El estruendoso sonido del teléfono acabó con el silencio en la mansión Williams. Martin se apresuró a ubicar a sus hombres en los puestos que le correspondían, para rastrear la llamada. Una vez que todo estuvo listo, Betty tomó el auricular y suspiró profundamente. Solo esperaba que sean buenas noticias. Solo eso.
-Hola…
-¡Betty! ¿Se alegra de escucharme?-Rió burlonamente la voz del otro lado.
-¿Qué quieres?
-Tu niño volverá contigo.
Si no hubiese tenido un sillón a su lado, donde apoyarse, se hubiese desmayado al escuchar esas palabras.
-Por fin…-Suspiró.
-¿Tienes lo que es mío? El dinero.
-Sí. Ya te dije que está todo. ¿Qué tengo que hacer?
-¡Esa es la actitud!-Se burló otra vez.
-Por favor, todo lo que quiero es…
-¡Ya cállate!-Interrumpió.-Vas a hacer lo siguiente: irás esta misma noche hasta el depósito de basura, que esta al norte, al costado de la carretera. Caminarás desde allí hasta el primer poste de luz que veas. Dejarás el dinero debajo y te marcharás sin que nadie sospeche.
-Bien…
-Ve tú sola. Nada de policías y acompañantes. ¿Claro?
-Sí…si. Iré yo sola.
-Si haces las cosas bien, tu bebe regresará a casa.
-Haré las cosas bien.
-Te conviene.-Cortó abruptamente la comunicación.
-Ya sabemos donde están.-Exclamó Martin-No deben tener mucha experiencia en esto…
-¡No se le ocurra meterse!-Gritó Betty.
-Vamos a actuar señora .Ellos están al oeste.-Dijo con toda tranquilidad.
-¡No!-Se abalanzó hacia Martin.-No se moverán de aquí. Yo iré por mi hijo.-Comenzaba a desesperarse por la negativa del Inspector.
-Usted se quedará aquí.-Sentenció.-Muchachos vámonos. Hay trabajo que hacer.
-No pueden irse. No pueden…-Betty terminó desmayada en el suelo y siendo socorrida por Amy, mientras Martin y sus hombres salían de la mansión en busca de Peter. Esos tipos parecían se novatos en esto. La llamada había sido realizada desde un celular y quien llamó estaba moviéndose, porque el rastreador no permanecía quieto en la pantalla. De igual manera estaba en la parte oeste, en una zona descampada y poco habitada. Estaba muy cerca de recuperar a ese Peter, y ni siquiera le tomó un día completo para hallarlo.
Matt y Sam bajaron del auto, una vez que la llamada estuvo terminada. Luego de que matara a Kevin, quien se quedaba a cargo de todo era Sam. Su idea era llevarse a Lily lo antes posible. Marcharse juntos a cualquier parte. A España, Francia o a Rumania. Cualquier lugar era mejor que Inglaterra. Estaba a punto de conseguir todo lo que alguna vez deseó: ser feliz junto a su verdadero amor. Sabía que ella lo seguiría a donde quiera que vaya y que siempre estuviera junto a él. Pronto olvidaría todo esto del secuestro y al fin podrían estar tranquilos, en algún lugar del mundo, viviendo su amor en paz. Pero primero tendría que deshacerse de ese Peter. Bien podría matarlo, pero prefería dejárselo con vida a su mamita, que no parecía ser mala persona, después de todo.
Entró en la casucha lo más rápido que pudo. Necesitaba saber que Lily estuviera bien. Necesitaba decirle que todo lo que estaba haciendo era por ella. Que pronto serían completamente felices. Que ya nada los separaría nunca…pero la escena que encontró era una muy distinta a lo que él creía o esperaba. Sintió como la rabia comenzaba a recorrer su cuerpo, mientras su puño se cerraba cada vez más y sus pulmones se iban quedando sin aire.
Allí estaban…Lily y Peter…besándose. Las mugrosas manos de él acariciando a su Lily y esta abrazándolo como si fuera ese estúpido el único hombre que pudiera hacerle bien. Una bala en medio de su frente le hubiese dolido menos de lo que estaba presenciando. No había explicación en ello. Lily lo amaba. ¡Lo amaba! ¡Él era el hombre de su vida! ¡Él era de quien jamás se separaría! ¡Él era el único que podría hacerle el amor todas las noches de lo que le quedaba de vida! ¡Él lo era todo para ella! Lo fue alguna vez…
Sus ojos se iban cargando de fuego y furia a la vez. Lily sabría con quien debía estar…Se irían al diablo el maldito dinero y la felicidad que soñaba…Esa estúpida se daría cuenta de que no hay otro hombre que la ame de la misma forma que él. Era la última ofensa que estaba dispuesto a soportar de su parte…la última.
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