Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

jueves, 27 de enero de 2011

Untitled II: 13ª Parte

Sus dedos escribían mecánicamente, porque así debía hacerlo, pero no tenía ni la más mínima sobre que estaba basando su artículo. Todos sus pensamientos estaban puestos en Matilde. Todas sus dudas giraban en torno a Eugenia y Paula. Por primera vez en su vida, Gerónimo estañaba la rutina. Desde la noche del accidente esta se había quebrado completamente y nada le hacía suponer que regresaría. También presumió que su alejamiento de Eugenia le traería un poco más de calma, pero también se equivocó. La última charla que tuvieran solo sirvió para llenarlo de vacilaciones más de las que ya tenía. Por otro lado, sentía la impotencia dentro de él por no poder hacer lo suficiente por Matilde. Le rompía el corazón en mil pedazos mirarla, sabiendo de que su vida se apagaba cada día más. Aunque también sabía que este último tiempo había pasado mucho tiempo con los niños, ya sea en la casa o fuera de la misma, y eso era lo que le hacía más llevadero el tiempo que le quedaba.
Aún así, por más que Matilde le dijera que todo estaba bien y que prefería que él trabajara, en su interior Gerónimo se sentía un tanto culpable. Por más que le doliera en el alma, tenía que admitir que nunca había podido amar a su esposa como ella lo hubiese merecido. Siempre sintió que le había fallado en ese punto, al no retribuirle como correspondía el amor que ella le ofrecía. Peor aún con lo que estaba viviendo y encima haber besado a Eugenia. Se sentía miserable. Era un miserable.
Pudo evitarlo una vez, pero dos veces era imposible. Lo que más lo atormentaba era que había disfrutado de ese momento como ningún otro. Simplemente había sido maravilloso y, muy adentro suyo, hubiese querido prolongar ese instante de placidez por toda la eternidad. Y por eso el tormento, la culpa: Matilde estaba muriéndose y no tuvo mejor idea que dejarse besar por Eugenia. De un modo u otro, había traicionado todo el cariño y la confianza de su esposa. No había sido fácil cargar con tan pesada mochila, menos ahora.
Sin embargo, cuando estaba con Matilde, trataba de abstraerse en lo posible de los problemas que estaban pasando y que no lo dejaban pensar. Algunas veces, lo lograba y podía regocijarse con Matilde y los niños. Otras veces, el excluido parecía ser él, sumido en sus pensamientos. Matilde aparentaba no advertirlo.
Hizo una breve corrección a su artículo. Luego, lo dio por finalizado y se marchó de la redacción, saludando a algunos colegas que continuaban trabajando. Tomó su auto, dispuesto a volver a su hogar. Últimamente, de tanto en tanto, pasaba por el frente del colegio de Paula. La extrañaba más lo que podía llegar a admitir, incluso de la misma manera que a su madre. Solo una vez la vio entrar al colegio, dado que había pasado justamente a la hora de ingreso del turno mañana. Aunque jamás se atrevió a detenerse allí. Había algo en él que lo movía a hacer aquellas cosas, no tenía parentesco alguno con la joven, por lo que pensaba que su nostalgia se debía al cariño que le había tomado a Paula. ¿Pero si solo cruzaron unas palabras? Un favor que podía hacerse a sí mismo era decir la verdad, por lo menos para sus adentros. El querer ver a Paula también se debía a las dudas que le dejara la conversación con Eugenia. Lamentablemente, las únicas dudas que tenía con respecto a ella y a todo lo que la rodeaba, porque lo demás tristemente se acentuaba aún más todavía.
En fin, recordaba las últimas palabras que dijera ante su pregunta de por qué no regresó cuando ya no corría peligro.
No me lo hubieses perdonado… Respondió. ¿Qué fue lo tan grave que hizo para que él no la pudiese perdonar? ¿En que pudo haberse equivocado? ¿En qué mintió? ¿En qué?
De ahí, sacando algunas conclusiones, asomó una idea un tanto absurda dado que no podía tratarse de eso precisamente. Estaba entre sus muchas especulaciones, lo que no quitaba que pudiera llegar a ser lo que pensaba: que Paula llegase a ser su hija. Sí, su hija. Por eso mismo sonaba inverosímil, pero como habían pasado tantas cosas… no debía desechar esa posibilidad. Razonándolo un poco, se había dado cuenta que hacía dieciocho años que no se veían. Paula le había contado que estaba cursando el cuarto año de secundaria, por lo que esta debía tener dieciséis, que a su vez coincidía con la última vez que viera a Eugenia…
No. Simplemente no podía ser. Había bastante locura en todo eso que prefirió censurar sus pensamientos y concentrarse en su familia otra vez. Ellos eran los que necesitaban de él ahora.
Matilde necesitaba de él.

Si se lo hubieran contando, jamás lo hubiese creído. Pasarse los últimos dos meses esperando a que el cáncer la matara de una vez. Matilde estaba agonizando, el tumor avanzaba cada vez más rápido. Más que el tratamiento y los innumerables medicamentos que le recetaban los médicos, lo que realmente aplacaba su profundo dolor eran los abrazos y la compañía de sus hijos. Se había propuesto disfrutar al máximo cada momento con ellos el día que Gerónimo le dijera que se iba a morir.
A pesar de que su salud se deterioraba con el paso de los días, Matilde intentaba planificar cada jornada, obligándose a sí misma no rendirse y quedarse en la cama lamentando su suerte. Nunca había sido una mujer así, no se convertiría en eso jamás. Ayudaba a Facundo con sus tareas escolares, jugaba cuanto podía a las muñecas con Violetta. Muy a menudo, si no salían a cenar afuera, trataba de llevarlos al parque… guardar cada instante en su retina. La mayoría de las veces, se extrañaban por la actitud que tenía para con ellos, ya que anteriormente no solía hacerlo con similar frecuencia. Pero terminaban sonriendo y aprovechando sus propuestas. Las sonrisas que se dibujaban en sus caritas era todo lo que necesitaba para aliviar su desazón.
Hubiese podido acompañar a Violetta en su primer día de clases; soportarla durante su adolescencia; contenerla las veces que le rompan el corazón y verla hecha una mujer en su graduación. Se resignaba a saber que no podría regañar a Facundo, cuando hiciera alguna travesura o que tuviera que obligarlo a estudiar para que no se llevase todas las materias a Diciembre y cuestionar hasta la más mínima cosa de las tantas novias que seguro le hubiese presentado. No quería lamentar demasiado que se perdería todo de ellos.
Aunque había vivido, luchado y amado lo suficiente, pocas veces se ponía a pensar en cómo quedarían sus hijos después de que ella muera. Por el momento, había evitado mencionar el tema, pero llegaría la hora en que tuviera que decirles que ya no estaría acompañándolos. Se limitaba a pensar en cómo sería la mejor forma de hacerlo, aunque no se le ocurría ninguna. Además, prefería gozar los instantes que le quedaban a mortificarse por pensar sus palabras de despedida. Había optado por dejarle ese trabajo a Dios, él pondría los términos justos en el instante preciso. Era mejor así.
En cuanto a Gerónimo… su gran amor. Él también hacía lo posible para alivianar el dolor que había en su alma y servía de mucho. Inclusive, supo que estaba por tomarse una licencia para pasar más tiempo con ella, pero alcanzó a impedirlo. Matilde creía que se estaba aprovechando demasiado y no quería bajo ningún punto de vista que Gerónimo frenase su trabajo, con los niños le alcanzaba para estar bien. Para su suerte, después de insistir bastante y a regañadientes, él acepto. Ya había hecho bastante con regalarle a los hijos más hermosos que una madre podía tener y brindándole quince años de su vida, a pesar de las circunstancias.
Por su bien, no debía profundizar demasiado en el tema.
Miraba quedadamente, a través de la ventana, el día que asomaba en la ciudad acostada en la cama, colmada de reflexiones y con la incertidumbre por no saber si era ese día, su último día.

2 comentarios:

  1. Hayyyyyyyyyyyyyyyy noooooooooo, que finallllllllllllllll T.T no sobriii, me dejaste otra vez con la duda ¬ normal en vos ehhhh ¬

    Hay que capitulo por dios! pobre Matilde T.T

    Amo las palabras que utilizas sobri :) Me encanta :)

    Hermoso este cap. quiero saber que sucede sobriiiiii, asi que mas que obvio QUIERO EL CAP. 14º NOWWWWWWWWWWWWWWWWWW!

    Hermosooo!♥

    Te quiero muchooo sobrii :) ♥

    ResponderEliminar
  2. Pero que Triste!!!! es feo, ver que te estas por morir y no saber como explicarles a tus hijos lo que te va a pasar. y que ya nunca van a poder verte sonreir ni ser abrazados por ella.
    pero me gusto, mas alla de lo triste.
    voy a ver el otro cap, como sigue. les dira o no???

    ResponderEliminar