Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Untitled II: 8ª Parte

Sus hijos le propiciaron una cierta sensación de paz, la cual no había sentido desde el accidente de Matilde y el reencuentro con Eugenia. Nada lo hacía sentir mejor que hablar con Francisco y Violetta, pero por otro lado, ellos le hacían ver qué cosas eran realmente importantes en su vida, devolviéndolo a donde pertenecía (o por lo menos así lo creía Gerónimo). Estaba tan pendiente de su pasado, que ni siquiera se había tomado la molestia de comunicarse con sus hijos y contarles como estaba su madre. ¿Pero porqué no podía dejar de pensar en Paula? ¿Cuál era la razón por la que le preocupaba el distanciamiento que Eugenia le imponía? ¿Porqué Eugenia no le mencionó que tenía una hija?
En la soledad de la noche y la oscuridad del extenso pasillo se encontraba, caminando de un lado hacia otro y sin poder parar de pensar en lo ocurrido durante el día. Los ojos de Eugenia le decía que algo estaba escondiendo, de eso estaba segura. Podía reconocer la misma mirada en aquella jovencita que intentara alejarse de él, tiempo atrás, pero en aquel entonces no supo dilucidar lo que ocultaba. Ahora era diferente, ya no era un adolescente y podía saber con exactitud cuando alguien le mentía o le escondía alguna cosa. Eugenia estaba haciendo esto último. Las preguntas que surgían de esto era porqué lo hacía y con qué propósito. Simplemente había estado hablando con Paula unos minutos y estos fueron suficientes para enfurecerla. Podría suponer infinidad de motivos que llevaron a Eugenia a comportarse así, pero ninguno le parecía satisfactorio o racional como para conformarlo.
Mejor era dejar todo ese asunto atrás y volver a centrarse en lo que es relevante. Lo único que lamentaba era saber que estaba sintiendo nuevamente una especie de vértigo inexplicable. Un vértigo que llevaba dieciocho años sin experimentar…

El clima era bastante estaba tenso. Eugenia, Paula e Isabel se encontraban cenando, sumidas en el más frío de los silencios. Después de mucho meditarlo, Paula sacó a relucir lo acontecido ese día con Gerónimo, en busca de hacer entrar a su madre en razón.
-La verdad, mamá, no te entiendo.-Bufó Paula, evitando mirar a su madre.-Gerónimo no es una mala persona, además es conocido e instruido.
-No me importan sus bondades.-Replicó Eugenia, con tono moderado.-No quiero que lo veas. Fin del asunto.
-¿Porqué? ¿Qué pasó? ¡No te entiendo!-Paula comenzaba a alterarse, pero la verdad no tenía idea de por qué lo hacía.
-¡Es un extraño, Paula!-Gritó Eugenia. Pero sabía que no podría convencer a su hija tan fácilmente, era igual de tozuda que ella.- ¿Acaso sabes cuáles son sus intenciones contigo? ¿Qué lo hace tan confiable para ti? ¿Qué te he dicho sobre las personas que no conoces?
-¡Ya lo sé!-Dos minutos más y se echaba a llorar. No podría aguantar demasiado la envestida de su madre.
-Por favor, Paula, cálmate.-Pidió Isabel, en un tibio intento por tranquilizar a su nieta. El mismo fracasó.
-¡Ya sé que no hay que confiar en extraños y también que no tengo la más mínima idea de la vida de ese tipo!-De un tirón, se levantó, dejando caer la silla detrás de ella. Eugenia la siguió. Pero cuando quiso marcharse, simplemente no pudo. Se quedó estática, cerca de la mesa. Había algo que la estaba deteniendo, no reconocía qué.
-Paula…-Aprovechó Eugenia el letargo de su hija para, con un tono más conciliador, persuadirla y hacerla comprender que era lo mejor para ella.-Por favor, hija, si no quiero que lo veas es porque sé que eso es lo mejor para las dos…
-¿Para las dos?-Giró y miró a su madre, incrédula.-Entonces esto no tiene que ver conmigo, ¿no es así?-Ahora no sentía enojo sino decepción.- ¿Qué fue lo que te hizo ese Gerónimo para qué no me dejes verlo, eh? ¿Por qué tengo que pagar por lo que vos hiciste?-La increpó.
-No es asuntó tuyo. Tampoco tengo porque decírtelo, son mis problemas y, por favor, te pido que no intentes juzgarme por algo que ni siquiera conoces.-Eugenia olvidó el tono cordial, previamente utilizado, para evitar que Paula se metiera en donde no debía.
-¡Lo único que quiero saber es realmente porqué no quieres que lo vea, mamá! ¡Por Dios, todo lo que decís no tiene nada que ver con Gerónimo! La verdad que no te entiendo.-Exclamó, sonriendo de manera nerviosa. Esa discusión no terminaría bien.
-¡Lo que yo no entiendo es por qué tú insistes tanto en verlo!-Ya estaba en un punto que podría tener un colapso nervioso en cualquier momento. Jamás había tenido una discusión semejante con Paula. Ella nunca se había comportado de manera rebelde, siempre obedecía y no solía tener reparos con respecto a las decisiones que ella tomaba. Pero ahora estaba incontrolable y no entendía bien porqué… una voz en su interior le dijo en la vida todo vuelve y sintió un leve escalofrío que le recorría la espalda al escucharla. Lo peor era que tenía toda la razón.
-¡Por favor! Eugenia, Paula, tranquilícense de una buena vez. No me gusta verlas discutiendo de este modo por cosas sin sentido.-Volvió a intervenir Isabel, ante el pequeño momento de silencio que se interpuso entre madre e hija. El solo hecho de que mencionaran a Gerónimo la alteró, de una forma menos perceptible, a ella también. Era lo que había temido que sucediera desde que piso suelo argentino.
-No lo sé.-Se sincero de una vez Paula, suspirando cansinamente y con la mirada en el suelo.-No lo sé, mamá. Pero no quiero perderlo y no voy a dejar que lo arruines por un capricho.-Dijo segura y echó a correr hacia su cuarto, sin darle tiempo a Eugenia para que pudiera replicar las palabras de su hija.
Inmediatamente después de escuchar el fuerte portazo que Paula dio al cerrar la puerta de su habitación, Isabel se acercó a su hija para hablarle al oído. Esta permanecía consternada.
-Tienes que arreglar esto cuanto antes. No puedes seguir más tiempo guardándotelo.-Balbuceó, con una expresión de seria preocupación por lo que Eugenia había estado haciendo, no solo ahora, sino desde hacía años.
-Ya es muy tarde, mamá.-Murmuró, con la mirada pérdida en algún punto del comedor. Y, sin agregar ninguna palabra más se dirigió raudamente al dormitorio de Paula, con la intención de calmar los ánimos.
Se detuvo frente a la puerta, pero no se animó a entrar. La música de Green Day sonaba a todo volumen. Eugenia se maldijo por dentro haber sido una estúpida con todos los que realmente eran importantes en su vida. Lamentó haber sostenido una absurda mentira durante tantos años e intentar defenderla minutos atrás. Paula estaba sufriendo por su culpa y eso era algo que no podría soportar demasiado tiempo.
Eran meras consecuencias de sus erráticas decisiones y tendría que sobrellevarlo si no quería que las cosas empeorasen. Aunque lo peor aún no estaba por llegar.

1 comentario:

  1. Wowwwwwwwwwwwwwww!! Que discusión que tuvieron :S

    Pero igual en algun momento se lo tiene que decirrr!

    :O Que cosa peor esta por llegar??? Eso me dejo con dudas :/ Que es????

    Sobri, esta espectacular este cap. quiero ya el 9º por que me dejaste con la duda ¬ :)

    Te quiero muchooo sobrii :)

    Hermoso capitulo! :)

    Besitos! :)

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