Tardó unos momentos en abrir los ojos. Había estado toda la madrugada junto a Octavio, pero solamente estuvieron hablando y escuchando música… creía que era prematuro acostarse con él sin tener siquiera un mes cumplido juntos. Paula había comenzado de la mejor manera ese sábado 4 de Septiembre, junto con al chico ideal. Octavio le había prometido que, a modo de regalo de cumpleaños, le dedicaría exclusivamente a ella el show que su banda daría esa misma noche. Por su parte, ella pensaba en un discreto almuerzo al mediodía y tal vez salir a la tarde con su madre y con los hijos de Gerónimo, a quienes les había prometido ir al shopping a jugar. No sería la gran cosa, nunca sus fiestas de cumpleaños solían serlo. Aunque debía reconocer que este año prometía destacarse por sobre los anteriores.
Somnolienta aún, notó que la puerta se abría lentamente y los cantitos no tardaron en hacerse escuchar.
-¡Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Paulita, que los cumplas feliz!-Entraron cantando al unísono su mamá y su abuela. La primera cargando una torta con las velas encendidas que formaban el número 17, en tanto que su abuela traía consigo una caja envuelta en papel de regalo color lila y con un enorme moño rosado.
-Gracias.-Sonrió Paula, mientras se desperezaba paulatinamente. Efectivamente, se hubiese quedado en la cama hasta las doce. Miro el reloj y vio que eran las diez y cuarto de la mañana… no era tan temprano como Paula hubiese creído.
Eugenia e Isabel la llenaron de besos y abrazos, esta última la obligó a que abriera el regalo que, según ella, solo era el primero de todos los que recibiría a lo largo de ese día. Al abrirlo se encontró con unas hermosas zapatillas Nike blancas y con rallas verdes en los costados, tal como las zapatillas de las que se había enamorado días atrás.
-¡Gracias abuela! Son geniales.-Exclamó ella, siguiendo con un fuerte abrazo hacia su querida abuela, quien no dejaba de malcriarla ni a sus diecisiete años.
-¿Y a mí no me vas a abrazar también?-Intervino Eugenia.
-Pero vos no me regalaste nada todavía.-Bromeó Paula, que no tardó mucho más en hacer lo mismo con su mamá, quien era la piedra fundamental de su vida. Por lo menos lo sería así hasta que cumpliera los dieciocho.
Después de tan emotivo acto, Paula fue a bañarse, mientras Eugenia e Isabel preparaban el almuerzo. Lo que extrañaba a ambas era que Gerónimo no les hubiera avisado si tan solo pararía a saludar a su hija o se quedaría a comer. Ojalá supieran pronto algo de él.
Paula permanecía en su cuarto, escuchando Green Day a todo el volumen que le era posible hacerlo. Octavio recién había llegado, junto con algunos compañeros de colegio y el almuerzo estaba listo. Gerónimo seguía sin aparecer…
Esta vez a Eugenia le pareció mejor disponer el almuerzo para Paula y sus compañeros en la galería que tenían detrás de la casa, en cuanto a ella y su madre comerían en la cocina. Octavio llevó el equipo de música hacia afuera, lo que alegró un poco más el soleado día. Sin embargo, era fácil notar que Paula estaba esperando a alguien: Gerónimo. Había momentos en los que su novio o sus compañeros lograban distraerla, pero luego ella volvía a espiar por la puerta en busca de Gerónimo.
-Mami, ¿no sabes si Gerónimo viene hoy?-Inquirió Paula, cuando logró escabullirse hacia la cocina con el pretexto de buscar más gaseosas. -¿No llamó? ¿No avisó nada?-Insistió.
-No, Paulita.-Contestó Eugenia.-Yo también esperaba que venga o que llamase al menos. Pero no te preocupes, tal vez tiene algo que hacer…-Intentó animarla.-Recuerda que está tarde saldremos con Facundo y Violetta. De todos modos lo verás.-Sonrió. Aunque también a ella se le hacía raro que Gerónimo no hubiese aparecido en toda la mañana, ni siquiera para saludar a su hija. Seguramente algo había ocurrido.
-Bueno… gracias.-Dio media vuelta y volvió con sus compañeros, quienes no paraban de reír y hacerse bromas unos a otros. Por lo menos los tenía a ellos para que alegrasen un poco su día.
Mientras todos los jóvenes estaban charlando y comiendo helado a modo de postre, el timbre sonó. Inmediatamente, Paula se levantó de su silla y atravesó corriendo la distancia que había entre la galería y la entrada a la casa. Ni siquiera Eugenia pudo alcanzarla, pero no se molestó demasiado en hacerlo, puesto que estaba segura de quien estaba llegando era Gerónimo, su papá.
La sonrisa de Paula se acentuó más al girar el picaporte de la puerta. Efectivamente, su presentimiento estaba acertado, tras las rejas del portón estaba parado Gerónimo con una gran bolsa verde en su mano derecha. Sin perder tiempo, tomó las llaves y salió corriendo al encuentro de este.
-¡Gerónimo, viniste!-Exclamó con felicidad, mientras llegaba hasta el portón dispuesta a abrirlo.
-¡Feliz cumpleaños, Paula!-Sonrió Gerónimo. Una vez que ella abrió el portón, dejó caer la bolsa que traía consigo y la abrazó fuertemente. Una mezcla de sensaciones le recorrían el cuerpo: alegría, felicidad, melancolía, esperanza, ternura, amor. Era el primer cumpleaños de su hija en el que podía estar presente. Eso tenía que generarle algo, ¿no?
-Gracias, Gerónimo.-Dijo ella, separándose pausadamente de él antes de que no la dejara respirar… otra vez. -¿Por qué no pasas y te quedas un rato? Terminamos de almorzar hace media hora, más o menos, pero estamos comiendo el postre y aún no me cantaron el feliz cumpleaños…-Propuso entusiasmada.
-No.-Interrumpió él.-Lo lamento, pero solo pasaba a saludarte y traerte tu regalo. Como verás, es bastante grande pero sé que te va a gustar y…
-¿Por qué no podes quedarte?-Preguntó sin siquiera haber oído lo que Gerónimo dijo después.
-Mi esposa no está bien. No pasó una buena noche, ahora está junto a mi hermana, pero ella no podrá ayudarme por mucho tiempo más.-Contestó, visiblemente apenado.
-Ah…-Replicó ella.-Pero… ¿podríamos hablar un ratito? Acá, en la vereda.
Gerónimo asintió con una leve sonrisa.
-O mejor en el cantero, acá nos molesta el sol.-Sonrió Paula. Ambos se sentaron bajo la sombra del pequeño árbol que yacía allí. Eugenia los estaba observando desde la puerta de entrada, pero sin que nadie la notara.
-Y bien… ¿de qué quieres que hablemos?-Inquirió él.
-Lamento mucho que no puedas pasar unas horas conmigo. Igual no soy quien para pedírtelo, tu esposa está primero.
Eres mi hija. Pensó él.
-También supongo que no podré llevar a Facundo y a Violetta al shopping, ¿no es así?-Siguió Paula.
-Sí. Perdón, enserio. Me hubiese gustado mucho estar contigo en este día.-La mirada de su hija le bastaba para hacerlo sentir peor.
-Sabes, te quiero Gerónimo.-Dijo Paula, mirando hacia la calle, que estaba desierta. Volvió su mirada hacia Gerónimo.-Y por ese sentimiento, quiero contarte algo.
-Yo también te quiero, Paula.-No supo cómo logró contener sus lágrimas ante tan hermosa confesión de su niña.-Puedes contarme lo que sea.-Sonrió.
-Bueno, pero no le digas nada a mi mamá, por favor.-Suplicó.
-Prometido.
-Me pasó en todos los cumpleaños, desde que tengo memoria.-Comenzó a contarle eso que jamás le había dicho a nadie.-Mamá y la abuela siempre me llenaron de regalos y fiestas muy divertidas. Pero todos los años era lo mismo, sentía como si me faltase algo… no sé. Tenía la esperanza de que papá apareciera de un momento a otro, me abrazara y me deseara felicidad.-Su semblante permanecía serio y sus ojos recorriendo todo lo que a su alrededor estaba.
-¿En… enserio?-Balbuceó él, sin poder creerlo. Se le partía el corazón con escucharla decir algo como aquello y se sentía impotente al saber que pudo haber estado allí.
-Sí. Pero, lo más raro es que este año no lo siento tanto.-Volvió a sonreír.-Es decir, mi papá no a resucitar por más que lo quiera, eso es irremediable. Pero desde que te conocí… no lo sé… imagino que papá hubiese sido como vos.
El corazón de Gerónimo dejó de latir, por lo menos tres segundos, de eso estaba seguro. Paula veía en él a su padre, sin saber que lo tenía frente a sus ojos en ese mismo momento. Su hija lo necesitaba y no podía hacer nada. Pero no era momento aún de contarle la verdad. Tenía que resistir un poco más… solo un poco más.
-¿Y sabes quién es él?-Fue lo primero que se le ocurrió preguntar, antes de meter la pata.
-Solo sé que fue un amor, por así decirlo, muy fugaz de mamá. Él ni siquiera supo que ella estaba embarazada cuando murió. Así me lo han contado…-Comentó naturalmente.-Sin embargo, lo extraño. Es demasiado pedir, lo sé, pero me gustaría que esté aquí conmigo.
-Lo está, Paula.-Intervino, sin pensarlo. Era llorar en ese mismo instante o…
-¿Cómo?-Lo miro, extrañada.
-Soy tu papá.-… decirle la verdad. Antes de que pudiera meditarlo, optó por la segunda opción.
-Gerónimo, no es gracioso… enserio.-Se levantó lentamente, pero mirándolo, esperando que se retractara. Por unos segundos más, espero que él le dijera que no había sido un buen chiste y que se disculpara. -¿Gerónimo? ¿No es cierto, verdad?-Nunca lo negó. Gerónimo estaba paralizado, tan solo pudo elevar la mirada hacia Paula.
-Es verdad, Paula. Soy tu papá.-Fue todo lo que dijo.
Ella entró en llanto, luego la desesperación se apoderó su ser. No era posible. Su mamá nunca le hubiese mentido, Gerónimo no era su padre… no lo era. Pero la mirada de él decía lo contrario. ¡Maldita sea! Estuvo engañada toda su vida, sufrió sin necesidad alguna y su madre no hizo nada…
-¡No puede ser!-Gritó, comenzó a llorar desconsoladamente y se echó hacia el interior de su casa otra vez. Lo único que quería era encerrarse en su cuarto y no ver a nadie.
Eugenia se alarmó al escuchar el grito de Paula y salió en busca de ella. Antes de que pudiera hacerlo, Paula cruzó a su lado como si fuera un relámpago. Sin entender la situación, volvió la mirada hacia en cantero, donde permanecía sentado Gerónimo y sin dar indicios de que pudiera reaccionar. Entonces decidió acercarse a él para saber por qué Paula se había vuelto rápidamente.
-¿Qué pasó Gerónimo? ¿Por qué Paula se fue así?
-Soy su papá…-Murmuraba una y otra vez él. A Eugenia se le heló la sangre al escucharlo. Tenía que haber una equivocación, él no podría haberle dicho la verdad porque todavía no era el momento adecuado. Además ella era quien debía decírselo no Gerónimo, no pudo haberlo hecho…
-¿Le dijiste? Por favor Gerónimo, dime que no lo hiciste.-Sentía como la desesperación se iba apoderando de ella sin poder controlarlo. Solo le bastaba una palabra de él para que eso desapareciera… solo una. -¡Por Dios Gerónimo, dime que no lo hiciste!
-No… yo no quise.-Él elevó su mirada lastimosa hacia una Eugenia al borde de un ataque de rabia.-Pasó… solo pasó sin que pudiera controlarlo…
-¡Qué hiciste! ¡No!-Sus lágrimas fueron contenidas por la furia que brotó por sus venas. Se abalanzó a Gerónimo con la intención de golpearlo, pero este se levantó a tiempo para evitar que le pegara. Ella solo pudo dar unos manotazos al viento. -¡Yo tendría que habérselo dicho! ¡No tenías por qué hacerle esto justamente el día de su cumpleaños!-Estaba sujetada de ambos codos por Gerónimo, quien solo la observaba, pero ese último comentario lo hizo reaccionar.
-¿Ah sí? ¡Ah sí! ¿Ahora el que tengo la culpa de tus estupideces soy yo?-Exclamó con voz potente. Eugenia se asustó.-Tuviste el tiempo suficiente como para decírselo y ahora me reclamas eso a mí, ¡a mí! ¡Ni siquiera sabes lo que Paula siente! ¿Sabes lo que me dijo? Me dijo que siempre pensaba en su padre y que lo extrañaba. Que en todas las fechas como esta, esperaba verlo, que la abrazara y le deseara felicidad. ¿Entiendes lo que es eso? ¡Lo entiendes!-De un tirón la soltó.
-Yo no sabía…-Murmuró ella, bajando la mirada, avergonzada.
-Tú nunca sabes nada, Eugenia. Nunca lo supiste y nunca lo sabrás. ¡La única culpable aquí eres tú! Nos quitaste a Paula y a mí la oportunidad de ser felices, todo por tu cobardía…
-¡No sabes ni la mitad de lo que pasé todos estos años! Así que no me vengas a dar lecciones de vida ahora, porque no las necesito y menos de un fracasado como vos Gerónimo.-Levantó la mirada y se puso firme. No iba a soportar que la pasaran por encima, como él pretendía hacerlo.-Solo déjanos en paz a mí y a mi hija, ¿entiendes?
-También es mi hija.-Interrumpió.-Y antes de volver a entrometerte en su vida, pregúntale a Paula qué es lo que quiere… puede que te sorprendas.-Su mirada se volvió fría, producto de una ira que lo había cegado por completo. No reconocía en esa mujer que tenía frente suyo a la chica sensible e incomprendida de la que estuvo enamorado.-Ya no sé quién eres, Eugenia. Lo único que veo es a una mujer que solo piensa en ella misma y utiliza a los demás como objetos de su conveniencia. Das lástima, Eugenia Arizábal.
Eugenia se quedó muda, no tenía contrapartida para esas acusaciones y, por más que le doliera en el alma, los últimos años de su vida había actuado de esa forma. Por su pusilanimidad Paula estaba sufriendo, todos los que realmente le importaban estaban padeciendo el dolor que provocaba su inmadurez. Era triste. Era cierto. Era real.
-¡Eugenia! ¡Eugenia!-Ambos escucharon que Isabel estaba gritando desde la puerta. Luego comenzó a acercarse a ellos.-Eugenia, ¿acaso no me oyes?
-¿Qué pasó a mamá?-Se volvió repentinamente hacia ella.
-Ustedes dos deberían dejar de ocuparse en ustedes mismos y mirar a su alrededor, egoístas. Paula se encerró en su cuarto, está llorando y no quiere que nadie entre. Ni siquiera Octavio.-Comentó, con un semblante que denotaba claramente su preocupación.-No sé que le hicieron, pero debió haber sido algo muy grave para que ella terminara en ese estado. Nunca la vi así.
-Ya… ya voy, mamá.-Atinó a responder Eugenia.
-¡Apúrate por el amor de Dios!
Isabel se internó en la casa nuevamente y Eugenia volteó hacia Gerónimo nuevamente. Esta vez, mucho más calmada, pero decidida.
-Vete. No quiero que me sigas…
-Pero tengo que saber cómo está Paula, no puedes hacerme esto.-Protestó él.
-Si pude hacerlo una vez y soy tan egoísta como dices, puedo hacerlo dos veces. Y los estoy haciendo.-Replicó.-Ahora, largo de mi casa. Si esto se resuelve, te llamaré. Pero no te quiero aquí.-Dio media vuelta y se encaminó hacia el interior de su hogar.
-¡No puedes hacerlo!
-¡Vete!-Cerró la reja en la cara de Gerónimo.-Yo te llamaré.-Dijo con tono más moderado, para finalizar.
Gerónimo se resignó.
Ella cerró la puerta tras de sí, sabiendo que lo que por tanto tiempo había temido, había estallado ante sus ojos. No veía nada bueno en ello… nada.
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO LO PUEDO CREERRRRRRRRRRRRRRR!!!!!!!! SE LO DIJOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO O_O WOWWWWWWWWWWWW!! JAMAS ME IMAGINE QUE SE LO DIRIA ASI! WOWW, ESTE CAPITULO SI QUE SE PASO SOBRI, ESTA SUPERRR!!!!! NO, INCREIBLE!! ME ENCANTO :D EN SERIO!
ResponderEliminarPERDONA QUE NO TE COMENTE ANTES ESTE CAP, YA LO LEI ANTES XD ES QUE AHORA SI ANDO BASTANTE OCUPADA PERO POR QUE NO TE COMENTE NO SIGNIFICA QUE NO LOS LEA :) IGUAL VOY A TRATAR DE DEJARTE MIS COMENTARIOS ;)
TE QUIERO MUCHO SOBRI :)
Y QUIERO EL CAP 21º ;)
HERMOSO ESTE CAP :)
BESITOS!♥