Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

martes, 30 de noviembre de 2010

Untitled II: 2ª Parte

La noche caía lentamente sobre la iluminada Capital Federal. El otoño ya estaba bien acentuado en el calendario, dejando a su paso cientos y cientos de árboles con sus hojas secas. La suave brisa fresca, que se acentuaba con el correr de las horas, acompañada por las primeras estrellas que aparecían en lo azul del cielo e incontables edificios, avenidas y autos formaban parte del paisaje urbano.
Desde la terraza, Gerónimo podía disfrutarlo como realmente le gustaba. Además, hace poco tiempo, le había tomado el gusto a la fotografía (inducido por su esposa) y esa clase de panorama le fascinaba retratar. Siempre lograba encontrar un tiempo libre para dedicarle y disfrutar de ella. Estando allí, disfrutando de la vista, le proporcionaba una paz indescriptible… Algo que parecía imposible de lograr. Por lo menos así lo creyó él, años atrás.
Habían pasado demasiadas cosas. Había sufrido demasiadas tragedias. Había cambiado radicalmente…
Después de Malvinas, Gerónimo se había puesto inmediatamente a trabajar. Primero, lo había hecho en el depósito de un supermercado, para luego terminar en una fábrica de autos. Como pudo, como mejor le salió, costeó sus estudios de Periodismo y ayudó a su madre. Casi no dormía, trabajaba demasiado y estudiaba a la par. No le fue fácil llegar a concluir su carrera. Pero su esfuerzo sirvió de algo y lo logró.
No supo bien por qué había elegido esa carrera en particular, pero siempre le había gustado. Veía a los periodistas como los voceros del pueblo, más allá de que durante la Dictadura muchos no hicieron más que salvar su propio trasero, comunicando lo que los milicos quería que dijeran. Y quizás esto fue lo último que lo motivó a estudiar la carrera: para decir la verdad, contarles a todos las cosas que realmente pasaban.
Luego de la vuelta de la democracia a la Argentina, se había lucido con un trabajo sobre ello en la Facultad, obteniendo la mejor nota de la clase. De ahí en más, supo que esa era su vocación y que de ello viviría una vez recibido.
Sus primeros trabajos fueron en radio. Comenzó haciendo un pequeño segmento, en donde hablaba de la realidad política y la analizaba. Poquito a poco, paso por diferentes radios de la provincia de Buenos Aires. Luego, pasó por algunas radios pequeñas de Capital, hasta terminar en la radio más importante de la ciudad y con alcance a gran parte del interior argentino.
Su nombre comenzó a ser respetado y reconocido. Tenía una columna de opinión en el diario más vendido del país y en una revista de interés general, muy conocida también. Estaba a punto de comenzar a escribir su primer libro y tenía una importante oferta para sumarse a un canal de televisión.
Si que todo había valido la pena…
Pero Malvinas seguía allí, latente, inolvidable. Así como Francisco. Así como Eugenia…
Esas habían sido las perdidas más grandes que jamás hubiese tenido y de las que nunca podría sobreponerse. Francisco murió en sus brazos. Fue él quien tuvo que decirle eso a su madre; quien la vio llorar desconsoladamente por su hijo muerto. ¿Cómo se podía volver se aquello?
En un principio, las imágenes se sucedían una y otra vez en su cabeza: el pelotón entero corriendo, aviones sobrevolando sobre sus cabezas, una lluvia de disparos y al final… Francisco agonizando. Francisco llorando. Francisco sin vida. Parecía una tortura para él. Había días que se sentía culpable por ello; otras veces, insultaba al mundo entero y luego de la furia, todo acababa con la resignación.
-Hay cosas que no tienen remedio.-Concluía.
Con el correr de los años, las heridas comenzaron a cicatrizar minuciosamente. Pero Gerónimo sabía perfectamente que lo acompañarían hasta el final de sus días. Y Matilde tuvo mucho que ver en ese proceso.
Apareció inesperadamente, para inundarle los días de cariño y esperanza. Ella era una compañera de clase, que terminó enamorándose de él. No había mujer más pura y bella que Matilde.
Lo encandiló desde el primer instante, devolviéndole ritmo a lo que nunca hubiese creído que volvería a latir en él: su corazón malherido. A paso lento, pero seguro, fue ganándose su confianza. Primero, compartiendo estudios; luego, interminables charlas, para terminar rendidos ante el amor y el deseo.
Juntos estudiaron y se apoyaron mutuamente el uno al otro. Juntos superaron todos los obstáculos y llegaron, juntos, al éxito del que disfrutaban en la actualidad.
Gerónimo estaba seguro de que su vida se hubiera desbarrancado, si Matilde no hubiese aparecido en el momento exacto. Su sonrisa, su timidez, sus caricias y sus besos, lo ayudaron a seguir.
Y todo aquello, desembocó en el matrimonio. Después de cuatro años, Gerónimo y Matilde se casaron. Él estaba completamente seguro de que ella lo amaba más que a nada, porque a cada instante se encargaba de demostrárselo… pero Gerónimo no parecía sentir lo mismo. En realidad, no lo sentía.
No podía negar la belleza física y espiritual que Matilde poseía, y que tan bien le hacía, pero nunca podía pasar de ahí. Le había propuesto casamiento, tenía que admitirlo, porque no quería perder el amor y la tranquilidad que le brindaba. Gerónimo sabía que una mujer así no se le presentaría dos veces en su camino, y no debía dejarla ir… Aunque su corazón estaría ligado de por vida a otra mujer.
Habían pasado innumerables momentos de felicidad. Matilde le había regalado dos hijos maravillosos: Facundo, de nueve años, y Violetta, de cinco. Junto a ella, había construido una hermosa familia, de la cual estaba enormemente orgulloso. Pero, más allá de su ternura y contención, Matilde jamás pudo sanar la herida más profunda que llevaba en su interior… Eugenia.
Jamás pudo olvidarla. Jamás pudo dejar de amarla, extrañarla, llorarla. No pasaba un solo día sin que no imaginara su rostro, sin que soñara con su sonrisa. Hubiese deseado, en lo más recóndito de su alma, que todo hubiera sido una pesadilla. Que Eugenia nunca hubiese mentido. Que jamás se hubiese marchado.
¿Cómo pudo? ¿Cómo fue capaz de romperle el corazón en mil pedazos? ¿Por qué tuvo que herirlo de aquel modo? ¿Por qué mintió sobre su amor?
Nunca más volvió a verla, ni saber de ella. Lo único que le quedó fue el recuerdo de sus besos y esa mágica despedida que tuvieran…
Había pasado demasiado tiempo. Diecisiete años habían sido demasiado…
Sacudió raudamente la cabeza, intentando ahuyentar aquellos pensamientos. Eran más de las ocho de la noche y comenzaba a hacer frío allí. Se olvidó del paisaje y se dirigió al loft, que estaba debajo, donde vivía junto a su esposa e hijos.
Cuando llegó, el teléfono sonaba estruendosamente. Alcanzó a atenderlo.
Minutos después, Gerónimo salía desesperadamente de su departamento.

1 comentario:

  1. Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo, no podes dejarme con la duda! Me mueroooooooooooooooo! Sobri que te dije de dejarme con la duda xD no seas mala con tu tia che xD ajaja!

    me encantó! Lo ame! La verdad, bien merecido el futuro de Gerónimo :)

    Ahora solamente falta que se reencuentren! YAAAAAAAAAAAA! Quiero que suceda eso *_*

    Te quiero muchooooooooooo sobri!
    La verdad que amo tus historias!♥

    Besitos!

    Quiero 3º cap.!!!!!!!!!♥

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