Finalmente y muy a su pesar, el 20 de Enero había llegado. Debía estar feliz, porque ya era todo un hombre… pero no lo estaba. Al día siguiente, lo pasaría a buscar la Policía Federal para llevárselo a Bahía Blanca, a cumplir con el Servicio Militar. Y, realmente, estaba aterrado de solo pensarlo. Su mamá no lo notaba, pero ahora era cuando menos ganas tenía de cumplir.
Había algo… ¿cómo decirlo? Una especie de presentimiento. Un mal presentimiento. Él sabía que todo aquello no terminaría bien, lo intuía. Aunque podía ser fruto del mismo temor que él sentía…
Almorzó con su familia. Sonrió por compromiso, tratando de que ellas no se preocuparan por su estado de ánimo. No era su culpa que ese maldito “gobierno” lo obligara a hacer cosas que no quería. Pero sabía que, si no lo hacía, las cosas empeorarían. Esperaba, algún día, hacer algo para cambiar esa realidad.
No hubo regalos ni festejos desmedidos. Todo se resumió en ese tranquilo almuerzo. No había ánimo para estar de fiesta. Ni siquiera tenía idea si vería a Eugenia ese día. Su papá todavía estaba con ella y eso los alejaba.
Se echó de espaldas, sobre su cama. Se mantuvo mirando al techo fijamente durante un tiempo. Su mente había quedado en blanco. Ya estaba arto de pensar y seguir pensando. Giro su mirada hacia un costado y vio su bolso de viaje, perfectamente ordenado, a su lado. Francisco lo había ayudado a hacerlo, la tarde anterior, mientras lo ayudaba a él también. Ambos irían a Bahía Blanca y compartían el mismo temor.
Sin pensarlo dos veces, se levantó de golpe. Se puso las zapatillas y se marchó. No sabía si la vería o no, pero necesitaba imperiosamente estar en el departamento que se había convertido en el lugar de los dos. Era una especie de refugio, donde podían quererse sin que los demás los molestaran.
Subió las escaleras lentamente, como lo hiciera el día que volviera con Eugenia. Abrió la puerta del mismo modo y se sorprendió con lo que encontró: Eugenia estaba sonriente, sentada en el suelo. Cerró la puerta, tras él, rápidamente. Su rostro expresó, por primera vez, una sonrisa autentica.
-¡Feliz cumpleaños!-Sonrió Eugenia, abrazándolo. Él le devolvió el saludo con un cálido beso.
-Gracias. No esperaba que estuvieras aquí…
-Tenía pensado ir a buscarte a tu casa.-Lo guió para que se sentase junto a ella, sobre unos almohadones en el suelo.-Papá se fue anoche, pero no tuve tiempo de decírtelo…
-No importa.-Le acarició la mejilla.-Verte era todo lo que necesitaba.
-Y… ¿cómo estás?-Inquirió, tímidamente. Sabía perfectamente que al día siguiente él se marcharía y que no le gustaba para nada esa idea.
-Bien…
-No te creo.-Se apresuró a decir. Tal vez, no quería hacerla sentir mal, pero no podía ocultar su desagrado con tener que hacer el Servicio Militar.-Dímelo, Gero. Ya hablamos mucho de esto…
-Tienes razón.-Suspiró.-No quiero hacerlo… tengo miedo Euge…-Inconscientemente, la abrazó con fuerza. Ella no opuso resistencia. Era su apoyo y contención lo que necesitaba.
Se mantuvieron así durante unos largos minutos. En silencio. Solo estaban abrazados. Un aire melancólico invadía toda la habitación. Era una sensación agridulce, por el amor que compartían, pero por las circunstancias que los rodeaban…
-Te necesito, Eugenia…-Susurró él, besándole suavemente el cuello. Ella respondió acariciándole la espalda e inclinándose lentamente hacia el suelo. Gerónimo la siguió en aquel momento y se recostó delicadamente sobre ella. De repente, la angustia había dado lugar a la pasión. Una pasión que se iba incrementando, a medida de que él se apoderaba de los labios de Eugenia.
Ella, en particular, no tenía recuerdo alguno de haberse sentido tan bien teniendo esa clase de cercanía con alguien. Las veces que había tenido relaciones, tan solo eran para satisfacer fugaces deseos, carentes de amor. Gerónimo la estaba tratando con una dulzura que desconocía, colando sus manos por debajo de su remera, acariciándole la espalda, mientras se la quitaba. Desde lo más profundo de su ser, brotaba un incontrolable deseo de sentirlo sobre su piel. Por un momento, abandonó sus labios, para concentrarse en desabrocharle la camisa, para que no hiciera interferencia entre ellos.
Él, por su parte, comenzaba a relajarse, sintiendo el suave aroma de la piel de Eugenia. Estaba un tanto tensionado, porque no se consideraba alguien que tuviera experiencia en… “eso”. Lo había hecho un par de veces, pero nunca se había sentido tan deseoso de sentirla contra él, de besarla desenfrenadamente, de hacerla suya. Comenzó a descender lánguidamente, besando cada porción de piel en su camino. Desabrochó los botones del jean y lo deslizó hacia abajo, regodeándose de la belleza de Eugenia. Ella lo atrajo nuevamente, apretándolo contra su pecho desnudo, para besarlo. Esta vez, los besos ya no eran cálidos sino se tornaron cada vez más intensos, cargados de avidez y necesidad. A esa altura, la temperatura entre ellos superaba ampliamente a la de cualquier tarde de verano. Gerónimo no tardó demasiado en quitarse el jean. Antes de volverse sobre ella, la observó unos segundos. Eugenia sonreía. Y él sonreía al verla así. Estaba a punto de hacerle el amor a la chica que más había amado.
Nada se interponía entre ellos. Nada impedía que pudiesen amarse. La habitación parecía pequeña, para albergar los gemidos y jadeos que la pasión misma provocaba. Ese lugar se había transformado en el sitio más maravilloso del universo. Ambos, interiormente, habían soñado con que este momento llegara. Por algún motivo, ninguno se había animado antes. Pero ahora, producto (casi) de la casualidad, estaban amándose intensamente. Entre besos húmedos y respiración entrecortada, Eugenia sonreía. Gerónimo la llenaba por completo y la hacía disfrutar cada segundo de placer.
Gerónimo ya había perdido todo temor, incluso, ya no sentía miedo por lo que le esperaba. Estaba haciéndola feliz. Ella lo estaba haciendo feliz. No podía pedir más, de lo que estaba recibiendo. Era todo lo que necesitaba para poder mirar, sin ningún temor, hacía el futuro.
Los movimientos, que en un principio fueran frenéticos y vehementes, se tornaron suaves y pausados. Poco a poco, la adrenalina fue disminuyendo, mientras comenzaban a separarse. Aunque ya nada podía hacerlo. Se habían unido. El destino los hizo el uno para el otro. Para ambos les sería imposible olvidar lo que acababa de suceder…
Eugenia se acomodó dócilmente junto a Gerónimo. Estaban exhaustos, pero inmensamente felices e inundados aún de los vértigos de la pasión que acababan de vivir.
-Sabes…-Susurró ella.-Jamás me había sentido así. Con nadie…
Gerónimo sonrió y giro, para poder abrazarla de frente. La miro fijamente a la profundidad de sus ojos verdes. Y se dijo que, por ningún motivo, estaba dispuesto a privarse de despertar todas las mañanas, que le quedaran de vida, viéndolos.
-Te amo.-Le acarició la mejilla, pero sosteniendo la mirada en sus ojos.-No quiero perderte…
-Yo tampoco.-Respondió, acompañándolo con un cálido beso.-Nunca voy a amar a nadie más…-De pronto, una idea vino a su cabeza. Más que una idea, se había convertido en una certeza, después de lo que acababa de suceder. Lo había pensado muchas veces, pero ahora se sentía segura, como para afirmarlo. Volvió a besarlo.-Por eso…cuando todo esto pase…-Murmuró.-quiero que nos escapemos juntos.
Una mezcla de sensaciones, difíciles de explicar, fueron las que Gerónimo sintió en su pecho. Pero las palabras que había oído, eran el mejor regalo que hubiese podido pedir.
-Deja que yo me encargue, Gero.-Prosiguió.-Quiero ser feliz y eres la única persona con la que voy a serlo.
-Pronto todo acabara, mi amor.-Sonrió él.-Vamos a estar juntos…-Y todo volvió al principio. Repitieron ese mágico ritual, cuantas veces se les antojó. Ninguno había podido prever que cada una de las palabras que habían dicho, los marcaría por el resto de sus vidas. Esa tarde, habían unido sus caminos para siempre.
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En memoria del Sr. Nèstor Kirchner.
Wowwwwwwwww sobri!
ResponderEliminarQue lindo capitulo! ^^
Que amores los dos, muy buena la idea de Eugenia! :) Me encanto! Ojala que el destino deje que estos dos tortolos sean felices por siempre :)
Sobri muchas gracias por este capitulo!
Esta hermoso!
Espero el 13º :)
Te quiero mucho! ♥
Besitos! ♥
*N.K. ♥