Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 10ª Parte

Estaba desplomado sobre su enorme cama. Estaba desprotegido, asustado, temeroso. Estaba solo. En esa cama no había nadie a su lado. No estaba ella, para calmar su llanto y protegerlo entre sus brazos. No podía parar de llorar, de revolverse en recuerdos inútiles. Encontrarse una y otra vez en días felices, donde todo era amor y sonrisas, para luego despertar y encontrarse con la realidad: ella no volvería. ¿Qué más podía hacer, que vivir en el pasado? ¿Era ese su lugar? ¿Allí era donde sentía que era su hogar? ¿Allí era a donde pertenecía? Parecía que sí. Se resignaría a ver como el mundo era feliz, mientras el dolor iba devorando su débil corazón. Cuando ya no tuviera que cuidar de Karen, podría despedirse de este maldito mundo y volver a los brazos de su amada, para sentir el calor de un hogar otra vez. Ese era su plan: sobrevivir al día a día, sobrellevar la pena que estaba impregnada en su alma y recordarla cada segundo de su existencia. Se sentó a un costado de su cama, cerca de la mesita de luz, y se puso a buscar la foto que más le gustaba de Julia. Una en donde se veía muy sonriente, en unas vacaciones en España. Pero su búsqueda fue interrumpida unos tibios golpes a la puerta. Y recordó que afuera estaba su hija con esa tal Luján. Se levantó de inmediato y fue a abrir la puerta. Se encontró con esa temerosa muchacha, que tenía el puño levantado, con la intención de golpear otra vez.
-¿Qué quieres? –Preguntó, frío. Ella lo miraba avergonzada.
-Solo…solo quería saber que te había sucedido…
-Eso no te importa.-Cortó, seco. Aunque le extrañaba ese interés que tenía por él.
-Discúlpame.-Dijo apenada.-Mi intención no era incomodarte.-Se dio media vuelta, pero Tim reaccionó a tiempo y la tomó del brazo.
-Perdóname tú a mí. No debí comportarme así. Gracias por preocuparte.
Un escalofrío le recorría el cuerpo entero, mientras Tim la sujetaba del brazo. Su piel estaba en contacto directo con la suya y eso la hacía temblar.
-Me preocupó la manera en que te fuiste…no dijiste nada… ¿te molestó algo que dije? –Necesitaba saber si fue ella la que había metido la pata. Seguramente dijo algo que lo incomodó o lo ofuscó y tenía que disculparse. Él cerró la puerta de su cuarto y la soltó.
-¿Quieres que hablemos en la sala? –Invitó y Luján se limitó a asentir con la cabeza, sabiendo que si decía algo, lo echaría a perder todo. Además debía estar mirándolo con cara de estúpida enamorada. Deseaba que él no la advirtiera en el estado en que se encontraba. Ella se sentó en el sillón y Tim en el piano, que estaba frente suyo. Permanecieron callados unos minutos, mientras él tocaba una melodía suave y hacía que Luján se sintiera en el mismo cielo. Estaba frente suyo, estaba tocando para ella. La estaba haciendo feliz, como nunca lo había hecho nadie. Tenía al hombre de sus sueños justo ahí: sobre un piano, pero triste, melancólico, aunque con la misma perfección de siempre. Al finalizar miró a lo lejos, hacía el mar y luego volvió su mirada a Luján, que permanecía quieta, expectante a lo que pudiera llegar a decirle.
-El mundo es una mierda.-Sentenció, con un odio tangible en sus palabras.
-¿Por qué crees eso? –Inquirió, sorprendida por su afirmación, y ya sin balbucear.
-Por qué todo está mal. Nadie se molesta por cambiarlo. Los que intentamos hacer algo…somos unos malditos infelices.-Necesitaba vomitar todo el rencor y la bronca que llevaba en su alma. Luján no parecía una mala persona, y ahora le inspiraba confianza y hasta una cierta paz, que llevaba semanas sin conocer.
-No todo está mal, Tim. No entiendo porque dices eso.-Se levantó y se acercó lentamente a él.-Es lo que se empeñan en mostrarnos, pero no es tan así. Tienes que ver lo bueno: la música, tus amigos, tu hija, tu…
-Mi esposa.-Interrumpió.- ¿Me quieres decir como mierda sigo si está muerta?
Esa pregunta la tomó por sorpresa. Había pensado que tal vez ella lo había dejado o cualquier otra posibilidad. Podía ser que le haya pasado eso, pero no se atrevía a tomarlo como una posibilidad real. Y ahora lo era: Julia Owen ya no estaba. Sintió ganas de abrazarlo, contenerlo, calmar sus penas. Pero no podía, era solo una extraña, que se había metido sin preguntar y que, tarde o temprano, se iría del mismo modo. Todo lo que atinó fue a tomar de su mano y acariciarla. Ese rose era increíblemente maravilloso, pero ceñido de la tristeza de Tim.
-Tienes que ser fuerte. Tienes una preciosa hija. Debes luchar por ella.-Estrechó sus dedos en los de él.
-No puedo. No sé cómo.-Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, otra vez.-Sin ella no puedo. Yo la amo y ya no está.
-Pero si no lo intentas jamás lo sabrás. Sé tú mismo.-Afirmó.- Tienes mucho futuro por delante.
Sus ojos azules se elevaron hacia ella, como si necesitaran algo más para poder mantenerse.
-¿Puedes abrazarme, por favor? –De pronto una imperiosa necesidad de recostar su dolor en alguien más brotó de la nada. Tim no podía cargar con eso él solo. Luján fue agachándose, hasta quedar a la misma altura que él, quien permanecía sentado en el piano. Y lo estrechó entre sus brazos. Lo estrechó como siempre hubiese querido. Lo abrazó muy fuerte, para que supiera, para que sintiera que no estaba solo, que allí estaba ella, dispuesta a hacer cualquier cosa por él. Por despertar una pequeña luz en su apagado corazón. A su vez, sintió como él se dejaba caer en sus brazos. Acomodándose, como un niño, que necesita ser consolado. Como alguien que necesita sanar sus heridas. Pero Tim fue quién se separó abruptamente de Luján. Comenzaba a sentir una inusual calma, estando en sus brazos, que prefirió alejarse. Ella hacía que su corazón estuviera en armonía y no entendía muy bien porque.

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