Eran casi las nueve de la mañana cuando Peter llegó a casa de su madre. Necesitaba verla, estar con ella. Era la única persona que lo podía ayudar a superar su divorcio de Nicole.
Ya habían pasado unos meses desde que ella lo dejara solo en la casa que compartían en Berlín. Aunque su estado anímico había mejorado bastante, no podía dejar de sentirse solo. Sus negocios no eran lo suficientemente angustiosos como para distraerlo de su vida.
Volver con su madre le parecía una buena idea para sobrellevar este momento.
Una empleada le abrió el portón con mucha atención y él entró corriendo, con su equipaje a cuestas.
-¡Peter!-Exclamó Betty desde las escaleras, al verlo entrar.- ¡Hijo!
-¡Mamá!-Tiró su bagaje al suelo y corrió para abrazarla.-No sabes cuánto te necesito, mami.-La estrujó en sus brazos lo más fuerte que pudo.
-Hijo mío, te extrañé mucho.-Lo abrazó también.
-Yo también.-Sonrió tiernamente. Fueron alejándose poco a poco, para hablar con más tranquilidad.
-Vamos a la sala. Allí podremos hablar más tranquilos.
-Claro mamá.- Asintió.-Pero, ¿y mi equipaje?
-Descuida. Le digo a Lily que lo suba a tu cuarto.-Giró para llamarla.- ¡Lily!-Gritó.
Ella estaba en la cocina, hablando con Amy acerca de Peter, ya que lo habían escuchado cuando se encontraba con su madre. Lily era la única que no lo había visto aún y estaba muy intrigada por saber quién era.
Se acercó rápidamente hasta la entrada y vio a un hombre alto, que tranquilamente podría medir dos metros, con cabello negro y bastante corto y unos ojos azules, tan azules como el mismo mar, a los que cualquier mujer se rendiría con solo mirarlos. Parecía un príncipe. Ella solo tenía ojos para Sam, pero ese hombre era tan guapo e irresistible que hasta podría enamorarse de él.
¿Enamorarse? ¡Enamorarse! Debía caminar más rápido y disuadir sus pensamientos lo antes posible. Seguro el haberse levantado temprano le estaba nublando la razón. Era solo un hombre muy atractivo. Lo más normal era que pensara eso. Tampoco estaba ciega y la belleza del hijo de la señora Betty era demasiado evidente como para obviarla.
Eso no quitaba que Sam siguiera siendo quien le quitara el aire y la haga temblar con solo acariciarla. Después de todo, su pensamiento era bastante lógico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario