Escrito por Marìa Belèn

Escrito por Marìa Belèn

martes, 8 de febrero de 2011

Untitled II: 16ª Parte

Luego de que recibiera la llamada, Eugenia se había encerrado en su cuarto negándose a salir de el. Su madre estaba preocupada, Paula también lo estaba por lo que se vio obligada a inventar el pretexto de su agotamiento debido a la cantidad de horas que había trabajo, cuando en realidad lo que necesitaba era tiempo. Llamó al hospital para informarles que no haría la guardia de la noche siguiente. Una vez que dejó al mundo conforme, se centró en ella.
Estaba tendida en medio de su cama, rodeada por fotos y demás recuerdos de Paula. A su mente volvían las primeras imágenes de su Paulita recién nacida, llorando en sus brazos, pequeña y frágil. Cuando la alimentara por primera vez o le cambiara los pañales. Por arte de magia regresaban a su memoria todas las madrugadas que estuvo desvelada, cargando a Paula en sus brazos, intentando que la bebé durmiera y la dejara dormir. Las canciones de cuna que solía cantarle para calmarla, el oso peludo y rosado que le había regalado Isabel a su nieta y del cual Paula no se desprendía por nada del mundo. Los primeros pasos, su bautismo y la cantidad de veces que la interrumpía mientras intentaba estudiar. Todas las ocasiones en que tuvo que ir al jardín porque su pequeña estaba llorando al verse sola y sin ningún rostro que le fuera familiar.
-¿Por qué ahora?-Suspiró. Tomó una foto al azar y en ella se encontraba junto a la pequeña Paula, de siete años de edad, en la escuela luego de que esta participara por primera vez de una obra escolar. Recordaba lo feliz que había estado su niña ese día, a la par de lo nerviosa y ansiosa que se encontraba. Pero también fue ese el día en que Paula le preguntó por qué su papá no había ido a verla, aunque distraídamente. Eugenia contestó con una evasiva y no volvió a hablar del tema, pero se le había partido el corazón sabiendo que su hija podría estar disfrutando de ese momento también con él.
Había sido una tonta, se estaba comportando como una adolescente y ahora estaba a punto de pagar las consecuencias. Paula no merecía más mentiras… Gerónimo tampoco. Irremediablemente tenían que estar juntos, era el destino el que cruzó sus caminos y había hecho que Paula se encariñara tanto con él. Una hija ama a su padre. Paula ama a Gerónimo, ama a su papá.
Ya no tenía excusa para seguir siendo una egoísta con ambos. Lo peor era que tuvo que esperar hasta que el idiota de Alfonzo se apareciera y amenazara con contarle todo a su hija. ¿Hasta ese punto tuvo que esperar? Ocasiones no le faltaron. Lo que le faltaron fueron agallas para ir con la verdad desde un principio, pero eligió el camino más fácil, conveniente y menos doloroso. Hasta ahora. Ya no había vuelta atrás. Si quería, por lo menos esta vez, hacer las cosas bien, tenía que ir en busca de Gerónimo. Pensándolo bien, tal vez Alfonzo querría meterse con él también y no dudaba de que fuera capaz de hacerlo, por el bienestar de todos era mejor que comenzara a hablar lo más pronto posible.
No tenía noción de cuantas horas permaneció despierta, mirando al techo y pensando. Se levantó de inmediato, corrió un poco las cortinas y el sol le dio de lleno en su pálido rostro. Cerró raudamente las cortinas y se volvió para mirarse en el espejo, estaba hecha un asco. Entró en baño que tenía su habitación, se dio una ducha rápida, se vistió con lo primero que encontró y salió de la habitación. Bajó ligeramente las escaleras y solo se detuvo para tomar su bolso y las llaves de su auto.
-¡Eugenia, hija! ¿A dónde vas?-Isabel salió, casi corriendo de la cocina, al ver a su hija. Pero esta no le hizo caso en lo absoluto. -¡Espera! ¡Eugenia!
El portazo se sintió en todo el vestidor. Isabel volvió a abrir la puerta, pero no lo suficientemente rápido como para detener a Eugenia, quien se marchaba a toda velocidad en su auto.
No tenía tiempo que perder. Solo pensaba en decírselo, quitarse esa carga que llevaba encima de una buena vez. Iba conduciendo muy rápido, ya quería verlo y contarle que tenía una hija que lo extrañaba y amaba. Ya no le importaba lo que sucediese con ella, al diablo con su estabilidad, eso comenzaba a afectar a las personas que le importaba y no merecían eso de su parte. Recordaba perfectamente la dirección del edificio donde vivía Gerónimo y allí se dirigía. De algún modo u otro llegaría a él. Solo imploraba compasión o, al menos, comprensión de su parte… porque estaba segura de que iba a odiarlo con toda su alma por haberle ocultado algo semejante. Estaba dispuesta a soportar eso. Era el precio que debía pagar por sus errores.

Estuvo sentada durante media hora dentro del auto. Se bajó y las siguientes dos horas las paso en el cordón de la vereda. El sol irradiaba un calor insoportable, lo que la hacía suponer que ya eran más de las tres de la tarde y Gerónimo no aparecía por ninguna parte. Entraba y salía del auto con tanta frecuencia que su actitud se había tornado sospechosa. En un momento vio que Matilde salía del edificio junto a sus hijos, pero sin Gerónimo. Fue la primera vez que los viera. El niño era igual a su padre, hasta parecía ser una versión más pequeña de él. Era hermoso, al igual que su hermana, la que se asemejaba mucho más a Matilde. Nadie detectó su presencia, por suerte.
Después de haberlos conocido volvió a repreguntarse si iba finalmente a decirle a Gerónimo que era el padre de Paula… Dudaba; se mantenía firme en el lugar; quería irse; volvía a dudar y terminaba convenciéndose de que no tenía sentido seguir fingiendo. Así se mantuvo hasta que llegó la noche. No aguantaba el sueño y tenía mucha hambre, ya que no había comido absolutamente nada en todo el día. Hasta que, justo antes de que el sueño se apoderara de ella, vio que Gerónimo estacionaba a unos metros de allí. Se apresuró a recobrar la compostura y arreglarse un poco su enmarañado cabello con una cola de caballo. Hecho esto, bajó velozmente y cruzó corriendo la calle. Esto llamó la atención de Gerónimo que estaba por entrar en el edificio.
-¡Gerónimo!-Gritaba mientras iba acercándose a él, visiblemente agitada.-Gero…-Se tomó un momento para respirar, él la miraba sin comprender lo que sucedía.
-Eugenia, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? Si fue por lo que pasó el otro día, yo no quise…
-No es eso.-Lo interrumpió.-Es algo más importante y es mejor que lo sepas de mi boca antes de que otro de adelante.
-¿Podrías ser más clara? Eugenia, no te entiendo.-Sonaba preocupado, pero también pensaba que podía ser algún pretexto de su parte para pasar un tiempo juntos o algo así. Se hizo un silencio que comenzaba a alterarlo a él también. –Y bien, ¿qué tienes que decirme?
-Perdóname, fui una tonta pero estoy arrepentida…
-Ya pasó Euge.-Suspiró. A pesar de que sufrió mucho, ya no sentía resentimiento hacia ella por haberse marchado.-Créeme, ya te perdoné por haberte…
-No te hablo de eso en particular.-Volvió a interrumpir pero sin poder mirarlo a los ojos.-Es algo peor. Algo que nunca debí ocultarte.-Suspiró cansinamente, el momento se acercaba…-Perdón.-Una lágrima descendió lentamente a lo largo de su mejilla. Gerónimo la acarició suavemente, secándola.
-¿Qué es eso tan…?
-Paula es tu hija.-Dijo finalmente. Instantáneamente él le quitó la mano de su mejilla y centro su mirada en la calle.
-No es cierto.-Dijo incrédulo de las palabras de Eugenia y alterándose cada vez más.-No sé qué te traes entre manos, pero esto no estoy dispuesto a soportar una cosa así.-Hizo un ademán para entrar al edificio, pero Eugenia se lo impidió tomándolo del brazo.
-¡No te miento! Paula es tu hija.-Sin poder soportarlo se largó a llorar desesperadamente.-Por favor… perdóname.
Gerónimo estaba tieso. Simplemente no podía ser cierto, Eugenia no podía haberle ocultado una hija por tantos años. Paula no era su hija… Entonces recordó sus suposiciones y los años que habían estado separados: calzaban a la perfección. Maldijo la hora en que se enamoró de Eugenia. Justo cuando ya no guardaba rencor en su alma resulta que ella jamás le contó que tenían una hija. La escuchaba llorar, pero no lo conmovían en absoluto sus lágrimas…
-¿Cómo fuiste capaz?-Volteó hacia ella, sintiendo como la rabia nacía de lo más profundo de él. -¡Cómo me hiciste esto!-La sujetó fuertemente de ambos brazos.
-Me estas lastimando.-Balbuceó ella, con la voz temblorosa e intentando zafarse de Gerónimo.-Por favor…
-¡No me importa!-La sujetó con más fuerza aún. -¡No tenías derecho a esconder una cosa así! ¡Maldita sea, Eugenia, estuve sufriendo años y años por lo que me hiciste y resulta que también tenía una hija!-Comenzó a zarandearla mientras decía esto, pero ella logró sacar fuerzas y librarse de él.
-¡No tienes idea de lo difícil que fue para mí también! Si no te lo dije fue porque no pude, porque…-Intentó defenderse.
-¡Cállate! ¡No me importa lo que pasaste! Ya no hay nada que me impida odiarte.-Interrumpió, ya no usando un tono elevado, sino gritando.-Es más, ya no tengo ganas de seguir con esta conversación. No puedo mirarte a la cara después de esto…
-¿Y a tu hija?-Replicó Eugenia, tratando de parecer lo más firme que le era posible.-Yo me equivoque, bien. Perfecto. Pero, ¿qué culpa tiene Paula en todo esto, ah? ¿Te vas a desquitar con ella?
Permanecieron en silencio unos minutos, hasta que Gerónimo decidió responder.
-No… ella no.-Sus ánimos descendieron considerablemente cuando el rostro de Paula, su hija, vino a su mente. Definitivamente debía excluirla de todo ese asunto. -¿Qué voy a hacer?-Por primera vez, la miró sin sentir rabia. La miro como a la madre de su hija.
-Acércate a ella. Conócela, habla con ella. Verás que es una niña hermosa…-Eugenia notó que la actitud de él se había transformado y debía aprovecharla…
-¿Cómo?-Preguntó, pensativo. Ahora tenía tres hijos. Tres.
-Puedes venir a cenar a casa el miércoles… si quieres.-Inquirió. Luego lo tomó de la mano y le dejó un papel que contenía la dirección de la misma y su teléfono.
-No. No, no puedo.-Respondió de inmediato. Eugenia se sorprendió.
-¿Qué? ¿No quieres conocer mejor a Paula?
-No. No quiero verte Eugenia.-Afirmó.-Quiero conocer a mi hija, pero en otro ámbito.-Volteó, dándole la espalda a ella y abrió la puerta. Pero antes de que la cerrara, Eugenia insistió con la invitación.
-Te voy a esperar.

Él entró a su departamento y no se molestó en disimular con Matilde. Los niños estaban jugando en el cuarto, por lo que solo ellos dos estaban. Al instante, ella notó el estado en que se encontraba su esposo, lo cual la alarmó, ya que no lo había visto así jamás en los años que llevaban juntos. Este se acomodó junto a ella en el mullido sillón, permaneciendo en silencio.
-¿Te pasó algo Gerónimo?-Preguntó Matilde, acariciando suavemente el cabello de él. Entonces, Gerónimo no pudo contenerse semejante revelación… Le contó absolutamente todo lo que había hablado con Eugenia, incluyendo la invitación. Allí se dio cuenta que conservaba en su puño derecho el papel que ella le dejara. Matilde permaneció en silencio unos minutos, intentando digerir semejante noticia. Luego le explicó su parecer, adoptando un discurso conciliatorio. Durante varios minutos intentó hacer cambiar de parecer a Gerónimo.
Al final de la charla, él tomó el teléfono y llamó para confirmar que acudiría a la cena junto a Matilde y sus hijos.

2 comentarios:

  1. NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, SE LO DIJOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO O_O ME MUEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! CREI QUE LO TOMARIA MEJOR, PEROOOOOOOOOOOOO WUAUUUUUUUUUUUUU, ME ENCANTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!

    SOBRIIIIIIIIIIIIIIIIIIII SUPER ESTE CAPITULO ME ENCANTOOOO! PERO, VA A IR A LA CASA CON MATILDE Y LOS HIJOS?????? :O QUIERO YA LEER ESE CAPITULO POR DIOS!


    ME ENCANTOOOO SOBRIIII ^^

    TE QUIERO MUCHISISISMOOOOOOOOOOOOOOO!

    Y ESPERO YA EL PROX. CAP :)

    BESITOS!♥

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  2. Fantasticooooo!!!!! de una nomas le dijoooo!!!! que coraje que tubo!!!!!!!!! me re encanto, espero que vaya a la reunion, pero no me gustaria que este Eugenia a pesar de que deba arreglar todo este embrollo. Pbre paula cuando se entere va a ser un golpe durisimo, de nunca conocer a su padre que ahora aparesca y sea alguien que ella conocia, guau.
    buenisimo. ya quiero leer el proximo.

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