Más de ochenta canales de televisión y ninguno lograba llamar su atención. Cambiaba, cambiaba y seguía cambiando mecánicamente, ni siquiera se detenía para ver si había algo que llegase a interesarle. Cinco días atrás había hecho algo increíblemente estúpido: besar a Eugenia. Desde entonces, la mayor parte del tiempo se ocupaba de pensar solo en eso. Nunca debió pasar; ¿en qué estaba pensando?; hubiera sido mejor que… ¿Cómo llegó a interpretarlo Eugenia?; ¡Mierda, por qué tuvo que reaccionar así! Su cabeza parecía querer explotar y no había nada que Gerónimo pudiera hacer para evitarlo. Por lo menos podía disimular frente a Matilde y los niños, pero ese horrible sentimiento de culpa (que siempre había sentido) ahora se había maximizado de una manera incontenible. Fue solamente un simple beso, lo que significaba que había traicionado a su esposa. Él lo había hecho, nadie lo obligó. Lo peor del caso fue el inmenso alivio que sintió al hacerlo, la sensación de que por fin estaba haciendo lo que sentía, dejándose llevar después de mucho tiempo de condenarse a una miserable rutina… haberla besado, por un instante, le devolvió una pizca de felicidad como hace mucho no sentía.
¿En qué pensaba? Por Dios, su esposa estaba muriendo y el solo pretendía ilusionarse con algo que era imposible y no se repetiría una vez más. A pesar de que su débil corazón no se resignaba a la idea de que lo suyo con Eugenia era una mera ilusión, su cabeza le decía que ya no había una segunda oportunidad para ellos. Las cosas eran diferentes y no había absolutamente nada que los uniese como para justificar el volver a intentarlo. Ya no más.
-Gero… ¿estás bien?-Cuando regresó a la realidad, notó que estaba cambiando inconscientemente de canal y que Matilde estaba sentada junto a él, observándolo con el seño fruncido e intrigada por saber lo que le estaba pasando a su esposo.
-No… nada.-Sacudió rápidamente la cabeza, tomó las manos de Matilde y puso en ellas el control remoto.-Toma. No hay nada que me llame la atención.-Se recostó en su lado de la cama, dándole la espalda a su esposa, y se cubrió con el cobertor. Matilde seguía sin comprender.
-Cariño… entiendo que estés cansado. Pero hace diez minutos estábamos mirando una película y de pronto comenzaste a cambiar de canal en canal.-Dijo ella, en un tono que expresaba su preocupación. Gerónimo la escuchaba, tapado con el cobertor hasta la cabeza, ideando alguna excusa para su comportamiento.-Te pedí que te detuvieras varias veces, pero no me escuchabas. Por lo menos hasta hace un momento. Enserio Gerónimo, actúas extraño, hasta distante, diría yo. ¿Qué es lo que te pasa? Sabes que puedes confiar en mí, amor.-Hizo una breve pausa y se acomodó suavemente sobre el respaldo de la cama.-A pesar de lo que está pasando, me está pasando, estoy aquí para lo que necesites…
Matilde continuó hablando, podía escuchar su voz… a lo lejos. Su mente volvió a posarse en Eugenia y se dio cuenta de que no tenía ninguna excusa que contentara a Matilde. No podía ni debía ocultarle que la traicionó, por más inocente que fuera su acto fue lo que acabó por hacer. Por culpa de ello ya no podía sacar a Eugenia de su mente y había reavivado la pasión que sentía por ella que, en vano, quisiera enterrar todos estos años. Matilde no merecía más mentiras, ella ni siquiera tenía idea de la existencia de Eugenia. ¿Pero sí eso le hacía daño? ¿Si no quería saber más de él? ¿Si no llegaba a entenderlo? ¿Debía decirlo? ¿Debía?
-Besé a Eugenia.-Se levantó de un tirón y quedó sentado en la cama, mirando al frente. Supo que Matilde le estaba diciendo algo y su repentina confesión logró silenciarla. Luego, volteó lánguidamente la cabeza para encontrarse con la angustia que denotaba el rostro de Matilde. La contempló unos segundos, mientras ella miraba hacia algún punto de la habitación, y le extrañó que su esposa permaneciera, por así decirlo, tranquila. Cualquier mujer en su lugar se hubiese alterado y comenzado a vociferarlo. Pero Matilde estaba calmada, como ausente, sin decir una sola palabra. Entonces decidió volver a hablar esperando alguna reacción de su parte.-Besé a Eugenia.-Dijo, con voz temblorosa que reflejaba los nervios que había comenzado a sentir.
Esta vez, Matilde volvió su mirada hacia Gerónimo. Mantuvo sus ojos puestos en los de él durante unos segundos, pero con la misma actitud pasiva que había adoptado. Luego, finalmente habló.
-No me sorprende. Sabía que esto, tarde o temprano, pasaría. Era algo inevitable.
Gerónimo abrió los ojos de par en par, atónito por lo que acababa de escuchar de boca de su esposa. A su vez, no comprendía del todo las palabras de esta. La interrogó con la mirada pero Matilde no quería responder o no parecía entender su mueca de duda.
-¿Qué? ¿Qué dices? ¿Por qué era inevitable? Matilde no te entiendo.-No sabía bien si caer en la desesperación o tratar de buscarle una vuelta a todo aquel asunto. Suspiró y se dijo a sí mismo que debía calmarse, eso sería lo más favorable.
-Cálmate, Gerónimo.-Le tomó la mano y la acarició. Ya había procesado lo que acababa de oír y ya era momento de liberarse de una de las cargas que tenía encima.-Tienes que saber que…-Era ahora o nunca.-… bueno, siempre supe de la existencia de Eugenia. Nunca fue una desconocida para mí.
-No entiendo.-Él bajó la mirada, más sosegado pero con más interrogantes aún.-¿Cómo es que conoces a Eugenia?-Volvió su mirada a ella.
-Nunca la conocí, hasta que desperté en el hospital.
-Entonces… ¿cómo es que…?
-Fue antes de que nos pusiéramos de novios…-Interrumpió.
El plan había sido quedarse los dos despiertos toda la noche, para preparar el final que debían rendir al día siguiente. Con esa intención Matilde había llegado al departamento de Gerónimo. En el mismo vivían junto a él su madre y su hermana. Esta última fue quien le abrió la puerta, en la entrada al edificio. La condujo hasta el departamento y, una vez allí, le informó que Gerónimo se estaba bañando pero terminaría de un momento a otro. Por ese motivo, mientras lo esperaba, Matilde se puso a deambular por la pequeña sala-comedor que había allí. Entre algún que otro adorno se detuvo a observar una foto familiar, en la cual aparecían Gerónimo, su madre y su hermana, sonrientes. La contempló unos segundos con cierta ternura, casi abstraída de todo lo que pudiera suceder a su alrededor, reservando su completa atención hacia ese retrato.
-Ay, no sé que tendrá esa foto, pero logra embelesar a la chica que la aprecie.-Dijo sonriente Julieta, la hermana de Gerónimo, al ver la atención que Matilde había puesto en esa foto. Ella giró raudamente, fingiendo que tal cosa no había sucedido.
-¿Qué? No. Solamente estaba mirando el retrato. No sé, me parece muy tierno.-Trató de convencer a Julieta con esas palabras para no tener que tolerar la interrogación de esta.
-A mi no me engañas… a vos te gusta mi hermano, ¿no es así?-Evitó el comentario previo de Matilde y lo preguntó con una mirada inquisidora.
-¿Yo? No, para nada. Él solo es un buen compañero de…
-Lo sabía. Te gusta.-Interrumpió Julieta.-Igual no tengo problema con eso. Además a Gero no le vendría nada mal olvidar a la desgraciada de Eugenia que lo abandonó. Y vos pareces buena chica.-Sonrió.
-¿Quién es Eugenia?-El solo hecho de que se suponía de que se trataba de una ex novia despertaba su interés.-Este… por curiosidad lo pregunto.-Intentó disfrazar su curiosidad. Julieta tampoco le creyó eso.
-Ah… ¿ves que te interesó cuando hablé de la otra no? Bueno, hace… no sé… creo que dos años. Bien, hace dos años mi hermanito se enamoró como un tonto de esta malnacida y llegaron a tener algo. No duró mucho, pero se los veía enamorados. Bah, Gerónimo estaba enamorado, la otra… dudo mucho. La cuestión fue que se separaron cuando él fue a hacer el servicio militar y justo lo mandaron a Malvinas. Cuando volvió se encontró con que esta Eugenia había desaparecido por completo. La fue a buscar y pudo saber que había salido repentinamente del país. Nunca nos avisó nada a mí mamá, ni a mí, ni a nadie. Simplemente se fue.-Matilde escuchaba atentamente el relato de Julieta, mientras pensaba en como esa chica pudo haber perdido la oportunidad de estar con Gerónimo.-Así y todo, estoy segura, el muy necio sigue queriéndola…
De repente, fueron interrumpidas por el portazo de la habitación de Gerónimo y luego su presencia. Matilde saludó con un simple gesto con la mano, viendo como él se escabullía hacía la cocina. Esto fue aprovechado por Julieta para decir unas palabras más.
-Es tu oportunidad para hacer que Gero se olvide de Eugenia… no la desaproveches.-Susurró. Después tomó su bolso y se dispuso a salir. -¡Chau, me voy!
-¡Chau, Juli!-Exclamó él, saliendo de la cocina con mate en mano y termo bajo el brazo. Los dejó en la mesa y se detuvo a observar a su amiga, que parecía estar distraída. -¿Julieta te dijo algo? ¿Está todo bien?-Quiso saber.
-Sí.-Sonrió esta.-Estoy mejor que nunca.
Gerónimo estaba absorto. No podía creer lo que terminaba de escuchar. Después de todo no había sido tan mala idea contarle a esposa lo que sucediera. Ahora que lo recordaba… la primera vez que se besaron fue durante esa noche de estudios. Aún seguía sin poder creerlo…
-Perdóname por no habértelo dicho antes, pero alguna vez pensé que yo había logrado que la olvidaras, luego me di cuenta de que eso nunca sucedería. Por eso no me sorprende lo que acabas de contarme.-Matilde interrumpió un largo silencio que había quedado luego de que contara lo sucedido años atrás.
-¿Enserio?-Por poco y olvida que él fue quien encendió la mecha para que aquel asunto explotara por completo. Sin embargo, seguía sintiéndose culpable y no tenía ningún reproche para con su esposa.-Matilde, hice algo que no debía… te fallé. Te fallé.
-Nunca podrías fallarme, Gerónimo.-Le acarició suavemente la mano, a medida de que se acercaba al rostro de él, para acabar besándolo suavemente. -¿Me escuchaste? Nunca.-Murmuró.
El sonrió tenuemente. Posó su mano en la delicada mejilla de Matilde y respondió al beso que ella le diera. Pero no todo estaba dicho aún…
-Lo que no te voy a perdonar es que no seas feliz…-Sonrió ella. Gerónimo no respondió, Matilde volvió a confundirlo. Por esto ella retomó la palabra.-Quiero que seas feliz, Gerónimo. Si Eugenia representa tu felicidad, lucha por conseguirla. No te voy a permitir que no lo hagas.
-Mi amor, vos siempre vas a ser la única.-Se apresuró a replicar.
-No, Gerónimo. No.-Movió la cabeza en desacuerdo con lo que él le estaba diciendo.-No tiene sentido retenerte a mi recuerdo y lo sabes. No me queda mucho tiempo, por eso quiero decírtelo antes de que sea demasiado tarde.-Decía, sin poder dejar de acariciarle la mejilla.-Vos me hiciste muy feliz y, de algún modo, me amaste es lo menos que puedo pedirte.
-¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué me pedís algo así?-Preguntó, mirándola fijamente a los ojos.
-Porque te amo Gerónimo. Te amo.-Afirmó dócilmente.
Las treinta y seis horas de guardia no pudieron hacerle olvidar lo que sucediera con Gerónimo. Volvía a sentir ese suave cosquilleo que de adolescente había experimentado. No sabía qué, cómo ni cuándo pero Eugenia estaba convencida de que algo estaba por cambiar. Por primera vez él le dio un mínimo indicio de que no todo había muerto. Es más, parecía seguir más vivo que nunca. Estaba mal, porque él tenía una esposa y encima esta no estaba pasando un buen momento, pero lo sintió exquisitamente maravilloso. Si con solo estar a su lado la hacía flaquear, ese fugaz beso acabó con sus defensas (las que ya estaba muy bajas, después de que ella lo besara primero) y con su cordura.
Mientras conducía de regreso a su casa, le echaba un vistazo de tanto en tanto al asiento del acompañante y solo podía sonreír. En un momento pensó en pasar frente al edificio de Gerónimo, pero luego desistió de esa absurda idea.
Llegó exhausta a su casa. Paula estaba en su cuarto e Isabel en el living muy concentrada en unos papeles. La saludó cariñosamente y se acomodó junto a ella en el sillón.
-¿Qué son estos papeles?-Preguntó Eugenia, tomando uno de ellos.
-Me los dio el abogado…-Respondió Isabel, sin ganas de charlar sobre el contenido de los mismos.-Me citaron a declarar en el juicio que se le sigue a Alfonzo por el asesinato de tu papá.
Eugenia la miro sorprendida.
-¿Cómo no me dijiste nada? ¡Mamá!
-¡Y que querías que hiciera! No es fácil para mí enfrentar al desgraciado que mató a Gustavo.-Dijo, sin poder contener más la angustia que tenía.-Por favor Eugenia, no necesito tus reproches ahora.-Dicho esto, volvió a concentrarse en los papeles.
Sin poder permanecer allí, Eugenia decidió levantarse e irse hacia el cuarto de Paula. Ni siquiera había salido del living cuando el sonido del teléfono retumbó en todo el lugar. De inmediato, Eugenia se adelantó y atendió la llamada.
-Hola.-Contestó.-Hola, ¿quién habla?
Pasaron unos segundos más.
-¡Hola! Contesté o cuelgo.-Parecía que alguien tenía intención de hacer una broma. Isabel levantó la cabeza al escuchar el grito de su hija.
-Por última vez…
-Eugenia… qué bueno que me contestas.-Una voz masculina habló del otro lado.-Supongo que ya me debes haber reconocido…
-¿Quién habla?-Interrumpió ella. Luego de haber preguntado eso, un escalofrío le recorrió toda la espalda.
-Solo te voy a decir una cosa: que ni a vos ni a la puta de tu madre se les ocurra hablar, porque si lo hacen a Paulita puede llegar a pasarle algo…-Rió maliciosamente.-Empezando por hacerle saber quién es y donde está su verdadero padre. ¿Entendido?
La comunicación se cortó abruptamente. Ella permanecía con el auricular sobre su oreja y con las palabras de ese desgraciado retumbándole en la cabeza. No podía permitir que Alfonzo intentase arruinar su vida otra vez…
-¿Qué pasó? ¿Quién era? ¿Estás bien?-Isabel se levantó rápidamente y se acercó a su hija al ver la expresión de su rostro durante la llamada. Pero esta no parecía responder a sus preguntas.
Eugenia se había quedado pasmada.
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Esta parte va dedicada a Melisa Zurita, ya que mañana es su cumpleaños. Te quiero mucho madre keanera!
NAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, ME MUEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
ResponderEliminarEL MEJOR EL MEJOR EL MEJOR EL MEJOR CAPÍTULO (POR AHORA :P) AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH NOOOOOOOOOOOOOOOOOO ESTA EXCELENTEEEEEEEEEEEEE! *_* WOWWW ME RE SORPRENDISTE SOBRII, POSTAAAA, TE LO JUROO, ESTA SUPERRRRRRRRRRRR!
HAY DEDICADO PARA MI SISTER MELY ^^ MAÑANA SU B-DAY ^^ QUE TIERNA SOBRI ^^
TE QUIERO MUCHO Y YA NO ESPERO QUE SE REENCUENTREN Y ESTEN POR SIEMPRE JUNTOS :)
ASHHHHHHHHHHHHHHH ESE ALFONZO ME TIENE CANSADA ¬¬ CADA DÍA LO ODIO MÁS :@ YA SE VA A HACER JUSTICIA POR ÉL ¬
TE QUIERO MUCHO SOBRI, AMÉ MAL ESTE CAPÍTULO :) QUIERO YA EL 16º :P QUIERO QUIEROOO! ^^
BESITOS♥