibujos en… animé. Por eso todos estábamos así y por eso ella cantaba frases inentendibles para mí. La música no tenía nada en particular, que la hiciera maravillosa o pésima, simplemente era agradable, al menos para mí. Sonreí, al verme dibujada, ya que era mucho más esbelta de lo que realmente lucía. Afuera podía verse las estrellas, también dibujadas. En un momento, el tren pareció elevarse por los aires, acompañado por un ritmo que me recordó mi infancia y a los dibujos que miraba (la mayoría japoneses). Solo las estrellas iluminaban el interior del tren, ya que estábamos muy cerca de ellas. Era todo demasiado extraño. No comprendía bien lo que allí sucedía, pero lo disfrutaba al máximo. Cuando centré mi atención en el interior del vagón, él me volvió a sonreír. Hasta dibujado de veía hermoso y no pude resistirme a su tierna sonrisa de niño adulto, que calzaba perfecto con lo que estaba interpretando. A medida que descendíamos, la canción finalizaba. No había sido ni gloriosa ni natural ni movida. Había sido solo una canción, al mejor estilo japonés, ideal para un dibujo animado. No me molestó ese sonido. Como hiciera con los otros, lo disfruté. Instintivamente cerré mis ojos, otra vez.

El tema había concluido, y para cuando abrí mis ojos, la chica oriental y el animé se habían ido. Dejando en silencio al vagón entero. Volvíamos a ser personas reales de nuevo. Y todo estaba a oscuras otra vez. No veo a nadie. Ni siquiera alcanzo a verlo a él. En ese momento, me pongo a reflexionar sobre lo que me está pasando. Algo tendría que haber sucedido para que terminara en Inglaterra (suponía que allí me encontraba). No me preocupaba demasiado no llegar a la estación de Lisandro De La Torre a tiempo. No creo que mamá hiciera demasiado escándalo si me tardaba un poco más. El problema era que no tenía idea de cómo ni cuándo regresaría. Si fuese por mí, me quedaría por el resto de la eternidad junto al extraño de ojos verdes. Tenía la sensación de que ya estaba enamorada de él… aunque estaba segura de que lo conocía de otra parte… ¡Keane! ¡Sí! ¡Él es el cantante de Keane! ¿Cómo no lo había notado antes? Al primero que vi fue a Tim, horas atrás. No alcancé a ver bien a Rich, pero sabía que estaba. Algo muy grave debió pasarme, para que no los reconociera, ya que me considero una fanática de ellos tres. Ese que se había sentado detrás de mí, ese seguramente era K’naan. El tipo del tema del mundial. Seguro de fue a otro vagón, porque desde que terminara su tema, no lo volví a ver. Tampoco a la japonesa… ¿Tigarah? Sí, así se llamaba, Tigarah. A esa tampoco la vi, ni quiero volver a verla. No me gustó nada como le coqueteó a Tom, con esa ropita diminuta, que mostraba hasta su mismísima alma. Mejor que se vaya con sus dibujitos a otra parte. Unas tenues luces, restablecían la visibilidad dentro del tren. En eso, giro y veo que Tim tiene el micrófono en la mano. ¿Qué iba a hacer? Lo único que le faltaba a Keane era que él cante…

De repente, comienza a escucharse una melodía un tanto ochentosa y el vagón se transforma en un boliche en movimiento. Me gusta mucho el ritmo que tiene, tanto que la empiezo a bailar. Pero veo que Tim también está moviéndose, igual de torpe e inexperto que Tom, pero sostiene el micrófono, en lugar de estar en el piano. ¿Qué está sucediendo? Esta pregunta es respondida, cuando empiezo a escuchar la voz de Tim. ¡Canta! Sí, efectivamente. El pianista se reveló y ahora canta. Admito que mucho mejor que un demo que cantara años atrás. Muchísimo mejor. Las personas empiezan a bailar, en medio del pasillo, convertido en una autentica pista de baile. En eso, Tim se acerca hacia mí y me toma de la mano, como lo hiciera Tom, pero invitándome a bailar, mientras él seguía cantando. Entre toda la gente que allí había, no logró encontrar con la mirada ni a Tom ni a Rich. En tanto, continúo bailando con Tim. Lo veo muy sonriente, cantando y bailando (malísimamente). Pero lo veo feliz. Por un momento, pareciera que no hay nadie allí, solo estamos los dos solos. Justo en el momento que la música hace un impase, nos miramos y no puedo hacer más que sonreírle. Una extraña mezcla de amor y admiración se apoderan de mí. Si fuera otra mujer, lo hubiese besado desde que me sacara a bailar. Pero no. Es muy extraño el amor que le guardo, que no se asemeja a un enamoramiento ciego y apasionado; pero que tampoco es un mero cariño. Es muy extraño, pero yo lo quiero de esa forma. Él sigue cantando y sonriendo, disfrutando del protagonismo que le cede Tom, a cargo del micrófono. Otra vez, de la nada, reaparecen las personas, bailando. Todos estamos envueltos por el ritmo ochentoso que Tim nos regala. En particular, me encanta cada parte de la misma y me sorprende como él la interpreta. Si llegase a salir en algún disco de Keane, sería un éxito asegurado. Me devolvió los sonidos de la década que tanto amo, sin haberla vivido siquiera. De todas las que escuché, hasta ahora, en la que más me gustó. Con el agregado de que el mismísimo Tim la canta y muy bien. No me interno en análisis críticos para esta canción, me limitó a disfrutarla a pleno. Tim me suelta y se aleja. La última parte la bailo, inesperadamente, con Tom. Sin intención, le tomo la mano e intento bailar a la par de él. Pero cuando me doy cuenta de ello, el tema ya está acabando. Trato de acariciar la mejilla de Tom, pero la canción había terminado y me doy cuenta de que volví al asiento donde estaba en un principio.
En eso, las personas que están delante de mí se paran y comienzan a vitorear a la banda y a aplaudirlos. Yo también me puse de pie, con la intención de acercarme a ellos, pero veo una especie de escenario que se eleva y me permite observarlos desde donde estoy sentada. Los primeros acordes comienzan a sonar. Esta vez, puedo ver a los tres. Al primero que observo es a Rich, quien está sonriendo, mientras están tocando algo parecido a la marchita de la película “Rocky”. También vuelvo a ver a K’naan, que no tengo idea de donde salió. Todos aplauden y cantan el tema, que no me sorprende, pero me gusta. En este momento, me mantengo estática, admirando a la banda que tanto amo. Mientras Tom enaltece con su voz a este ordinario tema. Quizás no me haya gustado tanto, como los anteriores, pero su voz me hace disfrutarlo. Vuelvo a mirar hacia la ventana. El amanecer está muy próximo, pero no se deja ver aún. Con esta canción, noté que Richard está bastante entusiasmado y que se movía muy bien, acorde a la parte rapeada. Lo hace mucho mejor que los otros dos y eso me hacía sonreír ampliamente. En el tema anterior me hubiese gustado bailar con él también. Hubiese resultado muy divertido… Meneé la cabeza, hacia el final de la canción, pensando que podría haber sido mucho mejor, pero que no es tan mala. Con el tiempo supongo que la amaré.

Todos desaparecen otra vez. No escucho nada. El vagón se sume en el silencio, otra vez. Me levanto de mi asiento y ni siquiera veo a alguno de la banda. Estoy sola. Como si hubiésemos estado en un túnel, de repente, todo se ilumina con la luz de la mañana. No veo al sol por ninguna parte, pero notó que comienza a amanecer. ¿Cuándo comenzó a amanecer? Apenas, hace un momento, todo permanecía oscuro. Lo más extraño era que, a lo lejos, se veía la costa del mar. Realmente el recorrido del tren era bastante extraño y no lograba descifrar a donde me llevaría. Parecía como si este tren cruzara en paralelo a la costa del mar, de ambos lados. En el interior del vagón, solo había una luz gris. No quedaba rastro ni de personas ni de pianos ni de guitarras o micrófonos. Ni siquiera estaban Tim ó Richard… ó Tom. El paisaje me aterraba un poco y me hubiese gustado que ellos siguieran allí, endulzándome los oídos con sus melodías. Pero me encontraba sola…

Escuché algo, a lo lejos, que no alcancé a percibir bien que era…
-It's time to make a start.-Escuché.-To get to know your heart.-No podía ser nadie más, que no fuera Tom Chaplin.-Time to show your face, Time to take your place.-Su voz y el sonido de las teclas del piano, me llenaron por completo. Miré hacia todos lados, pero no vi a nadie. Solo la imagen del inmenso océano, a un costado. Tom continuaba cantando y yo intentaba dejarme llevar por sus palabras y por el piano (magistral) de Tim. Me recosté sobre el asiento, mirando al mar. Era la melodía perfecta. Me protegía de aquello que me provocaba un cierto temor. Pero seguía estando sola. Hasta que escucho un susurro en mi oído:-… And you will see my shadow,
On every wall…
-Sentí sobre mi abdomen una tierna caricia y gire, sabiendo perfectamente quien lo había hecho: Tom.-… And you will see my footprints, On every floor.-Sonrió y me atrajo hacia él, tomandome de la cintura. Me dije a mí misma, que no podía ser más feliz. Escuchaba el piano, escuchaba a Tom cantándome, pero yo solo me dedicaba a sonreírle. Me refugiaba en sus brazos, sin la menor intención de escapar de ellos. Escuchaba a las guitarras, acoplarse con la batería. Seguía escuchando al piano y a Tim cantar los coros, los disfrutaba, pero no tenían comparación con tener a Tom a mi lado. Esa melodía, era una de las más hermosas que había escuchado en toda mi vida y más hermosa la hacía si Tom me la estaba cantando solo a mí. Estábamos los dos solos en ese vagón. No podía ser más perfecto que eso. Espiaba el paisaje por las ventanas del otro lado, pero siempre Tom se terminaba llevando toda mi atención. Lucía impecable y con su cabello un tanto más corto que de costumbre, que lo volvía más irresistible de lo que ya era. Estaba segura que mis ojos brillaban de la misma manera que los suyos. El hombre que tanto amaba, me tenía contra él y no estaba dispuesto a dejarme ir. Una poderosa melodía se adueñó del lugar. Cuando volví a mirar hacia afuera, ya no había playa ni mar. Había verdes praderas y algunas casas a lo lejos. Yo seguía abrazada a la cintura de Tom. El tren comenzó a desacelerar su marcha. Por fin, después de un largo camino, estábamos llegando a destino. Pero… ¿cuál era ese destino? Me mantenía aferrada a Tom, por miedo a que se esfumase de la nada y lo terminara perdiendo. Antes de que el tren frenara, alcancé a ver un letrero, con fondo de madera antigua y con letras blancas, el mismo decía “Battle”. Al terminar de leer esto supe el porqué de todo, y el tren se detuvo. La canción terminó abruptamente.

Tom no me dijo nada. Solo me sonrió y pensé que me perdería en su mirada. Permanecíamos sentados. La enorme diferencia de estatura se notaba incluso cuando estábamos así. Hasta que, sin decir nada, se inclinó hacia mí, posando sus hermosos ojos en mis labios. Yo me quedé quieta, esperando el momento en que él lo hiciera. Era imposible medir la distancia que nos separaba. Mi corazón latía enloquecido y su respiración estaba entrecortada. Cuando sentí sus labios en los míos, a punto de disfrutar del más tierno de los besos… desperté.
Estaba recostada sobre la mesa del escritorio y tenía mi dedo índice en la boca. Solo había sido un maravilloso sueño. En eso, me di cuenta que tenía puesto los auriculares del mp4. Este, a su vez, estaba prendido. Cuando encendí la pantalla, la misma decía “My Shadow” y, como fondo, tenía el arte de tapa del EP que editaran hace unos años ya, Night Train. Quizás, por eso el tren, las canciones y Tim cantando.
Dentro de todo, había sido un hermoso sueño. Haber vuelto a ver parte de mi querida Capital Federal, me llenó de nostalgia. Envié la nota a donde correspondía y apagué la computadora. Me había quedado dormida, terminando una nota para el diario. Solo esperaba que esta llegase a tiempo.
Apagué el reproductor de mp4, antes de que “House Lights” terminara, me serví una abundante taza de té y me acerqué al ventanal, que me daba una imagen perfecta de Londres, que apenas estaba despertando. A pesar de todo lo que me ocurriera, mi fanatismo por Keane seguía intacto. Aunque, de una manera más pasiva, por así decirlo…
Recordé cuanto extrañaba a mi familia, a mis amigos y a Argentina, sobre todo. Pero también me sentí reconfortada, sabiendo que todo mi esfuerzo había valido la pena: estaba donde quería, como quería y casada con el hombre que más había amado. Era inmensamente feliz.
Apoyé mi hombro sobre el vidrio y miré la hora: las 6 de la mañana. No podía creer que a mis veintiocho años estuviese casada y, mucho menos, que en seis meses fuera a ser madre. Mi vida había cambiado, mi forma de verla también. Antes decía que jamás me casaría; que quizás, algún día, tendría un hijo. Pero su amor me cambió, lo único que podía cambiarme, lo hizo. Sonreí y me acaricié la, aún, imperceptible panza.
Habían sido demasiadas conclusiones a raíz de ese inexplicable, pero hermoso sueño…
Mi celular comenzó a sonar estruendosamente. Dejé mi taza a un costado y lo tomé para que no siguiera sonando. Como había intuido, efectivamente, era él. En la pantalla blanca decía lo siguiente: Espero no haberte molestado, amor. Cuando termines, quiero que vengas inmediatamente para casa. Los extraño. Tom.Después de terminar de leer esto, guardé mis cosas en el bolso, apagué la luz de mi escritorio y me marché de ahí. El hombre que había cambiado mi vida me necesitaba y yo, como siempre había hecho, no podía negarme a él. Esperaba que al llegar se concretase el dichoso beso que en mi sueño quedara inconcluso. Hacía horas que no lo veía y también lo extrañaba. Necesitaba volver a casa y encontrarme con la sonrisa y los besos, del padre de mi bebé. Necesitaba, imperiosamente, volver a ver a Tom Chaplin…

Fin.

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