Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

domingo, 30 de enero de 2011

Untitled II: 14ª Parte

Lo bueno había sido volver a hablar con Paula, reconciliarse con su hija. La desdicha, saber que Alfonzo (ya había perdido la costumbre de llamarlo papá) había vuelto a su vida con el único fin de hacerla miserable. Pero esta vez no lo conseguiría. Tanto Eugenia, como su madre ya no eran mujeres a las que se podía engañar con tanta facilidad. Los años demostraron que pudieron llevar a cabo una vida sin sobresaltos y sin la necesidad de un “hombre” cuidándole las espaldas. Alfonzo había llegado muy tarde como para atormentarlas.
Solo la extrañaba ver a su madre un tanto preocupada, más allá de que le aseguró de que esta vez no se dejó persuadir por su ex esposo, seguramente ese reencuentro la había alterado un poco. Lo cual era lo más lógico, con el último ser humano que hubiese deseado cruzarse era con él. Encima, ¿querer venir a hacerse el abuelo bondadoso con Paula y después chantajear a su madre? Ese tipo era de lo peor y los años lo habían vuelto más mañoso de lo que ya era. El único sentimiento que generaba en Eugenia era lástima, pura lástima. De solo pensar que ese hombre, una vez, lo había tenido todo y por su avidez insaciable lo perdió todo. ¿Qué más podía originar que un sentimiento de lástima y pena? Pobre diablo.
En cuanto a Paula, quien estaba confundida por la aparición de su supuesto abuelo, Eugenia obligó a su madre a que le contase la verdadera historia sobre Gustavo (su padre) con lujo de detalle, para evitar que ese tipejo vuelva a querer tener contacto alguno con su hija. Isabel le contó absolutamente todo: el comienzo de la relación; los intentos de ambos por permanecer juntos; el secuestro de Gustavo y su posterior muerte. Le habló sobre la noche en que Alfonzo y ella discutieran y este se hiciera cargo del asesinato de Gustavo. Sus palabras sonaban amargas y en su interior sentía como las viejas heridas del pasado, esas que jamás sanarían, volvían a sangrar. Trató de no quebrarse frente a su nieta, pero le fue imposible. Por suerte Paula comprendió lo que sucedía y lamentó la triste experiencia de su querida abuela. No podía hacer más que contenerla y hacerle saber que ella estaría siempre a su lado. Fue un momento difícil que les tocó vivir a las tres, pero allí estaban unidas, como siempre había sido.

Luego, para colmo, la citación que le llegó a Isabel y despejó sus dudas sobre la reaparición de Alfonzo: el inminente juicio por el asesinato de Gustavo. No supo que sentir. Eran muchas cosas que cruzaban por su mente y explotaban en su alma… ¿justicia? ¿Justicia? Ella sabía perfectamente quien fue el culpable de arrebatarle a la única persona que había amado realmente en toda su vida, pero nunca se animó a denunciarlo por eso. ¿Por qué? Por miedo. Cobardía. Presión.
Pero ahora era diferente. Bah… diferente. Atando cabos sueltos, supo que el juicio tenía relación con la visita de su querido Alfonzo. Estaba segura de que el muy idiota quería la plata para huir, ¿para qué más sino? Está en el banquillo de los acusados y con la soga al cuello, solamente ella es su salvavidas en este momento. Jamás imaginó que ese día llegaría al fin.
¡Maldita sea! Otra vez se encontraba atada de pies y manos. Siempre sería así. Por más de que Alfonzo ya no tenía los mismos recursos como cuando mató a Gustavo, conservaba ese maldito ímpetu que le aseguraba que cumpliría su amenaza…
¿Qué debía hacer?

Cuando lo vio asomarse por la puerta de entrada, el alivio recorrió sus venas y supo que no sería una aburrida reunión de padres. Inmediatamente Paula fue corriendo hacia Octavio para recibirlo y charlar un poco. El tiempo los había convertido en buenos amigos. Él tenía una banda, en la cual era el cantante y tecladista, aunque todavía no se había presentado la oportunidad de verlos había escuchado algunas canciones de ellos y le parecieron hermosas. Distaba mucho con el sonido punk que la enamoraba de Green Day, pero tenía algo melancólico que le llamaba la atención y le agradaba más de lo que hubiese esperado. A cambio, ella podía ofrecerle su naciente pasión por la escritura, más bien el periodismo. Octavio tuvo mucho que ver en que Paula se animara a ingresar en el diario del colegio y se probara a sí misma como periodista escolar. Mal no le iba.
Aunque eso le recordaba a Gerónimo y, interiormente, había tomado ese camino para imitarlo de alguna manera. Lo extrañaba. Parecía insólito, pero lo echaba de menos. Seguía sintiendo una conexión especial con ese hombre que se le hacía difícil explicar. Algo tenían en común, era lo único que podía asegurar. Pero, ¿qué cosa? Eso no podía responderlo. Lo más llamativo era que solo habían tenido una charla, una sola charla. Con eso bastó para encariñarse con ese hombre, que sospechaba que había sido el novio de su madre en la adolescencia de esta. Por esto último detuvo su tonta búsqueda, ya tenía suficientes cosas en qué ocupar su tiempo… la más importante era Octa… su amistad con Octavio. Sí, eso era… Más allá de sus brillantes ojos verdes, lo dulce que suena su voz confundida con los acordes de su teclado, lo mucho que la divierte y la contiene, solo eran amigos y jamás dejarían de serlo.
No arruinaría la hermosa amistad que la unía a Octavio diciéndole que estaba enamorada de él…
Bien. Mejor obviar la línea anterior para no comenzar a preocuparse… tarde. Ya estaba confundida.

Nada nuevo en el colegio San Andrés. Solo recibió elogios de Paula y era algo que enorgullecía enormemente a Eugenia: había hecho un muy buen trabajo criándola. Salió de allí más satisfecha y sonriente que cualquier otra madre. Paula recibió una invitación para quedarse en casa de una de sus compañeras, por lo que volvería a casa sola. No era demasiado tarde, apenas las siete y el cielo estaba bastante iluminado para esa hora. El invierno se estaba marchando, eso también la hacía sonreír. Eran buenos esos momentos de zozobra para lo que le estaba sucediendo últimamente, merecía disfrutarlos un poco. Se había cruzado a la vereda del frente para buscar su auto, que estaba aparcado en siguiente cuadra. Estaba a punto de subir al vehículo cuando algo la detuvo. Alguien. Había mirado fugazmente hacia el pequeño barcito que estaba allí y notó un rostro que le era familiar, un hombre que estaba tomando un café ubicado sobre el ventanal que daba a la vereda.
Gerónimo.
Por un segundo pensó en marcharse, pero Gerónimo alcanzó a verla e hizo una extraña seña que ella entendió como una invitación. Cabizbaja ingresó al lugar, el cual era pequeño y no contaba con demasiadas mesas, pero era un típico bar porteño que mantenía la decoración de los años cincuenta y el tango como música de fondo. Poco recordaba de aquel lugar, a decir verdad, era tan pequeño que seguramente nunca hubiese notado que existía.
Llegó a la mesa de Gerónimo y se sentó frente de él. Pasaron varios minutos hasta que alguno de los dos dijera algo. Solo se miraban, se examinaban, aunque ninguno de los dos sabía bien por qué lo hacía.
-Hola.-Sonrió Eugenia, para quebrar el hielo. ¿Sonó algo estúpido que lo dijera así?
-Hola.-Rió Gerónimo también. No tenía la más mínima idea de qué podrían hablar. En realidad, por dónde empezar… habían demasiados interrogantes que quería aclarar.
Volvieron a mirarse, incómodos por el silencio. Gerónimo tenía que clarificar la más absurda pero consistente duda que había sembrado en él poco después de la última charla que tuvieran. Debía preguntarlo de una buena vez, ese tema sí que daría tela para cortar…
-¿Cómo has estado?-Su boca no acató la orden que el cerebro le había dado. Preguntó una completa estupidez. Maldición.
-Bien… sí, bien. Gracias.-Contestó con una sonrisa nerviosa. El lugar comenzaba a desagradarle y ya no quería estar allí sentada. -¿Cómo has estado tú? ¿Cómo está Matilde?-Estoy apurada, fue bueno haberte visto, adiós. Era eso lo que debió haber dicho, ¿por qué no lo decía y ya?
-Ella está bien. Dentro de todo, bien.-Suspiró.-Estas últimas semanas han sido duras, pero ella es muy fuerte y lo hace todo mucho más fácil. Siempre lo hizo así.
Eugenia carraspeó sonoramente e incómoda por ese último comentario de Gerónimo, ya que escondía un cierto reproche hacia ella y era entendible.
-Bueno, bien. Sinceramente no sé que responderte…-Dijo ella.
-Está bien. Agradezco tu preocupación.-Replicó él, haciéndole una seña al mesero para que se acercara a la mesa. -¿No quieres tomar algo? ¿Café?-Le preguntó a ella, mientras el mesero se acercaba.
-No gracias, solo estaba de paso.-Dijo amablemente. Gerónimo pagó su cuenta, pero permaneció sentado, mirando hacia afuera. Se lo notaba pensativo.
-Pensar que hace unos años estas eran nuestras calles…-Reflexionó él. Eugenia sonrió fugazmente. –Me extraña que jamás le hayamos prestado atención a este lugar, hubiésemos pasado buenos momentos aquí.-Su sonrisa estaba más acentuada, pero por sus palabras parecía añorar esos momentos.
-Tienes razón.-Murmuró ella, recordando las salidas de ambos.-Aunque esos años no fueron buenos para la mayoría… a pesar de eso pudimos tener nuestros momentos de felicidad.
-¿Yo te hice feliz?-Giró raudamente y posó su mirada en ella, quien lo estaba mirando y se vio sorprendida ante el movimiento y la pregunta de Gerónimo. Pero ambos pudieron mantener la compostura.
-Muy feliz, Gerónimo.-Respondió, sin inmutarse. Ese segundo fue el más intenso que haya vivido. Gerónimo le sostenía la mirada y ella simplemente no podía dejar de contemplarlo. Trató de expresar todo lo que llevaba en su alma por ese medio y supo que lo logró cuando, de repente, los ojos de él se encendieron dándoles un brillo único. Ese brillo que recordaba de aquel introvertido y apasionado adolescente. Luego bajó la mirada, a su vez, volvió a la tierra. Afuera comenzaba a oscurecer.
Él también la imitó, reincorporándose a sí mismo.
-Bueno, creo que debo irme. Ya es tarde…-Se levantó lentamente, como esperando que Gerónimo la detuviera. Pero no lo hizo. -¿Y tú? ¿Te quedarás aquí?-Por lo menos quería una explicación.
-No lo sé. Tal vez vuelva a mi casa en colectivo. Mi auto se averió y lo dejé en un taller, a unas cuadras de aquí…
-Puedo llevarte.-Interrumpió. Gerónimo se sorprendió por tal ofrecimiento. Ella se maldijo por no haber pensado antes de hablar.
-¿Enserio?-Preguntó él, para asegurarse de que no había oído mal.
-Claro.-Sonrió. Debía seguir con eso adelante.
Ambos abandonaron el lugar y se dirigieron al auto de ella, que se encontraba a unos pasos del bar. Pero antes de abrir, Eugenia se detuvo y giró para quedar cara a cara con Gerónimo. Había algo que le quedaba por decir.
-¿Sabes qué? Te extraño.-Dijo rápidamente.-Gerónimo yo aún…
La primera oración le bastó a Gerónimo. Antes de que ese momento se arruinara, decidió interrumpirla. Cuando lo notó, sus labios estaban en los de ella, besándola. Entonces se separó con la misma velocidad que la besó. Se acomodó en el asiento del acompañante y evitó mirarla.
Eugenia quedó pasmada. La velocidad del momento le impidió siquiera de disfrutar, por más mínimo que fuese, el beso que Gerónimo acababa de darle. También se subió al auto y él solo le habló para decirle donde quedaba su casa.
El silencio fue el protagonista durante todo el camino. Ninguno de los dos sabía bien por qué había reaccionado como lo habían hecho.
Gerónimo se bajó del auto y, como agradecimiento, le dirigió una casi imperceptible sonrisa. Ella lo vio escabullirse dentro del edificio donde este vivía, con cierta nostalgia. Pero no estaba arrepentida de haberle dicho que lo extrañaba, de eso estaba segura.
Puso en marcha el motor y, con una sonrisa dibujada en el rostro, se marchó de allí.

2 comentarios:

  1. Guau!!! fantastico que se quieran todavia!!! pero ahora el no puede hacer eso, tiene que pensar en su mujer, pobre.
    si los llega a descubrir, va a morir con mucha tristeza.
    me re gusto el cap, segui asi.

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  2. NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, wowwwwwwwwwww! Que increible sobri!

    Me encantoooo :D

    Hay me mueroooo! Cada vez más cercaaa! ^^ Sisiisisisisissisiis! que lindoo y asi tiene que ser!

    Muy buena la idea de Eugenia :P yo haria lo mismo con Rich ♥ ajaja!


    Te quiero muchoooo sobriii!♥

    Me encanto este cap :) Quiero el cap 15º YAAAAAAAAAA!♥


    Besitos sobri!♥

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