Luego de ese imprevisto regreso, Eugenia y Gerónimo se volvieron amigos. Esas casualidades de la vida, hicieron que se convirtieran en inseparables. Octubre comenzaba a despedirse, viendo como pasaban las tardes en casa de él o en cualquier lugar, que no fuese la casa de Eugenia. Ambos confiaban ciegamente en el otro y se contenían mutuamente. Para sorpresa de ella, desde que conociera y se involucrara con Gerónimo, no había vuelto a tener ninguna aventura amorosa. Tal vez, porque consideraba que si lo hacía, estaría traicionando de alguna forma a su nuevo amigo. Podía parecer extraño, pero no tenía ojos que no fueran solo para él. Sabía que lo que sentía no era precisamente amor, pero algunas veces se planteaba a sí misma si no estaría inconscientemente enamorada de Gerónimo. Aunque terminaba por dejarse de preguntar estupideces como aquella y tratar de que eso no afectara su relación con él.
Para Gerónimo era lo mismo que estar en el mismísimo paraíso. Cada tarde junto a Eugenia, era como algo nuevo por conocer, una nueva sensación que experimentar. Nunca terminaba de conocerla del todo, porque siempre tenía algo nuevo con que sorprenderlo y enamorarlo aún más. Él se había sorprendido de sí mismo, por como hacía para disimular sus sentimientos cuando estaban juntos. Ese rol de confidente no le caía mal, pero prefería mil veces ser algo más que un simple amigo. Por el momento, dejaba que los días pasaran y el tiempo diera la última palabra. Si ellos tenían que estar juntos, nada ni nadie lo impediría.
Pasaban horas y horas, entre tareas del colegio y charlas sobre problemas familiares, la vida, el futuro y demás. Gerónimo sentía que podía ser quien realmente era, cuando estaba con ella. No le daba miedo contarle sobre lo mucho que extrañaba a su padre, sus sacrificios diarios y su miedo al Servicio Militar, el cual se encontraba muy próximo. Ella entendía cada palabra y siempre tenía algo que lo animaba, si se sentía triste o asustado. No tenía dudas que después de todo lo que estaban viviendo, le sería imposible sacarla de su corazón. Eugenia ya estaba impregnada en su alma y no podía imaginar una vida lejos de ella. Solo faltaba el último paso, solo le faltaba un sí de parte suya y nada volvería a ser lo mismo. Pero optaba por dejar esa decisión a una fuerza superior. Dios. Las circunstancias. El tiempo. A lo que fuera, si tenía que ser así, lo sería.
Habían estado planeando toda la semana el almuerzo de ese viernes, el primer viernes de Noviembre. Quedaron en que salían del colegio y se iban a un bar que no estaba demasiado alejado de allí y les parecía bonito.
La campana sonó, juntaron sus cosas y fueron a formarse. Comenzaba a sentirse el calor veraniego y la nostalgia de fin de curso. Estaban a un mes de terminar la secundaria y eso los llenaba de alegría y miedo a la vez. Alegría por concluir un ciclo importante en sus vidas. Miedo por lo que el futuro les tenía preparado, las responsabilidades, las decisiones y los caminos que les aguardaban.
Todos salieron en orden y en silencio, como debía ser. Luego, cada uno tomó el camino le correspondía. Ellos se juntaron en la esquina del colegio y comenzaron a caminar en dirección al bar. De repente, cuando ambos iban conversando distraídamente, Eugenia sintió que alguien la tomaba fuertemente del brazo, por detrás de ella. Eso hizo que se detuvieran. Quien había hecho eso, con la sola intención de molestarlos y hacerles pasar un mal rato, era Martín. Otra vez.
-¡Qué lindos se ven los amiguitos!-Exclamó, sarcásticamente, apretándola contra su cuerpo.- ¿No sé dan cuenta que se ven como unos idiotas?–Rió, burlonamente.
-¡Déjame en paz, tarado!-Se soltó Eugenia.- ¿Y vos no entandes que no me gustas? –Remarcó esto último.
-Este idiota no tiene nada mejor que hacer, Eugenia.-Intervino Gerónimo mirándolo con desprecio. Pero esto hizo que Marín enfureciera, tomándolo de la camisa.
-¿Y vos quién te crees que sos, muerto de hambre?-Comenzaba a fastidiarse aún más, al ver que Gerónimo permanecía con una absoluta calma.
-¡Déjalo en paz!-Interrumpió Eugenia, abalanzándose sobre Martín y haciendo que este soltara a su amigo. Pero él no dejaría que las cosas quedaran así y estaba dispuesto a romperle la cara a ese Gerónimo.
-¡Esta no es más que una puta cualquiera!–Comenzó a gritarle a Gerónimo.- ¡Con todos hace lo mismo, solo que a vos te está durando bastante la fiestita!-Volvió a reír, lo que hizo que Gerónimo dejara de lucir como si nada estuviera sucediendo. Cerró su puño, lo más fuerte que pudo, canalizando en el toda la furia que corría por sus venas. Se lo plantó en medio de la nariz de una manera tan contundente, que hizo que Martín sangrara. Alcanzó a escuchar que algo se quebraba, tal vez era su nariz, pero eso no fue suficiente para que se retractara.
-A ver si así cerras tu puta boca y dejas de hablar pelotudeces de una buena vez, estúpido.-Se reincorporó, algo más sereno. Eugenia, permanecía a un costado, anonadada por lo que acababa de ver y sin saber qué hacer. Pero cuando iba a dar media vuelta, Martín, dolorido y con el rostro ensangrentado, volvió a hablar.
-¿Quién te crees que sos?-Dijo, indignado. Esta vez, antes de que Gerónimo volviera a golpearlo, Eugenia sintió que debía intervenir para que aquello no terminara en algo más grave y se apresuró a contestar.
-Gerónimo es mi novio.-Miro fijamente a Martín y tomó del brazo a Gerónimo.-Que te quede claro: lo amo y, a vos, jamás te voy a hacer caso.-Dicho esto, acercó a Gerónimo a ella y lo besó rápida y apasionadamente, para que no quedaran dudas de lo que entre ellos pasaba. Fueron cuestión de segundos. Los amigos de Martín lo obligaron a marcharse, dejándolos solos en la vereda.
-Gracias por defenderme.-Dijo ella, reincorporándose otra vez.
-De….de nada.-Respondió él, totalmente atontado y confundido por lo que acababa de pasar entre ellos. Eugenia, más allá del contexto, lo había besado. ¡Eso había sido….increíble! Jamás imaginó sentirse tan bien consigo mismo. Había sentido los suaves labios de ella en los suyos, experimentando una sensación mágica que le era imposible de describir con palabras.
Ese mediodía, ambos volvieron a sus hogares por separado. El almuerzo había sido cancelado. En realidad, lo postergaron.
Cada uno regresó a su casa aturdido por aquel fugaz beso. Pero con perspectivas diferentes, o por lo menos eso parecía. Gerónimo no podía dejar de pensar en eso. Eugenia, el beso, sus labios…cuanto la amaba. En cambio, ella, regresaba aún más confundida que antes. Por algún motivo, que no era precisamente evitar que Martín la siguiera molestando, había besado a su amigo. Más bien se había tratado de un impulso. Pero ahí estaba el problema, ¿qué fue lo que la impulsó a hacer aquello? Y peor era la afirmación a la que había llegado: el beso le pareció…lindo. Le pasaron cosas. Sintió cosas cuando besó a Gerónimo. Eso la preocupaba en demasía. Se trataba, simplemente, de que no podía gustarle su mejor amigo. Ósea, no quería enamorarse de él… ¿o ya lo estaba?
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarMe encanto :D Me encanto :D ♥
Hayyy que lindooooo, se besaronnn *_* Me mueroo! Que ternuras! ^^ ♥
Es hermoso este capitulo :D ♥
Hayyy Eugenia, pobree, ojala q si esten juntos :D Si se aman :D ♥
Te quieroooooooooo mucho sobrii :D
Quierooo 5º Yaaaaaaaaaa! :D ♥
Besitos! ♥