Durante toda la semana siguiente, las cosas seguían iguales. Por lo menos eso intentaban fingir ante los demás. De amigos a novios ficticios, en un abrir y cerrar de ojos. Y todo a causa de un capricho de Eugenia. Entre ellos, las cosas también habían cambiado.
Hablaban de la misma forma que antes, pero con algo de reserva para cada uno. La confianza no era igual, después de lo que sucediera el viernes. Parecía como si tuvieran miedo a cometer un nuevo error, que pusiera en peligro la amistad que tenían.
En realidad, para Gerónimo no había sido ningún error. Pensaba así porque estaba enamorado de ella, pero no quería complicar más las cosas, de lo que ya estaban. Por el momento, le bastaba con ayudarla a mentir sobre la “relación” que llevaban.
Pero, para Eugenia, había sido un error gravísimo. Estaba arrepentida por haberlo hecho y se lo había dejado en claro a Gerónimo. Quería tener, por primera vez, una relación diferente con un chico y había desaprovechado la única oportunidad que tenía de hacerlo. Por culpa de sus malditos impulsos de adolescente, acabó con una amistad tan hermosa, como era la que tenía con él. Varias veces se había planteado si le gustaba o no, pero ahora comenzaba a tener la certeza de que Gerónimo era más que un fiel amigo. Eso la llenaba de dudas, la tenía confundida y no la dejaba dormir. Porque, en realidad, nunca había sentido algo parecido por nadie. Las cosas con él fueron extrañas desde el principio, porque no lo veía como a los demás. A su vez, él la trataba con el cuidado que nadie lo había hecho. ¿Podía ser que Gerónimo también estuviese enamorado de ella? En parte, sí. En parte, no. Aunque así fuera, se lo hubiese dicho… pensaba.
Solo el tiempo tendría la última palabra y ambos estaban dispuestos a dejar este problema en sus manos.
La semana concluyó, pero ni Gerónimo ni Eugenia, tenían planeado verse luego del colegio. Como se había vuelto rutina desde hace días.
Salieron del colegio y se despidieron amigablemente. Para sorpresa de Eugenia, su padre estaba esperándola en la vereda de enfrente. Ella se acercó a él ni bien lo vio. Alfonzo estaba apoyado sobre su auto, cruzado de brazos y de un no muy buen semblante. Aunque Eugenia no recordaba si alguna vez había visto a su padre sonreír.
-Hola papá.-Se aproximó a él e intentó besarle la mejilla, a modo de saludo. Pero este la ignoró completamente.
-Sube.-Cortó, seco. Frío. Eugenia se limitó a obedecer y se acomodó en el asiento del acompañante. Durante el viaje, se mantuvieron en silencio. Algo no andaba bien y ella lo intuía. Por algo no quería saludarla, ni dirigirle la palabra. Pero debía esperar. Solo eso.
Llegaron a la casa y Eugenia se encaminó a su cuarto. Pero, cuando estaba por subir las escaleras, Alfonzo la detuvo.
-Tú y yo tenemos que hablar.-La sujetó muy fuerte y ella se quejó por lo bajo. La condujo a la biblioteca y cerró la puerta tras él, una vez que estuvieron allí. Eugenia se liberó de su padre y se sentó en uno del los sillones más cómodos que se encontraban ahí. Se preguntaba que había hecho mal, porque era seguro que su padre le daría un sermón sobre quién sabe qué cosa.
-Voy a ser claro.-Tomó la palabra Alfonzo, mirando fijamente a su hija.-No quiero enterarme de que estés frecuentando a ese tal…Gerónimo. ¿Entendiste?
-¿Qué?-Exclamó ella, dando un salto del sillón. No entendía como su padre se enteró de su amistad con él. Mucho menos lograba comprender por qué no quería que estuviese con él.-No tiene nada de malo. Es un amigo.
-¿No me escuchaste, no?-Empezaba a ofuscarse por la actitud de su irreverente hija.-Voy a ser más claro: no te quiero cerca de ese don nadie. No te conviene que te vean con personas así. ¿Qué van a pensar nuestros amigos? ¿Qué va a pensar Martín de todo esto?
-Martín fue el que te fue con el chisme, ¿no?-Eugenia estaba a punto de entrar en cólera por lo que estaba escuchando. ¿No había sido clara cuando dijo que no quería nada con ese imbécil? Ahora tenía que soportar que su padre la obligara a portarse “amablemente” con él. Pero no iba a permitir que la alejaran de Gerónimo. No se iba a separar de la única persona que le importaba.
-Eso no te importa.
-Si me importa, papá. Me importa porque no quiero nada con ese idiota. Y mucho menos voy a dejar de ver a Gerónimo.-Se lo dejó bien claro, firme ante la figura autoritaria de su padre.-Él es mucho mejor que Martín. Es mi amigo y lo quiero. No voy a dejar que me alejes de él….
-¡Basta Eugenia!-Interrumpió Alfonzo, cansado de la terquedad de ella.- ¡Vas a hacer lo que yo te digo y se acabó!
-¡No papá! ¡No podes hacerme esto! ¡No voy a dejar que…!-Y antes de que lograra terminar de hablar, Alfonzo le dio una bofetada que la hizo caer sentada al sillón.
-O te dejas de joder con ese pendejo…o no lo vuelve a ver ni la madre, ¿me escuchaste?-Afirmó, tajante. Eugenia sintió como un escalofrío le recorría toda la espalda y el miedo se adueño de ella. Así como lo hiciera una certeza… Miro a su padre con rabia, con odio. No podía creer que fuera esa clase de monstruo, pero era justamente lo que tenía frente de ella. También sabía que él era capaz de cumplir lo que le estaba diciendo…
-No serías capaz…-Miro fijamente los vacíos ojos del hombre que estaba frente suyo, porque se negaba a aceptar que “eso” fuera de su familia, mucho menos su propio padre.
-No me conoces, Eugenia.-Dijo, inexpresivo.-No te vuelvas a acercar a esa mierda, ¿entendiste? –Se inclinó y le besó la frente.-Es por tu bien, hija.-Susurró, para luego marcharse. Eugenia esperó unos minutos y salió corriendo hacía su cuarto. Cerró la puerta con llave y se tiró en su cama a llorar. Todavía giraban en su mente las frías palabras de su padre, jurándole que mataría a Gerónimo, si volvía a acercarse a él. Porque eso era lo que había dicho…ni su madre lo vería otra vez. A medida que se lo repetía a sí misma, lloraba con más fuerza. Estaba movida por la rabia, la furia, el odio, la tristeza.
Miraba al techo, intentando encontrarle una explicación a todo aquel horror que le tocaba vivir. No se imaginaba lejos de Gerónimo, pero tampoco quería que nada malo le pasara. Todo era un torbellino de miedo y duda. Jamás se había sentido tan decepcionada de alguien y ahora lo estaba del cretino que tenía como padre.
Pero, en medio de tanta confusión y desasosiego, había una sola certeza que le traía un pequeño desdeño de luz a su vida: lo que sentía por Gerónimo no era amistad, era amor. Estaba enamorada de él. Porque lo quería, estaba aterrada de no volverlo a ver. Pero no podía arriesgar su vida.
Más allá de esto, lo amaba. Él la hacía feliz. La trataba con cariño y cuidado. La comprendía y la consolaba. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Por eso hizo lo que hizo. Por eso lo había besado. No por darle celos a Martín, sino porque quería hacerlo.
Sabía que tenía mucho que pensar…pero no estaba dispuesta a dejarlo. Algo se le ocurriría. No podía alejarse de Gerónimo en el preciso momento que se había dado cuenta que lo amaba.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
ResponderEliminarNo pobreeeee Eugenia :(
Que maldito que es el padre y ese Martin :@ que bronca! :@ Cada día lo odio más! :@
Que se vallan solos a algun lugar, lejosssssssssss! ♥
Que lindo, al menos se dio cuenta que lo ama! ^^ ♥ Que amor! ♥
El padre primero le pega y dspues se atreve a besarle la frente que sinverguenza! ¬¬
Bueno, sobri como ya sabes, este capitulo me recontra ENCANTOOOOOOOOOOO! :D
Wuouwwww cuanto espereee xD Estuve toda la semana revisando a ver si subias :D ♥ Gracias x avisarme sobri! :D ♥
Te quieroooooooooooo muchisimo!
Y quiero el cap. 6º :D ♥
Besitos y espero que andes d 10 :D ♥
*Lheito Hughes*