Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de junio de 2010

Something In Me Was Dying: 5ª Parte

Ya era casi medianoche y Luján seguía deambulando por la costa, cerca del café. Al día siguiente no tendría que trabajar y prefería quedarse disfrutando del aire fresco que el mar le proporcionaba. Le gustaba vagar por la playa durante la noche, en lugar de quedarse aplastada en un sillón comiendo y mirando televisión. Prefería sentir que las olas chocaran contra sus pies y perderse entre sus pensamientos. Durante esos días había estado recordando, más seguido que de costumbre, la última visita que Tim hiciera con su banda a la Argentina. Esa mezcla de emociones y sentimientos encontrados, todos en un solo fin de semana. El show, la manera en que Tim se movía en el escenario y su sonrisa de pura satisfacción, siendo que no es un hombre que suele expresar sus sentimientos abiertamente. Las pocas palabras que logró cruzar con él, el rose de su piel sobre la suya, el beso de despedida que le había dado y sus fotos volvían, para abrumarle la cabeza. Tenía la tibia sensación de que ahí estaba, que saldría de alguna parte. Que estaba cerca, que lo volvería a ver. Pero, mientras retomaba su camino habitual de regreso a casa, pensaba que tal vez no lo vería, no por ahora. Quizás debía dejar que el destino se encargara de cruzarlos una vez, por lo menos una vez. No pedía demasiado. Solo necesitaba verlo.
Seguía su camino, con toda tranquilidad, mientras caminaba el último tramo de De La Warr Parade, divisó a una niña, debajo de un árbol, llorando. No debía tener más de cuatro o cinco años, aunque era bastante alta para tener esa edad. Estaba sujetada a sus rodillas y miraba hacia todos lados. Esa esquina, en particular, estaba muy oscura esa noche. La pequeña posó su mirada en ella y al notar que se estaba aproximando, se levantó de un tirón y corrió el escaso trayecto que las separaba.
-¡Mami!-Exclamó la niña. Luján sintió que la abrazaba fuertemente de la cintura y le sería difícil desprenderse de ella. Aunque atinó a acariciarle el largo cabello negro, a modo de consuelo. Seguramente se había perdido y necesitaba que alguien la ayudara a regresar a su hogar.
Unos segundos después, la niña se apartó y retrocedió unos pasos…
-No.-Dijo, lamentándose.-Tú no eres mi mami.-Las lagrimas comenzaron a caer por sus blancas mejillas, otra vez.
-¿Te perdiste?-Inquirió suavemente Luján.- ¿Dónde está tu mamá?- Miró a su alrededor y notó que la calle estaba prácticamente desierta.-Si quieres podemos…
-Ella está en el cielo…-Bajó sus ojitos azules llorosos y Luján se sintió apenada por haberle preguntado eso. Pero no podía haberse imaginado que esa pequeña había perdido a su madre.
-¿Y tu papá?-Rogó, para sus adentros, no haber vuelto a meter la pata al preguntar por él.
-Él no sabe que me fui.-Respondió, un poco más calmada.-Pero se enojara mucho si se entera que me fui y yo…-Comenzó a llorar y ella se inclinó hacia la niña para abrazarla.
-Tranquila, pequeña.-Intentó consolarla, dándole palmaditas en la espalda.-Vamos a encontrar a tu papá. Te lo prometo.-Sintió que la niña la abrazaba con más fuerza aún.
-Gracias, señora.- Ese agradecimiento hizo que riera un poco.
-Luján, me llamo Luján… ¿y tú pequeña?
-Karen. Soy Karen.-Se fueron separando poco a poco y, a su vez, ganando más confianza.
-Bien, Karen, ahora iremos a mi casa y buscaremos a tu papá mañana. ¿Qué te parece? –La tomó de la mano y comenzaron a caminar juntas.
-Sí.-Respondió entre sollozos.-Pero no dejes que me regañe. No quiero que se enoje conmigo…
-Él no se enojara. Estoy segura de que te quiere mucho y que no va a dejar que nada malo te pase.
Recorrieron las pocas cuadras que las separaban de la casa de Luján y entraron juntas allí. Karen no pronunció ni una sola palabra, después de la conversación que tuvieran en el camino. Se encargó de prepararle su cama y, una vez que la niña se quedó dormida, permaneció junto a ella toda la noche. Esa pequeña había despertado un inusual instinto maternal en ella, algo que estaba oculto en su interior. Por primera vez, una noche suya no estaba ocupada por el rostro de Tim.

No hay comentarios:

Publicar un comentario