Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

sábado, 19 de febrero de 2011

Untitled II: 17ª Parte

Solo faltaban dos semanas para su cumpleaños número diecisiete, aunque lo que más emocionaba a Paula era que sería un festejo totalmente diferente. Primero, estaba en un país que hace meses le era completamente desconocido e irrelevante para su vida; segundo, lo tenía a Octavio. De todos sus compañeros era él quien resaltaba, quien la hacía reír y con quien había pasado los mejores momentos desde que llegara a Buenos Aires. Pero no tenía tiempo como para ponerse a pensar si realmente era su amigo, le gustaba o estaba enamorada de él. No quería pensar en ello.
En lo que se refería a su familia, eso sí que había cambiado. La aparición de ese Alfonzo, la primera pelea que tuviera con su madre y su encuentro con Gerónimo hicieron la diferencia. Pero a pesar de todos esos conflictos otra vez salió a relucir la fortaleza que tenían como familia, reforzando aún más sus vínculos y manteniéndolas unidas. Tenía una familia extraña y estaba claro que a esta le faltaba un referente masculino que las guiara, pero a decir verdad no lo necesitaban en lo absoluto, eran mujeres fuertes que podían ser dueñas de su propio camino y eso era de lo que Paula estaba más orgullosa. Esperaba algún día ser una mujer como lo era su madre, porque ella era su modelo a seguir.
A pesar de que, en un principio, encontrar al amor de su madre había sido su principal objetivo, desde que lo conociera a Gerónimo había desistido de esa idea. Algo en su interior le decía que había dado con la persona equivocada, pero aún dudaba de ello. Mucho influyó la reacción de su madre la vez que estaba hablando en el hospital con Gerónimo, eso fue lo que la hiso dudar sobre si nunca habían cursado por lo menos en el mismo colegio. Había algo más, seguramente, que estaba dando vueltas por ahí y era cuestión de develarlo. Sin embargo, tenía bastantes cosas en la cabeza como para encargarse de jugar a la detective y, además, sus días habían cobrado sentido gracias al trabajo de Biología. Debía parar ahora, si quería evitar empezar a hablar de Octavio… otra vez.
Ese viernes de mediados de Agosto había empezado muy frío. Paula detestaba el frío, por otra parte. Simplemente no lo soportaba. No le hacía gracia estar cubierta por más de tres buzos, una enorme campera, una bufanda y, en ciertas ocasiones, llevar una calza ajustada debajo del jean. Pero debía soportarlo, por lo menos en esta parte del mundo no nevaba como en New York y esos si eran inviernos insoportables. En fin, el colegio había programado una visita al Zoológico de Luján, pero era una excursión que no despertaba en ella demasiado entusiasmo como para querer ir. Casualmente, Octavio había coincidido en ese pensamiento con ella, entonces planearon su propia salida. Aunque para ser honesta tampoco era una salida que provocara demasiado extasío, solo tenía el agregado de que eran ellos dos y podían ir a donde quisiesen. Bah, en realidad había algo más, ninguno de los padres de ambos sabrían que no irían a la salida. Era la primera vez que Paula haría algo semejante, pero de todos modos estaba decidida a hacerlo.

Cada uno salió de su casa como si fuesen a ir al colegio. Llegaron hasta la puerta del colegio, esperaron unos minutos y se marcharon. Al principio Paula estaba muy nerviosa e inclusive se le cruzó por la cabeza volver al colegio e ir a esa condenada excursión. Octavio la detuvo. Él ya tenía más experiencia en esa clase de escapadas por lo que le aseguró a Paula que todo saldría bien y, sobre todo, que nadie los descubriría. Esto la tranquilizó un poco… pero solo un poco.
Era casi mediodía y los dos habían recorrido, por lo menos, media ciudad a pie hasta llegar al primer destino. Se habían metido en un shopping en Palermo y gran parte de la mañana la ocuparon en jugar en uno de los locales del lugar. Poco a poco, ella se fue dejando llevar por el momento y empezó a disfrutar como debía el día que pasaría con Octavio. No podía dejar de burlarse de él al ver sus vanos intentos por regalarle un oso de los que estaban dentro de una de esas máquinas que para lo único que sirven es para quitarte dinero. Luego se encontraron con la sorpresa de que uno de los juegos, en donde se tienen que embocar la mayor cantidad de pelotas posible, estaba averiado y comenzaron a tirar pelotas y más pelotas, a medida de que los tickets canjeables salían de la máquina. De ahí, a los autos chocadores y luego a las máquinas de baile. Más tarde a las carreras de caballos, siguiendo con los simuladores de carrera de autos, para terminar en el juego más divertido de todos: una especie de rueda gigante, en la que solo había que acomodarse y gritar con cada vuelta que daba la misma. Sin dudas fue lo más increíble del paseo, ambos lo disfrutaron al máximo. Había sido memorable.
Después de tan entretenida experiencia, salieron de allí y, con el poco dinero que le quedaba a ambos, fueron a almorzar a un local Mc Donald’s que se encontraba en el shopping. Para Paula fue un tanto extraño encontrase con ese lugar porque le recordaba a su querida Estados Unidos. Era algo muy norteamericano y por eso se le hacía tan familiar. Unas gaseosas, dos hamburguesas y una porción de papas fritas fueron todo lo que soportó el poco presupuesto que les había quedado de los juegos. En un primer momento ella pensó que se quedarían a almorzar allí y, tal vez, el resto de la tarde pero Octavio decidió llevarla a una plaza cercana. Paula no tuvo ninguna objeción a ello, ya que el sol estaba brillante y caliente, haciendo que el frío no se sintiera tanto. La diversión estaba fuera.
Unas cuadras después, estaban caminando por una gran plazoleta, repleta de árboles, césped y alguna que otra escultura a algún referente argentino importante (intuía Paula). Aunque carecía de tranquilidad al encontrarse sobre una avenida ruidosamente transitada, seguía siendo un lugar donde una persona podía relajarse. Se acomodaron bajo un delgado árbol y se sentaron a comer lo que habían comprado. Rememoraban las anécdotas que les dejara el local de juegos donde habían estado antes. Pasando por la escuela, las materias, las calificaciones, pruebas y demás temas sin importancia. Luego el clima y la vestimenta de tal o cual persona que pasaba por allí. La realidad era que ya no sabían qué hacer o de qué hablar y eso se estaba tornando incómodo. Solo le faltaba hablar de una sola cosa: amor. Nunca habían hablado de ello ni de sus experiencias amorosas. Todo eran bromas, temas del colegio y problemas personales. Pero de eso no habían podido hablar, no había querido hablar. Paula y Octavio sabían perfectamente que la situación era insostenible entre ambos. ¿Podrían seguir fingiendo lo que realmente les pasaba por mucho tiempo más?
Octavio había estado pensando en ello, pero no creía que fuera la ocasión indicada para insinuarlo ni decirlo abiertamente, faltaba tiempo para…
-Paula, ¿te gusta alguien?-Dijo sin pensar y, a juzgar por la expresión de sorpresa de ella, supo que había pensado en voz alta. Maldición.
-Este… bueno…-¿Cómo Octavio le preguntaba algo así? Hubiera esperado cualquier cosa, menos eso.-Es difícil de contestar… no sé.-Dejó de lado su gaseosa.-Pero, ¿y eso que importa ahora? ¿A vos sí te gusta alguien?-Trató de restarle importancia a ello, simulando estar desinteresada en el tema. Pero de pronto se encontraba con su conciencia que le gritaba: que diga que no, que diga que no.
-¿Sí a mí me gusta alguien?-Sonrió él. Si lo había empezado, tenía que terminarlo de una buena vez. En una de esas podría obtener de esa charla resultados muy favorables.-Bueno, sí.-Afirmó con una enorme sonrisa en el rostro que seguramente no había sido intencional.
-Ah, ¿sí?-Sentía como si algo en ella se decepcionara al escucharlo decir aquello. ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Por qué de pronto la salida ya no era tan entretenida como lo había sido en un principio? Ya ni siquiera podía disfrazar su decepción como una mera sorpresa. Algo estaba mal.- ¿Y quién es la afortunada?-Trató de parecer desinteresada otra vez, solo que ahora ya se veía muy sobreactuado.
-Es la chica más hermosa que pueda existir.-Respondió mirándola fijamente a los ojos. Sabía que le molestaba que él nombrara a alguien más, sus muecas hablaban por sí mismas. Tal vez… ya era tiempo de decir la verdad.
-No te pregunté cómo era, sino quién era.-Dijo, visiblemente ofuscada.-En donde está, qué edad tiene o qué hace de su vida.-Solo le faltaba rogarle que terminara con aquel asunto. Era oficial, odiaba hablar de eso con Octavio y, ¡encima alabara a otra en sus narices! Ahora era muy tarde para confesarle que ella estaba…
-Ella me está interrogando ahora.-Replicó raudamente. Listo. Era todo o nada.
-¿Qué?-Paula abrió los ojos de par en par. ¿Se suponía que era… que era ella misma? No podía ser, Octavio no le estaba diciendo que…
-Te amo.-Finalmente lo dijo.-Desde la primera vez te vi. Te amo. Discúlpame y esto no era lo que esperabas oír, pero es la pura verdad.-Sonrió tímidamente.
Se hizo un silencio de unos segundos que parecieron eternos. Paula permanecía con la mirada puesta en el césped, tratando de decodificar lo que había oído. Mientras él se mantenía expectante.
-Yo también.-Murmuró ella, interrumpiendo el silencio y levantando rápidamente le mirada hacia él.-También te amo Octavio.-Su sonrisa se acentuó aún más sabiendo que el chico que le gustaba le correspondía. -¡Te amo!-Exclamó, echándose a reír sin poder parar. Octavio la imitó.
-¿Y qué hacemos ahora?-Preguntó, riendo y pasándole el brazo alrededor de su cintura.
-Y… no sé.-Sonrió ella con la mano puesta en su espalda. Hacía mucho tiempo que deseaba hacer algo como aquello.
-¿Qué tal si nos besamos y mandamos todo a la mierda? Yo creo que eso está mejor.-Lentamente, comenzó a descender hasta los labios de Paula hasta que ya ni una mínima brisa podía colarse en medio de ellos dos.
Sumidos en el más tierno beso estaban esos dos adolescentes sellando el comienzo de un amor que prometía ser mucho más que algo pasajero.

1 comentario:

  1. Hayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy, me mueroooooooooooooo de ternuraaaaaaaaaaaaaaaaa! ^^

    Que lindossssssssssss! :D

    Bueno al fin ambos admitieron lo que sentiann :)


    Sobriiii, me encanto este capitulo, dedicado solo a ellos dos ^^ Y con un final tan tierno ^^ hermoso! :) Ojala que sigan juntos :D

    Te quieroo mucho sobri :D

    Quiero el cap. 18º ^^

    Besitos!♥

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