Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

viernes, 9 de julio de 2010

Something In Me Was Dying: 30ª Parte

Dos años después

-Por el poder que me concede la Santa Iglesia Católica, los declaro: marido y mujer.-El sacerdote bendijo a los novios, haciéndoles la señal de la cruz con su mano.-Que lo que Dios ha unido, el hombre no lo separe.-Hizo una breve pausa, ante la impaciencia de los recién casados.-Puede besar a la novia.-Se dirigió a Tim.
En ese mismo instante, Tim y Luján acababan de unir sus destinos para siempre. Aunque ya lo hicieran hace mucho tiempo, aquella noche de verano, ahora esa unión era “oficial”.
Ya no les parecía extraño todo lo que les ocurriera años atrás. Ambos se habían acostumbrado a la vida familiar. Vivian el día a día con una sonrisa en la cara. Aunque no faltaba alguna que otra discusión o circunstancial pelea, que traía consigo fogosas reconciliaciones. Eran una pareja como cualquier otra, solo que Tim era un personaje público. Más allá de sus extensas giras, Luján sabía cómo mantener viva la pasión entre ambos. Algunas veces lo acompañaba, junto con los niños, y otras iba ella sola (lo que se tornaba divertido cuando se quedaban solos).
Tal vez, se afianzaron más como pareja cuando nació Liam, su hijo. Por el preescolar de Karen, decidieron que el bebé naciera en Inglaterra, pero tendría la doble nacionalidad. Durante el embarazo y luego, junto al niño, durante la cotidianidad el amor que se tenían se acentuó aún más. Tim la soportó con sus antojos, la contuvo en la sala de partos y la ayudó durante los primeros meses de Liam. Sabía que contaba con él para cualquier cosa y eso la enamoró todavía más.
¿Cuesta creer? Al principio, y sobre todo para Luján, sí. Pero con el correr de los meses, se transformó en la más maravillosa realidad que pudo haber imaginado. Había formado una familia con Tim y eso era todo lo que importaba.
Ante la atenta mirada de los pocos invitados a la boda, Tim tomó en rostro de su (ahora) esposa y la besó dulcemente, sintiendo en sus labios las lagrimas de ella. Lagrimas de felicidad. Su esposa lo hacía el hombre más feliz del mundo. Le había devuelto la vida, cuando pensaba que esta no tenía sentido y le había regalado la oportunidad de volver a ser padre. El orgulloso padre del pequeño y travieso Liam. Era increíble lo que el amor podía lograr, era lo que se repetía todos los días…
Había vuelto a componer, sin dejar de prestar atención a su familia, y la banda volvió a editar un disco. El cual se transformó en el primero en la lista de ventas, con solo una semana en el mercado. Había construido una familia, estaba con la mujer que amaba, tenía dos hijos que lo enloquecían de amor… Las cosas no podían ir mejor.
Pero más allá de su presente, siempre habría alguien más en su corazón. Julia siempre lo acompañaría, como el más bello recuerdo de todos. Cada tanto iba a visitarla a su tumba, algunas veces solo, otras con Luján. Le gustaba hablarle un rato, contarle todo lo que le pasaba. La familia, la música, Karen, Liam y Luján. En su interior imaginaba que ella, desde alguna parte, estaría contenta con lo que le había sucedido. Julia era como su ángel guardián, que lo protegía de todo mal. Si hace dos años le hubiesen dicho que no sufriría por su ausencia, no lo hubiera creído. Pero ahora estaba rodeado de pura felicidad, sonrisas, tareas escolares y pañales.
Todo era mejor de lo que, alguna vez, había soñado.
Los novios salieron de la Iglesia, en medio de rosas blancas y semillas de arroz. Se subieron al auto y, junto a Karen y Liam, se dirigieron hacia el lugar donde celebrarían el enlace. Todo se había desarrollado en absoluta tranquilidad y solo habían asistido familiares directos y algunos amigos. Estaban los chicos de la banda (como no podía ser de otra manera), las familias de ambos, las amigas de Luján y hasta Paloma había ido.
Para ella también las cosas habían cambiado. Ahora era la novia de Justin, la flamante novia. Esto la volvía la mujer más envidiada por la mayoría de las amigas de Luján.
Ellos se veían muy bien juntos y parecía que lo suyo también iría para largo. Paloma también había empezado a trabajar con la banda, por lo que estaban juntos el tiempo completo. Y eso no parecía afectarles. Aunque ninguno de los dos insinuaba un posible casamiento y, a decir verdad, se los veía mejor así.
El auto entró lentamente en casa de campo que Tim había comprado en Pilar. Allí se alojaban cada vez que venían a la Argentina y les había parecido el lugar ideal para hacer la fiesta. La misma se había dispuesto dentro de una gran carpa blanca, que fue instalada detrás de la casona en la que vivían.
Karen fue la primera en salir del auto, cargando a su hermanito, a quien amaba. Ella estaba muy elegante, con un vestido en rosado claro y con un sombrero blanco, era toda una princesa. En tanto Liam tenía un pequeño trajecito, imitando a su papá, acorde a sus medidas y que lo hacían lucir como todo un señorito.
Ella había sido quien se encargara de cuidarlo desde el primer momento, por decisión propia. Amaba jugar con su hermanito y cantarle para que se durmiese. Su angelical voz le jugaba a favor. Solía contarle cuentos y hacerle dibujos. Idolatraba a Liam. Siempre lo cuidaría, asumiendo su rol de hermana mayor, que llevaba con mucho orgullo.
Y también estaba contenta con que Luján fuera algo así como su mamá. La había querido desde el principio y tenerla todos los días con ella, hacía que no extrañase tanto a su mamá Julia. Algunas veces lloraba por las noches recordándola, pero siempre aparecía Luján para calmarla y ayudarla a que durmiera. Nadie reemplazaría a su madre, pero Luján había logrado que se encariñara con ella, al punto de llamarla mamá.
Ambas se habían sorprendido la primera vez que se lo dijo, no hacía mucho tiempo, ya que a Luján no le molestaba que la llamase por su nombre. Pero con el correr de los días, se volvió más normal y ahora la llamaba así. Karen se sentía afortunada por tener una mamá, que la cuidaba desde el cielo, y una mamá en la tierra, a la que amaba.

Se pasaron toda la tarde bailando y riendo a más no poder. Tim no se cansaba de repetirle lo mucho que la amaba y lo bonita que lucía con su vestido de novia. No era muy ostentoso, era sencillo, con algunos detalles en la cintura y ajustado al cuerpo, de color blanco. Su velo le llegaba hasta los hombros y tenía el cabello prolijamente recogido.
Y Luján hacia lo mismo con él. Porque él se veía como un autentico príncipe inglés. Con un traje completamente negro, a excepción de su camisa, y dejaba que sus maravillosos ojos azules resaltaran sobre todo lo demás.
Todo había salido perfecto. Karen se la había pasado bailando toda la tarde, con Liam en sus brazos. Los invitados se habían divertido mucho y Justin interpretó alguna que otra canción. Él había sido el animador del evento y, justamente, el ramo de la novia fue a parar a manos de Paloma. Esto hizo que las mejillas de él se ruborizaran notoriamente, avergonzado y un poco temeroso, lo que generó las risas de todos los presentes.
Ambas familias se llevaban bien y todos habían bailado durante la fiesta. Las amigas de Luján todavía seguían sin poder creer que ella terminara casándose con Tim. Además de que estaban felices por tener a la banda tan cerca. Incluso una de ellas terminó bailando con Greg, aunque no pasó de eso (por ahora, se animaron a vaticinar algunas).
Desde la comida, hasta la música, perfectas. Cada momento de la fiesta fue disfrutado al máximo por todos los asistentes y, por supuesto, por los esposos. Más allá de que estaban celebrando su matrimonio, los llenaba de felicidad ver que todos regresaban complacidos por haber disfrutado de una sencilla, pero linda fiesta.

La noche se había adueñado de Buenos Aires por completo. Los recién casados estaban disfrutando de su luna de miel, en algún lugar de la misma. Se sentían tan plenos que no imaginaban llegar a experimentar más felicidad que esa.
-Te amo…-Susurró Tim, aferrado al cuerpo de Luján.-Te amo.-No se cansaba de repetirle, besándola y acariciándola una y otra vez.
-También te amo…-Contestaba todas las veces, dejándose llevar por el suave tacto de él.
Una vez que terminaron de hacer el amor y que ya no tenían fuerzas para nada más, se abrazaron. Permanecían quietos, pero con sonrisas que eran difíciles de quitarles. Disfrutando absolutamente del bienestar que le brindaba el uno al otro.
-Hemos llegado muy lejos, ¿no te parece, amor? –Intervino Tim, poniéndose a la altura de su esposa.-Me parece mucho esto del casamiento…-Bromeó.
-Le recuerdo que fue idea suya, señor.-Sonrió, besándolo sutilmente.-Y bueno… ¿cómo podía yo negarme?
-Eres maravillosa, Luján.-La miraba fijo a los ojos y parecía amarla aún más.-No imagino mi vida sin ti, enserio.-Acarició su corto cabello.-Ya no puedo dejar de amarte.
-Tú también eres maravilloso. Siempre te amé y siempre lo haré, tal como lo juré hoy.-Volvió a besar a su esposo, por el solo hecho de que no podía dejar de hacerlo.
-También lo haré Luján. No voy a dejar de amarte…-Fue lo último que dijo, antes de volver a hacerle el amor a su esposa.
Desde aquella vez que una adolescente Luján viera, pantalla de por medio, a ese músico inglés que la enamorara desde el principio, hasta la madrugada que Karen se cruzara en su camino. En el fondo sabía que terminaría así: junto a Tim. Ahora solo debía preocuparse por Karen, Liam y por portar el apellido Owen, que ya le pertenecía.
En cuanto a Tim, desde que Julia muriera, había jurado que jamás estaría con otra mujer. Y ese mediodía había unido su vida a la de Luján. Sin embargo, no sentía que le hubiera fallado a quien fuera su esposa, sino que hacía lo que ella hubiese querido que haga: ser feliz. Luján era la mujer indicada para él y estaba seguro de que el futuro les tenía reservadas infinitas alegrías.
El casamiento no marca el fin de esta historia, sino una nueva etapa en sus vidas. Solo que ahora los muestra como a una familia, dispuestos a afrontar nuevas responsabilidades y concretando sueños compartidos. Sencillamente un nuevo comienzo, con todo un futuro por delante.
No hay moralejas, parábolas o conclusiones. Luján y Tim demostraron lo que el amor puede lograr, que no hay amores imposibles y que los finales felices existen. Tan solo es cuestión de encontrar a la persona indicada y no rendirse, sin antes pelear.
Ellos apostaron por lo que sentían y dejaron que el amor actuara por sí solo…

Fin.

1 comentario:

  1. Que linda historìa, por cierto tiens razòn no hay amores imposibles stà en la cuestiòn de cada persona. Felicidedes..!! muy buen trabajo
    Mi amorcito nunca se rindiò =)

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