Todavía le parecía mentira todo lo que ocurriera un mes atrás. Oliver estaba por ser padre y ella lo había dejado partir. Todavía tenía momentos de arrebatos, en los que pensaba que había cometido un grave error, que tenía que regresar. Pero tan solo eran arrebatos. Sabía perfectamente que Oliver no volvería. Aunque le doliera en lo más profundo de su corazón, tenía que hacerse la idea de ya no tenerlo a su lado. O sobrellevarlo, al menos. Y tenía a alguien dispuesto a ayudarla: Matt.
Había sido muy amistoso al principio. Pero luego demostró sus verdaderas intenciones para con ella. Invitaciones a cenar, al teatro y a fiestas. Todo era valido. Sin embargo, Helen no aceptaba ninguna de ellas. Lo prefería como al profesional que la estaba ayudando con su carrera. Nada mal, por cierto, ya que transformó su composición, Sunshine, en un éxito. Comenzó a sonar en las diferentes radios de Londres y se convirtió en una sensación. Además de que las copias de su EP se vendieran, hasta agotarse. Lo que llevó a conseguir su dichoso contrato, para poder grabar un disco. Gran parte de esto, se lo debía a Matt. Aún así, seguía viéndolo como a un amigo. Más allá de que él la besara y, finalmente, después de tanta insistencia ella aceptara tener una relación.
Tal vez, si había podido mejorar sus canciones, podría hacerlo con su vida también. Quizás pueda lograrlo. Aunque la realidad le decía que, en este caso, sí estaba cometiendo un error. Estaba dándole una chance, a un hombre que jamás la tendría. Porque seguía amando a Oliver.
Todo lo contrario sucedía con Gwen. Ella se había ido a vivir con Jason y cada día eran más felices. Helen admiraba su relación, sin complicaciones ni embarazos de por medio. Se habían conocido. Estaban enamorados. Se dedicaban a vivir su amor en plenitud.
Un llamado interrumpió el proceso creativo en el que estaba inmersa. A pesar de la insistencia de Matt, Helen terminó contestando la llamada. Por lo que había visto en la pantalla, se trataba de Alex. Más allá de que lo apreciaba mucho por todo lo que había hecho, no había vuelto a hablar con él. Claro estaba que era a causa de lo que había sucedido con Oliver. Pero, de todos modos, le agradaba recibir noticias suyas.
-¡Holas, Alex!-Saludó alegremente. -¿Cómo estás?
-Hola, Helen.-Contestó.-Estoy bien, gracias. Llamaba para hacerte una invitación. Y no aceptó un no como respuesta.
-Pero dime primero, ¿de qué se trata? –Preguntó, intrigada.
-El primero de noviembre la banda presenta el nuevo disco en la Brixton Academy.-Comentó.-Y me gustaría mucho que estuvieras allí.
-Ah…-Se moría de ganas por ir, pero había varios factores externos que iban más allá de lo meramente musical. Estaría Oliver y, seguramente, Charlotte. No soportaría verlos juntos y no tenía intenciones de sufrir aún más todavía. Por lo que quedó pensativa. Al punto de enmudecer.
-Helen.-Inquirió.-Helen… ¿estás ahí? –Preguntó, al no escucharla.
-Eh…si.-Retomó.-Mira Alex, sabes lo que pasó con Oliver. Por lo que imaginaras que no es conveniente que yo aparezca por allá.
-Tu eres mi invitada.-Dijo seguro.-Esto va más allá de lo que pasó entre ustedes dos.
-Pero…
-¿Qué dices? –Insistió Alex.
-Bien. Tú ganas.-Se decidió.-Estaré allí.
Luego de cortar, respiró profundamente antes decírselo a Matt. A quien no le agradó la idea, ya que tenía un compromiso en Estados Unidos para esa misma fecha y no podría acompañarla. Tendría que volver a cruzarse a Oliver. No sabía si deprimirse o ponerse a saltar de alegría. Lo único que sabía era que estaría allí. Lo tendría enfrente suyo otra vez. Y lo peor de todo…podía llegar a cometer cualquier locura.
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