Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 15ª Parte

Tim permaneció en silencio unos largos minutos, necesitaba recuperarse luego de lo que había hecho. ¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Qué era lo que tenía que hacer con ella? Si lo único en lo que pensaba era en tomarla otra vez y besarla hasta que el cielo se iluminara.
Nadie lo había hecho sentir de aquel modo. Pensaba que nadie podía hacerle sentir esas ganas de amar, como lo había hecho con Luján. Pero no quería lastimarla, esa no era su intención. Quizás solo estaba buscando a alguien que cubra ese lugar vacío que había dejado Julia, pero que jamás podría gobernar en su corazón. Y Luján no se merecía una cosa así. Ella era una mujer muy buena, merecía a alguien que la amase de verdad. No merecía ser el juguete de un viudo enamorado de su difunta esposa. Pero sentía el calor de su cuerpo, junto al suyo y todas esas ideas lo abandonaban, dejando el deseo de mucho más que un apasionado beso.

Ella se rehusaba a separarse, pero no podía hacer otra cosa que no fuera marcharse. Aunque lo que había vivido minutos antes, beso delicioso, sus caricias, eran lo más hermoso que le había pasado en toda su vida. Había probado el dulce sabor de los labios de Tim, lo bien que se sentían sus caricias y su seductora voz en su oído. Lo siempre había querido, desde esa tarde de Septiembre, en que lo viera por primera vez, se transformó en la más fantástica realidad.
Su cuerpo estaba pegado al de él. La protegía en sus brazos. Y no había mejor lugar que ese: bajo los largos brazos de Tim. Se intentó acomodar un poco mejor, junto a él, pero este permanecía callado, pensativo. Tal vez se estuviera arrepintiendo por lo que acababa de hacer. Tal vez solo estaba confundido, se había dejado llevar por el momento y la peligrosa cercanía. Tal vez solo fue una tenue brisa de verano. Un impulso. Un error. Aunque Tim no había hecho nada: ella fue la que se enamoró con solo ver su rostro en una pantalla. Fue levantándose de a poco, intentando sentirlo solo un instante más. Él seguía con su mirada perdida, ella todavía podía sentir el sabor de sus labios, impregnado en los suyos. Su cuerpo le pedía quedarse allí, esperar a que llegue el amanecer en los brazos de Tim, pero tenía que hacerle caso a su consciencia, si no quería sufrir, era mejor alejarse.
-Este…yo…-Carraspeó.-Me…me voy, Tim. Ya es tarde.-Se sentía una tonta por decir aquellas palabras. No quería irse. Quería seguir allí, pegadita a Tim.
Él no contestó, seguía vagando entre sus pensamientos. Entonces Luján se levantó de la arena y se dio media vuelta, en dirección a la casa. Una solitaria lágrima parecía querer colarse en retina. No podía ser que no sintiese nada. No podía culparlo, pero ella esperaba…no tenía sentido. Solo se estaba mintiendo y se estaba haciendo ilusiones sin sentido. Atrás estaba tirado el amor de su vida. Él que minutos antes la estaba besando sin poder detenerse, ahora dejaba que se marchara como si nada hubiese pasado entre ambos. Se sentía un estúpida. Era una estúpida. Julia jamás se iría. Tim jamás se daría cuenta de lo que era capaz de hacer por él. Jamás la amaría. Estaba tan confundida que solo…
-¡Espera!-Sintió que tironeaban de su brazo. Era Tim. Había vuelto. Había frenado su marcha y estaba en medio de esa sala, con ella.
-Tim…no tienes…no tienes que…-Masculló Luján.-No es necesario…yo…
-Quédate Luján. No te vayas.-Musitó, inclinándose hacia ella.-Te necesito esta noche.-Dijo con voz seductora. Eso acabó por completo con la cordura que Luján tenía. Ese no era un momento para preguntas. Iba a disfrutar en plenitud ese hermoso sueño, que Tim le estaba regalando. La tomó de la cintura y la apretó junto a su cuerpo, mientras la besaba con una intensidad y destreza. Pero, a su vez, parecía querer dilatar la situación. Quería disfrutar del suave contacto con Luján.
Ella, en cambio, sabía lo que pasaría, sabía que Tim no se arrepentiría, que la haría feliz. Él comenzó a conducirla, paulatinamente, hacia su cuarto. En tanto ella iba colando sus manos por debajo de la remera de Tim e iba dando pequeños pasos para atrás. Lo había imaginado demasiadas veces, tardes enteras, noches lluviosas, él estaba junto a ella. Soñaba pasar días enteros, enredada en sus brazos. Y se asombraba por como él iba manejando la situación, por como tomaba el control de todo. Sentía como sus besos bajaban desde su boca, hasta su cuello. Ella dejó escapar un incipiente gemido, que acabó en los labios de él. En un momento, Tim, se separó de ella para quitarse la remera y hacerla a un lado. Luján simplemente estaba maravillada. El fuego se hacía cada vez más intenso dentro, se tornaba imposible de controlar. Luego la volvió a tomar de la cintura, pero esta vez, para quitarle la remera. Ella dejaba todo en sus manos, necesitaba dejarse llevar por las caricias que Tim le propiciaba de una manera exquisita. La apretó contra su pecho y le acarició dócilmente su pequeña espalda. Llevó sus manos hasta su sostén y ella dio un pequeño gruñido, que lo hizo sonreír. A su vez, Luján bajó sus manos, disfrutando del bello negro de él entre sus dedos. Desabrochó el botón y, luego, bajó el cierre, dejando que el jean de Tim cayera al suelo.
La luna se filtraba por la ventana, iluminando el lugar exacto en donde ellos estaban. Tim recorrió con su dedo toda su cintura, haciendo que se estremeciera, para despojarla de su jean. Luján temblaba. Si Tim no la estuviera sujetando, de seguro se habría desvanecido hace mucho. Sus manos en su piel, sus cuerpos confundidos, era una agonía. Una dulce agonía. Él se encargó de librarse de su bóxer y, recostándola en la cama, le quitó las bragas, para acomodarse sobre ella. Ambos se unieron, se transformaron en uno. Una sensación mágica y tenaz los invadía por completo. Ambos se entendían a la perfección. Tim era quien llevaba el control y Luján se limitaba a seguirlo en cada movimiento. Con toda la delicadeza y dulzura del mundo, Tim y Luján estaban haciendo el amor, sin prejuicios, sin culpas, sin dolor. Esa habitación era el refugio perfecto para sus jadeos, sus besos y sus caricias. No había nadie más que ellos dos.
Fundidos en un ritmo que se tornaba cada vez más vertiginoso. La cama no parecía lo suficientemente grade para albergar tanta pasión escondida. Cada centímetro de sus cuerpos se conectaban en forma única. Estaban hechos el uno para el otro.
Tim se acomodó suavemente sobre el agitado cuerpo de Luján. Las sabanas estaban arrugadas, a un costado de ellos, mientras que por toda la cama había secuelas encendidas de lo que acababa de pasar. Él estiró su brazo y alcanzó una sabana para cubrirlos a ambos. Miró a sus ojos brillantes y la besó dulcemente, en tanto la cobijaba. Luján se recostó con su pecho y se aferró a él, como queriendo no despegarse nunca más de su lado. Los ánimos fueron apaciguándose lentamente, sumiéndolos en un sueño profundo. En el mejor de los sueños que ambos podrían haber deseado…

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