Achabal al 3250. La dirección estaba correcta. Gerónimo se encontraba frente al edifico que le indicara Eugenia, con la carta en su mano. El aspecto del mismo era bastante deteriorado. Se notaba que el edificio tenía sus años encima. Sin embargo, mantenía su belleza estética, gracias a su estructura colonial y los detalles arquitectónicos. No quedaban demasiados lugares así.
Una persona estaba limpiando la vereda y mantenía la puerta de entrada abierta. Este parecía ser el encargado del edificio. Mientras continuaba limpiando, Gerónimo apretó el paso y entró al lugar. Subió las escaleras, notando que el edificio estaba aun más deteriorado por dentro.
Uno a uno subió los escalones, hasta el tercer piso. Se preguntaba a sí mismo si estaba haciendo bien en creerle a Eugenia. Tenía el tenue temor de que estuviera jugando con él. Pero, a su vez, mantenía la esperanza de que sus palabras fuesen ciertas. Aunque, si era así, su vida corría peligro. No podía obviar ese detalle. El idiota que Eugenia tenía como padre, quería alejarlo de ella, sea como fuere. Pero si ella se lo pedía, jamás la dejaría.
Todas eran suposiciones. Nada estaba dicho. Gerónimo estaba a minutos de saberlo todo. Absolutamente todo.
Los golpes de la puerta, hicieron que su corazón comenzara a acelerarse. Su corazón latía enloquecido, sabiendo que Gerónimo estaba del otro lado.
Le creía, por eso estaba allí. Eso la llenaba de tranquilidad y alegría a la vez. Aunque deseaba no tener que estar escondiéndose de nadie para verlo. No era la situación más favorable, pero la aliviaba el solo hecho de que Gerónimo haya vuelto a confiar en ella.
Se acercó lentamente, pero con paso firme, hacía la puerta. Espió por la cerradura, para corroborar que se tratara efectivamente de Gerónimo. Y así fue. Él estaba allí. No pudo evitar sonreír al verlo otra vez.
Sus dedos temblaban. Eugenia temblaba. Movió pausadamente el picaporte, hasta que finalmente abrió la puerta.
-Hola.-Sonrió, nerviosa.
-Hola.-Dijo él, solo para no ser descortés e ignorando el brillo en los verdes ojos de Eugenia. Se hizo una especie de pausa entre ambos, hasta que ella volvió a hablar.
-Pasa, Gerónimo. Te estaba esperando.-Invitó y este accedió a su pedido. Eugenia cerró la puerta tras ella, mientras Gerónimo escrutaba cuidadosamente el lugar. Una leve sensación de quietud pareció invadirlo, al saber que ella no había mentido tanto. Solo necesitaba saber la última parte del embrollo.
Ambos se acomodaron en los polvorientos sillones que allí había. Ese departamento llevaba años sin ser habitado y apenas contaba con una mesa y una cama en el único cuarto que poseía. Eugenia no sabía bien si reír o ponerse, más bien, seria. Tenía demasiadas cosas que aclarar, pero no tenía idea de por dónde empezar.
-¿Para qué quisiste que venga? No tengo mucho tiempo.-Comenzó él, tomándola por sorpresa. Gerónimo si estaba completamente serio y Eugenia lo notaba desconfiado.
-Porque quiero explicarte lo que pasó. Explicarte porque te mentí el viernes, en mi casa. Y también hablar sobre… sobre algo más…-Atinó a decir.
-Comienza.-Cortó Gerónimo, dispuesto a escuchar con total atención lo que Eugenia tenía para decirle.
-Bien…-Carraspeó.-Para resumirlo, la semana ante pasada papá y yo tuvimos una discusión. Él me recriminó que me estuviera viendo contigo y me obligó a que dejara de hacerlo. Me dijo que eras mala compañía para mí. Que como me podía juntar con personas como tú, que pensarían los demás de mí. A eso le respondí que no estaba dispuesta a perder tu amistad y no lo haría.-Hizo una pausa y su rostro se ensombreció de repente, recordando las palabras que Alfonzo pronunciara. Gerónimo, por primera vez, abandonó su resta postura e hizo un ademan para tomarle la mano, pero se retractó.-Entonces, él me dijo que o te dejaba de ver o él mismo haría que ni siquiera tu madre volviese a verte. Y yo sé perfectamente que significa eso.-Lo miró fijamente a la profundidad de sus ojos azules, con una seriedad y firmeza que nunca antes había utilizado.-Él está dispuesto a matarte si no me alejó de ti.
-Pero…pero, ¿y lo del viernes?-Las cosas eran más graves de lo que imaginaba. La farsa estaba descartada, creía completamente en Eugenia.
-Te mentí porque sabía que si te decía esto, tú cometerías alguna idiotez y… ¿quién sabe? Ahora no tendríamos la oportunidad de volver a hablar.-Suspiró.-Fue lo único que se me ocurrió para que te marcharas. Pero nada de eso fue cierto. Estaba obligada por la situación…-Sin darse cuenta, estiró sus manos y tomó las de Gerónimo.-Y porque si a ti te pasa algo…-Volvió a mirarlo a los ojos.-Yo me muero, Gero.-Unas incipientes lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Gerónimo la acercó hacía él y la abrazó como nunca antes lo había hecho.
-Tranquila. Te creo Euge.-Dijo, mientras acariciaba su espalda.-Todo va a estar bien.
-Pero hay algo más, Gero.-Murmuró ella, reincorporándose.-Lo que realmente me motivo a que insistiera con verte, con hablarte de esto.
-¿Qué pasó Euge?-La miro, extrañado.- ¿Hay algo más todavía?
-Sí, Gero.-Tomó aire, porque lo necesitaba. Pero ya no temblaba, estaba segura de todas y cada una de las palabras que estaba por decir.-La tarde que discutí con papá me di cuenta de algo. Supe que te necesito, que te extraño, que eres una parte muy importante en mi vida. Que significas mucho para mí… más de lo que había admitido, hasta ahora. Gero yo…-Notaba la intriga que había despertado en él. Tal vez todo acababa allí o empezaría algo mejor para ambos. Pero no podía seguir ocultando lo que sentía por Gerónimo. Le estaría mintiendo, si intentaba ocultar aquello que brotó de su pecho el mismo día que lo besara.-Yo estoy enamorada de ti… te amo.-Dijo al fin. Los azules ojos de Gerónimo no podían salir de su sorpresa al escucharla decir eso. Simplemente, no concebía una idea como aquella. ¿Había escuchado bien? ¿Dijo… te amo? ¿Era eso no, te amo? ¿Te amo? Pasaba de la pesadilla al sueño en un abrir y cerrar de ojos. La chica que amaba, también lo amaba a él. ¡Lo amaba!
-¿En… enserio? ¿Me… me quieres?-Gerónimo no seguía sin salir de su asombro.
-Sí.-Sonrió.-Te amo. Pero si vos…
-Silencio.-Posó el dedo índice en sus labios.-Déjame disfrutar un momento más.-Hizo una pausa.-Quiero disfrutar el saber que la chica que siempre amé también siente lo mismo por mí.-Esta vez, fue el turno de Eugenia para sorprenderse. Ya no le importaba que la situación no jugara a favor de ellos, ¡Gerónimo la correspondía! Era todo lo que necesitaba saber, para seguir luchando por estar juntos. No había nada más que le importara, que el chico que amaba, la quisiera del mismo modo.
-¿Estás diciendo que…?
-Te amo, Eugenia.-Interrumpió él. No hubo tiempo para nada más. Inmediatamente él se apoderó de sus labios, sin dar lugar a más palabras. Lentamente fue adueñándose de ella, como lo hiciera con sus sentimientos. Gerónimo estaba besándola dulcemente, embriagándola de todo su amor. Ya no tenía que fingir ni jugar a los “novios” para el resto de los demás. Todo eso era cierto. El amor que había nacido era cierto. Se amaban. Eugenia se aferraba a él, como temiendo perderlo si no lo tenía ella misma. Solo restaba luchar, pero eso resultaba más fácil ahora. Se tenían el uno al otro, como realmente debían tenerse. Dejaron las mentiras y las intrigas de lado…para dejar paso al más tierno y maravilloso amor.
Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ResponderEliminarMe encantooooooooooo! Mi favoritooooooooo! ♥.♥
Esta hemrosisimo y perfecto sobri, wowwwwwww! Sin palabras! ♥
Me encanto! :D
Te quierooooooooo muchisismooooooo sobri :D
Ya quiero el prox. cap. ;)
Te quierooooo! ♥